-Este
capítulo no me va a gustar nada- murmuro Sirius viendo con el ceño fruncido el
nombre del capítulo.
-¿Por qué lo
dices hermano?- se sorprendió James intentando arrebatarle el libro de las
manos.
-James deja
que Sirius lea y así todos nos enteramos- lo riño Hermione rodando los ojos
haciendo reír a Harry y Ron.
Snape los
observaba con el ceño fruncido, aun no se hacía a la idea de ver a esos tres
vivos de nueva cuenta, aunque recientemente había sido la muerte de Sirius,
Snape creía que jamás lo volvería a ver y al único que tendría que seguir
tolerando sería a Remus.
-Señor… ¿ya
nos dirá que le paso en su mano?- preguntó Lili observando la mano renegrida
del anciano director del colegio.
Este volteo a
verla con una amable sonrisa mientras Harry, Ron, Hermione y Ginny observaban
al director con interés, ya que todos se preguntaban lo mismo. Por su lado
Sirius seguía alejando el libro de manos de James mientras Remus los reñía por
comportarse como un par de niños ya que James hacía hasta lo imposible por
arrebatarle el libro de las manos.
-Aun no
señorita Evans, estoy casi seguro de que los libros nos dirán que es lo que
paso con mi mano, ya que hasta ahora he comprobado que los libros hacen
referencia a cada uno de los años de Harry, Ron y Hermione en el colegio- explico Dumbledore restándole importancia con
un ademan de su mano ilesa.
Lily asintió
con una sonrisa a medias ya que no estaba del todo segura que le agrada esa
respuesta. Volteo a ver a Harry y este solo se encogió de hombros dándole a entender
que este tampoco tenía la respuesta, lo cual era cierto.
-¡Black
comienza a leer de una maldita vez!- bufo molesto Snape fulminándolo con la
mirada.
-Vaya Snape,
entre más viejo más huraño te volviste y recuerda, soy Potter, aunque te cueste
más trabajo- rio por lo bajo Sirius abriendo el libro por la página del inicio
del capítulo y comenzando a leer.
Los «sangre sucia» y
una voz misteriosa
-Ya veo
porque no te gusto el titulo canuto- James frunció tanto el ceño que sus cejas
ya parecían una sola.
Esa era una
de las palabras que más odiaba de la gente que se hacía llamar sangre limpia ya que siempre estaban
tratando de denigrar a la gente de padres no magos, pero a sus ojos todos eran
exactamente iguales. Volteo a ver a Sirius y este comenzó a leer sabiendo como
a su amigo le molestaba esa palabra tanto o más que a él mismo.
Durante los días
siguientes, Harry pasó bastante tiempo esquivando a Gilderoy Lockhart cada vez
que lo veía acercarse por un corredor. Pero más difícil aún era evitar a Colin
Creevey, que parecía saberse de memoria el horario de Harry.
-Culpa a Ron, tiene tú mismo horario y…
bueno en realidad la culpa es mía- sonrió Ginny de lado dándole un beso tierno
en los labios.
-No sé porque no me sorprende- Harry
rodó los ojos entre molesto y divertido.
Nada le hacía tan
feliz como preguntar ¿Va todo bien,
Harry? seis o siete veces al día, y oír Hola,
Colin en respuesta, a pesar de que la voz de Harry en tales ocasiones
sonaba irritada. Hedwig seguía enfadada con Harry a causa del desastroso
viaje en coche, y la varita de Ron,
-Sigo pensando que ese viaje fue
grandioso, tendríamos que haberlo hecho nosotros cornamenta- Sirius interrumpió
su lectura logrando hacer enfadar a Hermione.
-Sirius juro que te quitare ese libro
con que no sigas leyendo- lo riño Hermione con el ceño fruncido.
-Cada vez eres más parecida a Lily-
murmuro por lo bajo Sirius retomando la lectura.
que todavía no
funcionaba correctamente, se superó a sí misma el viernes por la mañana al
escaparse de la mano de Ron en la clase de Encantamientos y dispararse contra
el profesor Flitwick, que era viejo y bajito, y golpearle directamente entre
los ojos, produciéndole un gran divieso verde y doloroso en el lugar del
impacto.
Sirius intento por todos los medios
seguir leyendo pero era tanta la risa de James que no pudo contenerse,
acoplándose a las risas de su amigo y haciendo que Remus también comenzara a
reír y provocando la molestia de Lily y Hermione mientras Harry, Ron y Ginny se
unían a sus risas, acompañados de una sonrisa discreta del profesor Dumbledore
y la mirada desaprobatoria de McGonnagal y Snape.
Así que, entre unas
cosas y otras, Harry se alegró muchísimo cuando llegó el fin de semana, porque
Ron, Hermione y él habían planeado hacer una visita a Hagrid el sábado por la
mañana. Pero el capitán del equipo de quidditch de Gryffindor, Oliver
Wood, despertó a Harry con un zarandeo varias horas antes de lo que él habría deseado.
-¿No te recuerda a alguien, Canuto?-
preguntó Remus lanzándole una mirada acusatoria a James.
-Si Lunatico, a un enano con anteojos y
bastante obsesivo con el Quidditch- sonrío tercio fingiendo molestia Sirius.
-¿Nomas con el Quidditch?- acuso Remus
abriendo los ojos como platos.
-No, también con Lily, y Lily y luego
Lily aparte de Lily- finalizo Sirius contando con la ayuda de sus dedos- creo
que me falto algo…
-¡Lily!- dijeron a la vez Remus y
Sirius causando las risas de los más jóvenes y sonrojando a James.
-Tampoco era para tanto- se molestó
James cruzándose de brazos.
-Las siguientes líneas te describen
perfectamente hermano, si no fuera porque Harry es tu hijo creería que ese tal
Oliver lo es- sonrió Sirius de lado haciendo reír a Lily, ya que esta conocía
la obsesión de su novio por el deporte sobre escobas voladoras.
-¿Tú también los apoyas Lils?- preguntó
haciendo pucheros James en dirección de Lily.
-La verdad si eres un poco impulsivo-
sonrió Lily besándolo con ternura en los labios.
Snape bufo molesto, no se acostumbraba
a verlos vivos y menos tan acaramelados. Ya se había hecho a la idea de haber
perdido a Lily pero volverla a ver siendo joven y en compañía de esos tres lo
molestaba muchísimo.
—
¿Qué
pasa? —preguntó Harry aturdido.
—
¡Entrenamiento
de quidditch! — respondió Wood—. ¡Vamos!
Harry miró por la
ventana, entornando los ojos. Una neblina flotaba en el cielo de color rojizo y
dorado. Una vez despierto, se preguntó cómo había podido dormir con semejante
alboroto de pájaros.
-La verdad Harry, es muy difícil
despertarte- observo Ron asintiendo al tiempo que recordaba las veces que
habían compartido cuarto en la madriguera y él ni se inmutaba con las
explosiones provenientes del cuarto de los gemelos o cuando tenía sus
pesadillas todo gracias a él que no debe
ser nombrado.
—
Oliver
— observó Harry con voz ronca —, si todavía está amaneciendo...
—
Exacto
— respondió Wood. Era un muchacho alto y fornido de sexto curso y, en aquel
momento, tenía los ojos brillantes de entusiasmo—. Forma parte de nuestro nuevo
programa de entrenamiento. Venga, coge tu escoba y andando —dijo Wood con
decisión—. Ningún equipo ha empezado a entrenar todavía. Este año vamos a ser
los primeros en empezar...
Bostezando y un poco
tembloroso, Harry saltó de la cama e intentó buscar su túnica de quidditch.
-Canuto tiene razón, Cornamenta, si no
fuera porque sabemos que Harry es tu hijo… espera Canuto ¡Cornamenta ha poseído
a ese chico Wood!- Remus se llevó las manos a la cara formando una expresión de
sorpresa.
-No me extrañaría mi querido Lunatico,
sería muy comprensible- tercio Sirius rascándose la barbilla simulando que lo
pensaba detenidamente.
Harry no sabía si reír o sorprenderse.
Él siempre había creído que los bromistas eran su padre y Sirius, nunca pensó
que Remus también entrara en esa categoría. Lily rodaba los ojos mientras Ron,
Hermione y Ginny tenían la misma cara de desconcierto que Harry.
-Esto es…- comenzó a preguntar Harry a
su madre.
-Bastante seguido, por lo regular Remus
los calma pero cuando se les une en sus bromas… no hay quien los pare.
Por su lado, Remus y Sirius seguían
teniendo de bajada a James, el cual a cada segundo que pasaba se iba poniendo
más rojo y no se sabía si era de coraje o de nervios. Se puso de pie de un
salto sobresaltando a todos en la sala cuando a voz en cuello exclamo.
-¡BLACK PUEDES HACER EL FAVOR DE SEGUIR
LEYENDO O TE QUITO ESE LIBRO!
-Creo que ahora si se molestó- rio
entre dientes Remus intentando calmar sus risas.
Con dificultad Sirius, retomo la
lectura un tanto contrariado.
—
¡Así
me gusta! —dijo Wood—. Nos veremos en el campo dentro de quince minutos.
Encima de la túnica
roja del equipo de Gryffindor se puso la capa para no pasar frío, garabateó a
Ron una nota en la que le explicaba adónde había ido y bajó a la sala común por
la escalera de caracol, con la Nimbus 2.000 sobre el hombro. Al llegar al retrato
por el que se salía, oyó tras él unos pasos y vio que Colin Creevey bajaba las
escaleras corriendo, con la cámara colgada del cuello, que se balanceaba como
loca, y llevaba algo en la mano.
—
¡Oí
que alguien pronunciaba tu nombre en las escaleras, Harry! ¡Mira lo que tengo
aquí! La he revelado y te la quería enseñar...
Desconcertado, Harry
miró la fotografía que Colin sostenía delante de su nariz. Un Lockhart móvil en
blanco y negro tiraba de un brazo que Harry reconoció como suyo. Le complació
ver que en la fotografía él aparecía ofreciendo resistencia y rehusando entrar
en la foto. Al mirarlo Harry, Lockhart soltó el brazo, jadeando, y se desplomó
contra el margen blanco de la fotografía con gesto teatral.
-No me sorprende nada de Gilderoy,
¿Cornamenta recuerdas que cuando íbamos en tercero él fue seleccionado para
Hufflepuf? Siempre fue un pomposo desde que estaba en primero, diciendo que
podía hacer varias cosas, incluso que era mejor que varios de su casa y no es
que traiga nada en contra de los Hufflepuf pero por chicos como él…
-Te entiendo Canuto- asintió James al
ver la mueca de desagrado de sus dos amigos- Aunque me sigo cuestionando donde
esta colagusano.
Harry, Ron y Hermione evitaron
intercambiar miradas entre ellos, así los chicos del pasado no sospecharían
nada, al fin que si las cosas seguían como hasta ahora, pronto se darían cuenta
por qué colagusano no estaba con ellos.
—
¿Me
la firmas? — le pidió Colin con fervor.
—
No
— dijo Harry rotundamente, mirando en torno para comprobar que realmente no
había nadie en la sala—. Lo siento, Colin, pero tengo prisa. Tengo
entrenamiento de quidditch.
-Hijo, deberías ser más paciente con
tus admiradores, mira que podrías perderlos en cualquier momento- dijo James en
una casi perfecta imitación de Lockhart.
Harry, al notar la forma en que lo dijo
su padre, soltó tremenda carcajada que casi se estaba ahogando entre querer
respirar y reír al mismo tiempo. Ginny le palmeo un par de veces la espalda
para ayudarle a respirar pero de todos modos el chico seguía riendo a mandíbula
abierta. Lily fulminaba a James con la mirada por haber hecho que su futuro
hijo se estuviera casi ahogando mientras el chico se limpiaba las lágrimas que
habían salido de sus ojos.
-Ahora que recuerdo… pequeño clon de
Cornamenta, yo estaba molesto contigo por cambiarme por otro perro- Sirius
cerró el libro de golpe dejándolo de lado.
-Cierto jovencito, tu y yo tenemos algo
de qué hablar- James se puso de pie con los brazos en jaras viendo a Harry
molesto.
Harry, al percatarse del problema en
que se estaba metiendo, se encogió cuanto pudo en su asiento, logrando que los
gemelos y Ron rieran entre dientes, ahora si Harry sabría de primera mano lo
que era que tu padre te regañara cuando por lo regular era mamá quien lo hacía.
-¿Y si les digo que se enteraran quien
es Hocicos más delante?- preguntó Harry tratando de calmarlos un poco.
-Potter, ¿tienes miedo?- pregunto con
sorna Draco, logrando que el chico lo fulminara con la mirada.
-No… lo que pasa es que si digo que
canuto y hocicos son el mismo…
La cara de felicidad de Sirius no podía
ser más grande aunque quisiera, Harry se había llevado las manos a la boca al
darse cuenta de lo que había dicho, James daba salto en son de triunfo por toda
la sala mientras Ron y los gemelos se destornillaban de la risa.
-Oye… pero dijiste que hocicos es más
peligroso que este cuando tiene rabía- señalo con su pulgar a Remus que veía a
uno y otro como si fuera un juego de tenis bastante entretenido.
-Pues si… nunca he visto a Hocicos con
rabia, pero me imagino que es más peligroso que Monny- Harry había bajado la
cabeza y jugueteaba con sus dedos evitando así ver a quien sería su padre y
padrino.
Lily no sabía si reír o no mientras
Snape intentaba por todos los medios no reírse de esos tres ya que poco a poco
se daba cuenta de las diferencias entre James y Harry pero nunca las diría
abiertamente. Sirius opto por tomar el libro y buscar la pagina por la que se
había quedado, no sabía si molestarse o sentirse bien al respecto pero al menos
una de sus dudas ya estaban resueltas y el cachorro lo quería.
Y salió por el
retrato.
—
¡Eh,
espérame! ¡Nunca he visto jugar al quidditch! Colin se metió apresuradamente
por el agujero, detrás de Harry.
—
Será
muy aburrido —dijo Harry enseguida, pero Colin no le hizo caso. Los ojos le
brillaban de emoción.
-¿CÓMO QUE ABURRIDO?- se exalto James
parándose de un brinco de su lugar.
-Yo… solo…
-Él solo quería zafarse de tener que
explicarle a Colin, es todo James- Lily trataba de sentarlo en su lugar
jalándolo del brazo mientras Harry asentía de forma acelerada.
—
Tú
has sido el jugador más joven de la casa en los últimos cien años, ¿verdad,
Harry? ¿Verdad que sí? —le preguntó Colin, corriendo a su lado—. Tienes que ser
estupendo. Yo no he volado nunca. ¿Es fácil? ¿Ésa es tu escoba? ¿Es la mejor
que hay?
Harry no sabía cómo
librarse de él. Era como tener una sombra habladora, extremadamente habladora.
-¿Ves? Te lo dije cielo- sonrió Lily
con ternura a su hijo.
-Tu todo lo sabes Lils- James le dio un
tierno beso en la mejilla haciendo reír a la peliroja.
—
No
sé cómo es el quidditch, en realidad —reconoció Colin, sin aliento—. ¿Es
verdad que hay cuatro bolas? ¿Y qué dos van por ahí volando, tratando de derribar
a los jugadores de sus escobas?
-Siendo hijo de muggles y hombre no me
sorprende que se interesara tanto por el quidditch- murmuro por lo bajo Lily
haciendo reír a Hermione que había alcanzado a escucharla.
-Ya viste como era Harry en primer año,
no es mucha la diferencia- sonrió Hermione haciendo sonrojar a su amigo.
-¡Hermione! Yo no andaba como Colin por
los pasillos preguntándole a Fred y George todo sobre el quidditch- mascullo
molesto Harry entornando los ojos en dirección de su amiga.
-Lo se Harry, a lo que me refiero es
que cada que te decían que había entrenamiento tu apurabas lo que hacías con
tal de ir- explico Hermione con una sonrisa tranquilizadora.
-¡Es quidditch!- exclamaron
sorprendidos Fred, George, Ginny, Sirius, James, Harry y Ron.
-No lo intentes Hermione, llevo años
tratando de hacer entender a James que no es nada espectacular y míralo, solo
de escuchar como lo explican le brillan los ojos- se rio entre dientes Lily
mientras James tenía la vista perdida.
Hermione volteo a ver a Sirius y este
siguió leyendo con una enorme sonrisa en el rostro.
—
Si
—contestó Harry de mala gana, resignado a explicarle las complicadas reglas del
juego del quidditch—. Se llaman bludgers. Hay dos bateadores en
cada equipo, con bates para golpear las bludgers y alejarlas de sus
compañeros. Los bateadores de Gryffindor son Fred y George Weasley.
-Lo raro es que a partir de que entro
Harry al equipo nuestro trabajo se hizo más complicado- George volteo a ver a
su gemelo con una sonrisa cansada.
-Sí, tiene una suerte para que las
blugers quieran matarlo- siguió Fred soltando un suspiro cansado.
-No recuerdo un solo año en que una
bludger no quisiera romperle la cabeza- George se llevó las manos a la cara
negando de forma dramática.
-Solo tuvimos un año de descanso pero
solo fue para que Harry se metiera en problemas de otra clase superior- Fred
comenzó a fingir que lloraba doblado por la cintura de una manera muy creíble.
-¿De qué están hablando?- cuestiono
Lily a los gemelos sin darse cuenta que Harry cada vez se hacía más pequeño en
su lugar- Harry ¿de qué…? Harry sal de ahí y explícate- ordeno Lily cruzándose
de brazos y fulminando a su hijo con la mirada, con esos ojos tan verdes como
los suyos.
-Ahora entiendo cómo te sientes cuando
te regaña la señora Weasley, Ron- murmuro Harry sin salir de su “lugar seguro”
-Yo te apoyo colega, pero… por allá, si
por allá, parece un lugar más seguro- Ron comenzó a moverse en dirección de los
gemelos mientras estos parecían estar al borde de la risa.
-RONALD BILLIUS WEASLEY EXPLICATE JUNTO
A HARRY AHORA MISMO- grito furiosa la señora Weasley logrando que Fred y George
rieran abiertamente al grado que parecían ahogarse.
Por extraño que pareciera, Remus, James
y Sirius no parecían divertidos por lo que estaba pasando, sino más bien
preocupados, Hermione rodaba los ojos porque sabía que uno de sus dos amigos,
gracias a los nervios provocados por sus respectivas madres hablaría de más y
ella tendría que salir a salvar la situación.
-Yo no fui mamá, yo no metí mi nombre
en el cáliz de fuego- explico Harry dando un brinco tan alto cuando la señora
Weasley grito que casi se cayó de su lugar.
-Es verdad mamá, Harry no metía su
nombre y… oh oh, no debimos decir eso-
Ron volteo a ver a Harry que tenía una cara de miedo que nunca le había visto a
su amigo y eso que lo había visto metido en bastantes situaciones peligrosa-
Oye Harry ¿cómo puede asustarte tu madre, si se ve de nuestra edad y Voldemort
no?
-Porqué comienzo a sospechar que mi
madre es más peligrosa que Voldemort.
Lily
no entendía de que cáliz estaba hablando Harry pero al parecer James, Sirius
y Remus si, ya que a los tres se les ensombreció la mirada y al darse cuenta de
esto Harry y Ron comenzaron a encogerse aún más, de ser posible, en su asiento.
-¡Es culpa de Fred y George!- dijeron
al unísono Harry y Ron, señalando a los gemelos que dejaron de reír de
inmediato.
-¿Nuestra porque?- preguntaron los
gemelos escandalizándose debido a la mirada enojada de los merodeadores.
-¿Por qué no quiero salir castigado?-
se encogió de hombros Ron sonriendo un poco de lado.
-¿Por qué no quiero morir aun? Acabo de
comenzar mi relación con Ginny y… - dejo de hablar en seco, volteo a ver a Ron
y este solo bajo la mirada apenado, negando.
-A ver, basta- Hermione se puso de pie
al ver que su mejor amigo probablemente saldría más lastimado que si se enfrentara
al propio Voldemort- se enteraran de todo conforme pasen los libros, eso
seguro, y no pongas esa cara Harry, vinieron ellos aquí a enterarse de las
cosas y por lo que se ve, a cambiarlas si pueden lograrlo y chicos… su hermana
es lo bastante grande para decidir si sale con alguien o no.
-Si pero…
-Basta, he dicho, Canuto sigue leyendo,
hemos perdido bastante tiempo por culpa de estos dos- Hermione fulmino a George
y Fred con la mirada dejando a los chicos congelados en su lugar.
—
¿Y
para qué sirven las otras pelotas? —preguntó Colin, dando un tropiezo porque
iba mirando a Harry con la boca abierta.
—
Bueno,
la quaffle, que es una pelota grande y roja, es con la que se marcan los
goles. Tres cazadores en cada equipo se pasan la quaffle de uno a otro e
intentan introducirla por los postes que están en el extremo del campo, tres
postes largos con aros al final.
-La posición de cazador es la mejor de
todas- dijo James con mirada soñadora.
-No digo nada y no es por ti- Harry
tomo la mano de Ginny con ternura y sonrió
en dirección de la pequeña de los Weasley.
- ¿Tú eres…- comenzó James pero al ver
la mirada molesta de Hermione volteo a ver a Sirius con urgencia y este siguió
leyendo.
—
¿Y
la cuarta bola?
—
Es
la snitch —dijo Harry—, es dorada, muy pequeña, rápida y difícil de atrapar.
Ésa es la misión de los buscadores, porque el juego del quidditch no finaliza
hasta que se atrapa la snitch. Y el equipo cuyo buscador la haya atrapado
gana ciento cincuenta puntos.
-Jugar de buscador es muy complicado-
susurró Ginny en dirección de Harry haciendo sonrojar a este- prefiero ser
cazadora.
-Haces muy bien tu trabajo- sonrió
Harry logrando que Ginny se sonrojara- y no solo hablo de Quidditch.
-Lo sé, para ser cazador se necesita
tener mucha paciencia- sonrió Ginny con suficiencia.
-¿Por qué a ellos no los regañas
Hermione?- preguntó Fred ofendido.
-Sí, explícate pequeña prefecta- George
se cruzó de brazos observando a la chica esperando una respuesta.
-Porque no tienen idea de cuánto espere
para ver a estos dos juntos, cinco años… en Hogwarts- Hermione hizo una casi
perfecta imitación de Sirius logrando que Ron y Harry comenzaran a reír sin que
los demás se explicaran que estaba pasando.
-Tú me…
-Tu solita lo entenderás, créeme-
sonrió Harry abrazando a Ginny por los hombros.
Ginny se encogió de hombros y se
recargo en el pecho de Harry. Molly veía la escena con ternura, así como Lily,
mientras James y Sirius sonreían con orgullo nada oculto.
-¿Te das cuenta que tu hijo solo tardo
cinco años en conseguir a su pelirroja?- pregunto Sirius con sorna a James.
-En realidad… solo fueron un par de
meses y fue más sencillo de lo que había pensado… es decir, pensaba que Ron me
perseguiría con un Bate de golpeador por todo el colegio por salir con su
hermana pero lo acepto… ¿bien?- explico Harry llevándose la mano a la coronilla
rascándose la cabeza inconscientemente.
-Esa idea no lo había pensado, aunque
aún no me acostumbro a verlos juntos- Ron no podía decir nada debido a la
mirada que le lanzaba su hermana menor.
Sirius, al ver esto, tomo nota mental
de que tendría que preguntarle más a su pequeño ahijado como es que habían
pasado las cosas entre él y Ginny.
Distraídamente comenzó a leer dejando a todos sorprendidos.
—
Y
tú eres el buscador de Gryffindor, ¿verdad? —preguntó Colin emocionado.
—
Sí
—dijo Harry, mientras dejaban el castillo y pisaban el césped empapado de
rocío—. También está el guardián, el que guarda los postes. Prácticamente, en
eso consiste el quidditch.
Pero Colin no
descansó un momento y fue haciendo preguntas durante todo el camino ladera
abajo, hasta que llegaron al campo de quidditch, y Harry pudo deshacerse
de él al entrar en los vestuarios. Colin le gritó en voz alta:
—
¡Voy
a pillar un buen sitio, Harry! —Y se fue corriendo a las gradas.
-¿Siempre es así?- preguntó James un
poco sorprendido.
-Se calmó un poco al pasar los años- asintió
Harry recordando todas las charlas raras con Colin.
El resto del equipo
de Gryffindor ya estaba en los vestuarios. El único que parecía realmente
despierto era Wood. Fred y George Weasley estaban sentados, con los ojos
hinchados y el pelo sin peinar, junto a Alicia Spinnet, de cuarto curso, que
parecía que se estaba quedando dormida apoyada en la pared. Sus compañeras
cazadoras, Katie Bell y Angelina Johnson, sentadas una junto a otra, bostezaban
enfrente de ellos.
—
Por
fin, Harry, ¿por qué te has entretenido? —preguntó Wood enérgicamente—. Veamos,
quiero deciros unas palabras antes de que saltemos al campo, porque me he
pasado el verano diseñando un programa de entrenamiento completamente nuevo,
que estoy seguro de que nos hará mejorar.
-Cachorro, ahórrame el sufrimiento,
dime que no les dio…
-¿Un discurso enorme que hizo que mi
cerebro se pusiera a zumbar y pensar en comida por el hambre que tenía?-
preguntó Harry sonriendo abiertamente.
-Lunatico, tenemos que impedir que
James se apodere del cuerpo de ese pobre chico, está bien que quieras pasar
tiempo de calidad con Harry pero no a ese precio, deja que tu hijo disfrute el
deporte más hermoso de todos los tiempos, el más noble, el más seguido por todo
el mundo, el más…
-Sirius… continua por favor- Hermione
rodaba los ojos cansada, no entendía como Lily podía tolerarlos todos los días.
Wood sostenía un
plano de un campo de quidditch, lleno de líneas, flechas y cruces en
diferentes colores. Sacó la varita mágica, dio con ella un golpe en la tabla y
las flechas comenzaron a moverse como orugas. En el momento en que Wood se
lanzó a soltar el discurso sobre sus nuevas tácticas, a Fred Weasley se le cayó
la cabeza sobre el hombro de Alicia Spinnet y empezó a roncar. Le llevó casi
veinte minutos a Wood explicar los esquemas de la primera tabla, pero a
continuación hubo otra, y después una tercera. Harry se adormecía mientras el
capitán seguía hablando y hablando.
-Cornamenta es que…
-Black deja de salirte de la lectura-
la voz de Snape era cada vez más fría y molesta y sus ojos se tornaron cada vez
más oscuros con cada interrupción que se daba en la lectura.
-¿Acaso quieres leer Snape?- pregunto
Sirius con una sonrisa burlona.
-Hazte a un lado Black- Snape le quito
el libro comenzando a leer rápidamente.
—
Bueno
—dijo Wood al final, sacando a Harry de sus fantasías sobre los deliciosos
manjares que podría estar desayunando en ese mismo instante en el castillo—.
¿Ha quedado claro? ¿Alguna pregunta?
—
Yo
tengo una pregunta, Oliver —dijo George, que acababa de despertar dando un
respingo—. ¿Por qué no nos contaste todo esto ayer cuando estábamos despiertos?
A Wood no le hizo
gracia.
—
Escuchadme
todos —les dijo, con el entrecejo fruncido—, tendríamos que haber ganado la
copa de quidditch el año pasado. Éramos el mejor equipo con diferencia.
Pero, por desgracia, y debido a circunstancias que escaparon a nuestro
control...
Harry se removió en
el asiento, con un sentimiento de culpa. Durante el partido final del año
anterior, había permanecido inconsciente en la enfermería, con la consecuencia
de que Gryffindor había contado con un jugador menos y había sufrido su peor
derrota de los últimos trescientos años. Wood tardó un momento en recuperar el
dominio. Era evidente que la última derrota todavía lo atormentaba.
-Hey, dame eso, tu no le das la emoción
ni la entonación adecuada a las situaciones- Sirius le arrebato el libro a
Snape y busco la página por donde iba el profesor de pociones. Snape iba a
replicar pero Dumbledore lo calmo colocando una mano en su hombro, haciendo que
el hombre se sentara en u lugar.
—
De
forma que este año entrenaremos más que nunca... ¡Venga, salid y poned en
práctica las nuevas teorías! —gritó Wood, cogiendo su escoba y saliendo el primero de los vestuarios. Con
las piernas entumecidas y bostezando, le siguió el equipo.
Habían permanecido
tanto tiempo en los vestuarios, que el sol ya estaba bastante alto, aunque
sobre el estadio quedaban restos de niebla. Cuando Harry saltó al terreno de
juego, vio a Ron y Hermione en las gradas.
—
¿Aún
no habéis terminado? —preguntó Ron, perplejo.
—
Aún
no hemos empezado —respondió Harry, mirando con envidia las tostadas con
mermelada que Ron y Hermione se habían traído del Gran Comedor—. Wood nos ha
estado enseñando nuevas estrategias.
—
-No es verdad, no mientas cachorro,
Wood les enseño, lo que Lunatico y yo catalogamos como: mil formas de dormir
incómodamente y sin que se dé cuenta el capitán del equipo.
-¿También fueron parte del equipo?
Preguntó Harry sorprendido a su padrino.
-No, pero James nos hizo acompañarlo a
cada entrenamiento desde que entro al equipo, les decía a los otros capitanes
que nosotros éramos las reservas y recuerdo una vez que uno de los jugadores se
lastimo, tuve que jugar por que el resto del equipo termino creyéndose que si
éramos las reservas.
-Ni se te ocurra pensarlo, Harry-
exclamo Hermione amenazadoramente.
-¿Y sacarte de la biblioteca? ¿Acaso
piensas que no aprecio mi vida?- preguntó Harry dramatizando un poco.
Lily sonrió con ternura al notar el
leve cambio en la postura y carácter de su hijo o quien sería su hijo. Le
gustaba ese cambio, esa seguridad y que poco a poco comenzara a notarse eso
solo significaba una cosa, ellos podrían lograr algo una vez que terminaran de
leer estos libros.
-Harry que…
-Tranquila Hermione, algo me dice que
no será la primera cosa que haga así- la tranquilizo Lily con una sonrisa.
Hermione asintió, había entendido lo
que quería decir Lily mientras veía como Harry besaba la mano de Ginny provocando que esta se
sorprendiera y riera un poco bajando la mirada. No sabía si le gustaba o no
pero de momento podía ver feliz a su amigo.
Montó en la escoba y,
dando una patada en el suelo, se elevó en el aire. El frío aire de la mañana le
azotaba el rostro, consiguiendo despertarle bastante más que la larga
exposición de Wood. Era maravilloso regresar al campo de quidditch. Dio
una vuelta por el estadio a toda velocidad, haciendo una carrera con Fred y
George.
Eso suena más interesante que escuchar
un discurso sobre estrategias que jamás pondrán en práctica- Remus se recargo
en su sillón de una forma más cómoda, colocando sus brazos detrás de la cabeza
y estirándose un poco.
-Ginny yo no…
- Solo un poco, no mucho- sonrió Ginny
alborotándole el cabello.
—
¿Qué
es ese ruido? —preguntó Fred, cuando doblaban la esquina a toda velocidad.
Harry miró a las
gradas. Colin estaba sentado en uno de los asientos superiores, con la cámara
levantada, sacando una foto tras otra, y el sonido de la cámara se ampliaba
extraordinariamente en el estadio vacío.
—
¡Mira
hacia aquí, Harry! ¡Aquí! —chilló.
—
¿Quién
es ése? —preguntó Fred.
—
Ni
idea —mintió Harry, acelerando para alejarse lo más posible de Colin.
—
¿Qué
pasa? —dijo Wood frunciendo el entrecejo y volando hacia ellos. ¿Por qué saca
fotos aquél? No me gusta. Podría ser un espía de Slytherin que intentara
averiguar en qué consiste nuestro programa de entrenamiento.
-No es un poco…- comenzó la señora
Weasley pero al ver que Sirius y Remus se partían de la risa decidió no decir
nada.
Costo un rato hacer que los chicos se
calmaran, más cuando James les reclamaba que él no era así de exagerado,
logrando que sus dos amigos solo se rieran más abiertamente. Harry rodo los
ojos y envolvió aún más entre sus brazos a Ginny, la cual se sentía bastante
cómoda con esto.
-Sirius nunca vamos a terminar el
capítulo si te pones a reír cada tres palabras- Lily se puso de pie para calmar
a esos tres, con los cuales sospechaba, tendría que convivir toda su vida.
-Pero es que Lily admítelo, se parece…
-Lo sé, pero quiero saber qué pasa con
mi hijo- señalo a Harry el cual besaba la coronilla de Ginny distraídamente.
-¿Cuánto rato lleva así?- preguntó
Sirius sonriendo triunfalmente.
-Un rato, pero por andar con sus
niñerías…
-Paga- Sirius le extendió la mano a
James el cual saco una bolsa con galeones y le paso diez a su amigo.
-¿Qué?
-Ese es mi cachorro- Sirius contaba sus
galeones mientras sonreía a Harry triunfalmente.
-Me han decepcionado- James se llevó
una mano a la cara y negó mientras se limpiaba una lagrima imaginaría.
-¿Pero que…?
-Lily, como recomendación, si no
quieres enojarte con estos dos y que tu hijo probablemente desaparezca…
-Está bien Remus.
Sirius siguió leyendo mientras Lily no
dejaba de mirarlos a él y James, comenzando a ponerlo un poco nervioso. Sabía
que al terminar el capítulo les pediría un par de explicaciones.
—
Es
de Gryffindor —dijo rápidamente Harry.
—
Y
los de Slytherin no necesitan espías, Oliver —observó George.
—
¿Por
qué dices eso? —preguntó Wood con irritación.
—
Porque
están aquí en persona —dijo George, señalando hacia un grupo de personas
vestidas con túnicas verdes que se dirigían al campo, con las escobas en la
mano.
—
¡No
puedo creerlo! —dijo Wood indignado—. ¡He reservado el campo para hoy! ¡Veremos
qué pasa!
-Snape, ¿Qué demonios…
-Black cállate y sigue con la lectura,
que si lo que sospecho es cierto, rodara un par de cabezas en la noche y no me
importa lo que pase- se cruzó de brazos Lily y ni los mimos de James lograron
relajarla.
Wood se dirigió
velozmente hacia el suelo. Debido al enojo aterrizó más bruscamente de lo que
habría querido y al desmontar se tambaleó un poco.
Harry, Fred y George
lo siguieron.
—
Flint
—gritó Wood al capitán del equipo de Slytherin—, es nuestro turno de entrenamiento.
Nos hemos levantado a propósito. ¡Así que ya podéis largaros!
Marcus Flint aún era
más corpulento que Wood. Con una expresión de astucia digna de un trol,
replicó:
-normal, el capital del equipo de
slytherin siempre tiene esa constitucion- señaló James recargándose en su lugar
y abrazando a Lily por los hombros con una gran sonrisa.
-así como el de Gryffindor
siempre es enclenque y con gafas-se burló Sirius haciendo enojar a James y
Harry
-Sirius- murmuró Harry
entrecerrando los ojos
-Padfoot- mascullo James haciendo
una mueca molesta
-¿y tu porqué te enojas mini
cornamenta?- preguntó Sirius viéndolo detenidamente.
-pues porque es de mi... Padre de
quien hablas- explicó Harry de un modo nada convincente.
Sirius lo observó detenidamente pensando que ese
chico ocultaba muchas cosas, pero ya que tenían a su vida en sus manos,
literalmente, no podía ocultarle nada
—
Hay
bastante sitio para todos, Wood.
Angelina, Alicia y
Katie también se habían acercado. No había chicas entre los del equipo de Slytherin,
que formaban una piña frente a los de Gryffindor y miraban burlonamente a Wood.
—
¡Pero
yo he reservado el campo! —dijo Wood, escupiendo la rabia—. ¡Lo he reservado!
—
¡Ah!
—dijo Flint—, pero nosotros traemos una hoja firmada por el profesor Snape. Yo, el profesor S. Snape, concedo permiso al
equipo de Slytherin para entrenar hoy en el campo de quidditch debido a su necesidad de dar entrenamiento al nuevo
buscador.
—
¿Tenéis
un buscador nuevo? —preguntó Wood, preocupado—. ¿Quién es?
—
Detrás de seis
corpulentos jugadores, apareció un séptimo, más pequeño, que sonreía con su
cara pálida y afilada: era Draco Malfoy.
-Adivino, compraste el puesto,
querido sobrino- sonrió Sirius burlonamente a Draco el cual lo veía de forma
petulante.
-Y a ti que te importa, en lo que
a mi concierne, no eres pariente mío.- se cruzó de brazos en su lugar
fulminando con la mirada a Sirius.
- No te pareces nada a tu madre -
murmuró Sirius negando asqueado- bueno, ¿en qué me quede? Ah si...
—
¿No
eres tú el hijo de Lucius Malfoy? —preguntó Fred, mirando a Malfoy con
desagrado.
—
Es
curioso que menciones al padre de Malfoy —dijo Flint, mientras el conjunto de
Slytherin sonreía aún más—. Déjame que te enseñe el generoso regalo que ha
hecho al equipo de Slytherin.
Los siete presentaron
sus escobas. Siete mangos muy pulidos, completamente nuevos, y siete placas de
oro que decían «Nimbus 2.001» brillaron ante las narices de los de Gryffindor
al temprano sol de la mañana.
-era de esperarse. Después de lo
que leímos que paso en el callejón knocturn no me sorprende- murmuró Sirius
molesto rodando los ojos.
-Sirius puedes terminar de una
vez, es el capítulo más largo que hemos leído hasta ahora y todo por tus
intrerrupciones- lo riñó Lily con un tono que le erizo la piel al chico.
-Ultimísimo modelo.
Salió el mes pasado —dijo Flint con un ademán de desprecio, quitando una mota
de polvo del extremo de la suya—. Creo que deja muy atrás la vieja serie 2.000.
En cuanto a las viejas Barredoras —sonrió mirando desdeñosamente a Fred y
George, que sujetaban sendas Barredora 5—, mejor que las utilicéis para borrar
la pizarra.
Durante un momento, a
ningún jugador de Gryffindor se le ocurrió qué decir. Malfoy sonreía con tantas
ganas que tenía los ojos casi cerrados.
—
Mirad
—dijo Flint—. Invaden el campo.
Ron y Hermione
cruzaban el césped para enterarse de qué pasaba.
—
¿Qué
ha ocurrido? —preguntó Ron a Harry—. ¿Por qué no jugáis? ¿Y qué está haciendo
ése aquí?
Miraba a Malfoy,
vestido con su túnica del equipo de quidditch de Slytherin.
—
Soy
el nuevo buscador de Slytherin, Weasley —dijo Malfoy, con petulancia—. Estamos
admirando las escobas que mi padre ha comprado para todo el equipo.
Ron miró boquiabierto
las siete soberbias escobas que tenía delante.
-sólo admirarlas porque nunca
serás capaz de comprar una, Weasley- se mofó Draco sonriendo con petulancia
-pero con todo y sus escobas
nuevas nunca han podido ganarle a Gryffindor- Harry lo observó diciendo cada
palabra con orgullo, muchas de las derrotas de Slyterin eran gracias a él.
-callate Potter que con su nuevo
Guardián es una es una verdadera sorpresa que sigan en el campeonato - tercio
Draco con burla en su voz
-callate Malfoy- exclamaron Ginny
y Harry a la vez mientras Ron bajaba la mirada.
-¿qué quiere decir?- preguntó
James observando a los chicos.
-nada, ya lo verás- explicó Harry
restándole importancia.
-Vamos, Potter ¿porqué no le
dices a tu padre que van últimos todo porque a su guardián se le cuelan todas
por el agujero? ¿Que el ciego no eres tu y no su guardián?- Draco disfrutaba
sus palabras mientras veía como Ron cada vez se decaía más en su lugar.
-Callate de una vez Malfoy si no
quieres que vuelva a quebrar tu nariz- lo amenazó Hermione fulminándolo con la
mirada.
Draco cerro la boca en el acto,
observando a Hermione con rencor en sus grises ojos. La chica sólo sonrió
complacida mientras James, Sirius y Remus observaban todo un tanto confundidos
-Hermione...
-Falta todo un libro para eso
Sirius, si es que aparece. Así que a menos que quieras que nos quedemos aquí
hasta el año tres mil, continua- murmuró Hermione con un tranquilidad que le
heló la piel a más de uno en la sala.
—
Son
buenas, ¿eh? —dijo Malfoy con sorna—. Pero quizás el equipo de Gryffindor pueda
conseguir oro y comprar también escobas nuevas. Podríais subastar las Barredora
5. Cualquier museo pujaría por ellas.
El equipo de
Slytherin estalló de risa.
—
Pero
en el equipo de Gryffindor nadie ha tenido que comprar su acceso
—
observó
Hermione agudamente—. Todos entraron por su valía.
-Así se habla, Hermione - la
elogio Harry con una sonrisa.
Del rostro de Malfoy
se borró su mirada petulante.
—
Nadie
ha pedido tu opinión, asquerosa sangre sucia —espetó él
Sirius había mandado el libro a
volar cuando término de leer la frase completa, no comprendía como un niño de
doce años podía decir esas palabras. Lily se puso de pie y se acercó a Malfo
con una sonrisa siniestra.
- Vuelve a repetir eso y no necesitaré magia para
lastimarte- dijo Lily con dulzura, sonriendo a Draco con simpatia.
Este volteo a ver a Harry
mientras Lily regresaba a su lugar llevando a James, Sirius y Remus consigo.
Harry sonrió divertido mientras Ron se pasaba un dedo por el cuello de forma
disimulada.
Harry comprendió
enseguida que lo que había dicho Malfoy era algo realmente grave, porque sus
palabras provocaron de repente una reacción tumultuosa. Flint tuvo que ponerse
rápidamente delante de Malfoy para evitar que Fred y George saltaran sobre él.
Alicia gritó ¡Cómo te atreves!, y Ron
se metió la mano en la túnica y, sacando su varita mágica, amenazó ¡Pagarás por esto, Malfoy!, y sacando la
varita por debajo del brazo de Flint, la dirigió al rostro de Malfoy. Un
estruendo resonó en todo el estadio, y del extremo roto de la varita de Ron
surgió un rayo de luz verde que, dándole en el estómago, lo derribó sobre el
césped.
—
¡Ron!
¡Ron! ¿Estás bien? —chilló Hermione.
-no debiste hacer eso- exclamó
Sirius sorprendiendo a todos- debiste quitarle su varita a Harry para hacerlo
debidamente.
Harry y Ron rodaron los ojos divertidos. Al parecer
los chicos del pasado no comprendían que eso ya había pasado.
Ron abrió la boca
para decir algo, pero no salió ninguna palabra. Por el contrario, emitió un
tremendo eructo y le salieron de la boca varias babosas que le cayeron en el
regazo. El equipo de Slytherin se partía de risa. Flint se desternillaba,
apoyado en su escoba nueva. Malfoy, a cuatro patas, golpeaba el suelo con el
puño. Los de Gryffindor rodeaban a Ron, que seguía vomitando babosas grandes y brillantes.
Nadie se atrevía a tocarlo.
-mi pobre niño- murmuró Molly preocupada.
-tranquila mamá, el pequeño
Ronnie ya no vomita más basosas- se burló George conteniendo la risa.
-si mamá, no te preocupes. No
descubrimos aún como le hacen estos tres para meterse en los problemas que se
meten y salir bien librados- se encogió de hombros Fred señalando a Ron y
compañía.
-Ni nosotros lo sabemos- se
encogió de hombros Harry haciendo reír a Ginny.
—
Lo
mejor es que lo llevemos a la cabaña de Hagrid, que está más cerca
—
dijo
Harry a Hermione, quien asintió valerosamente, y entre los dos cogieron a Ron
por los brazos.
-Hermione, ¿que le vez a este
par, siendo tan problemáticos, para que aún seas su amiga? - preguntó Sirius
sorprendido.
-lo mismo que le ve Lily a James-
respondió esta sin darse cuenta lo que decía.
Ron ni enterado de la situación,
mientras Hermione se llevaba las !manos a la boca y Harry y Ginny se partían de
la risa.
-paga James- extendió la mano
Sirius sonriendo triunfal.
-pero aún no es oficial, Ron no
se ha dado cuenta- observó James señalando al chico.
-¿cuenta de qué?- preguntó el
aludido sin entender nada aún.
-¡Le gustas a Hermione!-
exclamaron a voz en cuello James, Sirius, remus y Harry.
-y eres el único que no lo sabe-
término Fred burlándose de su pequeño hermano.
-Hermione, ¿eso es cierto?-
preguntó Ron observando a la chica sorprendido.
-Claro que no... Es decir...
sirius sigue leyendo- ordenó Hermione sonrojándose tanto como el cabello de su
amiga.
-Hermione, va!ps dile al pequeño
Ronnie lo que sientes por él- río con sorna Fred disfrutando el momento.
Ron tenía una cara de idiota. No
entendía que estaba pasando. El siempre había sospechado que a Hermione le
gustaba Harry pero todos decían lo contrario. Al voltear a ver a Harry se dio
cuenta que su amigo sonreía confirmandole las palabras que todos en la sala de
los menesteres.
-¿es verdad? -preguntó Ron a
Harry atónito?
-creí que ya lo sabias. Yo sólo
la veo como a una hermana y sospechó que ella siente lo mismo por mi- sonrió
Harry aferrando la mano de Ginny la cual asentía con una enorme sonrisa.
-¿Porqué nunca me lo djiste
Hermione? -preguntó Ron armándose de valor para hablarle a la chica- tú también
me gustas. Creó que desde que te vi con ese pelón odioso- murmuró Ron bajando
la mirada.
-Ron, eres un tonto- exclamó
Hermione sonriendo con ternura.
Pasándole los brazos por el
cuello le dio un tierno y corto beso en los labios a Ron, ganándose los
silbidos y risas de los varones bromistas en la sala, así como de Harry y Ginny
quienes aparte tenían una mirada de "hasta que se dieron cuenta" en
sus rostros.
-Ronald, más te vale cuidar de mi
hermana, que me estoy pensando muy seriamente el perseguirte por todo el
colegio con un bate de golpeador si la llegas a lastimar- dijo Harry con un
tono muy serio de voz una vez que Ron y Hermione se separaron.
-lo que digas colegas- sonrió Ron
como idiota por lo que acababa de pasar. Tomo la mano de Hermione
entrelazándolas con la suya sin dejar de sonreír.
-ahora si, paga- sonrió triunfal
Sirius en dirección de James.
-Ronald me debes diez
galeones-mascullo molesto James pagandole a su amigo.
Ron no dijo nada. Seguía
sonriendo distraído con la mano de Hermione entrelazada a la suya. Algo que
siempre había pensado que jamás pasaría.
—
¿Qué
ha ocurrido, Harry? ¿Qué ha ocurrido? ¿Está enfermo? Pero podrás curarlo, ¿no? —Colin
había bajado corriendo de su puesto e iba dando saltos al lado de ellos
mientras salían del campo. Ron tuvo una horrible arcada y más babosas le
cayeron por el pecho—. ¡Ah! —exclamó Colin, fascinado y levantando la cámara—,
¿puedes sujetarlo un poco para que no se mueva, Harry?
—
Ese niño comienza a caerme mal-
murmuró Sirius deteniéndose sólo un momento para intercambiar una mirada con
James.
—
¡Fuera
de aquí, Colin! —dijo Harry enfadado. Entre él y Hermione sacaron a Ron del
estadio y se dirigieron al bosque a través de la explanada.
—
Ya
casi llegamos, Ron —dijo Hermione, cuando vieron a lo lejos la cabaña del
guardián—. Dentro de un minuto estarás bien. Ya falta poco.
-sigo sin entender como es que no
te diste cuenta Ron, desde que se conocen se conocen se preocupa por ti-
observó Sirius golpeando el libro con la mano.
-Es que también se preocupa por
Harry- se defendió Ron sin soltar a Hermione.
-No tanto como lo hace por ti,
compañero- sonrió Harry besando a Ginny en la coronilla.
Ron se encogió de hombros, no
quería pensar en ese momento en lo tonto que había sido al no darse cuenta de
lo que sentía por Hermione desde antes.
Les separaban siete
metros de la casa de Hagrid cuando se abrió la puerta. Pero no fue Hagrid el
que salió por ella, sino Gilderoy Lockhart, que aquel día llevaba una túnica de
color malva muy claro. Se les acercó con paso decidido.
-ese idiota, ¿acaso no puede
quedarse encerrado en su despacho? Nadie quiere ver lo ridículo que se viste-
exclamó Draco rodando los ojos cansado.
-Sabes pequeño Dragón... Por
momentos como este me doy cuenta que si eres sobrino mío, pero luego recuerdo
quien es tu padre y se me olvida- sonrió Sirius con suficiencia dándole vuelta
a la hoja.
—
Rápido,
aquí detrás —dijo Harry, escondiendo a Ron detrás de un arbusto que había allí.
Hermione los siguió, de mala gana.
-Buena elección, no vaya a ser
que termine enviando al pobre a la enfermería - exclamó James negando.
-A ver como reaccionan en un par
de hojas- susurro Ginny a Harry apretando su mano.
-Nada bien, seguro- repuso Harry comenzando a sudar
un poco
—
¡Es
muy sencillo si sabes hacerlo! —decía Lockhart a Hagrid en voz alta—. ¡Si
necesitas ayuda, ya sabes dónde estoy! Te dejaré un ejemplar de mi libro. Pero
me sorprende que no tengas ya uno. Te firmaré un ejemplar esta noche y te lo
enviaré. ¡Bueno, adiós! —Y se fue hacia el castillo a grandes zancadas.
-No creó que Hagrid necesite un
libro para tratar con sus plantas y animales- tercio Remus viendo al gigante.
-Oh esperen, viene algo bueno.- sonrió
Sirius con malicia.
Harry esperó a que
Lockhart se perdiera de vista y luego sacó a Ron del arbusto y lo llevó hasta
la puerta principal de la casa de Hagrid. Llamaron a toda prisa. Hagrid
apareció inmediatamente, con aspecto de estar de mal humor, pero se le iluminó
la cara cuando vio de quién se trataba.
—
Me
estaba preguntando cuándo vendríais a verme... Entrad, entrad. Creía que sería
el profesor Lockhart que volvía.
Harry y Hermione
introdujeron a Ron en la cabaña, donde había una gran cama en un rincón y una
chimenea encendida en el otro extremo. Hagrid no pareció preocuparse mucho por
el problema de las babosas de Ron, cuyos detalles explicó Harry apresuradamente
mientras lo sentaban en una silla.
—
Es
preferible que salgan a que entren —dijo ufano, poniéndole delante una
palangana grande de cobre—. Vomítalas todas, Ron.
—
No
creo que se pueda hacer nada salvo esperar a que la cosa acabe — dijo Hermione
apurada, contemplando a Ron inclinado sobre la palangana—. Es un hechizo
difícil de realizar aun en condiciones óptimas, pero con la varita rota...
-Sirius lee más alto, estas
leyendo para mucha gente no sólo para ti- lo regañó Lily lanzándole una
almohada.
-Perdón es que me emocione- se
disculpó el chico aclarándose la garganta.
—Es preferible que salgan a que
entren —dijo ufano, poniéndole delante una palangana grande de cobre—.
Vomítalas todas, Ron.
—No creo que se pueda hacer nada
salvo esperar a que la cosa acabe — dijo Hermione apurada, contemplando a Ron
inclinado sobre la palangana—. Es un hechizo difícil de realizar aun en
condiciones óptimas, pero con la varita rota...
-Y nuestra Hermione preocupada
por su Ronie- se burló George
Hagrid estaba ocupado
preparando un té. Fang, su perro jabalinero, llenaba a Harry de babas.
—
¿Qué
quería Lockhart, Hagrid? —preguntó Harry, rascándole las orejas a Fang.
—
Enseñarme
cómo me puedo librar de los duendes del pozo —gruñó Hagrid, quitando de la mesa
limpia un gallo a medio pelar y poniendo en su lugar la tetera—. Como si no lo
supiera. Y también hablaba sobre una banshee a la que venció. Si en todo
eso hay una palabra de cierto, me como la tetera.
-Nunca tuve que comerme esa
tetera- sonrió Hagrid con orgullo.
Era muy raro que
Hagrid criticara a un profesor de Hogwarts, y Harry lo miró sorprendido. Hermione,
sin embargo, dijo en voz algo más alta de lo normal:
—
Creo
que sois injustos. Obviamente, el profesor Dumbledore ha juzgado que era el
mejor para el puesto y...
—
Era
el único para el puesto —repuso Hagrid, ofreciéndoles un plato de caramelos de
café con leche, mientras Ron tosía ruidosamente sobre la palangana—. Y quiero
decir el único. Es muy difícil encontrar profesores que den Artes Oscuras,
porque a nadie le hace mucha gracia. Da la impresión de que la asignatura está
maldita. Ningún profesor ha durado mucho.
—Ningún profesor dura desde que
nosotros estábamos en el colegio.- dijo James confundido- no entiendo porque.
—Yo si...bueno sospechó... Bueno
dejemoslo así. Ya te darás cuenta- sonrió Harry de forma enigmática.
—Ahora me dices, Harry- mascullo
molesto James.
—No puedo, ya sabes las
advertencias, no puedes adelantarte- sonrió Harry encogiéndose de hombros.
—Detestó esas reglas- bufaron
Sirius y Remus mientras James intentaba averiguar una forma de sacarle los
secretos a su hijo.
—Sigue Sirius... Hay cosas que
debo pensar- murmuró James sin prestarle atención. Ni siquiera a Lily.
—
Decidme
— preguntó Hagrid, mirando a Ron—, ¿a quién intentaba hechizar?
—
Malfoy
le llamó algo a Hermione —respondió Harry—. Tiene que haber sido algo muy
fuerte, porque todos se pusieron furiosos.
-Fuerte es decir poco, mini
prongs- exclamó Remus fulminando a Snape con la mirada.
-En ese momento no lo sabia-
murmuró Harry entrecerrando los ojos a su tío.
—
Fue
muy fuerte —dijo Ron con voz ronca, incorporándose sobre la mesa, con el rostro
pálido y sudoroso—. Malfoy la llamó sangre sucia.
—
Ron se apartó cuando
volvió a salirle una nueva tanda de babosas. Hagrid parecía indignado.
-Apenas iba en segundo año,
James, ese tipo de cosas no las sabía, soy hija de muggles- Bramo Hermione
adelantándose a las palabras de James. El cual comenzaba a abrir la boca para
hablar pero se cayo mal escucho la explicacion de Hermione.
—
¡No!
—bramó volviéndose a Hermione.
—
Sí
—dijo ella—. Pero yo no sé qué significa. Claro que podría decir que fue muy
grosero...
—
Es
lo más insultante que se le podría ocurrir —dijo Ron, volviendo a incorporarse—.
Sangre sucia es un nombre realmente repugnante con el que llaman a los
hijos de muggles, ya sabes, de padres que no son magos. Hay algunos
magos, como la familia de Malfoy, que creen que son mejores que nadie porque
tienen lo que ellos llaman sangre limpia.
-ser sangre limpia no te vuelve
mejor o peor que nadie-gruño Sirius molesto golpeando la butaca con su puño
cerrado.
- Tranquilo Sirius, no pasa nada.
Aquí estamos- lo tranquilizó James palmeando el hombro de su amigo, Lily lo
abrazo con ternura y Remus apretó el hombro del chico.
-Gracias chicos, no se que haría
sin su apoyo- sonrió Sirius con un deje de tristeza en sus ojos.
-pues ser el mismo casanova de
siempre, no habría mucho cambio, eso te lo aseguro- tercio Harry sonriendo a su
padrino.
Sirius sonrió a su ahijado el
cual le devolvió la sonrisa.
—Soltó
un leve eructo, y una babosa solitaria le cayó en la palma de la mano. La
arrojó a la palangana y prosiguió—. Desde luego, el resto de nosotros sabe que
eso no tiene ninguna importancia. Mira a Neville Longbottom... es de sangre
limpia y apenas es capaz de sujetar el caldero correctamente.
—
Y
no han inventado un conjuro que nuestra Hermione no sea capaz de realizar —dijo
Hagrid con orgullo, haciendo que Hermione se pusiera colorada.
-Lily tampoco es de padres magos
y es la mejor de la clase- apuntó Remus sonrojando a su amiga.
—
Es
un insulto muy desagradable de oír —dijo Ron, secándose el sudor de la frente
con la mano—. Es como decir sangre
podrida o sangre vulgar. Son
idiotas. Además, la mayor parte de los magos de hoy día tienen sangre mezclada.
Si no nos hubiéramos casado con muggles, nos habríamos extinguido.
— En
eso tienes razón. Es una completa tontería pensar que por ser "sangre
limpia" eres mejor que los demás. Muy bien dicho Ron, son pocos los magos
que no tienen mezcla de sangre y aquellos si que están podridos- sonrió Sirius
con malévolo placer en dirección de Draco.
— Tú
también eres sangre limpia- observó Draco fulminando a Sirius con la mirada.
— Yo
soy un traidor a la sangre, no cuenta- inflando el pecho, Sirius, se aclaró la
garganta para continuar con la lectura; mientras sus amigos, los bromistas,
Harry, Ron, Hermione y Ginny reían por la cara de desagrado de Draco.
A Ron le dieron
arcadas y volvió a inclinarse sobre la palangana.
—Bueno, no te culpo
por intentar hacerle un hechizo, Ron —dijo Hagrid con una voz fuerte que
ahogaba los golpes de las babosas al caer en la palangana—. Pero quizás haya
sido una suerte que tu varita mágica fallara. Si hubieras conseguido
hechizarle, Lucius Malfoy se habría presentado en la escuela. Así no tendrás
ese problema.
-Es que mi querido sobrino
siempre necesitará de su papi para salir de problemas así como Lucius lo
necesitó en su tiempo, no puede defenderse solo- Se burló Sirius con una risa
perruna que provocó que los ojos de Harry se cristalizarán.
Por suerte sólo sus amigos y
Ginny se dieron cuenta de lo que pasaba, Ginny abrazo a Harry por el pecho
confortandolo un poco para que nadie se preguntara que pasaba.
Harry quiso decir que
el problema no habría sido peor que estar echando babosas por la boca, pero no
pudo hacerlo porque el caramelo de café con leche se le había pegado a los dientes
y no podía separarlos.
-Eso no ha de haber sido divertido, ¿verdad hijo?- preguntó James
observando a Harry detenidamente- ¿Que pasa Harry? Yo sólo pongo esa mirada
cuando anda algo mal o tu madre me rechazaba.
-No es nada, y si... Fue de lo más incómodo esos dulces, lo siento
Hagrid- se disculpó Harry con una mueca en dirección del semi gigante.
-No pasa nada, Harry. Debí prever que algo así pasaría- sonrío el
semigigante con ternura.
-Cachorro, actualmente ¿donde estamos Monny y yo? - preguntó Sirius algo
incómodo por no verlos en ningún lugar y aún no aparecer en el libro.
-Yo... Creó que están en
misiones, algo así me enteré. No me cuentan muchas cosas porque aún soy menor
de edad- dijo Harry recordando las palabras dadas por la señora Weasley un año
atrás al darse cuenta de la sonrisa casi imperceptible del director.
-¿Pero... Si hablamos contigo
verdad?- preguntó Remus observando a Harry detenidamente.
-Cada que pueden, tampoco puedo
mandarles lechuzas o viceversa a cada rato, el correo podría estar
comprometido- explicó Harry evitando dar muchas explicaciones.
-Eso quiere decir... ¿Aun después
de que pasarás por todo lo del año pasado... Él volvió?- preguntó Lily
preocupada por su hijo.
-Mamá ya lo verás, no te
preocupes por favor- pidió Harry tratando de tranquilizarla.
Lily no se quedó conformorme con
esa respuesta pero comprendió que su hijo o quien sería su hijo no se
adelantaría a los hechos. Ella misma habría tomado la misma decisión pero eso
no la tranquilizaba.
—
Harry
—dijo Hagrid de repente, como acometido por un pensamiento repentino—, tengo
que ajustar cuentas contigo. Me han dicho que has estado repartiendo fotos
firmadas. ¿Por qué no me has dado una?
Los bromistas se de atornillaban de la risa
mientras Harry trataba de no explotar de nuevo pero su cara había pasado por
todos los colores habidos y por haber llegando a un rojo similar al del cabello
de Ginny.
Harry sintió tanta
rabia que al final logró separar los dientes.
—
No
he estado repartiendo fotos —dijo enfadado—. Si Lockhart aún va diciendo eso
por ahí...
-Igual de presumido a tu padre,
Potter, el mismo libro lo dice- mascullo Debería con una sonrisa perversa en su
rostro marfileño.
-No es verdad, no me gustan ese
tipo de cosas y mucho menos llamas la atención como usted dice- se defendió
Harry.
Nunca le había levantado la voz a
Snape aunque supiera que muchas de las medidas que tomaba el profesor de
pociones eran injustas. Harry tenía la mandíbula firmemente apretada más fue
Lily quien perdió los estribos.
-Mira Severas, Harry no ha hecho
más que demostrar hasta ahora que odia su fama. No le gusta, así que deja de
decir esas tonterías o te las verás conmigo- amenazo Lily fulminando a quien
fuera su amigo con una penetrante mirada verde. Harry río por lo bajo, ya quería
ver como se enojaba su madre por todo lo que Snape le decía.
Snape por su parte se cruzó de
brazos pero no dijo nada. El mejor que nadie sabía del carácter de Lily y no
quería ser víctima de aquello que se le ocurriera.
Pero entonces vio que
Hagrid se reía.
—
Sólo
bromeaba —explicó, dándole a Harry unas palmadas amistosas en la espalda, que
lo arrojaron contra la mesa—. Sé que no es verdad. Le dije a Lockhart que no te
hacía falta, que sin proponértelo eras más famoso que él.
- Y con cada año que pasa aumenta
tu fama- se burló Ron dándole un golpe amistoso a Harry en el hombro.
-Te quitaré ese permiso con que
no te comportes- exclamó Harry un tanto molesto.
-Harry yo no...
-Si necesitas permiso, Hermione,
y no me reclames-la corto Harry cruzándose de brazos y observando a sus amigos.
—
Apuesto
a que no le hizo ninguna gracia —dijo Harry, levantándose y frotándose la
barbilla.
—
Supongo
que no —admitió Hagrid, parpadeando—. Luego le dije que no había leído nunca
ninguno de sus libros, y se marchó. ¿Un caramelo de café con leche, Ron?
—añadió, cuando Ron volvió a incorporarse.
—
No,
gracias —dijo Ron con debilidad—. Es mejor no correr riesgos.
-Luego las babosas se quedaran
dentro de ti, sería divertido ver por donde salen si no es por la boca- se
burló George ahogando la risa.
-George
Weasley- grito molesta Molly.
-¿Acaso no nos reconoces mujer?
Soy Gred y el es Feorge-sonrio George ahogando m dirección a su madre.
-Ya no caeré en esa jovencitos
—
Venid
a ver lo que he estado cultivando —dijo Hagrid cuando Harry y Hermione apuraron
su té.
En la pequeña huerta
situada detrás de la casa de Hagrid había una docena de las calabazas más
grandes que Harry hubiera visto nunca. Más bien parecían grandes rocas.
-¿Porque sólo te pasan las cosas fabulosas
a ti?- se quejo Sirius cruzándose de brazos.
—
Van
bien, ¿verdad? —dijo Hagrid, contento—. Son para la fiesta de Halloween.
Deberán haber crecido lo bastante para ese día.
—
¿Qué
les has echado? —preguntó Harry.
Hagrid miró hacia
atrás para comprobar que estaban solos.
-Vamos Hagrid si todo el colegio sospecha
que tu usas magia- sonrio Sirius divertido sonrojando a su amigo
—
Bueno,
les he echado... ya sabes... un poco de ayuda. Harry vio el paraguas rosa
estampado de Hagrid apoyado contra la pared trasera de la cabaña. Ya antes,
Harry había sospechado que aquel paraguas no era lo que parecía; de hecho,
tenía la impresión de que la vieja varita mágica del colegio estaba oculta
dentro. Según las normas, Hagrid no podía hacer magia, porque lo habían
expulsado de Hogwarts en el tercer curso, pero Harry no sabía por qué.
-Ahora ya lo sé y todo quedo
solucionado- sonrió Harry a Ron y Hermione los cuales rieron en complicidad.
Los chicos del pasado se les quedaban
viendo extrañados pero Harry solo apuntó al libro sin decir nada.
Cualquier mención del
asunto bastaba para que Hagrid carraspeara sonoramente y sufriera de pronto una
misteriosa sordera que le duraba hasta que se cambiaba de tema.
—
¿Un
hechizo fertilizante, tal vez? —preguntó Hermione, entre la desaprobación y el
regocijo—. Bueno, has hecho un buen trabajo.
—
Eso
es lo que dijo tu hermana pequeña —observó Hagrid, dirigiéndose a Ron—. Ayer la
encontré. —Hagrid miró a Harry de soslayo y vio que le temblaba la barbilla—.
Dijo que estaba contemplando el campo, pero me da la impresión de que esperaba
encontrarse a alguien más en mi casa.
-No soy el único que no se dio cuenta
que una chica estaba enamorada de mi hasta varios años después- se mofo Ron
dándole un golpe en la coronilla.
-Calla Weasley, yo confundía mis sentimientos
por Ginny por pasar tanto tiempo con ella en las vacaciones de verano- explico
Harry apretando la mano de Ginny mientras le sonreía.
-Tu hijo me decepciona, hermano. No
puedo creer que no se diera cuenta que una chica estaba enamorada de él siendo
que tú te la pasaste persiguiendo a Evans desde tercer año- murmuro Sirius un
poco exasperado.
-Si pero… sospecho que lo lento lo saco
de Lily- confeso James en un susurro a su amigo.
-Potter ya te escuche- Lily lo
fulminaba con la mirada mientras Harry y Ron se reían.
-Yo que tu guardaba silencio, papá-
sonrió Harry divertido.
James lo fulmino con la mirada, ya se
encargaría él de que su hijo comenzara a salir con la pequeña de los Weasley
desde su tercer año o antes una vez que cambiara las cosas que estaban mal en
este momento.
—
Guiñó
un ojo a Harry—. Si quieres mi opinión, creo que ella no rechazaría una foto
fir...
—
¡Cállate!
—dijo Harry. A Ron le dio la risa y llenó la tierra de babosas.
En ese momento pasaba lo mismo en la
sala de menesteres, Ginny y Hermione le dieron un golpe en la coronilla a Ron
al mismo tiempo provocando una mueca de dolor en el chico.
-¿Qué les pasa a ustedes dos?- se quejó
Ron observando a ambas chicas molesto.
-Nada- se encogieron de hombros ambas
chicas riendo divertidas.
James y Sirius observaban todo con
detenimiento tomando nota mental de lo que debían y no cambiar cuando
volvieran.
—
¡Cuidado!
—gritó Hagrid, apartando a Ron de sus queridas calabazas.
Ya casi era la hora
de comer, y como Harry sólo había tomado un caramelo de café con leche en todo
el día, tenía prisa por regresar al colegio para la comida. Se despidieron de
Hagrid y regresaron al castillo, con Ron hipando de vez en cuando, pero
vomitando sólo un par de babosas pequeñas. Apenas habían puesto un pie en el fresco
vestíbulo cuando oyeron una voz.
—
Conque
estáis aquí, Potter y Weasley. —La profesora McGonagall caminaba hacia ellos
con gesto severo—. Cumpliréis vuestro castigo esta noche.
-Ya se me había olvidado que estaban
castigados- murmuro James soltando un bufido molesto- no hicieron algo tan
grave.
-Pero si… es que tu…- Harry volteo a
ver a Ron confundido- creo que no me acostumbrare a esto.
—
¿Qué
vamos a hacer, profesora? —preguntó Ron, asustado, reprimiendo un eructo.
—
Tú
limpiarás la plata de la sala de trofeos con el señor Filch —dijo la profesora
McGonagall—. Y nada de magia, Weasley... ¡frotando!
-Al menos sabrás utilizar
un trapo, querido hermano- se mofo George de su hermano.
-Ahora comprendemos
porque sabes limpiar tan bien sin magia- siguió Fred sonriendo divertido.
-Niños, ya basta los dos
o también los pondré a limpiar toda la casa sin magia- los amenazo Molly
haciendo que los gemelos brincaran en su lugar.
-Creo que su madre y mi
madre se llevarían muy bien- James tenía un tono de voz un tanto asustado.
Sirius y Remus voltearon a verse entre
ellos y luego a James, asintiendo al mismo tiempo estando de acuerdo en que
pensaban igual a James.
-Sería
un placer conocer a tu madre, querido- sonrió Molly en dirección de James.
-Tendríamos
dos mamás chicos, solo piénselo, sería grandioso- dijo Sirius emocionado.
Tú
ya tienes…
-No
es así Monny, Padfoot y yo compartimos madre- tercio el chico muy serio.
-Sera
un placer presentársela a mi madre, solo tengo una duda ¿Cómo las presentare si
cuando vuelva a nuestro tiempo ustedes no nos conocerán?
-Eso
no será inconveniente alguno, Sirius es mi primo segundo, sé que ustedes
ingeniaran algo- sonrió Arthur abrazando a su esposa la cual sonreía con
ternura.
-Ya
está hecho entonces- sonrió James triunfal- sigue prongs, ya quiero que termine
este capítulo. Ya me tocara.
Ron tragó saliva.
Argus Filch, el conserje, era detestado por todos los estudiantes del colegio.
—
Y
tú, Potter, ayudarás al profesor Lockhart a responder a las cartas de sus
admiradoras —dijo la profesora McGonagall.
-Creo que te toco la peor parte cachorro- se lamentó Remus negando
decaído.
-Ni que lo digas- murmuro Harry recordando las horribles hroas que paso
ahí.
—
Oh,
no... ¿no puedo ayudar con la plata? —preguntó Harry desesperado.
-No te dejara
hacer algo que se nota que te gustaría, es un castigo, hijo, lo siento- se
disculpó James en son de burla.
Harry negó
divertido, el tener estos momentos con sus padres era algo que atesoraría toda
su vida.
—
Desde
luego que no —dijo la profesora McGonagall, arqueando las cejas—. El profesor
Lockhart ha solicitado que seas precisamente tú. A las ocho en punto, tanto uno
como otro.
Harry y Ron pasaron
al Gran Comedor completamente abatidos, y Hermione entró detrás de ellos, con
su expresión de no haber infringido las
normas del colegio. Harry no disfrutó tanto como esperaba con su pudín de
carne y patatas. Tanto Ron como él pensaban que les había tocado la peor parte
del castigo.
-No sé a quién
le haya tocado la peor parte, pero en verdad tienen una suerte horrible- se
mofo Sirius sin poder leer a causa de las risas.
—
Filch
me tendrá allí toda la noche —dijo Ron apesadumbrado—. ¡Sin magia! Debe de
haber más de cien trofeos en esa sala. Y la limpieza muggle no se me da
bien.
—
Te
lo cambiaría de buena gana —dijo Harry con voz apagada—. He hecho muchas
prácticas con los Dursley. Pero responder a las admiradoras de Lockhart... será
una pesadilla.
-¿Cómo que has
hecho muchas prácticas con los Dusley?- pregunto Lily molesta.
-Pero si ya
viste como fue el principio del libro- se quejó Harry volteando a ver a su
madre confundido.
-Lo sé, solo
quería verificarlo cariño- sonrió Lily con malicia.
-No sé a quién
le tengo más miedo, si a mi madre o a Voldemort- confeso Harry en un susurró a
Ron el cual asintió volteando a ver a Lily con miedo.
La tarde del sábado
pasó en un santiamén, y antes de que se dieran cuenta, eran las ocho menos
cinco. Harry se dirigió al despacho de Lockhart por el pasillo del segundo
piso, arrastrando los pies. Llamó a la puerta a regañadientes. La puerta se
abrió de inmediato. Lockhart le recibió con una sonrisa.
—
¡Aquí
está el pillo! —dijo—. Vamos, Harry, entra.
-Por favor díganme
que podemos hacerle algo a él- pidió Sirius asqueado por la forma de hablar del
profesor.
Harry y Ron
comenzaron a reír, el primero abrazando a Ginny y el segundo aferrando la mano
de Hermione para intentar tranquilizarse. Ginny y Hermione solo intercambiaban
miradas, ambas molestas con el profesor por lo que casi le hace a Ginny pero no
tanto como los chicos.
-¿Por qué las
risas?- preguntó Remus confundido.
-Ya se darán cuenta-
dijo Harry como toda respuesta.
Dentro había un
sinfín de fotografías enmarcadas de Lockhart, que relucían en los muros a la
luz de las velas. Algunas estaban incluso firmadas. Tenía otro montón grande en
la mesa.
—
¡Tú
puedes poner las direcciones en los sobres! —dijo Lockhart a Harry, como si se
tratara de un placer irresistible—. El primero es para la adorable Gladys
Gudgeon, gran admiradora mía.
-Creo que esa
es amiga de mi madre- dijo James asqueado.
Los minutos pasaron
tan despacio como si fueran horas. Harry dejó que Lockhart hablara sin hacerle
ningún caso, diciendo de cuando en cuando mmm
o ya o vaya. Algunas veces captaba frases del tipo La fama es una amiga veleidosa, Harry o Serás célebre si te comportas como alguien célebre, que no se te olvide.
-Esos no son
consejos- Sirius se llevó las manos al pecho fingiendo que se desmayaba,
arrancando carcajadas en Harry y sus amigos
Las velas se fueron
consumiendo y la agonizante luz desdibujaba las múltiples caras que ponía
Lockhart ante Harry. Éste pasaba su dolorida mano sobre lo que le parecía que
tenía que ser el milésimo sobre y anotaba en él la dirección de Verónica
Smethley. Debe de ser casi hora de acabar,
pensó Harry, derrotado. Por favor, que
falte poco...
-Fue lo más
aburrido que he hecho en un castigo- se quejó Harry con dramatismo.
Y en aquel momento
oyó algo, algo que no tenía nada que ver con el chisporroteo de las mortecinas
velas ni con la cháchara de Lockhart sobre sus admiradoras. Era una voz, una voz
capaz de helar la sangre en las venas, una voz ponzoñosa que dejaba sin
aliento, fría como el hielo.
— Ven..., ven a mí...
Deja que te desgarre... Deja que te despedace...
Déjame matarte...
-¿Qué fue eso hijo?- pregunto Lily asustada, abrazando a James.
-No puedo decir nada, pero pronto lo sabrás- murmuro Harry encogiéndose
en su lugar.
-¿y si nos ahorramos el libro y nos dices que paso en todo el año?-
pregunto Sirius dejando el libro de lado.
-De acuerdo, pues me metí en muchos problemas, ganamos un premio
especial para el colegio Ron y yo y no tuvimos exámenes finales, listo- resumió
Harry sin meterse en detalles.
-Mejor sigo leyendo- enojado, Sirius abrió el libro por donde se había
quedado y continuo con la lectura mientras Harry reía complacido.
Harry dio un salto, y
un manchón grande de color lila apareció sobre el nombre de la calle de
Verónica Smethley.
—
¿Qué?
—gritó.
—
Pues
eso —dijo Lockhart—: ¡seis meses enteros encabezando la lista de los más
vendidos! ¡Batí todos los récords!
—
¡No!
—dijo Harry asustado—. ¡La voz!
—
¿Cómo
dices? —preguntó Lockhart, extrañado—. ¿Qué voz?
—La... la voz que ha
dicho... ¿No la ha oído?
-¿Lockhart no
escucho nada?- pregunto Draco confundido.
-No te
sorprenda Malfoy, tu tampoco escuchabas nada, ¿recuerdas?- sonrio Harry con
sorna.
-Cállate
Potter- Draco rodo los ojos molesto mientras Harry reía por todo lo que podía
hacer sin que nadie lo castigara, solo viendo la cara de fastidio de Snape y
Draco.
-Pero el
pequeño Dragón tiene razón cachorro, ¿Por qué Lockhart no puede escuchar la
voz?- pregunto Sirius viendo a quien sería a su ahijado escrutadoramente.
-Y ¿Por qué Malfoy
si tiene apodo y yo no?- se quejó Harry molesto.
-Porque tú
eres mini cornamenta- explico restándole importancia Sirius.
-No me
convence, pero bueno- se encogió de hombros Harry por toda respuesta, logrando
que Sirius se olvidara de la pregunta inicial.
Lockhart miró a Harry
desconcertado.
—
¿De
qué hablas, Harry? ¿No te estarías quedando dormido? ¡Por Dios, mira la hora
que es! ¡Llevamos con esto casi cuatro horas! Ni lo imaginaba... El tiempo vuela,
¿verdad?
-¿CUATRO
HORAS? deberías estar dormido hace horas- se sorprendió James ganándose una
sonrisa complacida por parte de Lily.
-Me sorprende,
señor Potter, que piense así cuando si mal no recuerdo, usted junto a sus
amigos se acostaban bastante tarde en todos sus años del colegio- reclamo
McGonnagal cruzándose de brazos.
-Si profesora,
pero no por estar castigados- explico James haciendo una mueca de dolor cuando
Lily le dio un golpe en la coronilla- ¿Por qué el golpe Lily?
-No hables y
deja que Sirius siga leyendo- dijo Lily molesta apartándose un poco de un James
dolido.
Harry no respondió.
Aguzaba el oído tratando de captar de nuevo la voz, pero no oyó otra cosa que a
Lockhart diciéndole que otra vez que lo castigaran, no tendría tanta suerte
como aquélla. Harry salió, aturdido. Era tan tarde que la sala común de
Gryffindor estaba prácticamente vacía y Harry se fue derecho al dormitorio. Ron
no había regresado todavía. Se puso el pijama y se echó en la cama a esperar.
Media hora después llegó Ron, con el brazo derecho dolorido y llevando con él
un fuerte olor a limpiametales.
-Ese Filch,
mira que dejar que mi pobre hijo se acostara tan tarde- dijo Molly molesta.
—
Tengo
todos los músculos agarrotados —se quejó, echándose en la cama—. Me ha hecho
sacarle brillo catorce veces a una copa de quidditch antes de darle el
visto bueno. Y vomité otra tanda de babosas sobre el Premio Especial por los
Servicios al Colegio. Me llevó un siglo quitar las babas. Bueno, ¿y tú qué tal
con Lockhart?
-Pobre de ti,
pequeño Ronnie- se burlaron Fred y George a la vez
-Fue horrible,
pero gracias a eso descubrimos un par de cosas- sonrio Ron satisfecho.
-Ni que lo
digas, de los castigos siempre sacamos algo bueno- dijo Harry en complicidad.
-¿Aprender la lección,
acaso?- pregunto Remus confundido.
-Respuestas-
respondieron ambos amigos al mismo tiempo con idénticas miradas enigmáticas.
En voz baja, para no
despertar a Neville, Dean y Seamus, Harry le contó a
Ron con toda
exactitud lo que había oído.
—
¿Y
Lockhart dijo que no había oído nada? —preguntó Ron. A la luz de la luna, Harry
podía verle fruncir el entrecejo—. ¿Piensas que mentía? Pero no lo entiendo...
Aunque fuera alguien invisible, tendría que haber abierto la puerta.
—
Lo
sé—dijo Harry, recostándose en la cama y contemplando el dosel—. Yo tampoco lo
entiendo.
-Ni yo-
dijeron los presentes en la sala, exceptuando a los que estuvieron
principalmente implicados en el asunto.
-Bueno, aquí
termina, James… atrapalo- Sirius le lanzo el libro con la pagina marcada para
que su amigo siguiera leyendo.
-¿Y si primero
comemos algo? Muero de hambre- se quejo James dejando el libro de lado.
-Tiene razón señor
Potter, debemos comer antes de seguir leyendo- observo Dumbledore haciendo
aparecer comida de la nada.
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