-De acuerdo, ya comienzo- exclamo Remus tomando el libro al vuelo.
Gilderoy Lockhart
-Odio a ese tipo- mascullo Sirius bufando por lo bajo.
-No eres el único- río Harry alzando las cejas.
-¿Lo dices en serio?- preguntó James asombrado.
-¿También lo odias?- se asombro Sirius con los ojos como platos.
-Mas de lo que te imaginas- Harry tomó la mano de su novia con cariño,
apretándola tiernamente.
-Si, se a lo que te refieres amigo- añadió Ron con un leve asentimiento.
Remus, Sirius y James
intercambiaron una mirada cómplice, eso de que a Harry y Ron no les agradara su
nuevo profesor no les daba buena espina.
Al día siguiente, sin embargo, Harry apenas sonrió ni una vez. Las cosas
fueron de mal en peor desde el desayuno en el Gran Salón.
-Si, fue la peor semana de todas- recordó Ron divertido.
-Si, esa no fue la mejor semana de todas- concordó Harry con un seco
asentimiento.
-Pero no van a negarnos que fue peor que con esa Umbrige- repuso Fred
con un leve guiño.
-A esa bruja nadie, NADIE, le gana, si siquiera usted Snape- confirmo
Harry riendo ente dientes.
-Vieja arpía- mascullo por lo bajo Ginny, recordando todas y cada una de
las cosas que les hizo.
-¿Quién es…
-Ya veras Sirius- lo cortó Hermione con una sonrisa traviesa, que hasta
el momento no le habían visto.
-Sabes… me esta comenzando a dar miedo Hermione- susurro Sirius por lo
bajo a su mejor amigo.
-Se a lo que te refieres amigo- concordó James asintiendo secamente.
Bajo el techo encantado, que aquel día estaba de un triste color gris,
las cuatro grandes mesas correspondientes a las cuatro casas estaban repletas
de soperas con gachas de avena, fuentes de arenques ahumados, montones de
tostadas y platos con huevos y beicon. Harry y Ron se sentaron en la mesa de
Gryffindor junto a Hermione, que tenía su ejemplar de Viajes con los
vampiros abierto y apoyado contra una taza de leche.
-¿Cómo puedes leer antes de desayunar?- exclamó un sorprendido Sirius,
viendo a Hermione con los ojos como platos.
-En mi defensa, era un libro para la clase de defensa sobre las artes
oscuras y no sabía que…
-Hermione por favor- pidió Ron al ver que Hermione iba a contar todo
antes de que se leyera.
-No, Ronald, es que yo no sabía que esa clase…- Hermione estaba
comenzando a molestarse, y Ron en un loco intento de calmarla dijo lo primero
que se le vino a la mente.
-Tranquila Hermione, no tuvo el mejor final que digamos- se encogió de
hombros con una mueca irónica.
-Remus…- pidió Harry en tono suplicante, si esos dos seguían, nada ni
nadie podría calmarlos.
-Si, ya se a lo que te refieres- contestó Remus volviendo sus ojos al
libro- en que me quede… a si…
La frialdad con que ella dijo «buenos días», hizo pensar a Harry que
todavía les reprochaba la manera en que habían llegado al colegio. Neville
Longbottom, por el contrario, les saludó alegremente. Neville era un muchacho
de cara redonda, propenso a los accidentes, y era la persona con peor memoria
de entre todas las que Harry había conocido nunca.
-Alice- dijo Lily con la mirada perdida, James, al darse cuenta de esto,
la abrazo con ternura, haciendo resoplar a Snape molesto.
—El correo llegará en cualquier momento —comentó Neville—; supongo que
mi abuela me enviará las cosas que me he olvidado.
-Si, tienes razón pelirroja, es igualita a Alice- concordó Sirius, a la
vez que soltaba una sonora carcajada.
-Black, cállate- ordeno Lily fulminando al chico con la mirada.
-Pelirroja, ya se que no te agrado tanto como mi cornudo amigo pero… no
por eso tienes que insultarme- Sirius puso cara de ofendido en dirección a
Lily.
-Cuando maduraras- negó Lily rodando los ojos.
-Nunca- repuso Harry encogiéndose de hombros.
-¿Qué hice para merecer esto, Merlín?- exagero Lily volteando al techo.
Remus
negó divertido, pues pocas veces se veía a una Lily bromeando de esa forma.
Efectivamente, Harry acababa de empezar sus gachas de avena cuando un
centenar de lechuzas penetraron con gran estrépito en la sala, volando sobre
sus cabezas, dando vueltas por la estancia y dejando caer cartas y paquetes sobre
la alborotada multitud.
Harry y Ron se voltearon a ver entre ellos temerosos, sabiendo lo que
ocurriría después, el aullador.
Un gran paquete de forma irregular rebotó en la cabeza de Neville, y un
segundo después, una cosa gris cayó sobre la taza de Hermione, salpicándolos a
todos de leche y plumas.
—¡Errol! —dijo Ron, sacando por las patas a la empapada
lechuza. Errol se desplomó, sin sentido, sobre la mesa, con
las patas hacia arriba y un sobre rojo y mojado en el pico.
-No quiero escuchar eso, no quiero escuchar eso…- rezaba Ron con las
manos sobre la cara, ocultando su rojo rostro.
»¡No. ..! —exclamó Ron.
-Digo lo mismo-concordó Ron a través de sus manos.
-Ni que lo digas compañero- Harry coloco su mano sobre el hombro de Ron
para darle ánimos.
—No te preocupes, no está muerto —dijo Hermione, tocando a Errol con
la punta del dedo.
-Pues se lo merecían, mira que preocuparme en el trayecto de camino al
colegio-bufo Hermione viendo a ambos chicos molesta.
—No es por eso... sino por esto.
Ron señalaba el sobre rojo. A Harry no le parecía que tuviera nada de
particular, pero Ron y Neville lo miraban como si pudiera estallar en cualquier
momento.
Las risas en la sala por parte de los bromistas no se hicieron esperar,
James y Sirius miraban a ambos chicos con idénticas miradas de "bien hecho
chicos", Remus negaba al ver que Harry era igual a su padre y Lily los
veía reprobatoriamente, sabiendo el por que les llego ese aullador, ella
hubiera hecho lo mismo.
-Le mandaron un aullador al pequeño Ronie- se burlaron Fred y George con
idénticas caras de sorna.
-¿No recuerdas ese día como nosotros, cierto?- inquirió Harry
abochornado.
-Cierto, fue un aullador para…
-Cállate- gritaron a la vez Harry y Ron asustados por sus respectivas
madres.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry.
—Me han enviado un howler —dijo Ron con un hilo de voz.
-Que te han mandado un aullador- se mofo Sirius divertido.
-Si no me dices, ni cuenta me doy- exclamo de forma sarcástica Ron,
rodando los ojos.
-Remus- pidió Harry con los ojos anhelantes.
Severus
y Draco veían esto demasiado divertidos, ese día fue el mejor para Draco, pues
fue la humillación en público de ese par, mientras Snape pensaba que así su
némesis pagaba un poco a través de su hijo. Ambos reían de forma disimulada,
sin que los demás en la sala se dieran cuenta de su dicha.
—Será mejor que lo abras, Ron —dijo Neville, en un tímido susurro—. Si
no lo hicieras, sería peor. Mi abuela una vez me envió uno, pero no lo abrí
y... —tragó saliva— fue horrible.
-Recuerdo ese día, no volvió a ser el mismo por una semana- recordó Ron
con la vista perdida en sus recuerdos.
-¿Quién… Neville o…?- preguntó Harry evitando los segundo nombres.
-Ambos- repuso Ron recordando lo que les pasó a ambos.
Harry contempló los rostros aterrorizados y luego el sobre rojo.
—¿Qué es un howler? —dijo.
-Después de ese día ya no me quedaron dudas.-negó Harry con los ojos
como platos
Pero Ron fijaba toda su atención en la carta, que había empezado a
humear por las esquinas.
-Ábrela antes de que sea peor- apuro James, sin percatarse de que le
hablaba a un libro.
-Sinceramente papá, no sé cómo puedes hablarle a un libro y sinceramente,
no pudo haber sido peor a lo que fue-dijo Harry rodando los ojos.
-Mira hijo, Ron y tú están aquí, así que me refiero a ustedes- repuso
James divertido.
-¿Se da cuenta que eso ya paso verdad, Señor Potter?- pregunto Ron
sorprendido.
-AH…
-Creo que no- sonrió Remus para continuar con su lectura.
—Ábrela —urgió Neville—. Será cuestión de unos minutos.
-Parecieron horas- recordaron Ron y Harry a la vez.
Ron alargó una mano temblorosa, le quitó a Errol el sobre
del pico con mucho cuidado y lo abrió. Neville se tapó los oídos con los dedos.
Harry no comprendió por qué lo había hecho hasta una fracción de segundo
después. Por un momento, creyó que el sobre había estallado; en el salón se
oyó un bramido tan potente que desprendió polvo del techo.
—... ROBAR EL COCHE, NO ME HABRÍA EXTRAÑADO QUE TE EXPULSARAN; ESPERA A
QUE TE COJA, SUPONGO QUE NO TE HAS PARADO A PENSAR LO QUE SUFRIMOS TU PADRE Y
YO CUANDO VIMOS QUE EL COCHE NO ESTABA...
-Se parece a mamá- recordó James con una sonrisa en el rostro, divertida
y desafiante.
-Sí, se parece bastante a tía Dorea- acepto Sirius recordando todos y
cada uno de los aulladores mandados por la pelirroja madre de su amigo.
Los gritos de la señora Weasley, cien veces más fuertes de lo normal,
hacían tintinear los platos y las cucharas en la mesa y reverberaban en los
muros de piedra de manera ensordecedora. En el salón, la gente se volvía hacia
todos los lados para ver quién era el que había recibido elhowler, y Ron
se encogió tanto en el asiento que sólo se le podía ver la frente colorada.
-Cada que alguien recibía un aullador en nuestro tiempo pasaba lo
mismo-recordó James como si eso hubiera sido hace mucho tiempo.
-Te recuerdo, Prongs, que tú y Padfoot eran los que más recibían
aulladores de todo el colegio- se mofo Remus de la cara de contrariedad de sus
amigos.
-Eso era clasificado- Sirius alzo el dedo índice de forma retadora.
-Pues… ya no padrino- rio Harry divertido.
-Tendrá con que amenazarme en un futuro.- razono Sirius pensativamente.
-No, porque ya lo hubiera hecho y no lo he hecho, no soy cómo tú-
recalco Harry rodando los ojos.
-En eso me alegro que hallas salido a tu madre-sentencio Sirius
satisfecho.
—... ESTA NOCHE LA CARTA DE DUMBLEDORE, CREÍ QUE TU PADRE SE MORÍA DE LA
VERGUENZA, NO TE HEMOS CRIADO PARA QUE TE COMPORTES ASÍ, HARRY Y TÚ PODRÍAIS
HABEROS MATADO...
-Y sale tu nombre- sonrió satisfecho James.
-Fue horrible- contesto el chico encogiéndose en su lugar.
-Pues me alegra que Molly te allá mencionado, al menos así que te lo
pensaras dos veces al intentarlo de nueva cuenta- lo riño Lily con obvias
intenciones de seguirlo regañando, por lo que Remus se apresuró a leer.
Harry se había estado preguntando cuándo aparecería su nombre. Trataba
de hacer como que no oía la voz que le estaba perforando los tímpanos.
-Me paso la primera vez que Dorea me mando… bueno, nos mandó un aullador
a James y a mí- tenía cara soñadora, al parecer recordando ese "bello"
momento.
—... COMPLETAMENTE DISGUSTADO, EN EL TRABAJO DE TU PADRE ESTÁN HACIENDO
INDAGACIONES, TODO POR CULPA TUYA, Y SI VUELVES A HACER OTRA, POR PEQUEÑA QUE
SEA, TE SACAREMOS DEL COLEGIO.
-Es tan…- Sirius tenía la mirada perdida.
-Conmovedor- finalizo James con la misma actitud que su amigo.
-Lo sé-río Remus al saber que ese par era mejor darle por su lado.
Se hizo un silencio en el que resonaban aún las palabras de la carta.
El sobre rojo, que había caído al suelo, ardió y se convirtió en cenizas. Harry
y Ron se quedaron aturdidos, como si un maremoto les hubiera pasado por
encima. Algunos se rieron y, poco a poco, el habitual alboroto retornó al
salón.
-Me sentí mareado lo que resto del día- informo Harry recordando esa
sensación de mareo.
-Se a lo que te refieres compañero- asintió Ron
Hermione cerró el libro Viajes con los vampiros y miró
a Ron, que seguía encogido.
-Algo me dice que esos dos quedaran juntos- susurro James a Sirius.
-Ya te lo había dicho Prongs, están igual que tú y la pelirroja- murmuro
Sirius viéndolos de reojo.
-No es verdad- bufo entre susurro James.
-Sí lo es- ataco Sirius sin levantar la voz.
-No
-Si
-No
-Si
-Ya basta los dos- los riño Lily, pues ella estaba entre ambos.
-Lo sentimos Lily-susurraron ambos arrepentidos.
—Bueno, no sé lo que esperabas, Ron, pero tú...
—No me digas que me lo merezco —atajó Ron.
-La verdad, si lo merecían- se burló Ginny divertida- me tenían
angustiada y ¿no quieren que los regañen?
-Ginny…
-Nada Harry, es la verdad, me preocupe al no verlos en todo el tren-
acuso Ginny abrazándose a su novio.
-Tú ganas- razono Harry besándola en la coronilla.
-Mal Potter a su máxima potencia, ya decía yo que las pelirrojas eran
una enfermedad para los hombres Potter-exclamo Sirius divertido, sabiendo que
había hecho sonrojar a ambos chicos Potter.
Harry apartó su plato de gachas. El sentimiento de culpabilidad le
revolvía las tripas.
-Eso lo saco de ti Lily, yo nunca me hubiera sentido culpable por eso-
dijo James sonriente.
-Lo sé, es más razonable que tú, tu propio hijo- se burló Lily besándolo
en la mejilla a un contrariado James.
El señor Weasley tendría que afrontar una investigación en su trabajo.
Después de todo lo que los padres de Ron habían hecho por él durante el
verano...
-Y el sentimiento de culpa lo carcome-sonríe de forma petulante Sirius.
-Al menos él si tiene sentido común Padfoot- se mofo Remus, haciendo que
Sirius rodara los ojos.
-Es que no… tú no… Monny, si tengo sentido común-se defendió Sirius
cruzándose de brazos.
-No es verdad, demuéstralo- reto Remus.
-Pues… la vez que me fui de mi casa, eso es…
-Una estupidez- exclamo en son de burla Draco.
-Y tú… ¿qué vas a saber niñito si por lo que se ve solo haces lo que
papi te dice?- recrimino Sirius molesto- no sabes el verdadero significado de
la palabra amistad, no has tenido ni un solo amigo verdadero en esa estúpida
casa de serpientes… ¿qué vas a saber lo que es un amigo, si en esa casa solo
son mentiras y engaños? ¿La búsqueda del poder y la gloría? Nómbrame solo a
una, una persona decente que haya salido de esa casa y me comeré mi sombrero.
Sirius realmente estaba molesto, ya que era su propio sobrino y no
entendía como eran las cosas. Pero era de esperarse, siendo un Malfoy… ¿qué
cosa le podría importar? Lo más probable es que haya crecido con los mismos
ideales de sus padres. Negando con pesadez, volteo a ver a Remus y este siguió
con la lectura.
Pero Harry no tuvo demasiado tiempo para pensar en aquello, porque la
profesora McGonagall recorría la mesa de Gryffindor entregando los horarios.
Harry cogió el suyo y vio que tenían en primer lugar dos horas de Herbología
con los de la casa de Hufflepuff.
-Herbología… buena clase para hablar por el bullicio que se genera-James
cerro los ojos y suspiro soñadoramente.
-Sí, esa y encantamientos son las mejores para ese tipo de cosas-acordó
Sirius.
-También historia de la magia, el profesor nunca…
-¡Fred Weasley… TE MANDAMOS A LA ESCUELA A ESTUDIAR, NO A QUE PLATIQUES
EN CLASES!- bufo furiosa Molly.
-Mamá es que…
-MAMÁ NADA JOVENCITOS- mascullo furiosa Molly, cortando a media frase a
George.
-Estamos en un lio, si los Potter regresan y le dicen a nuestra madre lo
que haremos- comenzó Fred con la preocupación en la cara, en complicidad con su
hermano, en un leve susurro.
-Los Potter no, solo la señora Potter, y si querido hermano, estaremos
fritos-asintió George por lo bajo.
-Remus…- dijeron ambos chicos a la vez con idénticas cara de ayuda.
Harry, Ron y Hermione abandonaron juntos el castillo, cruzaron la huerta
por el camino y se dirigieron a los invernaderos donde crecían las plantas
mágicas. El howler había tenido al menos un efecto positivo:
parecía que Hermione consideraba que ellos ya habían tenido suficiente castigo
y volvía a mostrarse amable.
-No era eso, lo que paso es que… me divirtió mucho ver lo
"apenados" que estaban ambos- río Hermione sin disimulo.
-Hermione- se sobresaltaron ambos amigos.
-Es verdad, si no fuera por eso, si hubiera seguido regañándolos- sonrío
satisfecha la chica.
-Hermione, cuando quieres, eres la chica más malvada que haya
conocido-susurro Ginny en complicidad a su amiga.
Hermione solo se encogió de hombros con una sonrisa enigmática.
Severus estaba que no soportaba ms eso, en cualquier momento explotaría,
el carro volador, el aullador en pleno desayuno, los ingredientes que él bien
sabía que esos tres le robaron… faltaba poco para que el profesor de pociones
estallara por completo.
Al dirigirse a los invernaderos, vieron al resto de la clase congregada
en la puerta, esperando a la profesora Sprout. Harry, Ron y Hermione acababan
de llegar cuando la vieron acercarse con paso decidido a través de la
explanada, acompañada por Gilderoy Lockhart.
-¿Qué no se da cuenta que nadie lo tolera?- dijo James rodando los ojos.
-Si es como lo recuerdo, un completo imbécil, creerá que todo el mundo
lo ama- se burló Sirius en medio de una sonora carcajada.
La profesora Sprout llevaba un montón de vendas en los brazos, y
sintiendo otra punzada de remordimiento, Harry vio a lo lejos que el sauce
boxeador tenía varias de sus ramas en cabestrillo.
-No te preocupes Harry, ese árbol es más terco que…- Remus veía a sus
amigos señalándolos con la mirada.
-¿Qué quien Monny?-preguntó Sirius sin darse cuenta de que hablaban de
él y James.
-Tú madre- dijo Remus pensando a la carrera para zafarse de esa.
-MI sacrosanta madre no era terca Monny, no, mi sacrosanta madre era
una… vieja arpía sin corazón y sentido común-rectifico Sirius con ademanes de
manos grotescos.
-Señor Black- riño McGonagall molesta.
-Potter, profesora, ¿Cuántas veces se lo tengo que decir?-se hizo el
ofendido Sirius- tendré que decirles a tus padres que firmemos esos pergaminos
de adopción lo antes posible.-volteo a ver a su amigo el cual asintió.
-Señor… Bl… Potter, no debería decir eso de su madre- lo regaño Minerva
frunciendo los labios.
-Si de mi madre no he hablado mal, o sea Dorea Potter, he hablado mal de
la mujer que se hace pasar por mi madre, esa mujer no es mi madre, lo he dicho
mil veces, no nos parecemos en nada, es más, ellos mismo me niegan como hijo.
¿Cómo pueden ellos ser mis padres si me niegan? No profesora, mis padres son
los Potter- afirmo Sirius con una seca cabezada.
Harry y compañía comenzaron a reír, recordando sus cortas estancias en
la casa Black y lo mal que estuvo Sirius en ella. Pero al ver como se divertía
con sus amigos, también se dieron cuenta que no todo era dolor para él. Remus,
sonriendo de lado, continúo con la lectura. Dejando a un contrariado Dumbledore
por las declaraciones del chico, a una McGonagall sorprendida, porque aunque ya
sabía que su estudiante no se llevaba bien con su familia, no sabía a cuanto
grado llegaba el odio y a un intrigado Snape, que, aunque no quisiera…
comenzaba a pensar que él tenía… negó para quitarse esa idea que se estaba
formando en su cabeza.
La profesora Sprout era una bruja pequeña y rechoncha que llevaba un
sombrero remendado sobre la cabellera suelta. Generalmente, sus ropas siempre
estaban manchadas de tierra, y si tía Petunia hubiera visto cómo llevaba las
uñas, se habría desmayado.
-Le hubiera dado un colapso a mi hermana- río entre dientes Lily- nunca
había pensado eso, le hubiera presentado a la profesora Sprout, se llevarían de
maravilla.
-Pobre Pomona, Lily, ¿qué te ha hecho?- inquirió James poniendo sus
manos sobre los hombros de las chicas.
-Ella nada, pero Tuny no tiene por qué tratar a Harry como lo trata, y
si con eso la asusto un poco…
-Señorita Evans- se escandalizo McGonagall al percatarse de un lado
travieso que nunca había visto en Lily.
-Profesora, mi hermana no es una santa y un pequeño aliciente no le hará
daño- sonrío de lado, dejando a Sirius, Remus y James con las boca abierta.
-Y creí que los bromistas éramos nosotros- James tenía los ojos como
platos, cuando volteo a ver a sus amigos.
-La hemos corrompido Prongs- dijo Sirius viendo a Lily como si nunca
antes se hubiera fijado bien en ella.
-Ya no debería de juntarse con nosotros- negó Remus sin saber dónde
había quedado la tierna Lily.
-Y ¿se supone que tú eres el serio?- Lily reía divertida por la escenita
que armaban sus amigos y novio.
-¿Él, serio?- se asombró Sirius- para nada, eso le hace creer a todo el
mundo pero él…
-Cállate costal de pulgas mascullo entre dientes Remus, un tanto
sonrojado.
-Pero es verdad, mi querido Monny, tú tienes de serio lo que… lo que… lo
que Quejicus tiene de santo- afirmo James golpeando el aire con el puño.
-¿Y tú de seguro eres más santo que yo, no Potter?-ironizo Snape
molesto.
-Clareo que si Que… Snape, las paces, las había olvidado, pero es que yo
soy una persona santa, pura y casta-afirmo James con seriedad.
-¿Santa, pura y casta?-ironizo Snape con los ojos como platos.
-Claro que si… Snape- afirmo James haciendo acopio de toda su fuerza de
voluntad para llamarlo por su nombre.
-Y ¿se puede saber cómo es que eres santo, puro y casto?-río con sorna
Snape, eso nadie se lo creía.
-Mira mi… a… q… dejémoslo en solo némesis, ¿de acuerdo?- James no
encontraba las palabras para referirse a Snape- veras, soy santo porque soy
como el pan de Merlín, soy puro porque soy como el cristal de mis lindas gafas
y soy casto porque… porque… porque-con un dedo en su barbilla, trataba de
encontrar respuesta a eso.
-Prongs, ya no eres casto- sentencio Remus divertido.
-Si lo soy-afirmo James todavía con la duda en su mirada.
-Y no eres el pan de Merlín- se carcajeo Sirius doblándose por la mitad.
-Si lo soy, soy tan bueno como su pan- cada vez se sentía más acorralado
por sus amigos.
-Y tampoco eres tan puro como el cristal de tus gafas- Lily se les unió
en la refriega contra James.
-¡Lily!-escandalizo James con los ojos como platos.
-¡James!-Lily le seguía el juego.
-¿Tú también?- logro articular el chico.
-Claro, te conozco desde hace siete años… casi ocho- sonrío divertida,
al ver la cara de sorpresa de su novio.
-En verdad te hemos corrompido- negó "dolido" James,
limpiándose una lagrima fingida.
-Pero en verdad amigo, tú no eres casto- reía sin disimulo Remus.
-Si lo soy- afirmo James regresando a la "pelea"
-No lo eres- murmuro divertido Remus.
-Si lo soy
-No lo eres
-Si lo soy.
-No, no lo eres- dijeron Sirius y Remus a la vez, con idénticas sonrisas
traviesas.
-Así son diario- murmuro por lo bajo Harry a su madre.
-Peor- contesto esta con una sonrisa divertida.
-¿Cómo puedes soportarlos?-preguntó Hermione viendo primero a James y
luego a Remus y Sirius como si de un juego de tenis se tratara.
-De la misma forma que tú nos soportas a Harry y a mi Hermione- dijo Ron
como si fuera lo más obvio del mundo.-Ustedes dos no son como esos tres- aclaro
Hermione señalando a… los que ella conocía como "adultos
responsables"
-Gracias Hermione… creo- respondió dudoso Harry.
-Si lo soy
-No lo eres
-Si lo soy.
-No lo eres.
-Si yo no soy casto, Monny no es santo- declaro James cruzándose de
brazos.
-Yo no soy santo-declaro Remus divertido.
-Pues todo el mundo lo cree-se defendió James frunciendo las cejas.
-Pero yo no soy la mejor persona, no valgo nada
-Si vales
-No valgo
-Si vales
-No valgo
-Si vales- James y Sirius afirmaban enérgicamente.
-No valgo- negaba Remus dolido.
Los chicos en la sala reían por cómo se comportaban, los que en su
tiempo, ya eran adultos, parecían tres niños más y eso que ya eran mayores de
edad. ¿qué tendrían… 17… 18 años?
-No valgo
-Si vales
-No valgo
-Si vales
-No…
-Profesor Lupin, ¿quiere que lea yo?- preguntó Ginny entre risas, si
Harry tuviera hermanos, de seguro sería igual.
-Lo siento, disculpen, ya continuo-se disculpó Remus, aclarándose la
garganta para retomar la lectura, en medio de sonoras carcajadas de los chicos
en esa sala.
-Profesor Lupin, vez, eso quiere decir que si…
-Luego lo discutimos Padfoot- Remus hizo un ademan de mano para
callarlo.
-¿Cuándo se pasaron de la "castidad" de papá a lo que vale el
profesor Lupin?-preguntó Harry confundido.
-Son tú familia, no me preguntes a mí-repuso Hermione igual o más
confundida que su amigo.
-Qué más da, estuvo divertido-le restó importancia Ron, todavía con una
sonrisa grabada en su rostro pecoso.
-Importa porque se llegan a cambiar algo y ustedes dos pasan las vacaciones
en mi casa… tendremos que andarnos con cuidado con lo que decimos- informo
Harry haciendo nota mental de cómo es que inicio todo eso de si y no.
-No había pensado en eso- observo Hermione preocupada- una cosa eran
Fred y George, pero… tú papá, Sirius y el profesor Lupin juntos… nunca me
hubiera imaginado que fuera así- los señalo con la cabeza, porque habían
comenzado a discutir de nuevo.
-… si eres profesor, es porque eres una gran persona, eres el único que
no se da cuenta de eso- decía James un tanto molesto.
-Pero soy peligroso- negaba Remus contrariado.
-Peligroso y un pepino-bufo Sirius golpeando sus piernas con los puños.
-Sirius tiene razón, profesor Lupin- dijo Harry sobresaltando a los tres
amigos- el año que nos dio clases y las veces que hemos convivido se me ha
hecho más peligroso Hocicos con rabia que usted.
-¿Quién es hocicos?- Sirius fulminaba a Harry con la mirada por
cambiarlo por otro perro cualquiera.
-Un amigo, uno de mis mejores amigos-contesto Harry con malicia.
-¿Qué me han cambiado?- se horrorizo Sirius.
-Cállate Padfoot- ordeno James escandalosamente.
-Qué más da que lo sepan, tu hijo, mi ahijado, me ha cambiado por un
simple perro pulgoso-dramatizaba Sirius con su mano derecha colocada en su
pecho.
Harry y Ron reían divertidos, mientras James y Remus trataban de
consolar a Sirius, el cual, parecía que se desmoronaría delante de ellos.
-Monny, sigue leyendo- exclamo James apurado.
-Pero como pudo cambiarme por un simple perro- murmuraba dolido Sirius-
yo… que no hare otra cosa más que cuidarlo…
-Eso iba a hacer hace diez minutos- removía las hojas con ímpetu
buscando donde se quedó.
-…no puedo soportarlo
-Ya la encontré- soltó el aire aliviado Remus.
-Continua- urgió James con apremio, para luego voltearse a ver al que
sería su hijo- y tú, ya hablaremos cuando terminemos este capítulo.
Harry y Ron seguían riendo divertidos, aunque si les preocupaba la
charla padre e hijo, el ver a Sirius en ese estado era inmejorable.
Gilderoy Lockhart, sin embargo, iba inmaculado con su túnica amplia
color turquesa y su pelo dorado que brillaba bajo un sombrero igualmente turquesa
con ribetes de oro, perfectamente colocado.
Harry y Ron seguían destornillándose de la risa, mientras Sirius seguía
murmurando, me cambio por un vil perro callejero. Remus, negando, continuo con
la lectura.
—¡Hola, qué hay! —Saludó Lockhart, sonriendo al grupo de estudiantes—.
Estaba explicando a la profesora Sprout la manera en que hay que curar a un
sauce boxeador. ¡Pero no quiero que penséis que sé más que ella de botánica! Lo
que pasa es que en mis viajes me he encontrado varias de estas especies
exóticas y...
-Pura palabrería, si ni siquiera sabía distinguir entre una mandrágora y
una planta de jardín normal- James rodo los ojos aburrido.
-¿Profesor, como pudo contratar a alguien así?- bufo Remus leyendo todo
con los ojos como platos.
-Date de santos que no nos toco a nosotros esta clase de maestros-
exclamo con sorna Sirius.
-Eso es justamente a lo que me refiero, los chicos no tienen por que
tener un profesor de esa clase, no se lo merecen, necesitan buena educación
mágica-repuso Remus molesto.
-Lo que digas Monny- le resto importancia Sirius, con un seco ademan de
mano.
-Remus tiene razón, Sirius, los chicos necesitan buena educación y mas…
con los problemas en los que se meten-Lily volteo a ver a su hijo y a sus
amigos, los cuales, solo sonrieron de lado.
-Si así esta ahora… no quiero ver como reaccionara cuando estemos en
cuarto año- susurro Hermione por los bajo a sus tres amigos.
-No me hagas pensar en eso, Hermione- pidió Harry mientras un leve
escalofrió recorría su columna.
—¡Hoy iremos al Invernadero 3, muchachos! —dijo la profesora Sprout, que
parecía claramente disgustada, lo cual no concordaba en absoluto con el buen
humor habitual en ella.
-Claro, a cualquiera pondría de pésimo humor al estar con ese papanatas-
río James divertido.
Se oyeron murmullos de interés. Hasta entonces, sólo habían trabajado
en el Invernadero 1. En el Invernadero 3 había plantas mucho más interesantes y
peligrosas.
-No me gusta como suena eso, tú y cosas peligrosas es igual a problemas
Harry- dijo Lily volteando a ver a su hijo con un poco de preocupación.
-No paso nada malo- la tranquilizo Harry con una leve sonrisa.
-Algo me dice que no es cierto, tal ves tus ojos, pones la misma mirada
que yo cuando oculto algo- repuso la chica viéndolo fijamente.
-Eso no lo sabía- negó Harry frunciendo las cejas.
La profesora Sprout cogió una llave grande que llevaba en el cinto
y abrió con ella la puerta. A Harry le llegó el olor de la tierra húmeda y el
abono mezclados con el perfume intenso de unas flores gigantes, del tamaño de
un paraguas, que colgaban del techo. Se disponía a entrar detrás de Ron y Hermione
cuando Lockhart lo detuvo sacando la mano rapidísimamente.
-¿Qué no puede alejarse de ti un momento?- pregunto James comenzando a
fastidiarse.
-No- negó Harry divertido, recordando todo lo que paso ese año.
—¡Harry! Quería hablar contigo... Profesora Sprout, no le importa si
retengo a Harry un par de minutos, ¿verdad?
A juzgar por la cara que puso la profesora Sprout, sí le importaba, pero
Lockhart añadió:
-Creo que hasta a Harry le molestó- intuyo Sirius al percatarse que este
y Lily eran muy parecidos.
—Sólo un momento —y le cerró la puerta del invernadero en las narices.
—Harry —dijo Lockhart. Sus grandes dientes blancos brillaban al sol
cuando movía la cabeza—. Harry, Harry, Harry.
-Idiota, idiota, idiota- dijeron James y Sirius en una casi perfecta
imitación del tono meloso de Lockhart.
Harry no dijo nada. Estaba completamente perplejo. No tenía ni idea de
qué se trataba. Estaba a punto de decírselo, cuando Lockhart prosiguió:
—Nunca nada me había impresionado tanto como esto, ¡llegar a Hogwarts
volando en un coche! Claro que enseguida supe por qué lo habías hecho. Se veía
a la legua. Harry, Harry, Harry.
-Idiota, idiota, idiota- volvieron a repetir James y Sirius, haciendo
reír a los gemelos.
Era increíble cómo se las arreglaba para enseñar todos los dientes
incluso cuando no estaba hablando.
-Claro, con esa gran bocota y esos dientes de mazorca, me preguntó ¿Cómo
le caben ahí dentro?- río socarronamente Sirius, arrancando las carcajadas de
los del presente.
—Te metí el gusanillo de la publicidad, ¿eh? —dijo Lockhart—. Le has
encontrado el gusto. Te viste compartiendo conmigo la primera página del
periódico y no pudiste resistir salir de nuevo.
-Tarado- bufo Sirius molesto.
-No Harry, él lo que menos quiere es que lo noten, no es como tú,
Gilderoy- mascullo molesta Lily, no le gustaba para nada que creyeran que a su
hijo le gustaba su fama y menos por eso.
—No, profesor, verá...
—Harry, Harry, Harry —dijo Lockhart, cogiéndole por el hombro—. Lo
comprendo. Es natural querer probar un poco más una vez que uno le ha cogido el
gusto. Y me avergüenzo de mí mismo por habértelo hecho probar, porque es lógico
que se te subiera a la cabeza. Pero mira, muchacho, no puedes ir volando en
coche para convertirte en noticia. Tienes que tomártelo con calma, ¿de acuerdo?
Ya tendrás tiempo para estas cosas cuando seas mayor. Sí, sí, ya sé lo que
estás pensando: «¡Es muy fácil para él, siendo ya un mago de fama internacional!»
-tonto, tonto- susurro Sirius entre fingidas toses.
Pero cuando yo tenía doce años, era tan poco importante como tú ahora.
-Lo que digas, pero Harry es mas famoso que tú- dijo Sirius orgulloso.
-Pero no me gusta mi fama y menos por el motivo que la tuve, perder a
mis padres y ser famoso por eso… no me gusta- dijo Harry encogiéndose de
hombros y un deje de tristeza en la mirada.
-Lo siento… yo no…
-Descuida Sirius, no pasa nada- sonrío Harry de lado.
¡De hecho, creo que era menos importante! Quiero decir que hay gente
que ha oído hablar de ti, ¿no?, por todo ese asunto con
El-que-no-debe-ser-nombrado. —Contempló la cicatriz en forma de rayo que Harry
tenía en la frente—. Lo sé, lo sé, no es tanto como ganar cinco veces seguidas
el Premio a la Sonrisa más Encantadora, concedido por la revista Corazón de bruja,
como he hecho yo, pero por algo hay que empezar.
-¿Lo golpeaste, verdad?- inquirió Sirius comenzando a hartarse.
-Digamos…- Harry volteo a ver a Ron con complicidad y en ambos chicos se
dibujo la misma sonrisa traviesa- que… le paso algo mucho mejor que un simple
golpe.
-Eso me intriga- dijo James viendo a los chicos.
-Ya veras, ya veras… solo puedo decirte que…- volteando a ver a Ginny,
Harry sonrio satisfecho- se lo merecía, eso y más.
Le guiñó un ojo a Harry y se alejó con paso seguro. Harry se quedó
atónito durante unos instantes, y luego, recordando que tenía que estar ya en
el invernadero, abrió la puerta y entró.
-Sigo pensando que no eres mi hijo, Harry, yo hubiera aprovechado y…-
volteo a ver a la profesora McGonagall, la cual lo fulminaba con la mirada-
hubiera entrado a clases, si, eso iba a decir-termino recargándose en su lugar
lo mas que pudo, como alejándose de la profesora.
La profesora Sprout estaba en el centro del invernadero, detrás de una
mesa montada sobre caballetes. Sobre la mesa había unas veinte orejeras. Cuando
Harry ocupó su sitio entre Ron y Hermione, la profesora dijo:
-¡Mandrágoras!- exclamo exaltadas Lily.
-No, eso no dijo- negó Harry confundido.
-Lo que quiero decir, es que van a ver las Mandrágoras, son las plantas
medicinales, son muy útiles, he leído sobre ellas más a fondo a partir de que
me inscribí a unos cursos de sanación- dijo Lily tan rápido que parecía que no
respiraba.
-Así te escuchabas en primero y segundo Hermione- susurro Ron,
sorprendiendo a la castaña.
-No es verdad, yo no era así-negó la chica molesta.
-No, aun lo eres, a veces, pero lo eres- confirmo Harry con una rápida
cabezada.
-¿En verdad soy así?- preguntó Hermione a Ginny en complicidad.
-Yo… si Hermione, si eres así, ya debiste de haberte dado cuenta con lo
que llevamos leído- Ginny hizo una mueca extraña, como si no quisiera decir lo
que dijo.
—Hoy nos vamos a dedicar a replantar mandrágoras. Veamos, ¿quién me
puede decir qué propiedades tiene la mandrágora?
-Hermione- dijeron a la vez, Ron y Harry divertidos, sonrojando a su
amiga, la cual negó bufando un poco.
Sin que nadie se sorprendiera, Hermione fue la primera en alzar la mano.
-Lo dijimos- dijeron ambos chicos a la vez, sacando las risas de los
restantes bromistas de la sala.
—La mandrágora, o mandrágula, es un reconstituyente muy eficaz —dijo
Hermione en un tono que daba la impresión, como de costumbre, de que se había
tragado el libro de texto—.
-Harry- riño Hermione sonrojada.
-Es verdad, pero… lo siento Hermione- se encogió de hombros con una
sonrisa tímida.
Se utiliza para volver a su estado original a la gente que ha sido
transformada o encantada.
—Excelente, diez puntos para Gryffindor —dijo la profesora Sprout—. La
mandrágora es un ingrediente esencial en muchos antídotos. Pero, sin embargo,
también es peligrosa. ¿Quién me puede decir por qué?
-¿Hermione, de nuevo?- preguntó James sorprendido.
-Si- contesto Harry secamente.
Al levantar de nuevo velozmente la mano, Hermione casi se lleva por
delante las gafas de Harry.
-Casi me dejas ciego, Hermione- rio entre dientes el chico.
-Perdón-se disculpo la chica un tanto sonrojada.
—El llanto de la mandrágora es fatal para quien lo oye —dijo Hermione
instantáneamente.
-Al igual que el llanto de Snape- murmuro por lo bajo Sirius a James, el
cual soltó la carcajada, atrayendo las miradas curiosas de los restantes en la
sala.
—Exacto. Otros diez puntos —dijo la profesora Sprout—. Bueno, las
mandrágoras que tenemos aquí son todavía muy jóvenes.
Mientras hablaba, señalaba una fila de bandejas hondas, y todos se
echaron hacia delante para ver mejor. Un centenar de pequeñas plantas con sus
hojas de color verde violáceo crecían en fila. A Harry, que no tenía ni idea
de lo que Hermione había querido decir con lo de «el llanto de la mandrágora»,
le parecían completamente vulgares.
-Pero a los poco minutos comprendí de que se trataba… y no Hermione,
nadie mas que tu lee los libros antes de entrar a clases- mascullo Harry
callando a su amiga antes de que esta comenzara a hablar.
—Pónganse unas orejeras cada uno —dijo la profesora Sprout.
Hubo un forcejeo porque todos querían coger las únicas que no eran ni de
peluche ni de color rosa.
-Suele pasar- acepto Remus, ladeando la cabeza.
—Cuando les diga que se las pongan, asegúrense de que sus oídos quedan
completamente tapados —dijo la profesora Sprout—. Cuando se las podan quitar,
levantaré el pulgar. De acuerdo, pónganse las orejeras.
Harry se las puso rápidamente. Insonorizaban completamente los oídos.
La profesora Sprout se puso unas de color rosa, se remangó, cogió firmemente
una de las plantas y tiró de ella con fuerza.
Harry dejó escapar un grito de sorpresa que nadie pudo oír.
-James hizo exactamente lo mismo, pero solo nos dimos cuenta por que
estábamos al lado de él y vimos la mueca que hizo- recordó Sirius
soñadoramente.
En lugar de raíces, surgió de la tierra un niño recién nacido, pequeño,
lleno de barro y extremadamente feo.
James y Sirius lanzaban miradas disimuladas a Snape, pero dejaron de
hacerlo cuando este los fulmino con la mirada.
-Creo que es mas feo ahora que cuando era pequeño- susurro Sirius a lo
que James asintió.
Las hojas le salían directamente de la cabeza. Tenía la piel de un
color verde claro con manchas, y se veía que estaba llorando con toda la fuerza
de sus pulmones.
La profesora Sprout cogió una maceta grande de debajo de la mesa, metió
dentro la mandrágora y la cubrió con una tierra abonada, negra y húmeda, hasta
que sólo quedaron visibles las hojas. La profesora Sprout se sacudió las manos,
levantó el pulgar y se quitó ella también las orejeras.
—Como nuestras mandrágoras son sólo plantones pequeños, sus llantos
todavía no son mortales —dijo ella con toda tranquilidad, como si lo que
acababa de hacer no fuera más impresionante que regar una begonia—. Sin
embargo, los dejarían inconscientes durante varias horas, y como estoy segura
de que ninguno de ustedes quiere perderse su primer día de clase, asegúrense de
que se ponen bien las orejeras para hacer el trabajo. Ya les avisaré cuando
sea hora de recoger.
-Sirius nomas no se quito las orejeras por no pasar todo el día en la
enfermería y lejos de sus "amiguitas"- río mordazmente Remus,
haciendo una pausa para burlarse de su amigo.
-Muy gracioso, Monny- bufo cruzándose de brazos Sirius.
»Cuatro por bandeja. Hay suficientes macetas aquí. La tierra abonada
está en aquellos sacos. Y tengan mucho cuidado con las Tentacula
Venenosa, porque les están saliendo los dientes.
-Mejor no te acerques a ellas Harry- dijo Lily angustiada.
-Nunca lo hice, solo en clases- respondió Harry tranquilizando a Lily.
Mientras hablaba, dio un fuerte manotazo a una planta roja con espinas,
haciéndole que retirara los largos tentáculos que se habían acercado a su
hombro muy disimulada y lentamente.
-James perdió una apuesta y tubo que tocar una sin guantes, la profesora
Sprout lo castigo aun después de que salió de la enfermería- dijo entre
carcajadas sonoras Sirius, haciendo refunfuñar a su amigo.
-No fue culpa mía, Lily no quiso ir conmigo al pueblo- respondió James
molesto.
Las risas en la sala no se hicieron esperar, harry y sus amigos reían
sonoramente, al igual que los gemelos, pero no más que los otros dos
merodeadores. Tardaron más de diez minutos en calmarse y seguir con la lectura.
Harry, Ron y Hermione compartieron su bandeja con un muchacho de
Hufflepuff que Harry conocía de vista, pero con quien no había hablado nunca.
—Justin Finch-Fletchley —dijo alegremente, dándole la mano a Harry—.
Claro que sé quién eres, el famoso Harry Potter. Y tú eres Hermione Granger,
siempre la primera en todo. —Hermione sonrió al estrecharle la mano—. Y Ron
Weasley. ¿No era tuyo el coche volador?
Las risas volvieron a sonar por parte de los bromistas, y un poco mas
relajados, los chicos del futuro.
Ron no sonrió. Obviamente, todavía se acordaba del howler.
-No lo he olvidado aun- murmuro este por lo bajo a su amigo.
-Ni yo compañero, ni yo- negó Harry en acuerdo.
—Ese Lockhart es famoso, ¿verdad? —dijo contento Justin, cuando
empezaban a llenar sus macetas con estiércol de dragón—. ¡Qué hombre más
valiente! ¿Han leído sus libros? Yo me habría muerto de miedo si un hombre
lobo me hubiera acorralado en una cabina de teléfonos, pero él se mantuvo
sereno y ¡zas! Formidable.
-Yo no me hubiera muerto de miedo- dijo Harry lanzándole una mirada
fugaz a Remus- hubiera encontrado la forma de pasar con él mucho tiempo- volteo
a ver a los dos merodeadores restantes, los cuales no sabían donde meterse.
»Me habían reservado plaza en Eton, pero estoy muy contento de haber
venido aquí. Naturalmente, mi madre estaba algo disgustada, pero desde que le
hice leer los libros de Lockhart, empezó a comprender lo útil que puede resultar
tener en la familia a un mago bien instruido...
-Claro, lo que digas y mas con ese maestro- dijo Remus frustrado, no
sabía como ese hombre pudo haber dado clases.
Después ya no tuvieron muchas posibilidades de charlar. Se habían
vuelto a poner las orejeras y tenían que concentrarse en las mandrágoras. Para
la profesora Sprout había resultado muy fácil, pero en realidad no lo era.
-Es que ella tiene años de experiencia- exclamo Sirius con los ojos como
platos.
A las mandrágoras no les gustaba salir de la tierra, pero tampoco
parecía que quisieran volver a ella. Se retorcían, pataleaban, sacudían sus
pequeños puños y rechinaban los dientes. Harry se pasó diez minutos largos
intentando meter una algo más grande en la maceta.
-Y de seguro terminaste lleno de barro- río Lily entre dientes, con sus
ojos verdes brillando.
-Adivino, a James le paso lo mismo- exclamo Harry comenzando a ver las
similitudes entre él y sus padres.
-Si- contestaron ambos, James y Lily a la vez.
-Era de esperarse- negó Harry, pero por dentro reía feliz, por encontrar
cada día más similitudes con sus padres.
Al final de la clase, Harry, al igual que los demás, estaba empapado en
sudor, le dolían varias partes del cuerpo y estaba lleno de tierra.
-Bueno, cansados si que quedamos todos- mascullo entre risas Sirius.
Volvieron al castillo para lavarse un poco, y los de Gryffindor
marcharon corriendo a la clase de Transformaciones.
-Mi clase favorita- chillo feliz James, limpiándose una lagrima imaginaria
de la mejilla- no es por que usted este aquí profesora, no, es que de verdad es
mi clase favorita- exclamo sonriendo a la profesora.
-Señor Potter, no empiece a adularme, no le subiré puntos por eso-
contesto McGonagall de manera sería.
-Pero profesora, ¿Cómo puede pensar eso de mi?- tercio ofendido James.
McGonagall solo rodo los ojos y con un ademan indico a Remus que
siguiera leyendo.
Las clases de la profesora McGonagall eran siempre muy duras, pero aquel
primer día resultó especialmente difícil.
-No es verdad, es mas fácil Transformaciones que Pociones- dijo James
negando frustrado.
-Descuida, pociones tampoco se me da- rio por lo bajo Harry, asombrando
a su madre.
-Entonces…
-¿Cuál clase se me da?- Lily asintió a la pregunta de su hijo- ya te duras
cuenta, tal vez no te agrade, pero se me da- se encogió de hombros restándole
importancia.
Todo lo que Harry había aprendido el año anterior parecía habérsele ido
de la cabeza durante el verano.
-Eso no pasara cuando vivas con nosotros Harry- sentencio James tomando
nota.
-¿Quién eres y que hiciste con Prongs, mi hermano? Monstro, adefesio,
dime que le hiciste- lo amenazo Sirius con su varita.
-Idiota, soy yo, no seas necio y baja eso- exclamo James bajando la
varita con su mano.
-No, tú no puedes ser Prongs, él diría que así se hacen las cosas, no lo
que dijiste- bufo asustado Sirius.
-No puedo dejar que un hijo mío no sea como nosotros-
recalco James las últimas palabras, dando a entender más de lo que quería.
-Comprendo- asintió Sirius con una mirada diabólica.
-Yo igual y no me gusta- negó Harry abriendo los ojos como platos.
-Ya veras como si te gusta, Harry- sentenciaron ambos amigos con
idénticas miradas traviesas.
-Puedo enfrentarme a Voldemort las veces que quieras, pero no me pidas
que me enfrente a mi padre y padrino juntos, que no lo puedo hacer- susurro
Harry por lo bajo a Ron, el cual asintió en complicidad.
Tenía que convertir un escarabajo en un botón, pero lo único que conseguía
era cansar al escarabajo, porque cada vez que éste esquivaba la varita mágica,
se le caía del pupitre.
-Yo lo hice a la primera- sonrio James satisfecho.
A Ron aún le iba peor. Había recompuesto su varita con un poco de celo
que le habían dado, pero parecía que la reparación no había sido suficiente.
Crujía y echaba chispas en los momentos más raros, y cada vez que Ron intentaba
transformar su escarabajo, quedaba envuelto en un espeso humo gris que olía a
huevos podridos. Incapaz de ver lo que hacía, aplastó el escarabajo con el codo
sin querer y tuvo que pedir otro. A la profesora McGonagall no le hizo mucha
gracia.
-No, le molesta demasiado, a Terence Bonham la asusto demasiado en esa
clase- rio socarronamente Sirius- término llorando al salir de clases.
-Y tú fuiste muy amable consolándola. No te vimos ni el polvo el resto
del día- susurro Remus por encima de libro, ganándose la mirada furiosa del
ojigris.
Harry se sintió aliviado al oír la campana de la comida. Sentía el
cerebro como una esponja escurrida. Todos salieron ordenadamente de la clase
salvo él y Ron, que todavía estaba dando golpes furiosos en el pupitre con la
varita.
-No recuerdo a quien le pasaba eso- negó Sirius tratando de hacer
memoria.
—¡Trasto inútil, que no sirves para nada!
—Pídeles otra a tus padres —sugirió Harry cuando la varita produjo una
descarga de disparos, como si fuera una traca.
—Ya, y recibiré como respuesta otro howler —dijo Ron,
metiendo en la bolsa la varita, que en aquel momento estaba silbando— que
diga: «Es culpa tuya que se te haya partido la varita.»
Las risas no se hicieron esperar, y por parte de los gemelos las
carcajadas que no fueron calladas hasta que la señora Weasley los fulmino con
la mirada.
Bajaron a comer, pero el humor de Ron no mejoró cuando Hermione le
enseñó el puñado de botones que había conseguido en la clase de
Transformaciones.
-Odiaba cuando James hacia eso- bufo molesto Sirius- y mas cuando solo
era para atraer la atención de "cierta" chica- volteo a ver a Lily la
cual besaba a James en la barbilla.
Snape también estaba molesto, no le gustaba verlos tan cariñosos. Bufaba
y rodaba los ojos cansados, al parecer él y Sirius tenían algo en común. A
ambos les fastidiaba ver a ese par tan acaramelados.
—¿Qué hay esta tarde? —dijo Harry, cambiando de tema rápidamente.
—Defensa Contra las Artes Oscuras —dijo Hermione en el acto.
—¿Por qué —preguntó Ron, cogiéndole el horario— has rodeado todas las
clases de Lockhart con corazoncitos?
-Ni se te ocurra decir ni una palabra, Ronal Weasley- acuso Hermione
fulminándolo con la mirada.
-No, no diré nada- negó el chico un tanto asustado.
Hermione le quitó el horario. Se había puesto roja.
Dos merodeadores y los gemelos comenzaron a reír por lo bajo, cuidándose
de que Hermione no les viera.
Terminaron de comer y salieron al patio. Estaba nublado. Hermione se
sentó en un peldaño de piedra y volvió a hundir las narices en Viajes
con los vampiros.
-¿Cuándo comprenderás que ese tipo es un completo e inútil fraude?-
sugirió Sirius cansado de escuchar su nombre.
Hermione solo rodo los ojos aburrida, si, era verdad que ya no le
agradaba como antes, es mas, ya ni siquiera le gustaba, pero ese año no era lo
mismo. Todo cambio con respecto a lo que sentía a ese hombre cuando puso en
peligro a Ginny al no querer ir por ella a la cámara.
Harry y Ron se pusieron a hablar de quidditch,
-Típico- dijeron Sirius y Remus a la vez.
y pasaron varios minutos antes de que Harry se diera cuenta de que
alguien lo vigilaba estrechamente. Al levantar la vista, vio al muchacho pequeño
de pelo castaño que la noche anterior se había puesto el sombrero
seleccionador. Lo miraba como paralizado. Tenía en las manos lo que parecía
una cámara de fotos muggle normal y corriente, y cuando Harry
miró hacia él, se ruborizó en extremo.
-Colin- dijeron por lo bajo Ron y Harry, recordando viejos tiempos.
—¿Me dejas, Harry? Soy... soy Colin Creevey —dijo entrecortadamente,
dando un indeciso paso hacia delante—. Estoy en Gryffindor también. ¿Podría...,
me dejas... que te tome una foto? —dijo, levantando la cámara esperanzado.
-¡Un fan!- chillo emocionado James.
-Aburrido- dijeron Ron y Harry a la vez con fastidio.
—¿Una foto? —repitió Harry sin comprender.
-Acaso no te…
-No- dijo Harry tajantemente, cortando a su padre.
—Con ella podré demostrar que te he visto —dijo Colin Creevey con
impaciencia, acercándose un poco más, como si no se atreviera—. Lo sé todo
sobre ti. Todos me lo han contado: cómo sobreviviste cuando Quien-tú-sabes
intentó matarte y cómo desapareció él, y toda esa historia, y que conservas
en la frente la cicatriz en forma de rayo (con los ojos recorrió la línea del
pelo de Harry). Y me ha dicho un compañero del dormitorio que si revelo el
negativo en la poción adecuada, la foto saldrá con movimiento. —Colin exhaló un
soplido de emoción y continuó—: Esto es estupendo, ¿verdad? Yo no tenía ni
idea de que las cosas raras que hacía eran magia, hasta que recibí la carta de
Hogwarts. Mi padre es lechero y tampoco podía creérselo. Así que me dedico a
tomar montones de fotos para enviárselas a casa. Y sería estupendo hacerte una.
—Miró a Harry casi rogándole—. Tal vez tu amigo querría sacárnosla para que
pudiera salir yo a tu lado. ¿Y me la podrías firmar luego?
Harry rodaba los ojos con fastidio, recordando lo fastidioso que fue ese
año, odiaba su fama. Y todo lo que conllevaba con ella. A nadie le gustaría ser
famoso por que sus padres estén muertos y ahora el tenia que matar a Voldemort
para librar al mundo mágico de su racha de terror y miedo. Él estaba seguro de
lo que tenía que hacer, pero aun así no dejaba de pensar que era demasiado peso
para solo tres chicos de dieciséis años.
—¿Firmar fotos? ¿Te dedicas a firmar fotos, Potter?
Harry y Ron sonrieron con malicia a Draco, sabiendo lo que le deparaba
al rubio.
En todo el patio resonó la voz potente y cáustica de Draco Malfoy. Se
había puesto detrás de Colin, flanqueado, como siempre en Hogwarts, por Crabbe
y Goyle, sus amigotes.
-Esa es buena, debimos de haberla usados con los imbéciles de Crab y
Goyle en la escuela- dijo Sirius pensativo.
—¡Todo el mundo a la cola! —gritó Malfoy a la multitud—. ¡Harry Potter
firma fotos!
-Que infantil eres niño, a Harry no le gusta su fama, deberías de darte
cuenta de eso- Lily fulminaba al rubio con la mirada, no le gustaba como se
dirigía a su hijo.
Draco solo se encogió en su lugar, la furia de Lily era casi palpable.
—No es verdad —dijo Harry de mal humor, apretando los puños—. ¡Cállate,
Malfoy!
-Ves, el la odia, no es un chico presuntuoso como tú- bufo molesta Lily,
sin despegar sus verdes ojos del rubio.
—Lo que pasa es que le tienes envidia —dijo Colin, cuyo cuerpo entero no
era más grueso que el cuello de Crabbe.
-Puede que ese chico Colin tenga razón, y lo que tienes niño bobo es
celos por que mi hijo es mucho mejor persona que tú- mascullo molesta Lily.
-Yo, ¿celos de ese cabeza rajada?- rio mordazmente Draco.
-No debiste decir eso- canturreo Harry divertido.
-Repítelo- bufo Ginny poniéndose de pie amenazándolo con la varita.
-No puedes hechizarme, la sala lo prohibió-exclamo asustado Draco, pero
fingiendo no estarlo, con su cara neutra.
-No necesito magia para lastimarte, Hermione me dijo que es lo que tengo
que hacer y como hacerlo, de manera lenta y dolorosa- repuso Ginny con malicia.
-No te atreverías- negó Draco abriendo los ojos de par en par.
-Rétame- pidió la pelirroja regresando a su lugar.
-Ginny…
-Con que me tenga miedo, ya hice mi trabajo- sonrio la chica satisfecha.
—¿Envidia? —dijo Malfoy, que ya no necesitaba seguir gritando, porque la
mitad del patio lo escuchaba—. ¿De qué? ¿De tener una asquerosa cicatriz en la
frente? No, gracias.
¿Desde cuándo uno es más importante por tener la cabeza rajada por una
cicatriz?
-Una mas y no respondo- reto
Ginny con esa sonrisa angelical que no engañaba a los gemelos.
-Yo que tu mejor me mantenía calladito, Malfoy, ella puede llegar a ser
muy peligrosa cuando se enoja- previno George conociendo a la perfección a su
hermanita.
Crabbe y Goyle se estaban riendo con una risita idiota.
—Échate al retrete y tira de la cadena, Malfoy —dijo Ron con cara de
malas pulgas.
-Esa es buena pequeño Ronie- felicito Fred alzando los pulgares.
-Ronald
Weasley- riñó Molly furiosa.
-Se lo
merecía mama- se defendió el pelirrojo encogido en su asiento.
Crabbe dejó de reír y empezó a restregarse de manera amenazadora los
nudillos, que eran del tamaño de castañas.
-Ni se te ocurra hacerle nada
a mi hijo, ballena- exclamo molesta Molly.
-¡Mamá!- se sorprendieron los gemelos, abriendo los ojos como paltos.
-Nadie se mete con mis hijos- sentencio Molly sabiamente.
—Weasley, ten cuidado —dijo Malfoy con un aire despectivo—. No te metas
en problemas o vendrá tu mamá y te sacará del colegio. —Luego imitó un tono de
voz chillón y amenazante—. «Si vuelves a hacer otra...»
Ginny apretaba los nudillos furiosa, al igual que los gemelos, mientras
Ron reía por lo bajo, a sabiendas de lo que le esperaba a Draco si llegaba a
meter la pata. El hurón no sería nada comparado con lo que le harían sus
hermanos.
Varios alumnos de quinto curso de la casa de Slytherin que había por
allí cerca rieron la gracia a carcajadas.
—A Weasley le gustaría que le firmaras una foto, Potter —sonrió Malfoy—.
Pronto valdrá más que la casa entera de su familia.
Ginny ya no sabía como contenerse por eso, de no ser por Harry ya le
habría hecho algo al chico rubio.
Ron sacó su varita reparada con celo, pero Hermione cerró Viajes
con los vampiros de un golpe y susurró:
—¡Cuidado!
-Hermione- bufaron molestos los gemelos.
-Venia un profesor, y no quería que Ron se metiera en problemas- explico
la chica con seriedad.
—¿Qué pasa aquí? ¿Qué es lo que pasa aquí? —Gilderoy Lockhart caminaba
hacia ellos a grandes zancadas, y la túnica color turquesa se le arremolinaba
por detrás—. ¿Quién firma fotos?
-Hubiera preferido mil veces a Snape- susurro Harry por lo bajo.
-Pero e te hubiera bajado puntos- dijo sorprendida Ginny.
-Mejor eso que lo que paso- repuso Harry abrazándola por la cintura.
Harry quería hablar, pero Lockhart lo interrumpió pasándole un brazo
por los hombros y diciéndole en voz alta y tono jovial:
—¡No sé por qué lo he preguntado! ¡Volvemos a las andadas, Harry!
-Vez- contesto Harry con fastidio.
Sujeto por Lockhart y muerto de vergüenza, Harry vio que Malfoy se
mezclaba sonriente con la multitud.
—Vamos, señor Creevey —dijo Lockhart, sonriendo a Colin—. Una foto de
los dos será mucho mejor. Y te la firmaremos los dos.
-Idiota- dijeron James y Sirius a la vez.
-Ahora comprendo por que no se sintieron tan mal por lo que le paso al
profesor Lockhart al final de ese curso- Albus compuso una triste sonrisa,
conocía a Harry y como lo conocía sabia que a este no le gustaba para nada ser
famoso.
James y Sirius se dieron cuenta que era inútil preguntar, por lo que
ansiosos esperaron a que llegara ese momento de la lectura.
Colin buscó la cámara a tientas y sacó la foto al mismo tiempo que la
campana señalaba el inicio de las clases de la tarde.
-Salvado por la campana-sonrio James orgulloso.
-No del todo- negó Harry enojado.
—¡Adentro todos, vamos, por ahí! —gritó Lockhart a los alumnos, y se
dirigió al castillo llevando de los hombros a Harry, que hubiera deseado
disponer de un buen conjuro para desaparecer.
-Lastima que no se pueda hacer dentro de los terrenos del castillo- negó
Hermione divertida.
-Ya lo se Hermione, ya lo se, me lo has dicho como mil veces- exclamo un
fastidiado Harry.
»Quisiera darte un consejo, Harry —le dijo Lockhart paternalmente al
entrar en el edificio por una puerta lateral—. Te he ayudado a pasar
desapercibido con el joven Creevey, porque si me fotografiaba también a mí, tus
compañeros no pensarían que te querías dar tanta importancia.
-El es mucho mas importante que tú- rio mordazmente Sirius, comenzando a
escribir nuevamente en su pergamino, bajo la atenta supervisión de James y la
mirada suspicaz de Remus.
Sin hacer caso a las protestas de Harry, Lockhart lo llevó por un
pasillo lleno de estudiantes que los miraban, y luego subieron por una
escalera.
—Déjame que te diga que repartir fotos firmadas en este estadio de tu
carrera puede que no sea muy sensato. Para serte franco, Harry, parece un poco
engreído.
-No tanto como tú- escupió molesto James, tomando el pergamino que
Sirius le pasaba.
Bien puede llegar el día en que necesites llevar un montón de
fotos a mano adondequiera que vayas, como me ocurre a mí, pero —rió— no creo
que hayas llegado ya a ese punto.
Snape rio mordazmente, le encantaba molestar a Harry con eso, pero ya
sabía, por lo que pudo ver en su mente el año pasado, que a él no le gustaba, y
ahora parecía hasta fastidiado por el asunto, tal vez Dumbledore tenia razón y
el chico no era tan parecido al padre como el creía.
Habían alcanzado el aula de Lockhart y éste dejó libre por fin a Harry, que
se arregló la túnica y buscó un asiento al final del aula, donde se parapetó
detrás de los siete libros de Lockhart, de forma que se evitaba la
contemplación del Lockhart de carne y hueso.
-Yo hubiera hecho lo mismo- asintió Sirius conforme.
-No nomas tú- exclamo con asco James.
El resto de la clase entró en el aula ruidosamente, y Ron y Hermione se
sentaron a ambos lados de Harry.
—Se podía freír un huevo en tu cara —dijo Ron—. Más te vale que Creevey
y Ginny no se conozcan, porque fundarían el club de fans de Harry Potter.
-Ronald- rugió Ginny roja como un tomate, dándole un golpe en la
coronilla a su hermano mayor.
-Ginny- se quejo el chico sobándose la cabeza.
-Te lo mereces por tonto- sentencio Harry riéndose de su amigo.
-Gracias compañero- mascullo entre dientes, molesto.
—Cállate —le interrumpió Harry. Lo único que le faltaba es que a oídos
de Lockhart llegaran las palabras «club de fans de Harry Potter».
-Hubiera sido increíble- rieron ruidosamente los gemelos.
Harry los fulmino con la mirada y mejor guardaron silencio por su propia
seguridad.
Cuando todos estuvieron sentados, Lockhart se aclaró sonoramente la garganta
y se hizo el silencio. Se acercó a Neville Longbottom, cogió el ejemplar
de Recorridos con los trols y lo levantó para enseñar la
portada, con su propia fotografía que guiñaba un ojo.
-Tarado- se escucho entre la tos fingida de Sirius.
—Yo —dijo, señalando la foto y guiñando el ojo él también— soy Gilderoy
Lockhart, Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase, Miembro Honorario
de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras, y ganador en cinco
ocasiones del Premio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la
revista Corazón de bruja, pero no quiero hablar de eso. ¡No fue con
mi sonrisa con lo que me libré de la banshee que presagiaba la
muerte!
-Bla, bla, bla, bla- Sirius estaba bostezando y cabeceando, ese tipo, ya
se las pagaría cuando regresaran.
Esperó que se rieran todos, pero sólo hubo alguna sonrisa.
—Veo que todos habéis comprado mis obras completas; bien hecho.
-Venía en la lista, tenían que comprarlas, grandísimo tonto- escupió
molesto James, como si se hubiera tragado algo asqueroso.
He pensado que podíamos comenzar hoy con un pequeño cuestionario. No se
preocupen, sólo es para comprobar si los han leído bien, cuánto han
asimilado...
Cuando terminó de repartir los folios con el cuestionario, volvió a la
cabecera de la clase y dijo:
—Disponéis de treinta minutos. Podéis comenzar... ¡ya! Harry miró el
papel y leyó:
1. ¿Cuál es el color favorito de Gilderoy Lockhart?
2. ¿Cuál es la ambición secreta de Gilderoy Lockhart?
3. ¿Cuál es, en tu opinión, el mayor logro hasta la fecha de
Gilderoy Lockhart?
Así seguía y seguía, a lo largo de tres páginas, hasta:
54. ¿Qué día es el cumpleaños de Gilderoy Lockhart, y cuál sería su
regalo ideal?
-Es un completo idiota- James y Sirius tenían los ojos como platos
cuando dijeron eso, para que James continuara- lo siento Snape, te han quitado
el puesto, el se lo gana sin mucho esfuerzo.
Snape negó rodando los ojos, recordándose mentalmente que ese par
estaban ya muertos y refundidos en Merlín sabrá donde.
Media hora después, Lockhart recogió los folios y los hojeó delante de
la clase.
—Vaya, vaya. Muy pocos recuerdan que mi color favorito es el lila. Lo
digo en Un año con el Yeti.
-A nadie le importa tú estúpido color favorito- exclamo Sirius con
sorna.
Y algunos tenéis que volver a leer con mayor detenimiento Paseos
con los hombres lobo. En el capítulo doce afirmo con claridad que mi
regalo de cumpleaños ideal sería la armonía entre las comunidades mágica y no
mágica.
-Menudo idiota, eso no pasara mientras existan imbéciles como Voldemort
que crean que la sangre es mas importante que la amistad- James estaba
asqueado, no comprendía como su hijo lidio con eso.
¡Aunque tampoco le haría ascos a una botella mágnum de whisky envejecido
de Ogden!
-Además de idiota, no, cualquier insulto es mucho para él, las pobres
palabras no tienen la culpa de que sea como es- dramatizo Remus con los ojos
vidriosos, atrayendo las miradas asombradas de los chicos del presente.
Volvió a guiñarles un ojo pícaramente. Ron miraba a Lockhart con una
expresión de incredulidad en el rostro; Seamus Finnigan y Dean Thomas, que se
sentaban delante, se convulsionaban en una risa silenciosa.
En la sala se reían a carcajadas de la ineptitud del profesor, nunca
imaginaron a alguien como él dando clases.
Hermione, por el contrario, escuchaba a Lockhart con embelesada atención
y dio un respingo cuando éste mencionó su nombre.
—... pero la señorita Hermione Granger sí conoce mi ambición secreta,
que es librar al mundo del mal y comercializar mi propia gama de productos
para el cuidado del cabello, ¡buena chica! De hecho —dio la vuelta al papel—,
¡está perfecto! ¿Dónde está la señorita Hermione Granger?
-No Hermione, por favor, yo te tengo en un buen concepto, no lo
arruines- rogo Sirius con ojos de perrito faldero.
Hermione alzó una mano temblorosa.
—¡Excelente! —dijo Lockhart con una sonrisa—, ¡excelente! ¡Diez puntos
para Gryffindor! Y en cuanto a...
-Es un completo tonto- rodo Lily los ojos- y ¿pensar que lo tenia en un
buen concepto?
-Solo por que era profesor- repuso James conociendo a su novia.
-Lo se, me retracto- afirmo Lily contrariada.
De debajo de la mesa sacó una jaula grande, cubierta por una funda, y la
puso encima de la mesa, para que todos la vieran.
-Uh, de seguro trae mariposas, ¡tengan cuidado!-exagero Sirius
escondiéndose detrás de su sillón.
Varios rieron, pero no Ron, Harry y Hermione, recordando lo que paso
después.
—Ahora, ¡cuidado! Es mi misión dotarlos de defensas contra las más
horrendas criaturas del mundo mágico. Puede que en esta misma aula se tengan
que encarar a las cosas que más temen.
-Hasta el siguiente año- repuso Harry sonriendo a Remus como tratando de
apurarlo.
Pero sepan que no les ocurrirá nada malo mientras yo esté aquí. Todo lo
que les pido es que conserven la calma.
-Ya decía yo, son mariposas- repuso aburrido Sirius.
En contra de lo que se había propuesto, Harry asomó la cabeza por detrás
del montón de libros para ver mejor la jaula. Lockhart puso una mano sobre la
funda. Dean y Seamus habían dejado de reír. Neville se encogía en su asiento de
la primera fila.
—Tengo que pediros que no griten —dijo Lockhart en voz baja—. Podrían
enfurecerse.
Cuando toda la clase estaba con el corazón en un puño, Lockhart levantó
la funda.
—Sí —dijo con entonación teatral—, duendecillos de Cornualles recién
cogidos.
-Bueno, no son mariposas, pero se les parecen- rio divertido Sirius,
según él, esos bichos no hacían nada malo.
Seamus Finnigan no pudo controlarse y soltó una carcajada que ni siquiera
Lockhart pudo interpretar como un grito de terror.
—¿Sí? —Lockhart sonrió a Seamus.
—Bueno, es que no son... muy peligrosos, ¿verdad? —se explicó Seamus con
dificultad.
-Opino como ese chico-señalo con emoción Sirius.
—¡No estés tan seguro! —dijo Lockhart, apuntando a Seamus con un dedo
acusador—. ¡Pueden ser unos seres endemoniadamente engañosos!
-Engañosos, fieros, mortalmente… aburridos- dijo James dejando caer la
cabeza de lado.
Los duendecillos eran de color azul eléctrico y medían unos veinte
centímetros de altura, con rostros afilados y voces tan agudas y estridentes
que era como oír a un montón de periquitos discutiendo. En el instante en que
había levantado la funda, se habían puesto a parlotear y a moverse como locos,
golpeando los barrotes para meter ruido y haciendo muecas a los que tenían más
cerca.
—Está bien —dijo Lockhart en voz alta—. ¡Veamos qué hacen con ellos! —Y
abrió la jaula.
-Es un idiota-dijeron de forma sincronizada Molly y Lily.
-Eso no se hace, se irán contra los niños- bufo molesta McGonagall.
-Se necesita más practica para poder domarlos- Molly estaba que echaba
fuego por los ojos, molesta.
Se armó un pandemónium. Los duendecillos salieron disparados como
cohetes en todas direcciones. Dos cogieron a Neville por las orejas y lo
alzaron en el aire.
-Pobre chico- exclamo asustada Lily, tapándose la boca con ambas manos.
Algunos salieron volando y atravesaron las ventanas, llenando de
cristales rotos a los de la fila de atrás. El resto se dedicó a destruir la
clase más rápidamente que un rinoceronte en estampida. Cogían los tinteros y
rociaban de tinta la clase, hacían trizas los libros y los folios, rasgaban los
carteles de las paredes, le daban vuelta a la papelera y cogían bolsas y libros
y los arrojaban por las ventanas rotas. Al cabo de unos minutos, la mitad de
la clase se había refugiado debajo de los pupitres y Neville se balanceaba
colgando de la lámpara del techo.
-Un completo incompetente- sentencio Snape recargado en su lugar con los
brazos cruzados sobre el pecho y actitud desafiante.
-Para que Snape lo diga ya es mucho- ironizo James rodando los ojos.
-Lo se hermano, lo se- asintió Sirius contrariado.
—Vamos ya, rodéenlos, rodéenlos, sólo son duendecillos... —gritaba
Lockhart.
-Bueno, tal vezo solo sean duendecillos, pero solo van en segundo- bufo
con sarcasmo Remus, como si con la mirada pudiera quemar el libro.
Se remangó, blandió su varita mágica y gritó:
—¡Peskipiski Pestenomi!
-Ese hechizo ni existe- rio mordazmente Sirius, mientras James habría
los ojos como platos.
No sirvió absolutamente de nada; uno de los duendecillos le arrebató la
varita y la tiró por la ventana.
-Se lo merece por bruto- sentencio Sirius satisfecho, de momento.
Lockhart tragó saliva y se escondió debajo de su mesa, a tiempo de
evitar ser aplastado por Neville, que cayó al suelo un segundo más tarde, al
ceder la lámpara.
-Lo hubiera aplastado, lastima que eso no paso- Sirius golpeo su rodilla
molesto.
-No Sirius, es un maldito cobarde, mira que esconderse debajo de la
mesa- grito molesto James, comenzando a dar vueltas por la sala, en una
perfecta imitación de Harry cuando algo le molestaba.
Sonó la campana y todos corrieron hacia la salida. En la calma relativa
que siguió, Lockhart se irguió, vio a Harry, Ron y Hermione y les dijo:
—Bueno, ustedes tres metereran en la jaula los que quedan. —Salió y
cerró la puerta.
-Si, dejarle el trabajo a unos niños, que buena forma de darle
experiencia- bufaba James todavía recorriendo la sala de arriba abajo, molesto
y soltando bufidos por la nariz.
—¿Han visto? —bramó Ron, cuando uno de los duendecillos que quedaban le
mordió en la oreja haciéndole daño.
—Sólo quiere que adquiramos experiencia práctica —dijo Hermione, inmovilizando
a dos duendecillos a la vez con un útil hechizo congelador y metiéndolos en la
jaula.
-Al menos Hermione se había leído todos los libros del curso, por que si
no, nunca hubiéramos terminado- dijo Harry sonriendo a su amiga.
—¿Experiencia práctica? —dijo Harry, intentando atrapar a uno que
bailaba fuera de su alcance sacando la lengua—. Hermione, él no tenía ni idea
de lo que hacía.
-En parte eso también era cierto- asintió Harry haciendo una tosca mueca
de inconformidad.
-¿Cómo que en parte?- pregunto James parando abruptamente.
-Pues… por que era bueno para mentir, de eso no tengo la menor duda-
explico Harry rodando los ojos.
—Mentira —dijo Hermione—. Ya has leído sus libros, fíjate en todas las
cosas asombrosas que ha hecho...
—Que él dice que ha hecho —añadió Ron.
-Ron, tenías mucha razón- asintió Harry divertido.
-Se acabo- dijo Remus dejando el libro en la mesilla.
-Me toca, espero y sea mas divertido este- bufo tomando el libro,
Sirius, desperezándose.