Harry latino

martes, 2 de junio de 2015

Un Sauce boxeador y un castigo nunca dado


-¡Uh! Ese árbol- exclamo Sirius frotándose las manos con ferocidad
-¿Por qué sale el nombre de ese árbol en el libro Harry?-inquirió Lily preocupada
-Digamos que…-Harry volteo a ver a Ron y este se encogió en su lugar al voltear a ver a su madre- ya veras mama- dijo el chico encogiéndose en su lugar esperando la reacción de la misma
-Espero no sea nada malo- lo reto su madre con mirada furiosa
-¿Para ti que es malo?- inquirió Harry con un pequeño susurro escondido detrás de Ginny
-No se, depende lo que se lea te lo diré- repuso Lily prestando atención a la lectura
-Bueno-susurro Harry encogido detrás de Ginny
-No Potter, conmigo no te ocultes, que esa vez me tenia muy preocupada-lo riño Ginny moviéndose en su lugar
-Pero Ginn…-comenzó Harry con voz suplicante
-Nada de Ginny, Potter-negó la pelirroja con furia
-Auxilio-movió Harry los labios pidiendo ayuda a su padre y padrino
-¡Corre!-exclamaron ambos chicos apoyando a Harry
-Sirius, en vez de que solapes a tu ahijado comienza a leer-rugió Lily lanzándole miradas envenenadas a su amigo
-De acuerdo- exclamo el chico tragando audiblemente

El final del verano llegó más rápido de lo que Harry habría querido.
-No, se termino el verano- lloro James sabiendo que no vendría nada bueno
Estaba deseando volver a Hogwarts, pero por otro lado, el mes que había pasado en La Madriguera había sido el más feliz de su vida. Le resultaba difícil no sentir envidia de Ron cuando pensaba en los Dursley y en la bienvenida que le darían cuando volviera a Privet Drive.
-No puedo creer que tengas envidia de mi, hermano-exclamo escéptico Ron, volteando a ver a Harry con los ojos como platos
-Lo mismo digo hermano- sonrio Harry haciendo sonrojar a Ron y negar divertidas a las chicas
La última noche, la señora Weasley hizo aparecer, por medio de un conjuro, una cena suntuosa que incluía todos los manjares favoritos de Harry y que terminó con un sucu­lento pudín de melaza.
-Mi favorito- tercieron los gemelos, Harry y Ron relamiéndose los bigotes
-Tú mamá hace el mejor pastel de melaza que he comido en mi vida- asintió Harry con confianza y satisfacción y antojo en los ojos
-No hablen de comida que tengo hambre-tercio molesto Sirius, sobándose el estomago
-Terminando el libro podrás comer, son apenas las diez de la mañana Padfoot- negó divertido Remus, sabia que su amigo era un glotón
Fred y George redondearon la noche con una exhibición de las bengalas del doctor Filibuster, y llenaron la cocina con chispas azules y rojas que rebotaban del techo a las paredes durante al menos media hora.
-Padfoot, Monny y Yo hacíamos lo mismo cada año- exclamo James con ojos soñadores--¿Hacían?-inquirió Harry sorprendido
-Si puesto que el año entrante ya no vamos a Hogwarts-sonrio Sirius divertido
Des­pués de esto, llegó el momento de tomar una última taza de chocolate caliente e ir a la cama.
-Y adivino, todo dejan para ultimo momento- dijo divertido Remus- no serias digno hijo de tu padre si no lo hicieras Harry- volteo a ver a su sobrino con complicidad
-Pues…-contesto este encogiéndose de hombros
-Sirius- exclamo Lily entre dientes
A la mañana siguiente, les llevó mucho rato ponerse en marcha. Se levantaron con el canto del gallo, pero parecía que quedaban muchas cosas por preparar. La señora Weas­ley, de mal humor, iba de aquí para allá como una exhalación, buscando tan pronto unos calcetines como una pluma.
-Igual que tu madre Prongs- exclamo Remus dándole un manotazo en la nuca a James
-No me lo recuerdes-exclamo el chico sobándose la cabeza
Algu­nos chocaban en las escaleras, medio vestidos, sosteniendo en la mano un trozo de tostada, y el señor Weasley, al llevar el baúl de Ginny al coche a través del patio, casi se rompe el cuello cuando tropezó con una gallina despistada.
-Igual que el tío Charlus-dijo Sirius con añoranza
-¿Tienes gallinas?- pregunto Harry a James
-No, un gato y siempre papa tropieza con él el día que regresamos al colegio-respondió James con una sonrisa de lado a lado
Harry negó divertido, pensando que el no quería que le pasara eso cuando llevara a sus hijos al colegio
A Harry no le entraba en la cabeza que ocho personas, seis baúles grandes, dos lechuzas y una rata pudieran caber en un pequeño Ford Anglia.
-Yo me pregunto lo mismo- se rasco la barbilla Remus, obviamente pensativamente
 Claro que no había contado con las prestaciones especiales que le había añadido el señor Weasley.
—No le digas a Molly ni media palabra —susurró a Harry al abrir el maletero y enseñarle cómo lo había ensan­chado mágicamente para que pudieran caber los baúles con toda facilidad.
-Ahora comprendo como lo hiciste Arthur- exclamo enfada Molly viendo detenidamente a su marido
-Molly querida, no tenia otra opción, no podíamos dar dos viajes hasta la estación- se excuso el hombros alzando las manos en señal de derrota
Cuando por fin estuvieron todos en el coche, la señora Weasley echó un vistazo al asiento trasero, en el que Harry, Ron, Fred, George y Percy estaban confortablemente senta­dos, unos al lado de otros, y dijo:
—Los muggles saben más de lo que parece, ¿verdad?
-No, mi marido se puso a jugar de nuevo con sus cachivaches muggles- espeto molesta Molly haciendo que Harry, Ron y Arthur se encogieran en su sitio
—Ella y Ginny iban en el asiento delantero, que había sido alargado hasta tal punto que parecía un banco del parque—. Quiero decir que desde fuera uno nunca diría que el coche es tan espacioso, ¿verdad?
-No, si tu marido es Arthur Weasley puede que él haga cosas que para otros están prohibidos, pero como él redacta las leyes, él puede hacer lagunas en todas y cada unas para no terminar con problemas, ¿verdad señor Weasley?-inquirió molesta Molly, logrando que todos los chicos, tanto del pasado como del futuro se encogieran en su lugar
-Molly, cariño ¿Cómo puedes decir esas cosas?-exclamo ofendido el señor Weasley
-Pues veras, un coche volador, dos niños, una barrera, ¿te suena cariño?- exclamo con sarcasmo Molly, fulminando a Harry y Ron con la mirada, a lo cual, estos se encogieron, si se podía, aun mas en su lugar
-Sirius…-dijo Arthur tratando de salvar el barco hundido
-Ya voy-tercio este volviendo la vista al libro y comenzando a leer
El señor Weasley arrancó el coche y salieron del patio. Harry se volvió para echar una última mirada a la casa. Ape­nas le había dado tiempo a preguntarse cuándo volvería a verla, cuando tuvieron que dar la vuelta, porque a George se le había olvidado su caja de bengalas del doctor Filibuster.
-Eso también nos pasaba-observo James volteando a ver a sus amigos, los cuales asintieron
-Y mas  a ti t Padfoot- rio divertido Remus, asiendo enfurecer a sus amigos
Cinco minutos después, el coche tuvo que detenerse en el corral para que Fred pudiera entrar a coger su escoba.
-Eso le pasa a Prongs año tras año- señalo Remus a su amigo cornudo, el cual bufaba molesto
Y cuan­do ya estaban en la autopista, Ginny gritó que se había olvi­dado su diario y tuvieron que retroceder otra vez.
-Y ese era Monny con sus libros- rieron Sirius y James de su lobuno amigo el cual agacho la mirada
Cuando Ginny subió al coche, después de recoger el diario, llevaban muchísimo retraso y los ánimos estaban alterados.
-Si, pero aun así siempre llegábamos a tiempo-suspiraron los tres amigos con añoranza
El señor Weasley miró primero su reloj y luego a su mujer.
—Molly, querida...
—No, Arthur.
—Nadie nos vería. Este botón de aquí es un accionador de invisibilidad que he instalado. Ascenderíamos en el aire, luego volaríamos por encima de las nubes y llegaríamos en diez minutos. Nadie se daría cuenta...
-Claro, nadie se daría cuenta-ironizo Harry volteando a ver a Ron el cual rio divertido
—He dicho que no, Arthur, no a plena luz del día.
-Eso no nos importo-susurro Harry a Ron por lo bajo
-Cuando  nos ha importado hermano- exclamo Ron con altivez
Llegaron a Kings Cross a las once menos cuarto.
-Siempre a tiempo- sonrio James satisfecho
El se­ñor Weasley cruzó la calle a toda pastilla para hacerse con unos carritos para cargar los baúles, y entraron todos corriendo en la estación.
-Lógico- negó Hermione con frustración
Harry ya había cogido el expreso de Hogwarts el año anterior. La dificultad estaba en llegar al andén nueve y tres cuartos, que no era visible para los ojos de los muggles.
-No es difícil-negó Sirius sorprendido-lo difícil es coquetear a cuanta chica se te cruza sin que se den cuenta que desapareces-sonrio este con confianza
-Solo tú haces eso- negó Remus frustrado
-No, también Prongs- negó Sirius en su defensa
-hacia, Lily ya no lo deja-repuso Remus sonriendo a su amiga
-Buen punto- señalo Sirius derrotado-eso me recuerda… ¡Pelirroja, me has cambiado a mi amigo!-chillo este con dramatismo a Lily
-Perro… lee ¿quieres?-dijo Lily entre molesta y divertida
Lo que había que hacer era atravesar cami­nando la gruesa barrera que separaba el andén nueve del diez. No era doloroso, pero había que hacerlo con cuidado para que ningún mugglenotara la desaparición.
—Percy primero —dijo la señora Weasley, mirando con inquietud el reloj que había en lo alto, que indicaba que sólo tenían cinco minutos para desaparecer disimuladamente a través de la barrera.
-Percy, el prefecto perfecto- exclamo con sorna Fred con muecas burlescas de George a escondidas de su madre
Percy avanzó deprisa y desapareció. A continuación fue el señor Weasley. Lo siguieron Fred y George.
-¿Sin broma?- inquirieron los merodeadores sorprendidos
-No había tiempo y mama estaba enojadísima- se disculpo Fred con un encogimiento de hombros
—Yo pasaré con Ginny, y vosotros dos nos seguís —dijo la señora Weasley a Harry y Ron, cogiendo a Ginny de la mano y empezando a caminar. En un abrir y cerrar de ojos ya no estaban.
-Conste, tratamos de hacerlo- se excuso Ron elevando las manos a la altura de los hombros
—Vamos juntos, sólo nos queda un minuto —dijo Ron a Harry.
-Si, presenten atención, nuestra intención era hacer las cosas como se deben-rio Harry seguro de si mismo
-Que no se halla podido es otra cosa-sonrieron ambos en complicidad
Harry se aseguró de que la jaula de Hedwig estuviera bien sujeta encima del baúl, y empujó el carrito contra la barrera. No le daba miedo; era mucho más seguro que usar los polvos flu.
-Eso seguro-afirmo Lily sabiendo lo que su hijo causaba con esos polvos
Se inclinaron sobre la barra de sus carritos y se encaminaron con determinación hacia la barrera, co­giendo velocidad. A un metro de la barrera, empezaron a correr y...
¡PATAPUM!
-Sirius lee bien- tercio Lily molesta
-Así esta escrito pelirroja-se defendió este pasándole el libro
-NO es verdad, no puede serlo-negó esta releyendo el ultimo párrafo
-Si me dejas continuar-pidió el chico arrebatándole el libro sin que ella hiciera nada
-Adiós amigo, fuiste como un hermano para mi- se despidió Harry abrazando a Ron divertido
-Tú igual compañero, nos veremos en el mas allá- se despido Ron siguiéndole el juego
-¿Qué se traen ustedes?- exclamo confundido James
-Ya veras- señalaron los dos regresando a sus lugares
-Nunca has hecho algo como esto- sonrio Harry con malicia
-Es mas, hasta los gemelos se enojaron con nosotros por no incluirlos- informo Ron volteando a ver a sus hermanos- pero no fue intencional, ya verán- se excuso el chico abriendo los ojos como platos
Los dos carritos chocaron contra la barrera y rebotaron.
-Eso es imposible- exclamo Snape con asombro viendo a ambos amigos los cuales sonreían satisfechos
-S e lo dijimos- dijeron en tono de burla Harry  y Ron con idénticas miradas divertidas
-Pero de todos modos lo que hicieron…-comenzó a decir Snape pero Harry lo corto divertido
-No debe adelantarse a las cosas profesor-corto Harry sonriendo de lado, provocando en Ginny un sonrojo que le llego hasta las orejas-continua Padfoot- pidió Harry con amabilidad a su padrino.
El baúl de Ron saltó y se estrelló contra el suelo con gran es­truendo, Harry se cayó y la jaula de Hedwig, al dar en el suelo, rebotó y salió rodando, con la lechuza dentro dando unos terribles chillidos.
-Eso no se le debe hacer a una lechuza Harry- exclamo James furioso haciendo que Harry se escondiera detrás de Ron al ver a su padre echar fuego por los ojos.
-No fue a propósito papá-contesto el chico asomando la cabeza por detrás del hombro de su pelirrojo amigo
-Si señor Potter, eso fue un accidente, nosotros no…- comenzó a decir Ron de forma tranquilizadora, alzando los brazos a forma de defensa
-Nada de que nosotros no jovencito… esas cosas no pasan por que sí, alguien las provoco, ¿Quién fue?-grito James furioso observando los pocos cabellos de su hijo que se veían por detrás del hombro izquierdo de Ron.
-Prongs, la historia lo revelara, no te preocupes, al final sabremos a quien le lanzaremos las bromas cuando regresemos a nuestro tiempo-exclamo Remus comenzando a anotar en el pergamino que le quito a Sirius de las manos.
-¡Oye! El que haces eso soy yo, regrésame ese pergamino Monny- dijo Sirius peleando con Remus por el pergamino cada uno en su asiento.
-Si serán niños, ya compórtense y terminemos con esto-mascullo Lily molesta, poniéndose de pie y arrebatándole de las manos el pergamino a Remus y regresando a su lugar
-Si Lily, lo sentimos- exclamaron ambos chicos con la mirada baja
-¿En verdad ese es el Remus que conocimos en nuestro tercer año?- inquirió Hermione sorprendida
-No lo creo Hermione, no lo creo- negó Harry observando la escena confundido
Todo el mundo los miraba, y un guardia que había allí cerca les gritó:
—¿Qué demonios estáis haciendo?
-¿Qué no ve? ¡La barrera se cerró! Es obvio que no pueden pasar, no están haciendo un escándalo solo porque se lo propusieron- dijo Sirius con sorna, ese tipo de la estación estaba comenzando a enfadarlo.
-Sirius… no creo que Harry valla a decirle, mire señor guarda, la barrera que nos lleva al mundo mágico se cerró y no podemos pasar, es ilógico…-Lily comenzó a regañar a Sirius con verdadera furia, casi se le podía ver como los ojos se le salían de las cuencas.
-Eso sería una gran idea- sonrió Sirius alzando un dedo con un brillo especial en los ojos grises
-No Sirius, no podemos decirle semejante cosa, no nos creería, además ¿Crees que nos creería?- inquirió Harry con los ojos abierto de par en par.
-Pues cuando estabas en primero…-iba diciendo Sirius con cara confundida
-Cuando estaba en primero Sirius, no sabía nada del mundo mágico, esto era diferente-negó Harry comenzando a exasperarse.-Mejor continua leyendo quieres- pidió el chico regresando a su lugar junto a Ginny
—He perdido el control del carrito —dijo Harry entre jadeos, sujetándose las costillas mientras se levantaba. Ron salió corriendo detrás de la jaula de Hedwig, que estaba pro­vocando tal escena que la multitud hacía comentarios sobre la crueldad con los animales.
-Si eso es crueldad- exclamo James viendo a su hijo con cara de pocos amigos
-Papá- rugió Harry más que enojado, acentuando el parecido con su madre a cada segundo que pasaba.
—¿Por qué no hemos podido pasar? —preguntó Harry a Ron.
—Ni idea.
-Pues yo tengo una hipótesis- exclamo Lily sacando ella su propio pergamino y haciendo una anotaciones con rapidez- pero esperare para apostar contigo James- sonrió a su novio el cual asintió satisfecho.
Ron miró furioso a su alrededor. Una docena de curiosos todavía los estaban mirando.
—Vamos a perder el tren —se quejó—. No comprendo por qué se nos ha cerrado el paso.
-Pues algo tuviste que haber hecho Potter, no por nada ese año tú y el señor Weasley…-iba diciendo Snape con malévolo placer viendo como Lily comenzaba a preocuparse
-Ya se enterara profesor Snape y no creo que usted salga muy bien librado de eso- sonrió Harry con malicia.
-Ya veremos Potter, a ver quién sale mejor parado de esta situación- sentencio Snape  viendo a Harry directo a los ojos.
-Pues veremos- dijo Harry sin despegarle la vista de encima.
Harry miró el reloj gigante de la estación y sintió náu­seas en el estómago. Diez segundos..., nueve segundos... Avanzó con el carrito, con cuidado, hasta que llegó a la ba­rrera, y empujó a continuación con todas sus fuerzas. La barrera permaneció allí, infranqueable.
-Alguien debe de haberla cerrado con magia, la barrera no se cierra nunca, siempre está abierta, no nomas sale el expreso de Hogwarts de esa estación-señalo James confundido.
-¿Cómo es eso?-quiso saber Harry intrigado, volteando a ver a su padre con intriga
-Pues como lo oyes, si no quieres usar un traslador o el viaje es muy largo, siempre puedes tomar un tren- señalo James encogiéndose de hombros
-Yo creí que solo el expreso salía de ahí-exclamo Harry viendo a su padre con impaciencia.
-No, para nada-tercio James haciendo un ademan de manos negativo- por ejemplo, el año pasado con mis padre, ahí tomamos un tren que nos llevó a Suiza para la boda de la tía no sé qué-explico el chico confundido-la verdad no me acuerdo de su nombre, pero como lleve s Sirius y Remus pues no me aburrí demasiado, en verdad no nos aburrimos nada.-señalo el chico viendo a sus amigos con ojos brillosos.
-Sí, esa fiesta fue lo máximo-recordó Sirius divertido.
-Ni que lo digas- concordó Remus con la vista perdida.
-Sirius-llamo Harry trayendo a su padrino de regreso a la sala de requerimientos
-Si, si, ya voy-exclamo este reiniciando la lectura.
Tres segundos..., dos segundos..., un segundo...
—Ha partido —dijo Ron, atónito—. El tren ya ha parti­do. ¿Qué pasará si mis padres no pueden volver a recoger­nos? ¿Tienes algo de dinero muggle?
-Sí, Harry con dinero muggle- ironizo James rodando los ojos
Harry soltó una risa irónica.
—Hace seis años que los Dursley no me dan la paga se­manal.
-¿Qué es la paga semanal?-pregunto Sirius confundido, mientras Severus, los Weasley, Malfoy y Hagrid veían confundido a Harry.
-Los padres muggles te dan dinero cada fin de semana para que lo gaste para o que quieras, en unos lugares se les llama mesada, en otros paga semanal y otros domingo, pero es dinero que te dan para gastar, nada más-explico Hermione con una sonrisa de lado
-Hasta que me explican- repuso Ron recargándose en su lugar con los brazos detrás de la cabeza.
Ron pegó la cabeza a la fría barrera.
No oigo nada —dijo preocupado—. ¿Qué vamos a hacer? No sé cuánto tardarán mis padres en volver por no­sotros.
-Pues deberían esperar a que lleguen los padres de Ron- exclamo McGonagall cruzándose de brazos.
-Lo sabemos-exclamaron ambos chicos decaídos
Echaron un vistazo a la estación. La gente todavía los miraba, principalmente a causa de los alaridos incesantes de Hedwig.
—A lo mejor tendríamos que ir al coche y esperar allí —dijo Harry—. Estamos llamando demasiado la aten...
—¡Harry! —dijo Ron, con los ojos refulgentes—. ¡El coche!
—¿Qué pasa con él?
—¡Podemos llegar a Hogwarts volando!
-Ni se les ocurra- los riño Lily mirando a ambos chicos con enfado
-¿Lo hicieron verdad?- inquirió James con ojos soñadores
-Debieron de haberlo hecho, no puede dejar pasar esta oportunidad- exclamo Remus saltando en su lugar.
-¿Remus?-mascullo Lily sorprendida
-¿Que pasa Lily?- pregunto Remus confundido
-Tu no…
-Él no es ningún santo ni nada por el estilo-señalo Sirius divertido
-Padfoot, continua, quiero ver si lo hicieron o no-apremio James zarandeando a su mejor amigo
-Y voy, ya voy hermano- sonrió Sirius retomando la lectura
—Pero yo creía...
—Estamos en un apuro, ¿verdad? Y tenemos que llegar al colegio, ¿verdad? E incluso a los magos menores de edad se les permite hacer uso de la magia si se trata de una ver­dadera emergencia, sección decimonovena o algo así de la Restricción sobre Chismes...
-¡Ronald Weasley!-grito furiosa Molly haciendo brincar a sus tres hijos varones
-Mamá-exclamo este encogiéndose ahora él detrás de Harry
-Oye, que yo también estoy en aprietos-exclamo Harry peleando con Ron por ver quien se escondía primero
-Sí, pero por ahora lo estoy yo-dijo Ron escondiéndose detrás de Hermione
-A no Ronald, tú te lo buscaste, no yo-mascullo Hermione regañando a su amigo
-Pero Hermione- pidió el pelirrojo con carita de perrito faldero
-Nada Weasley, yo no voy a zafarte de este lio-tercio Hermione cruzándose de brazos y piernas, con la cabeza alzada y mirada ruda.
-Estamos solos en esto Harry- dijo Ron acercándose a su hermano
-Lo sé, lo sé-asintió Harry derrotado-Sirius…
-Ya lo sé, ya voy-exclamo este retomando la lectura.
El pánico que sentía Harry se convirtió de repente en emoción.
-Ese es mi hijo-exclamo alzando un puño al aire en son de triunfo
-Y mi ahijado-tercio Sirius sonriendo de lado a lado
-Y mi sobrino-concordó Remus orgulloso de Harry viéndolo con ojos brillosos
-No, no, no, no…-negaba Harry sabiendo que no le esperaba nada bueno con su madre y madre postiza.
—¿Sabes hacerlo volar?
—Por supuesto —dijo Ron, dirigiendo su carrito hacia la salida—. Venga, vamos, si nos damos prisa podremos se­guir al expreso de Hogwarts.
-Eso es chicos-celebraron los merodeadores con los ojos brillos, James se limpiaba una lagrima imaginaria de emoción.
-Sigo molesto por que no nos llamaron-exclamo Fred señalándose a si mismo y luego a George
-Si, pudieron habernos hablado, no les costaba nada- negó George con los ojos como paltos
-¿Se dan cuenta que no podíamos entrar a través de la barrera y por eso no tomamos el expreso?-inquirió Harry con sarcasmo
-Si, eso no lo pensé- señalo Fred volteando a ver a su hermano con un leve asentimiento.
Y abriéndose paso a través de la multitud de muggles curiosos, salieron de la estación y regresaron a la calle lateral donde habían aparcado el viejo Ford Anglia. Ron abrió el gran maletero con unos golpes de varita mágica. Metieron dentro los baúles, dejaron a Hedwig en el asiento de atrás y se acomodaron delante.
—Comprueba que no nos ve nadie —le pidió Ron, arran­cando el coche con otro golpe de varita. Harry sacó la cabeza por la ventanilla; el tráfico retumbaba por la avenida que te­nían delante, pero su calle estaba despejada.
—Vía libre —dijo Harry.
-Qué suerte-ironizo Draco molesto
-Siempre-sonrió Harry con malicia
-Pues esta vez no tanta ¿o si?- señalo Draco a su madre la cual estaba que no la calentaba ni el sol de lo molesta que estaba.
-Yo que tu mejor me callaba Harry-susurro Ginny al oído de su novio
Harry asintió en conformidad con Ginny, mejor estar seguro.
Ron pulsó un diminuto botón plateado que había en el salpicadero y el coche desapareció con ellos. Harry notaba el asiento vibrar debajo de él, oía el motor, sentía sus pro­pias manos en las rodillas y las gafas en la nariz, pero, a juz­gar por lo que veía, se había convertido en un par de ojos que flotaban a un metro del suelo en una lúgubre calle llena de coches aparcados.
—¡En marcha! —dijo a su lado la voz de Ron.
-Si, a volar-exclamo James con orgullo.
Fue como si el pavimento y los sucios edificios que ha­bía a cada lado empezaran a caer y se perdieran de vista al ascender el coche; al cabo de unos segundos, tenían todo Londres bajo sus pies, impresionante y neblinoso.
Entonces se oyó un ligero estallido y reaparecieron el coche, Ron y Harry.
-Hable muy rápido, ustedes no tiene suerte-se mofo Draco en medio de carcajadas sonoras.
-Cállate Malfoy- espeto Harry molesto fulminando al chico con la mirada
-Vaya, vaya, el pequeño Potter no tiene nada de suerte- rio con malicia Snape mofándose de sus viejos compañeros
         Ellos solo lo fulminaron con la mirada, ya se lo cobrarían cuando regresaran a su tiempo.
—¡Vaya! —dijo Ron, pulsando el botón del accionador de invisibilidad—. Se ha estropeado.
Los dos se pusieron a darle golpes. El coche desapare­ció, pero luego empezó a aparecer y desaparecer de forma intermitente.
-Nunca les sale nada bien- exclamo Hermione negando con la cabeza a la vez que rodaba los ojos cansada
—¡Agárrate! —gritó Ron, y apretó el acelerador. Como una bala, penetraron en las nubes algodonosas y todo se vol­vió neblinoso y gris.
—¿Y ahora qué? —preguntó Harry, pestañeando ante la masa compacta de nubes que los rodeaba por todos lados.
—Tendríamos que ver el tren para saber qué dirección seguir —dijo Ron.
-Esa es buena idea chicos- aprobó James sonriendo a los amigos
-No tanta-negó Harry por lo bajo a Ron el cual asintio.
—Vuelve a descender, rápido.
Descendieron por debajo de las nubes, y se asomaron mirando hacia abajo con los ojos entornados.
—¡Ya lo veo! —gritó Harry—. ¡Todo recto, por allí!
El expreso de Hogwarts corría debajo de ellos, parecido a una serpiente roja.
—Derecho hacia el norte —dijo Ron, comprobando el in­dicador del salpicadero—. Bueno, tendremos que compro­barlo cada media hora más o menos. Agárrate. —Y volvie­ron a internarse en las nubes. Un minuto después, salían al resplandor de la luz solar.
-Debió haber sido increíble ir a Hogwarts volando- exclamo con voz soñadora Sirius
-Lo se, deberíamos haberlo intentado- exclamo James con la mirada perdida
-No, no lo fue y menos el como terminamos- dijo Ron por lo bajo a Harry, el cual asintio.
Aquél era un mundo diferente. Las ruedas del coche ro­zaban el océano de esponjosas nubes y el cielo era una ex­tensión inacabable de color azul intenso bajo un cegador sol blanco.
—Ahora sólo tenemos que preocuparnos de los aviones —dijo Ron.
-Esos artefactos de metal que no tengo la menor idea de cómo es que vuelan- observo el señor Weasley entre divertido y preocupado de cómo reaccionaría su mujer
-Si, pero no nos topamos con nada de eso- explico Harry aliviando tanto a su madre como a la señora Weasley
-Eso no quiere decir que aun estén a salvo de que los vean- observo Lily aun preocupada
Se miraron el uno al otro y rieron. Tardaron mucho en poder parar de reír.
Lo mismo pasaba en la sala, los bromistas reían a mandíbula abierta, Harry y Ron se miraron entre ellos y sonriendo de lado negaron divertidos, esperando que nada peor a lo que ya había pasado la vez pasada volviera a ocurrir.
Era como si hubieran entrado en un sueño maravilloso. Aquélla, pensó Harry, era seguramente la manera ideal de viajar: pasando copos de nubes que parecían de nieve, en un coche inundado de luz solar cálida y luminosa, con una gran bolsa de caramelos en la guantera e imaginando las caras de envidia que pondrían Fred y George cuando aterrizaran con suavidad en la amplia explanada de césped delante del castillo de Hogwarts.
-Caras que si pusimos cuando los vimos entrar a la sala común- dijo Fred molesto
-Eso y el hecho de que no nos hallan llamado nos molestó mucho- concordó George fulminando a ambos amigos con la mirada
-Ya les dijimos que no fue nuestra idea, la barrera se cerro y no podíamos pasar- exclamaron Ron y Harry exasperados y bufando molestos
Comprobaban regularmente el rumbo del tren a medida que avanzaban hacia el norte, y cada vez que bajaban por de­bajo de las nubes veían un paisaje diferente. Londres quedó atrás enseguida y fue reemplazado por campos verdes que dieron paso a brezales de color púrpura, a aldeas con diminu­tas iglesias en miniatura y a una gran ciudad animada por coches que parecían hormigas de variados colores.
-Eso si es un verdadero viaje a Hogwarts- exclamo James con envidia en la voz
-Si, esa es la mejor forma de llegar a Hogwarts- afirmo Sirius con un seco asentimiento
-NI que lo digas- dijo Remus con voz monocorde, en casi un susurro de admiración.
Sin embargo, después de varias horas sin sobresaltos, Harry tenía que admitir que parte de la diversión se había esfumado.
-¿Qué? Eso es imposible- dijo James consternado
-Tienen que estar bromeando-apunto Remus con los ojos como platos
-Hay muchas cosas que hacer con un carro volador mientras vas de camino al colegio- observo Sirius viendo a ambos amigos confundido
-No si tienes doce años y como nosotros no rompes las reglas porque tú quieras, sino porque es algo que tienes que hacer para salvar a tus compañeros o seres querido-Harry exclamo, poniendo especial énfasis en la última frase, la cual le dolía mucho.
-No puede ser eso posible, tú por ser hijo de quien eres deberías de romper las reglas cada dos por tres-dijo Sirius molesto
-Pues creo que no salí tanto a él como tú y Remus dicen- observo el chico de ojos verdes divertido.
         Sirius, contrariado, negó cerrando los ojos y continuo con la lectura
Los caramelos les habían dado una sed tremenda y no tenían nada que beber. Harry y Ron se habían despoja­do de sus jerséis, pero al primero se le pegaba la camiseta al respaldo del asiento y a cada momento las gafas le resbala­ban hasta la punta de la nariz empapada de sudor.
-Después de un rato se pierde el encanto de la situación-señalo Harry recordando la sensación de cansancio y sed pasada en ese coche
-Pero eso no quita el hecho de que fue la mejor forma de llegar a Hogwarts- observo James con orgullo a su hijo
-No, la verdad nos ganaron solo dos años después-rio Harry divertido
-¿Com…
-Ya veras papá, ya veras-exclamo el chico de ojos verdes de manera enigmatica
Había dejado de maravillarse con las sorprendentes formas de las nubes y se acordaba todo el tiempo del tren que circulaba miles de metros más abajo, donde se podía comprar zumo de calabaza muy frío del carrito que llevaba una bruja gor­dita.
-Eso les pasa por no tomar el tren-exclamo una molesta Hermione fulminando a ambos chicos con la mirada
-No fue nuestra culpa Hermione-mascullo Ron ofendido con su amiga
-Como sea, pero debieron de haber esperado a tus padres o mandado a Hedwic a pedir ayuda, o que se yo- tercio la chica sin apartar la vista el pelirrojo
-Mujeres, no entienden y son difíciles de entender-susurro por lo bajo Ro a Harry el cual asintió en complicidad
¿Por qué motivo no habrían podido entrar en el andén nueve y tres cuartos?
-Cosa que también me intriga-se encogió de hombro Lily volteando a ver a su hijo
-Ya veras, pero no es culpa nuestra- se señalo a si mismo y a Ron con los ojos como platos
-Por algún extraño motivo, no te creo jovencito-tercio Lily amenazándolo con un dedo retadoramente
-Pero mamá… eso no es justo-exclamo molesto el chico de ojos verdes ofendido
         Sirius reía divertido por como Lily regañaba a alguien mas que no fueran James y él, eso era épico y único en muchos sentidos y lo hacia sentir de maravilla
—No puede quedar muy lejos ya, ¿verdad? —dijo Ron, con la voz ronca, horas más tarde, cuando el sol se hundía en el lecho de nubes, tiñéndolas de un rosa intenso—. ¿Listo para otra comprobación del tren?
-Después de un rato se torno aburrido-le informo Harry a Ginny por lo bajo, haciéndole cosquillas a la pelirroja con su aliento
Éste continuaba debajo de ellos, abriéndose camino por una montaña coronada de nieve. Se veía mucho más oscuro bajo el dosel de nubes.
Ron apretó el acelerador y volvieron a ascender, pero al hacerlo, el motor empezó a chirriar.
-Problemas, lógico en ustedes dos- exclamo Hermione rodando los ojos
-Hermione que parte de que-comenzó Ron volteando a ver a Harry con frustración
-Los problemas no los buscamos nosotros-continuo Harry siguiendo con lo que decía su hermano
-Por lo regular ellos nos encuentran a nosotros-exclamo Ron con voz enérgica. Fulminando a Hermione con la mirada
-No entiendes-exclamaron ambos amigos con frustración
-Llevas seis años conociéndonos y metiéndote en los mismos problemas que nosotros y aun así no lo captas-termino Harry alzando las manos al techo dándole mas énfasis a sus palabras
-Es imposible hablar con ustedes dos-rodo la castaña los ojos derrotada
-Lo sabemos-exclamaron ambos chicos recargándose en su lugar con los brazos detrás de la cabeza
-Hermione… son hombres- susurro por lo bajo Ginny a la castaña rodando los ojos
-Lo se y eso me frustra-contesto la chica con los dientes apretados
Harry y Ron se intercambiaron miradas nerviosas.
—Seguramente es porque está cansado —dijo Ron—, nunca había hecho un viaje tan largo...
-Los coches no se cansan- dijo Sirius divertido parando abruptamente la lectura
-Ese es especial-contesto Ron recordando su segundo año con un poco de miedo 
Y ambos hicieron como que no se daban cuenta de que el chirrido se hacía más intenso al tiempo que el cielo se os­curecía.
-Típico…
-Hermione-la callo Ron con una mirada adusta
         Sirius y compañía reían divertidos, algo les decía que esos dos terminarían juntos
Las estrellas iban apareciendo en el firmamento. Se hacía de noche. Harry volvió a ponerse el jersey, tratando de no dar importancia al hecho de que los limpiaparabrisas se movían despacio, como en protesta.
-Los coches no pro…
-Papa, mejor no hables antes de que sepas como es este coche
—Ya queda poco —dijo Ron, dirigiéndose más al coche que a Harry—, ya queda muy poco —repitió, dando unas palmadas en el salpicadero con aire preocupado. Cuando, un poco más adelante, volvieron a descender por debajo de las nubes, tuvieron que aguzar la vista en busca de algo que pudieran reconocer.
-Lo mas probable es que halla sido lo mas fácil del mundo- exclamo Hermione con sarcasmo marcado en la voz
-Pues no, pero valía la pena intentarlo-se encogió de hombros Harry sonriendo de lado
—¡Allí! —gritó Harry de forma que Ron y Hedwig die­ron un bote—. ¡Allí delante mismo!
-Vez, logre ver el tren con dificultad, pero lo encontré-sonrio Harry abrazando a su novia por los hombros
-Con eso no me contentas Potter, me tenias muy preocupada-exclamo Ginny sacándose la mano de Harry de sus hombros
-Uh, te ha llamado por tu apellido-se mofo Sirius señalando a James con la cabeza-eso nunca trae nada bueno
-Nunca me habías dicho por mi apellido Ginny-exclamo Harry con voz dolida
-Nunca había hecho falta Potter- exclamo recalcando la ultima palabra
-Pero…
-Mejor cállate si no quieres que te retire la palabra- exclamo la pelirroja cruzándose de brazos sin mirara al chico de ojos verdes
Sirius y James reían divertidos, eso era nuevo, pero Harry ya se acostumbraría, al menos con el tiempo
En lo alto del acantilado que se elevaba sobre el lago, las numerosas torres y atalayas del castillo de Hogwarts se recortaban contra el oscuro horizonte.
-Al menos ya están llegando- mascullo Lily tomando la misma actitud molesta de Ginny hacia su hijo
-Pero es que…
-Te callas-ordeno Lily con un dedo acusador a Harry, el cual, con las manos frente a su cara en actitud conciliadora, trataba de excusarse.
Pero el coche había empezado a dar sacudidas y a per­der velocidad.
-Ven, nunca sale nada bueno si van ustedes dos solos- tercio Hermione dándole un golpe en la coronilla a ambos chicos
-Hermione-exclamaron Ron y Harry a la vez sobándose la cabeza
-Nada de Hermione, nos tenían demasiado preocupadas y ustedes muy a gusto en un coche volador-bufo la castaña rodando los ojos
-Sirius… no podrías terminar ya-urgió Harry sabiendo que este capitulo seria el más largo de todos
-Ya voy- exclamo el chico encogiéndose de hombros
—¡Vamos! —dijo Ron para animar al coche, dando una ligera sacudida al volante—. ¡Venga, que ya llegamos!
-Que no es un perro Ron- exclamo James riéndose de la forma en que el pelirrojo hablaba
-Tu que sabes- dijo Ron molesto por la poca credibilidad que les tenían
-Uy el niño ya se enojo-se mofo Draco riendo entre dientes
-Cállate Malfoy, o te meto la varita por…
-HARRY JAMES POTTER, QUE MANERA ES ESA DE HABLAR- bufo Lily encarando a su hijo un tanto molesta
-Perdón mamá- exclamo Harry encogiéndose en su lugar- pero es que él…
-Ya basta jovencito, no es momento ni lugar para este tipo de cosas- tercio Lily sin despegar la vista de Harry, mientras el rubio reía socarronamente sin hacer ruido alguno- y tú Black, ya termina- amenazo Lily con la varita a Sirius, el cual tragando audiblemente siguió leyendo
El motor chirriaba. Del capó empezaron a salir delga­dos chorros de vapor. Harry se agarró muy fuerte al asiento cuando se orientaron hacia el lago.
-La caída no fue mas suave por eso amigo-susurro Ron por lo bajo a Harry haciendo que este se estremeciera
El coche osciló de manera preocupante. Mirando por la ventanilla, Harry vio la superficie calma, negra y cristalina del agua, un par de kilómetros por debajo de ellos. Ron afe­rraba con tanta fuerza el volante, que se le ponían blancos los nudillos de las manos. El coche volvió a tambalearse.
-¿Qué no sabían que hay protecciones en torno a todo el castillo?-inquirió Hermione de forma escéptica a sus amigos
-Hermione, solo tu lees historia de Hogwarts-Ron hizo un movimiento convulsivo con la cabeza a la vez que rodaba los ojos con cansancio
-Ronald, deberías de leerla, así estas cosas no te pasarían- dijo Hermione iruiendose cuan alta era en su lugar, viendo hacia abajo a Ron, sintiéndose por un momento mas alta que él
-No pienso perder mi tiempo con un libro como ese-mascullo el chico irguiéndose también, para quedar mas alto que la castaña
         Hermione iba a replicar, pero Harry, arto de que esos dos siempre anduvieran peleándose, se puso entre ambos, pasando con cuidado junto a Ginny.
-Ya basta los dos, eso de que se estén peleando todo el tiempo es… tonto… idiota de  verdad, somos amigos y no podemos pelearnos todo el tiempo y menos con lo que se nos viene encima-bufo Harry parando a Hermione antes de que esta comenzara a replicar-llevan todo el año igual, ¿por un día podrían dejar de pelearse?-Harry abrió los ojos como platos esperando respuesta
         Ambos chicos se voltearon a ver con enfado luego voltearon a ver a Harry y asintieron a la vez
-Gracias-contesto el ojiverde regresando a su lugar
-Algo me dice que esos dos vana terminar juntos-susurro por lo bajo Sirius a sus amigos- ¿apuestan?
-Hecho-tercieron ambos con idénticas sonrisas traviesas
-Yo digo que no vana  quedar juntos- exclamo James divertido
-Yo estoy con Sirius por una vez en mi vida, tú y Lily estaban igual- sonrio Remus complacido por la cara de confusión de James
-No es verdad- se defendió James cruzándose de brazos y recargándose en su lugar
-Si lo es- sonrio Remus divertido
-No, ella y yo no peleábamos- exclamo James rodando los ojos
-Claro y yo pasare mis EXTASIS con excelencia- se mofo Sirius palmeando el hombro de su amigo
-Pues…
-Sabes que no es verdad Prongs- le recrimino Remus divertidos
-AHORA USTEDES TRES-grito Harry fastidiado-YA BASTA Y SIGAN LEYENDO-ordeno el chico echando chispas verdes por los ojos
-Asusta igual que tu novia Prongs- susurro Sirius retomando el libro
-Lo se- contesto este escondiéndose detrás del ojigris
—¡Vamos! —dijo Ron.
Sobrevolaban el lago. El castillo estaba justo delante de ellos. Ron apretó el pedal a fondo.
Oyeron un estruendo metálico, seguido de un chisporro­teo, y el motor se paró completamente.
-Ya sabía yo que algo como esto podría pasar- exclamaron al unisonó Lily y Molly con idénticas miradas aterradas
-Pero sabes que no paso nada- contestaron Harry y Ron viendo a sus respectivas madres con suspicacia
-Pero aun así rompieron las normas del colegio y la restricción de magia en menores de edad, ESTAS CASTIGADO-rugieron ambas madres a la vez, haciendo retroceder tanto a sus hijos como a sus parejas
—¡Oh! —exclamó Ron, en medio del silencio.
-SOLO ESO SE TE OCURRE DECIR EN UNA SITUACION ASÍ-bufo molesta Molly encaramada en su asiento con mirada furiosa
         Harry y Ron no sabían donde esconderse, estaban metidos en un aprieto de tamaño mayor, ambas madres, ambas pelirrojas, molestas y sus padres mas asustados que ellos dos juntos.
El morro del coche se inclinó irremediablemente hacia abajo. Caían, cada vez más rápido, directos contra el sólido muro del castillo.
-Imposible, ¿Cómo diantres fue que salieron con vida?-mascullo Lily aferrada al brazo de James el cual comenzaba a adormecérsele al chico de ojos avellanas
-Si me dejas seguir leyendo pelirroja, lo sabrás-exclamo Sirius comenzando a molestarse por tanta interrupción
—¡Noooooo! —gritó Ron, girando el volante; esquivaron el muro por unos centímetros cuando el coche viró descri­biendo un pronunciado arco y planeó sobre los invernaderos y luego sobre la huerta y el oscuro césped, perdiendo altura sin cesar.
         Las mujeres en la sala aguantaban la respiración, a la espera de que nada malo les pasara, Ginny, aunque molesta; se aferraba al brazo de su novio y Hermione hacia lo mismo con Ron, Lily y Molly estaban con las manos clavadas en los antebrazos de sus parejas y McGonagall solo negaba molesta por todo lo que no había visto que habían pasado esos chicos
Ron soltó el volante y se sacó del bolsillo de atrás la va­rita mágica.
—¡ALTO! ¡ALTO! —gritó, dando unos golpes en el salpi­cadero y el parabrisas, pero todavía estaban cayendo en pica­do, y el suelo se precipitaba contra ellos...
-No creo que funcione- negó James comenzando a asustarse por la suerte de los chicos
—¡CUIDADO CON EL ÁRBOL! —gritó Harry, cogiendo el volante, pero era demasiado tarde.
-No me digas que es…-Remus no concebía que algo así estuviera pasando, por su culpa ese árbol fue plantado en el castillo
-Creo que si, pero ni se te ocurra culparte Monny, ¿entendiste?- lo previno Sirius con un dedo amenazador
         Remus rodo los ojos, sabía que algo así pasaría, sus amigos lo valoraban demasiado, pero el sentía que no valía nada.
¡¡PAF!!
-BLACK-saltaron ambas madres preocupadas
-Tranquilas pelirrojas, que este nene tiene que regresar sano y salvo a su tiempo-exclamo Sirius retrocediendo en su lugar
-No estés jugando entonces-lo riño Lily controlando su respiración
-No es juego, eso dice- se excuso el chico mostrándole el libro- ¿ves? No es cosa mía
-Entonces continua- exclamo Lily luego de cerciorarse de que era verdad
-Mujeres, por eso no tengo novia- exclamo el chico dándole vuelta a la pagina
Con gran estruendo, chocaron contra el grueso tronco del árbol y se dieron un gran batacazo en el suelo. Del abo­llado capó salió más humo; Hedwig daba chillidos de terror; a Harry le había salido un doloroso chichón del tamaño de una bola de golf en la cabeza, al golpearse contra el parabri­sas; y, a su lado, Ron emitía un gemido ahogado de desespe­ración.
-Ron ¿Qué te paso?-exigió Molly mirando con preocupación a su hijo varón menor
-Nada malo mamá, solo me castigaron- contesto el chico conteniendo la risa
—¿Estás bien? —le preguntó Harry inmediatamente.
-Bueno, al menos te preocupas por tus amigos- exclamo James para romper la tención
-Siempre papá, siempre- contesto el chico de ojos verdes, intercambiando una larga mirada con su mejor amigo
—¡Mi varita mágica! —dijo Ron con voz temblorosa—. ¡Mira mi varita!
-Así que fue así como se rompió- observo el señor Weasley de forma pensativa
-Si, así se rompió- contesto el chico pelirrojo con un encogimiento de hombros
Se había partido prácticamente en dos pedazos, y la punta oscilaba, sujeta sólo por unas pocas astillas.
-Uh, eso no es bueno- se mofo Sirius ganándose una mirada fiera por parte de Hermione
-Vuelve a hablar Sirius y te pasara lo mismo que tu adorado sobrino Malfoy-exclamo Hermione de la manera mas fría que logro, haciendo retroceder a sobrino y tío con leves espasmos
Harry abrió la boca para decir que estaba seguro de que podrían recomponerla en el colegio, pero no llegó a decir nada.
-Cuando una varita se rom…
-Hermione, por si no te has dado cuenta, eso ya lo pasamos hace cuatro años-exclamo con sarcasmo Harry, que hacia rato había perdido los estribos
-Harry, no es mi culpa que estés enojado, así que no me hables así-mascullo la castaña rodando los ojos
-Yo…
-Descuida, a mi también me sacan de quicio a veces-sonrio Hermione animando al ojiverde
En aquel mismo momento, algo golpeó contra su lado del coche con la fuerza de un toro que les embistiera y arrojó a Harry sobre Ron, al mismo tiempo que el techo del coche recibía otro golpe igualmente fuerte.
—¿Qué ha pasado?
-Si ¿Qué fue eso?- inquirió Lily confundida
-De seguro- comenzó James volteando a ver a sus amigos con complicidad
-El Sauce Boxeador-siguió Sirius con una sonrisa divertida
-Que esta en los terrenos- finalizo Remus con nostalgia en la mirada
-Rayos- exclamo Lily sabiendo que nada bueno saldría de eso
Ron ahogó un grito al mirar por el parabrisas, y Harry sacó la cabeza por la ventanilla en el preciso momento en que una rama, gruesa como una serpiente pitón, golpeaba en el coche destrozándolo. El árbol contra el que habían cho­cado les atacaba. El tronco se había inclinado casi el doble de lo que estaba antes, y azotaba con sus nudosas ramas pe­sadas como el plomo cada centímetro del coche que tenía a su alcance.
-Eso no es bueno, eso no es bueno- chillaba Lily aferrada al torso de James, el cual la sobaba en la espalda para clamarla
—¡Aaaaag! —gritó Ron, cuando una rama retorcida gol­peó en su puerta produciendo otra gran abolladura; el para­brisas tembló entonces bajo una lluvia de golpes de ramitas, y una rama gruesa como un ariete aporreó con tal furia el techo, que pareció que éste se hundía.
-Se van a morir- exclamo Molly asustada, desde los brazos de su esposo
         Harry y Ron sabiendo de ante mano que nada peor a un par de golpes y rasguños les habían pasado, estaban mas preocupados por como reaccionarían sus madres cuando el peligro pasara.
—¡Escapemos! —gritó Ron, empujando la puerta con toda su fuerza, pero inmediatamente el salvaje latigazo de otra rama lo arrojó hacia atrás, contra el regazo de Harry.
-Ya se que se quieren pero no es para tanto- rio Sirius divertido, deseando el estar en una situación igual
-No seas idiota Padfoot, casi nos mata ese árbol-exclamo Harry molesto
—¡Estamos perdidos! —gimió, viendo combarse el techo.
-No, están en el sauce boxeador- exclamo James riendo a mandíbula abierta por los problemas en los que se metía su hijo.
         Harry y Ron rodaron los ojos con fastidio, esos dos eran tal cual les habían platicado, otros Fred y George renovados o mejor dicho, recargados.
De repente el suelo del coche comenzó a vibrar: el motor se ponía de nuevo en funcionamiento.
—¡Marcha atrás! —gritó Harry, y el coche salió dispara­do. El árbol aún trataba de golpearles, y pudieron oír crujir sus raíces cuando, en un intento de arremeter contra el co­che que escapaba, casi se arranca del suelo.
-Por poco y logran lo que hemos tratado por tres años-chillo Sirius como si hubieran cometido el mayor crimen de su vida- eso no es justo
-Lo se hermano, lo se- exclamo James quitándose una lagrima imaginaria recargado en el hombro de Lily
-¿De que hablan?- pregunto Harry a Remus confundido
-Una larga historia, ya habrá tiempo- respondió este restándole importancia con un ademan de manos
—Por poco —dijo Ron jadeando—. ¡Así se hace, coche!
-Y sigue hablándole como si fuera un perro- dijo James rodando los ojos
         Harry ni siquiera se molesto en decirle anda, ya lo comprendería conforme pasara el libro.
El coche, sin embargo, había agotado sus fuerzas. Con dos golpes secos, las puertas se abrieron y Harry sintió que su asiento se inclinaba hacia un lado y de pronto se encon­tró sentado en el húmedo césped. Unos ruidos sordos le indi­caron que el coche estaba expulsando el equipaje del male­tero; la jaula de Hedwig salió volando por los aires y se abrió de golpe, y la lechuza salió emitiendo un fuerte chillido de enojo y voló apresuradamente y sin parar en dirección al castillo. A continuación, el coche, abollado y echando humo, se perdió en la oscuridad, emitiendo un ruido sordo y con las luces de atrás encendidas como en un gesto de enfado.
-¡En verdad parece un perro!- se asombro James volteando a ver a los chicos los cuales asintieron
-Los hecho fuera como yo con las…
-Cállate- gritaron Remus y James tapándole la boca a Sirius con sus manos de un fuerte golpe
-Eso debió doler- dijo Ron con una mueca de dolor
-Lo se hermano, son extraños- exclamo Harry alzando las cejas confundido
-Tengo que seguir-dijo Sirius con la oz amortiguada por las manos de sus amigos, arrancándoselas de la boca- Auch, eso dolió chicos- exclamo este haciendo muecas con los labios para amortiguar el dolor
-No era un cariño perro-mascullo entre dientes James entrecerrando los ojos
-Mejor continuo-dijo Sirius antes de que volvieran a golpearlo
—¡Vuelve! —le gritó Ron, blandiendo la varita rota—. ¡Mi padre me matará!
-Casi lo hizo- sonrieron los gemelos de forma altanera, que por primera vez ellos no tuvieron la culpa de algo
-Muy graciosos chicos- los riño Ron con sarcasmo
-Siempre hermanito- dijeron los gemelos con un encogimiento de hombros
Pero el coche desapareció de la vista con un último bufi­do del tubo de escape.
—¿Es posible que tengamos esta suerte? —preguntó Ron embargado por la tristeza mientras se inclinaba para recoger a Scabbers, la rata—. De todos los árboles con los que podíamos haber chocado, tuvimos que dar contra el úni­co que devuelve los golpes.
-Ron, ¿aun lo preguntas después de todos estos años?- preguntó Harry con una nota de sarcasmo en la voz y sus ojos verdes
-No, la verdad es que con el paso de los años me di cuenta de que ni tú ni yo tenemos suerte compañero-contesto Ron con un leve asentimiento
-Lo sabía, con el tiempo las dudas se disipan- exclamo Harry todavía con ese matiz de sarcasmo en su voz
Se volvió para mirar el viejo árbol, que todavía agitaba sus ramas pavorosamente.
—Vamos —dijo Harry, cansado—. Lo mejor que pode­mos hacer es ir al colegio.
-Si, por que aparte de los golpes y castigos, pescaran un resfriado- exclamo James riendo de nuevo, ese era su hijo, ni duda de eso
No era la llegada triunfal que habían imaginado. Con el cuerpo agarrotado, frío y magullado, cada uno cogió su baúl por la anilla del extremo, y los arrastraron por la lade­ra cubierta de césped, hacia arriba, donde les esperaban las inmensas puertas de roble de la entrada principal.
-¿En verdad se imaginaron una llegada triunfal?- inquirió Sirius escéptico
-Mejor que esa si-sonrieron ambos amigos sabiendo de ante mano que de esa no se salvan
—Me parece que ya ha comenzado el banquete —dijo Ron, dejando su baúl al principio de los escalones y acercán­dose sigilosamente para echar un vistazo a través de una ventana iluminada—. ¡Eh, Harry, ven a ver esto... es la Se­lección!
-Si, ahora entren y hagan como si nada hubiera pasado-dijo Sirius de manera altanera, sacando a relucir su lado Black que tanto lo caracterizaba
-Imposible-negó Harry con los ojos como platos
-Simplemente no es lo nuestro-dijo Ron encogiéndose de hombros
-Lo nuestro es que todos nos vean cuando hacemos algo- contesto Harry riendo a ocultas
-Lo creería de tu padre pero no de ti Harry-razono Lily acariciando el cabello de su novio
-¿Por que no mamá?-cuestiono Harry mirando a su madre con suspicacia
-Por que no te pareces mas que en lo físico a él Harry, no eres bueno para salir de los problemas en los que te metes, te atrapan con facilidad como a mi-explico Lily encogiéndose de hombros
-Lastima, no nos creerá-negó Ron divertido
         Harry se encogió de hombros, su madre, solo una hora con él y ya sabía como era.
Harry se acercó a toda prisa, y juntos contemplaron el Gran Comedor.
Sobre cuatro mesas abarrotadas de gente, se mante­nían en el aire innumerables velas, haciendo brillar los pla­tos y las copas. Encima de las cabezas, el techo encantado que siempre reflejaba el cielo exterior estaba cuajado de es­trellas.
A través de la confusión de los sombreros negros y pun­tiagudos de Hogwarts, Harry vio una larga hilera de alumnos de primer curso que, con caras asustadas, iban entrando en el comedor. Ginny estaba entre ellos; era fácil de distinguir por el color intenso de su pelo, que revelaba su pertenencia a la familia Weasley.
-Ahora comprendo por que la localizabas rápido Harry- exclamo Ron de manera celosa
-No me había dado cuenta de eso- se excuso Harry acercándose a Ginny
-Yo tampoco, pero siempre la veías sin darte cuenta- observo Ron de manera pensativa
-Si, tienes razón- acepto Harry con un leve asentimiento y besando a su novia-siempre la veía y yo ni en cuenta, siempre me preocupaba por ella y ni me daba cuenta- la estrecho entre sus brazos con cariño
-Creo que ya me daré por vencido, es más que lógico que terminaras con mi hermana-dijo Ron recargándose en su lugar derrotado
-Gracias… creo- contesto Harry confundido
Mientras tanto, la profesora McGonagall, una bruja con gafas y con el pelo recogido en un apretado moño, ponía el famoso Sombrero Seleccionador de Hogwarts sobre un taburete, delante de los recién llegados.
Cada año, este sombrero viejo, remendado, raído y sucio, distribuía a los nuevos estudiantes en cada una de las cua­tro casas de Hogwarts: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Harry se acordaba bien de cuando se lo había pues­to, un año antes, y había esperado muy quieto la decisión que el sombrero pronunció en voz alta en su oído. Durante unos escasos y horribles segundos, había temido que lo fue­ra a destinar a Slytherin, la casa que había dado más magos y brujas tenebrosos que ninguna otra, pero había acabado en Gryffindor, con Ron, Hermione y el resto de los Weasley. En el último trimestre, Harry y Ron habían contribuido a que Gryffindor ganara el campeonato de las casas, vencien­do a Slytherin por primera vez en siete años.
-Eso es deprimente, ganarle a Slytherin por primera vez en siete años- dijo abatido James
-Lo se compañero, pero ya lo arreglaremos- sentencio Sirius con los ojos brillándole por una nueva idea
Habían llamado a un chaval muy pequeño, de pelo cas­taño, para que se pusiera el sombrero. Harry desvió la mira­da hacia el profesor Dumbledore, el director, que se hallaba contemplando la Selección desde la mesa de los profesores, con su larga barba plateada y sus gafas de media luna bri­llando a la luz de las velas. Varios asientos más allá, Harry vio a Gilderoy Lockhart, vestido con una túnica color agua­marina. Y al final estaba Hagrid, grande y peludo, apurando su copa.
—Espera... —dijo Harry a Ron en voz baja—. Hay una silla vacía en la mesa de los profesores. ¿Dónde está Snape?
-Tal vez muerto- se esperanzo James pero volteo a ver al profesor de pociones con una risa socarrona- no ¿verdad?
         Este lo veía claramente molesto, pero creía que no era bueno perder el tiempo hablando con Potter
Severus Snape era el profesor que menos le gustaba a Harry. Y Harry resultó ser el alumno que menos le gustaba a Snape, que daba clase de Pociones y era cruel, sarcástico y sentía aversión por todos los alumnos que no fueran de Slytherin, la casa a la que pertenecía.
-Bueno, eso es de familia- sentencio Sirius divertido
-Exacto, debes detestarlo hijo-aprobó James viendo a su hijo con orgullo
-No es verdad, no están malo-dijo Lily por lo bajo, a lo que Snape hizo un intento de sonrisa
-Lily, no… olvídalo- dijo James restándole la importancia con la mano
—¡A lo mejor está enfermo! —dijo Ron, esperanzado.
-No lo creo- razono Remus negando
—¡Quizá se haya ido —dijo Harry—, porque tampoco esta vez ha conseguido el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras!
-Eso es aun menos probable- observo James viendo como Snape veía a los chicos con fiereza
—O quizá lo han echado —dijo Ron con entusiasmo—. Como todo el mundo lo odia...
-Eso sería estupendo, pero lo dudo mucho- dijo Sirius primero con los ojos brillosos, pero luego bajando la mirada abatido
—O tal vez —dijo una voz glacial detrás de ellos— quie­ra averiguar por qué no habéis llegado ustedes dos en el tren escolar.
-Eso es verdad, era tan intrigante el por que no llegaron, pero ahora… veo que solo tuvieron mala suerte, como todo el tiempo- exclamo con su voz aterciopelada y fría Snape, disfrutando de cómo los merodeadores aferraban sus varitas sin poder hacer nada mas
Harry se dio media vuelta. Allí estaba Severus Snape, con su túnica negra ondeando a la fría brisa. Era un hombre delgado de piel cetrina, nariz ganchuda y pelo negro y gra­siento que le llegaba hasta los hombros, y en aquel momento sonreía de tal modo que Ron y Harry comprendieron inme­diatamente que se habían metido en un buen lío.
-Al menos salía mas listo tu hijo que tú, Potter-tercio Severus con sorna
-Que… Severus-escupió entre dientes James, controlando su rabia con dificultad
—Seguidme —dijo Snape.
-Como lo odio- susurro Sirius a James por lo bajo
-Igual yo, igual yo- contesto este tronando los nudillos de su mano izquierda
Sin atreverse a mirarse el uno al otro, Harry y Ron si­guieron a Snape escaleras arriba hasta el gran vestíbulo iluminado con antorchas, donde las palabras producían eco. Un delicioso olor de comida flotaba en el Gran Comedor, pero Snape los alejó de la calidez y la luz y los condujo aba­jo por la estrecha escalera de piedra que llevaba a las maz­morras.
—¡Adentro! —dijo, abriendo una puerta que se encon­traba a mitad del frío corredor, y señalando su interior.
-Me las pagara cuando regresemos- mascullo entre dientes James fulminando con la mirada al profesor de pociones
-Cuenta conmigo amigo- susurro Sirius pasándole el pergamino  James al cual se unió Remus con placer
Entraron temblando en el despacho de Snape. Los som­bríos muros estaban cubiertos por estantes con grandes ta­rros de cristal, dentro de los cuales flotaban cosas verdadera­mente asquerosas, cuyo nombre en aquel momento a Harry no le interesaba en absoluto. La chimenea estaba apagada y vacía. Snape cerró la puerta y se volvió hacia ellos.
—Así que —dijo con voz melosa— el tren no es un me­dio de transporte digno para el famoso Harry Potter y su fiel compañero Weasley. Queríais hacer una llegada a lo grande, ¿eh, muchachos?
-No les hables así Snape-acuso James con la mirada
-Les hablo como yo quiera, son mis estudiantes-espeto Snape con odio en la mirada y la voz
-Es mi hijo, no yo, él no es como yo- confronto James poniéndose de pie
-Si lo es, igual de arrogante, pavoneándose por los pasillos del castillo, rompiendo reglas cada dos por tres…- decía con la voz fría, cargada del rencor acumulado por todos estos años
-No es posible que sigas guardando ese rencor por todos estos años Sev- mascullo Lily sin creer lo que estaba diciendo el profesor
         Severus no vio a la cara a Lily, no podía, haría cualquier cosa por esa chica, por verla reír de nuevo, pero estaba muerta, muerta en este tiempo y nada de lo que hiciera cambiaria las cosas
—No, señor, fue la barrera en la estación de Kings Cross lo que...
-No les creerá- sentencio James con fastidio en la voz
—¡Silencio! —dijo Snape con frialdad—. ¿Qué habéis hecho con el coche?
-Fácil, se escondió en el bosque como todo un perro-contesto Sirius divertido
Ron tragó saliva. No era la primera vez que a Harry le daba la impresión de que Snape era capaz de leer el pensa­miento. Pero enseguida comprendió, cuando Snape desplegó un ejemplar de El Profeta Vespertino de aquel mismo día.
—Los han visto —les dijo enfadado, enseñándoles el ti­tular:

«MUGGLES» DESCONCERTADOS
POR UN FORD ANGLIA VOLADOR
-Por eso el castigo de mamá- exclamo Ron con un leve temblor
-Si, no fue nada agradable- hablo Harry con miedo en los ojos
Y comenzó a leer en voz alta:
—«En Londres, dos muggles están convencidos de ha­ber visto un coche viejo sobrevolando la torre del edificio de Correos (...) al mediodía en Norfolk, la señora Hetty Bayliss, al tender la ropa (...) y el señor Angus Fleet, de Peebles, infor­maron a la policía, etcétera.» En total, seis o siete muggles. Tengo entendido que tu padre trabaja en el Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles —dijo, mi­rando a Ron y sonriendo de manera aún más desagrada­ble—. Vaya, vaya..., su propio hijo...
-Maldita serpiente- susurro James apretando los dientes con fuerza
Harry sintió como si una de las ramas más grandes del árbol furioso le acabara de golpear en el estómago. Si alguien averiguara que el señor Weasley había encantado el coche... No se le había ocurrido pensar en eso...
-Hasta a que hora se te ocurre Harry- ironizo Hermione con sorna
—He percibido, en mi examen del parque, que un ejem­plar muy valioso de sauce boxeador parece haber sufrido daños considerables —prosiguió Snape.
-Creo que el árbol se divirtió mucho con eso- exclamo Remus recordando los golpes que ese árbol le daba a sus amigos cuando trataba de pasar para llegar con él
—Ese árbol nos ha hecho más daño a nosotros que noso­tros a... —se le escapó a Ron.
-Mal movimiento- sentencio Sirius negando como si supiera mas de lo que aparentaba
—¡Silencio! —interrumpió de nuevo Snape—. Por des­gracia, vosotros no pertenecéis a mi casa, y la decisión de ex­pulsaros no me corresponde a mí. Voy a buscar a las perso­nas a quienes compete esa grata decisión. Esperen aquí.
-Claro, quieres expulsarlos como todo el tiempo- sentencio James con fastidio
-Comprende, ellos no somos nosotros- apunto Sirius a sus amigos y a si mismo mientras fulminaba a Snape con la mirada
Ron y Harry se miraron, palideciendo. Harry ya no sentía hambre, sino un tremendo mareo. Trató de no mirar hacia el estante que había detrás del escritorio de Snape, donde en un gran tarro con líquido verde flotaba una cosa muy larga y delgada. Si Snape había ido en busca de la pro­fesora McGonagall, jefa de la casa Gryffindor, su situación no iba a mejorar mucho. Ella podía ser mejor que Snape, pero era muy estricta.
-Tienes razón, pero prefiero a McGonagall que a Snape mil veces-exclamo James frunciendo el ceño
Diez minutos después, Snape volvió, y se confirmó que era la profesora McGonagall quien lo acompañaba. Harry había visto en varias ocasiones a la profesora McGonagall enfadada, pero, o bien había olvidado lo tensos que podía poner los labios, o es que nunca la había visto tan enfadada.
-Bueno, puede que esto sea peor de lo que nosotros acostumbramos a hacer- se encogió de hombros Remus y alzando las cejas
-Si, esto es peor de lo que nosotros hacemos- concordó James con una sonrisa de lado
Ella levantó su varita al entrar. Harry y Ron se estremecie­ron, pero ella simplemente apuntaba hacia la chimenea, donde las llamas empezaron a brotar al instante.
-Ella no aprueba los castigos con varita Harry- explico Lily tratando de calmar al chico un poco, ya que este se veía muy tenso desde que comenzó el capitulo
—Sentaos —dijo ella, y los dos se retiraron a dos sillas que había al lado del fuego—. Explicase —añadió. Sus ga­fas brillaban inquietantemente.
-Odio cuando pone esa cara- soltó el aire James sabiendo que nada malo les pasaría
Ron comenzó a narrar toda la historia, empezando por la barrera de la estación, que no les había dejado pasar.
—... así que no teníamos otra opción, profesora, no pudi­mos coger el tren.
—¿Y por qué no enviasteis una carta por medio de una lechuza? Imagino que tenéis alguna lechuza —dijo fríamen­te la profesora McGonagall a Harry.
-Adivino, no se les ocurrió eso- bufo Molly viendo a ambos chicos molesta
-No- negaron ambos con la mirada baja
Harry se quedó mirándola con la boca abierta. Ahora que la profesora lo mencionaba, parecía obvio que aquello era lo que tenían que haber hecho.
—No-no lo pensé...
-Lógico, igual a tu padre, hijo-negó Lily dándose por vencida- él cuando se metía en problemas perdía la cabeza
—Eso —observó la profesora McGonagall— es evidente.
-Esa frase, ¿Qué no sabe otra profesora?- inquirió James confundido
-Solo hace que nos asustemos mas de la cuenta- asintió Sirius confirmando lo dicho por su mejor amigo
-Además de que con el tiempo aprendes a descifrarla-observo Remus con las cejas alzadas
         McGonagall rio al darse cuenta que esos tres,  incluso con lo que sabían que les iba a pasar seguían siendo igual que siempre
Llamaron a la puerta del despacho y Snape la abrió, más contento que unas pascuas. Era el director, el profesor Dumbledore.
-Vallan haciendo las maletas- rio divertido Sirius, sabiendo que los hicos si lo pensaron
Harry tenía todo el cuerpo agarrotado. La expresión de Dumbledore era de una severidad inusitada. Miró de tal forma a los dos alumnos que tenía debajo de su gran nariz aguileña, que en aquel momento Harry habría preferido es­tar con Ron recibiendo los golpes del sauce boxeador.
-Así o mas dramático tu hijo Prongs- exclamo Sirius divertido
-Salió a su madre- susurro James por lo bajo, para que Lily no lo escuchara
Hubo un prolongado silencio, tras el cual Dumbledore dijo:
—Por favor, explicadme por qué lo habéis hecho.
Habría sido preferible que hubiera gritado. A Harry le pareció horrible el tono decepcionado que había en su voz. No sabía por qué, pero no podía mirar a Dumbledore a los ojos, y habló con la mirada clavada en sus rodillas. Se lo con­tó todo a Dumbledore, salvo lo de que el señor Weasley era el propietario del coche encantado, simulando que Ron y él se habían encontrado un coche volador a la salida de la estación. Supuso que Dumbledore les interrogaría inmediata­mente al respecto, pero Dumbledore no preguntó nada so­bre el coche. Cuando Harry acabó, el director simplemente siguió mirándolos a través de sus gafas.
—Iremos a recoger nuestras cosas —dijo Ron en un tono de voz desesperado.
-Lo sabía- golpeo el aire Sirius con el puño cerrado por que había acertado en lo que dijo
—¿Qué quieres decir, Weasley? —bramó la profesora McGonagall.
—Bueno, nos van a expulsar, ¿no? —dijo Ron.
Harry miró a Dumbledore.
—Hoy no, señor Weasley —dijo Dumbledore—. Pero quiero dejar claro que lo que habéis hecho es muy grave. Esta noche escribiré a vuestras familias. He de advertiros también que si volvéis a hacer algo parecido, no tendré más remedio que expulsaros.
-Bueno, eso quiere decir que hasta yo tengo que comerme mis palabras de vez en cuando- sonrio Dumbledore a través de sus gafas de media luna
-No entiendo- se encogió de hombros James viendo a los chicos del presente
-Ya veras, ya te lo dirá el libro, al menos eso creo- se rasco la cabeza Harry un tanto confundido
Por la expresión de Snape, parecía como si sólo se hu­bieran suprimido las Navidades. Se aclaró la garganta y dijo:
—Profesor Dumbledore, estos muchachos han trans­gredido el decreto para la restricción de la magia en meno­res de edad, han causado daños graves a un árbol muy anti­guo y valioso... Creo que actos de esta naturaleza...
-Na, na, na, na- James le resto importancia con un ademan de mano- mejor cállate, no te harán caso- sentencio el chico divertido
—Corresponderá a la profesora McGonagall imponer el castigo a estos muchachos, Severus —dijo Dumbledore con tranquilidad—. Pertenecen a su casa y están por tanto bajo su responsabilidad. —Se volvió hacia la profesora McGonagall—. Tengo que regresar al banquete, Minerva, he de comunicarles unas cuantas cosas. Vamos, Severus, hay una tarta de crema que tiene muy buena pinta y quie­ro probarla.
-Te lo dije-sonrio James divertido
-Cállate Potter-mascullo Snape con fiereza en los ojos
Al salir del despacho, Snape dirigió a Ron y Harry una mirada envenenada. Se quedaron con la profesora McGona­gall, que todavía los miraba como un águila enfurecida.
—Lo mejor será que vayas a la enfermería, Weasley, es­tás sangrando.
—No es nada —dijo Ron, frotándose enseguida con la manga la herida que tenía en la ceja—. Profesora, quisiera ver la selección de mi hermana.
-Imposible- dijo James negando
-No te dejara- observo Sirius con una sonrisa de lado
-Lo que menos quiere es que alguien piense que lo que hicieron esta bien- finalizo Remus en complicidad con sus amigos
—La Ceremonia de Selección ya ha concluido —dijo la profesora McGonagall—. Tu hermana está también en Gryf­findor.
—¡Bien! —dijo Ron.
-Era mas que obvio, todo Weasley esta en Gryffindor- sonrio Sirius satisfecho
—Y hablando de Gryffindor... —empezó a decir severa­mente la profesora McGonagall.
Pero Harry la interrumpió.
—Profesora, cuando nosotros cogimos el coche, el curso aún no había comenzado, así que, en realidad, a Gryffindor no habría que quitarle puntos, ¿no? —dijo, mirándola con temor.
-Tenia que ser- comenzó James rodando los ojos
-Hijo de- continuo Sirius volteando a ver a Remus significativamente
-Lily Evans, o mejor dicho…-sonrio este divertido volteando a ver a sus amigos
-Potter- terminaron los tres a la vez sonrojando a la chica de ojos verdes
La profesora McGonagall le dirigió una mirada penetrante, pero Harry estaba seguro de que había estado a punto de sonreír. Tenía los labios menos tensos, eso era evidente.
—No quitaremos puntos a Gryffindor —dijo ella, y Ha­rry se sintió muy aliviado—. Pero ustedes dos seréis casti­gados.
-Lógico -tercieron los cinco bromistas con un encogimiento de hombros
Eso era menos malo de lo que Harry se había temido. En cuanto a que Dumbledore escribiera a los Dursley, le daba lo mismo. Harry sabía perfectamente que los Dursley lamenta­rían que el sauce boxeador no lo hubiera aplastado.
-Bueno, eso tiene fácil solución- contesto James tomando el pergamino y comenzando a escribir de nuevo con la ayuda de sus amigos
La profesora McGonagall volvió a levantar su varita y apuntó con ella al escritorio de Snape. Sonó un ¡plop! y apare­ció un gran plato de emparedados, dos copas de plata y una jarra de zumo frío de calabaza.
—Comeréis aquí y luego se irán directamente al dormi­torio —indicó—. Yo también tengo que volver al banquete.
-Eso es mas de lo que yo mismo esperaba que hiciera profesora- exclamo Sirius sorprendido
-Como bien han dicho, ellos dos no son como ustedes-exclamo la profesora viendo a ambos amigos con orgullo.
Cuando la puerta se cerró detrás de ella, Ron profirió un silbido bajo y prolongado.
—Creí que no nos salvábamos —dijo, cogiendo un em­paredado.
—Y yo también —contestó Harry, haciendo lo mismo.
—Pero ¿cómo es posible que tengamos tan mala suerte? —dijo Ron con la boca llena de jamón y pollo—. Fred y Geor­ge deben de haber volado en ese coche cinco o seis veces y nunca los ha visto ningún muggle. —Tragó y volvió a dar otro bocado—. ¿Y por qué no pudimos atravesar la barrera?
-Mira, tiene mala suerte por ser quienes son, Fred y George están mas familiarizaos con hacer travesuras y saben como evitar que los atrapen y con respecto a la barrera, tengo una teoría, pero esperare un poco mas para ver si estoy en lo cierto- recito Sirius sin apartar la vista del libro, confundiendo a ambos amigos por verlo tan… perspectivo
-A veces es así-exclamo James al ver la cara de confusión de los chicos
Harry se encogió de hombros. Lo mismo hizo el de la sala
—Tendremos que andarnos con mucho cuidado de aho­ra en adelante —dijo, tomando un refrescante trago de zumo de calabaza—. Si al menos hubiéramos podido subir al banquete...
—Ella no quería que hiciéramos ningún alarde —dijo Ron inteligentemente—. No quiere que nadie llegue a pen­sar que está bien eso de llegar volando en un coche.
-Ron, me sorprendes- exclamo Hermione viendo al pelirrojo con los ojos como platos- por lo regular no eres así de perspectivo
-Siempre ese tono de sorpresa- se quejo Ron rodando los ojos
Cuando hubieron comido todos los emparedados que podían (en el plato iban apareciendo más, conforme los en­gullían), se levantaron y salieron del despacho, y tomaron el camino que llevaba a la torre de Gryffindor. El castillo esta­ba en calma, parecía que el banquete había concluido. Pasa­ron por delante de retratos parlantes y armaduras que chi­rriaban, y subieron por las escaleras de piedra hasta que llegaron finalmente al corredor donde, oculta detrás de una pintura al óleo que representaba a una mujer gorda vesti­da con un vestido de seda rosa, estaba la entrada secreta a la torre de Gryffindor
—La contraseña —exigió ella, al verlos acercarse.
—Esto... —dijo Harry.
-Es lógico que no la sepan, no vieron a ningún prefecto en toda la noche- observo Remus negando divertido, riéndose en silencio de los chicos
No conocían la contraseña del nuevo curso, porque aún no habían visto a ningún prefecto, pero casi al instante les llegó la ayuda; detrás de ellos oyeron unos pasos veloces y al volverse vieron a Hermione que corría a ayudarles.
—¡Estáis aquí! ¿Dónde se habían metido? Corren los rumores más absurdos... Alguien decía que los habían expul­sado por haber tenido un accidente con un coche volador.
-El accidente en el coche si que lo tuvimos- dijo Harry divertido
-Pero la expulsión aun no la hemos tenido- se encogió de hombros Ron haciendo reir a Hermione y Ginny.
—Bueno, no nos han expulsado —le garantizó Harry.
-Vez- sonrio Harry con un ademan de manos
—¿Quieres decir que habéis venido hasta aquí volando? —preguntó Hermione, en un tono de voz casi tan duro como el de la profesora McGonagall.
-Básicamente-sonrio Ron de lado, sabiendo lo que venían
—Ahórrate el sermón —dijo Ron impaciente— y dinos cuál es la nueva contraseña.
—Es «somormujo» —dijo Hermione deprisa—, pero ésa no es la cuestión…
-Lo que digas- se encogió de hombros Ginny sonriendo a su mejor amiga
-Nunca entenderán- tercio la castaña rodando los ojos y soltando un suspiro
No pudo terminar lo que estaba diciendo, sin embargo, porque el retrato de la señora gorda se abrió y se oyó una re­pentina salva de aplausos. Al parecer, en la casa de Gryffin­dor todos estaban despiertos y abarrotaban la sala circular común, de pie sobre las mesas revueltas y las mullidas bu­tacas, esperando a que ellos llegaran. Unos cuantos brazos aparecieron por el hueco de la puerta secreta para tirar de Ron y Harry hacia dentro, y Hermione entró detrás de ellos.
-Era lógico, en el castillo no hay secretos- bufo Remus sabiendo que se meterían en más problemas en solo una noche
-No seas aguafiestas Monny, cuantas veces no hicimos lo mismo-exclamo James palmeando el hombro de su amigo
-Si, pero ellos no tiene un prefecto como amigo-contesto el chico con una mirada significativa
-Bueno punto- observaron James y Sirius con miradas cómplices
—¡Formidable! —gritó Lee Jordan—. ¡Soberbio! ¡Qué llegada! Han volado en un coche hasta el sauce boxeador. ¡La gente hablará de esta proeza durante años!
-Ya no más- corearon Harry y Ron viéndose divertidos
-Si, nos quitaron ese "gran honor"-dijo con sarcasmo Harry viendo disimuladamente a los gemelos-Ya veras, continua Sirius- observo al ver que su padrino iba a hablar
—¡Bravo! —dijo un estudiante de quinto curso con quien Harry no había hablado nunca.
Alguien le daba palmadas en la espalda como si aca­bara de ganar una maratón. Fred y George se abrieron ca­mino hasta la primera fila de la multitud y dijeron al mismo tiempo:
—¿Por qué no nos llamaron?
-Es obvio, no podían regresar-se mofo James derramando lagrimas por la risa
Ron estaba azorado y sonreía sin saber qué decir. Harry se fijó en alguien que no estaba en absoluto contento. Al otro lado de la multitud de emocionados estudiantes de primero, vio a Percy que trataba de acercarse para reñirles. Harry le dio a Ron con el codo en las costillas y señaló a Percy con la cabeza. Inmediatamente, Ron entendió lo que le quería decir.
—Tenemos que subir..., estamos algo cansados —dijo, y los dos se abrieron paso hacia la puerta que había al otro lado de la estancia, que daba a una escalera de caracol y a los dormitorios.
-A esconderse, eso es bueno- sonrio Sirius satisfecho
-Es verdad, ya pasara la algarabía por lo sucedido y podrán decirlo mas abiertamente- confirmo James satisfecho de los chicos
—Buenas noches —dijo Harry a Hermione, volviéndo­se. Ella tenía la misma cara de enojo que Percy.
-Hermione no lo digas-dijeron Ron y Harry a la vez sacándole una sonrisa divertida a su mejor amiga
Consiguieron alcanzar el otro extremo de la sala común, recibiendo palmadas en la espalda, y al fin llegaron a la tran­quilidad de la escalera. La subieron deprisa, derechos hasta el final, hasta la puerta de su antiguo dormitorio, que ahora lucía un letrero que indicaba «Segundo curso». Penetraron en la estancia que ya conocían; tenía forma circular, con sus cinco camas adoseladas con terciopelo rojo y sus ventanas elevadas y estrechas. Les habían subido los baúles y los ha­bían dejado a los pies de sus camas respectivas.
-Es oficial, nos han quitado nuestro puesto amigos- tercio abatido Sirius, sabiéndose destronado
-Si, pero que mejor que él hijo de un merodeador y sus amigos- exclamo James con una mirada de orgullo a su hijo
-Tienes razón- acepto Remus un tanto triste, pues el nunca tendría hijos
Ron sonrió a Harry con una expresión de culpabilidad.
—Sé que no tendría que haber disfrutado de este recibi­miento, pero la verdad es que...
-Solo hazlo, ya paso, nada puede quitarse esa satisfacción ya- dijo Sirius viendo un tanto confundido a los amigos
La puerta del dormitorio se abrió y entraron los demás chicos del segundo curso de la casa Gryffindor: Seamus Fin­nigan, Dean Thomas y Neville Longbottom.
—¡Increíble! —dijo Seamus sonriendo.
—¡Formidable! —dijo Dean.
—¡Alucinante! —dijo Neville, sobrecogido.
Harry no pudo evitarlo. Él también sonrió.
-Vez, no hay mas que disfrutarlo- acepto James estirándose en su lugar
-Mamá, no creo que sea buena idea que me castigues por algo que tal vez nunca llegue a hacer si cambian las cosas… ¿no te parece?-dijo Harry con mirada renuente hacia su madre
-Tienes razón, además aquí no tengo anda con que castigarte, pero cuando regrese y si llegas a hacer algo que se sale de las reglas…- Lily amenazaba al chico con un dedo en alto
-No creo que pase-contesto Harry con una sonrisa de lado
-Te toca Monny- le lanzo el libro al licántropo con el separador en su lugar
-Esta bien, ya comienzo-exclamo el chico abriendo el libro por la pagina marcada.
-Al menos estamos salvados de momento-murmuro Harry a Ron por lo bajo
-Lo se, las cosas no serán iguales si ellos saben lo que pasa- concordó Ron con un suspiro de alivio
-Lo se- soltó el aire Harry que no sabía que contenía


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