-Buenos días- salto James de su hamaca estirándose con parsimonia y ahogando un bostezo- ¿Qué?-volteo a ver a todos lados, ya que no había nadie de pie, ni siquiera los nuevos merodeadores, los gemelos Weasley, así que…- hay algo por hacer- tercio James frotándose las manos con malicia y cara picarona y divertida
Caminaba de un lado a otro, haciendo y desasiendo, esperando, asechando, gozando de su gran idea para lo que les esperaba a los demás en su tercer día de lectura. El primero en despertar fue Sirius y entonces…
-Buenos días Prongs- exclamo Sirius desde su hamaca estirándose como perro y bostezando con la boca abierta de par en par-¿Por qué tan callado?- inquirió sentándose en su hamaca y volteando a ver a su amigo
-Solo tengo muchísima hambre- dijo James sentado en su puf de siempre con una sonrisa de lado
-¿Seguro?- inquirió Sirius viéndolo sentado desde su hamaca colocada arriba de la de James
-Claro, ¿acaso crees que me pasa algo mas?- pregunto con una sonrisa enigmática desde si sitio
-No, yo solo decía- tercio Sirius encogiéndose de hombros- como ahora no me despertaste…
-Buenos días- sonrio Lily desde su hamaca a un lado de la de James
-Buenos días Lily- sonrio James de manera encantadora- hoy te vez realmente hermosa
-Gracias- se sonrojo Lily acomodando un mechón detrás de su oreja izquierda
-Bueno, par de tortolos, tengo muchísima hambre, si no les importa…- dijo Sirius bajando de un brinco de su hamaca cayendo con un golpe sordo en el piso de la sala de requerimientos
En eso, PLAF, PUM, PLAS, humo por todos lados, gritos de pánico y Harry y Ron saltaron de sus respectivas hamacas con varita en ristre corriendo a ponerse delante de las hamacas de Hermione y Ginny con actitud retadora. Una vez que el humo se fue, y la conmoción paso un poco, escucharon una risita divertida proveniente de los pufs puestos en el centro de la sala. James reía disimuladamente para que "no lo descubrieran" en su pequeña travesura
-Potter ¡que rayos has hecho!- grito Lily furiosa fulminando a su novio con la mirada
-No he hecho nada- se defendió Harry volteando a ver ofendido a su madre
-No tu Harry, tu tonto padre- bufo furiosa Lily bajando de un salto de su cama
-La costumbre- exclamo Harry volteando a ver a Ginny la cual comenzó a reír y el enseguida- ¿de que te ríes Ginny?- pregunto Harry divertido por la cara de su novia
-¿De que te ríes tu Harry?- cuestiono la chica con una sonrisita divertida en de rostro
-De tu cara- contestaron ambos a la vez- ¿Qué le pasa a mi cara?-tercieron palpándose el rostro con nerviosismo
-Harry, ¿Qué tiene mi cara?- exclamo Ginny tomando las manos de Harry entre las suyas- Harry… tus manos… están azules- grito Ginny sorprendida retrocediendo asombrada en su hamaca
-Pues tu cara esta rosa- exclamo Harry conteniendo la risa, divido entre ir a golpear al que seria su padre o tratar de ayudar a la que es su novia
-¡POTTER!- rugió Ginny saltando de su hamaca con varita en ristre y acortando la distancia en tres zancadas lo que lo separaba de su suegro- INCARSERUS- apunto con su varita al James al cual una sogas lo ataron a su lugar y no lo dejaba moverse- para que aprendas, conmigo nadie… nadie se mete- lo miro directo a los ojos, alzo el rostro, y de forma altiva se dio la media vuelta, desprendiendo de su cabello el aroma floral que volvía loco a Harry y regreso junto a su novio-FINITTE-exclamo apuntando al chico de ojos verdes dejándolo como nuevo, luego apunto a la sala y exclamo- FINITTE INCANTATEM-con voz potente y clara, regresando a todos sus colores habituales
-Que agresiva me salió tu novia hijo- exclamo James todavía tratando de zafarse
-No lo intentes, solo te lastimaras- observo Harry rodando los ojos y dándose la vuelta riéndose disimuladamente
La señora Weasley con ayuda de unos cuantos elfos preparo el desayuno, James estaba mas que enojado por que Lily dijo que no comería hasta que aprendiera la lección, Snape se reía de su suerte y Draco no se quedaba atrás, Sirius disimuladamente trataba de darle comida pero Remus lo detenía sin que Lily se diera cuenta, los gemelos se sentían ofendidos, pero a la vez también encantados, uno de sus ídolos les había hecho una broma, y eso era increíble, los había pintado a George de morado y Fred de rosa, Harry seguía molesto, su padre, a sus diecisiete años seguía comportándose como un niño de doce años, Hermione desaprobaba completamente ese comportamiento, Ron reía disimuladamente al igual que el señor Weasley, Hagrid y Dumbledore, McGonagall estaba igual de seria que las otras dos pelirrojas de la sala y pareciera que quisieran comerse a James con los ojos y si las miradas mataran él ya estaría tres metros bajo tierra.
Después de desayunar (bueno, casi todos) se dispusieron a comenzar a leer el segundo libro con un nudo en el estomago por parte de Lily, la cual volteo a ver a Harry y exclamo con preocupación
-Harry, este libro será mas tranquilo ¿verdad?
-Am… mejor descúbrelo por ti misma- titubeo Harry aferrando la mano de Ginny entre las suyas
-En ese caso… mejor comienzo yo- exclamo Hermione tomando el libro con nerviosismo, volteo a ver a Ginny y esta asintió con seguridad, todo se iba a debelar y… no se podía hacer nada.- El libro se titula Harry Potter y la cámara secreta- exclamo Hermione tomando el libro verde entre sus manos, donde un dibujo de un chico con gafas y una espada peleaba contra una enorme serpiente- no me gusta nada esto- dijo con un nudo en la garganta y comenzó a leer
El peor cumpleaños
No era la primera vez que en el número 4 de Privet Drive estallaba una discusión durante el desayuno. A primera hora de la mañana, había despertado al señor Vernon Dursley un sonoro ulular procedente del dormitorio de su sobrino Harry.
—¡Es la tercera vez esta semana! —se quejó, sentado a la mesa—. ¡Si no puedes dominar a esa lechuza, tendrá que irse a otra parte!
Harry intentó explicarse una vez más.
—Es que se aburre. Está acostumbrada a dar una vuelta por ahí. Si pudiera dejarla salir aunque sólo fuera de noche...
—¿Acaso tengo cara de idiota? —gruñó tío Vernon, con restos de huevo frito en el poblado bigote—. Ya sé lo que ocurriría si saliera la lechuza.
-Solo intentara mandarle una lechuza a sus amigos, nada malo- sonrio Sirius divertido por el comportamiento tan tonto del tío de su ahijado
-Eso era lo que mas temía- dijo Harry en el oído a Ginny la cual sonrio en complicidad
Cambió una mirada sombría con su esposa, Petunia.
Harry quería seguir discutiendo, pero un eructo estruendoso y prolongado de Dudley, el hijo de los Dursley, ahogó sus palabras.
—¡Quiero más beicon!
-¡Que malcriado!- se escandalizo la señora Weasley negando con enojo
—Queda más en la sartén, ricura —dijo tía Petunia, volviendo los ojos a su robusto hijo—. Tenemos que alimentarte bien mientras podamos... No me gusta la pinta que tiene la comida del colegio...
-por favor, si tu primo es mas gordo que una ballena- exclamo Ron con los ojos como platos viendo a Harry sorprendido
-No, en ese tiempo aun estaba delgado, un par de años mas y lograría su cometido, ser mas ancho que alto- rio Harry divertido, haciendo reír a Ron, Hermione y Ginny
—No digas tonterías, Petunia, yo nunca pasé hambre en Smeltings —dijo con énfasis tío Vernon—. Dudley come lo suficiente, ¿verdad que sí, hijo?
-Yo creo que más que suficiente- dijo Remus viendo a Harry el cual seguía riendo burlonamente
Dudley, que estaba tan gordo que el trasero le colgaba por los lados de la silla, hizo una mueca y se volvió hacia Harry.
-Di las palabras mágicas- exclamo Sirius con una sonrisa radiante, su típica sonrisa cuando tramaba algo, se agacho de lado y extrajo de debajo de su puf un pergamino que ya iba como a metro y medio de escrito, algo que a Harry y sus amigos intrigaban
-Sirius… ¿Qué tanto escribes?- inquirió Harry viendo con asombro el pergamino que se arrastraba en el suelo
-Cosas… cosas por hacer una vez vuelva a casa- sonrio Sirius con la sonrisa mas amplia que tenia en su repertorio, haciéndolo parecer como si de nuevo acabara de salir de Askaban
-Creo que me asusta un poco- le susurro Harry a Ginny y esta asintió con los ojos como platos viendo a Sirius
—Pásame la sartén.
—Se te han olvidado las palabras mágicas —repuso Harry de mal talante.
El efecto que esta simple frase produjo en la familia fue increíble: Dudley ahogó un grito y se cayó de la silla con un batacazo que sacudió la cocina entera; la señora Dursley profirió un débil alarido y se tapó la boca con las manos, y el señor Dursley se puso de pie de un salto, con las venas de las sienes palpitándole.
—¡Me refería a «por favor»! —dijo Harry inmediatamente—. No me refería a...
—¿QUÉ TE TENGO DICHO —bramó el tío, rociando saliva por toda la mesa— ACERCA DE PRONUNCIAR LA PALABRA CON «M» EN ESTA CASA?
-¡Lo sabia!- rio Sirius triunfal, comenzando a escribir de forma apresurada ante la atenta mirada de Remus
-Lily… se me esta cortando la circulación… ¿crees… que podrías desatarme por favor?- pidió James con la voz entrecortada por falta de aire
-Dile a tu futura nuera- sentencio Lily sin siquiera voltearlo a ver
-Ginny, emm… mini pelirroja, nueva furia roja… ¿crees que podrías desatarme por favor?- pidió James haciendo pucheritos- prometo portarme bien
-Ok… pero una sola palabra mas…- sentencio Ginny haciendo el contra embrujo y haciendo desaparecer las cuerdas que lo ataban
-Gracias mini pelirroja- agradeció James frotándose los antebrazos con parsimonia- mi linda anatomía te lo agradece
-Yo también, pero no se lo digas, luego me quedo sin novio… o marido- susurro Lily al oído de Ginny y esta sonrio divertida, volteo a ver a Harry y compartió con este una mirada cómplice
—Pero yo...
—¡CÓMO TE ATREVES A ASUSTAR A DUDLEY! —dijo furioso tío Vernon, golpeando la mesa con el puño.
—Yo sólo...
—¡TE LO ADVERTÍ! ¡BAJO ESTE TECHO NO TOLERARÉ NINGUNA MENCIÓN A TU ANORMALIDAD!
-Presta- dijo James arrebatándole el pergamino a Sirius de las manos
-Se pide- exclamo Sirius divertido negando a su amigo
-Lo hice- se defendió James anotando línea tras línea sin despegar la vista del pergamino
Harry miró el rostro encarnado de su tío y la cara pálida de su tía, que trataba de levantar a Dudley del suelo.
—De acuerdo —dijo Harry—, de acuerdo...
Tío Vernon volvió a sentarse, resoplando como un rinoceronte al que le faltara el aire y vigilando estrechamente a Harry por el rabillo de sus ojos pequeños y penetrantes.
Desde que Harry había vuelto a casa para pasar las vacaciones de verano, tío Vernon lo había tratado como si fuera una bomba que pudiera estallar en cualquier momento; porque Harry no era un muchacho normal. De hecho, no podía ser menos normal de lo que era.
-Hay no… comenzamos con la recopilación del año pasado- dijo Sirius con fastidio, recargándose en sus rodillas con las manos en la barbilla y cara de aburrimiento
Hermione rodo los ojos molesta y soltó un suspiro exasperado, volteo a ver a Harry y este se encogió de hombros, Ron estaba igual y Ginny solo volteo a ver a Harry divertida, era de esperarse, los gemelos tenían caras asombradas y McGonagall y Snape negaban resignados, ya se lo esperaban, Dumbledore tardeaba una cancioncilla muggle y Hagrid… Hagrid era otra cosa, el estaba como en éxtasis, recordaba a esos chicos y sus andadas y los Weasley sonreían ante la cara de Harry, estaban felices de que ese niño lo estuviera, Draco no sabia que pensar, su forma de ver, "al niño que vivió" cambiaban constantemente
Harry Potter era un mago..., un mago que acababa de terminar el primer curso en el Colegio Hogwarts de Magia. Y si a los Dursley no les gustaba que Harry pasara con ellos las vacaciones, su desagrado no era nada comparado con el de su sobrino.
Añoraba tanto Hogwarts que estar lejos de allí era como tener un dolor de estómago permanente. Añoraba el castillo, con sus pasadizos secretos y sus fantasmas; las clases (aunque quizá no a Snape, el profesor de Pociones);
-es mutuo- pensó Snape con desdén
las lechuzas que llevaban el correo; los banquetes en el Gran Comedor; dormir en su cama con dosel en el dormitorio de la torre; visitar a Hagrid, el guardabosques, que vivía en una cabaña en las inmediaciones del bosque prohibido; y, sobre todo, añoraba el quidditch, el deporte más popular en el mundo mágico, que se jugaba con seis altos postes que hacían de porterías, cuatro balones voladores y catorce jugadores montados en escobas.
Eso es hijo, el quidditch, el deporte por excelencia- dijo James con los ojos brillándole de emoción y sus tripas rugiendo- Lil, cariño, ¿no tienes algo de comer?- pregunto el chico volteando a ver a su novia con suplica
-Espera a que termine el capitulo y te doy algo de comer, solo si te comportas- lo amenazo Lily con mirada severa
James suspiro resignado y cruzándose de brazos se quedo en silencio molesto
En cuanto Harry llegó a la casa, tío Vernon le guardó en un baúl bajo llave, en la alacena que había bajo la escalera, todos sus libros de hechizos, la varita mágica, las túnicas, el caldero y la escoba de primerísima calidad, la Nimbus 2.000. ¿Qué les importaba a los Dursley si Harry perdía su puesto en el equipo de quidditch de Gryffindor por no haber practicado en todo el verano? ¿Qué más les daba a los Dursley si Harry volvía al colegio sin haber hecho los deberes? Los Dursley eran lo que los magos llamaban muggles, es decir, que no tenían ni una gota de sangre mágica en las venas, y para ellos tener un mago en la familia era algo completamente vergonzoso. Tío Vernon había incluso cerrado con candado la jaula deHedwig, la lechuza de Harry, para que no pudiera llevar mensajes a nadie del mundo mágico.
-¡Que le pasa! ¡Esta loco!- rugió James molesto poniéndose de pie de un salto- las lechuzas no pueden estar encerradas así como así, tienen que salir a cazar cada noche
Harry no se parecía en nada al resto de la familia. Tío Vernon era corpulento, carecía de cuello y llevaba un gran bigote negro; tía Petunia tenía cara de caballo y era huesuda; Dudley era rubio, sonrosado y gordo. Harry, en cambio, era pequeño y flacucho, con ojos de un verde brillante y un pelo negro azabache siempre alborotado.
-Igual que su padre- negó Lily viendo divertida a los dos amores de su vida
Llevaba gafas redondas y en la frente tenía una delgada cicatriz en forma de rayo.
Era esta cicatriz lo que convertía a Harry en alguien muy especial, incluso entre los magos. La cicatriz era el único vestigio del misterioso pasado de Harry y del motivo por el que lo habían dejado, hacia once años, en la puerta de los Dursley.
A la edad de un año, Harry había sobrevivido milagrosamente a la maldición del hechicero tenebroso más importante de todos los tiempos, lord Voldemort, cuyo nombre muchos magos y brujas aún temían pronunciar. Los padres de Harry habían muerto en el ataque de Voldemort, pero Harry se había librado, quedándole la cicatriz en forma de rayo. Por alguna razón desconocida, Voldemort había perdido sus poderes en el mismo instante en que había fracasado en su intento de matar a Harry.
-Sigo sin saber por que lo hizo- exclamo Sirius viendo inquisitivamente al libro, esperando que la respuesta saltase frente a el
De forma que Harry se había criado con sus tíos maternos. Había pasado diez años con ellos sin comprender por qué motivo sucedían cosas raras a su alrededor, sin que él hiciera nada, y creyendo la versión de los Dursley, que le habían dicho que la cicatriz era consecuencia del accidente de automóvil que se había llevado la vida de sus padres.
-Cosa que es mentira- tercio Sirius enfadado
Pero más adelante, hacía exactamente un año, Harry había recibido una carta de Hogwarts y así se había enterado de toda la verdad. Ocupó su plaza en el colegio de magia, donde tanto él como su cicatriz se hicieron famosos...; pero el curso escolar había acabado y él se encontraba otra vez pasando el verano con los Dursley, quienes lo trataban como a un perro que se hubiera revolcado en estiércol.
-Enserio, estos Dursley se están ganando una buena- dijo James anotando con ferocidad en el pergamino entre sus manos
Los Dursley ni siquiera se habían acordado de que aquel día Harry cumplía doce años. No es que él tuviera muchas esperanzas, porque nunca le habían hecho un regalo como Dios manda, y no digamos una tarta... Pero de ahí a olvidarse completamente...
-Como pudieron- bufo molesta Lily fulminando al libro con la mirada
En aquel instante, tío Vernon se aclaró la garganta con afectación y dijo:
—Bueno, como todos sabemos, hoy es un día muy importante.
-¿Qué esta pasando?- inquirió Sirius sorprendido
-Ya veras- tercio Harry rodando los ojos
Harry levantó la mirada, incrédulo.
—Puede que hoy sea el día en que cierre el trato más importante de toda mi vida profesional —dijo tío Vernon.
-Claro, no era para menos- dijo Sirius encogiéndose de hombros
Harry volvió a concentrar su atención en la tostada. Por supuesto, pensó con amargura, tío Vernon se refería a su estúpida cena. No había hablado de otra cosa en los últimos quince días.
-Hay muchas cosas en que pensar, además de estúpidos talaros- dijo James con el ceño fruncido
-Es… no olvídalo, no vale la pena- sonrio Hermione restándole importancia con un ademan de manos
Un rico constructor y su esposa irían a cenar, y tío Vernon esperaba obtener un pedido descomunal. La empresa de tío Vernon fabricaba taladros.
—Creo que deberíamos repasarlo todo otra vez —dijo tío Vernon—. Tendremos que estar en nuestros puestos a las ocho en punto. Petunia, ¿tú estarás...?
—En el salón —respondió enseguida tía Petunia—, esperando para darles la bienvenida a nuestra casa.
-Bah… que tontería- rio burlonamente Sirius
—Bien, bien. ¿Y Dudley?
—Estaré esperando para abrir la puerta. —Dudley esbozó una sonrisa idiota—. ¿Me permiten sus abrigos, señor y señora Mason?
-Claro, como si ese niño bobo tuviera esos modales- mascullo con sorna Ginny, besando a Harry en la mejilla
—¡Les va a parecer adorable! —exclamó embelesada tía Petunia.
Los merodeadores hicieron arcadas fingidas
—Excelente, Dudley —dijo tío Vernon. A continuación, se volvió hacia Harry—. ¿Y tú?
—Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estoy —dijo Harry, con voz inexpresiva.
-Malditos infelices- rugió James anotando con tal furia que casi traspasa el pergamino con su pluma de halcón.
-Permítenos- exclamo Remus con mirada calculadora acercándose junto con Sirius a James para ayudarle en sus planes de venganza
-No están solos, yo me uno- sonrio Lily macabramente asustando a Harry y Ron
-Amigo, tu madre cada día me asusta mas- susurro Ron con nerviosismo
-No quiero ver de lo que será capaz una ves que cambien las cosas, estaremos castigados- mascullo Harry encogiéndose en su lugar
-¿Estaremos?- cuestiono Ron escéptico
-Si, estaremos, los tres… mejor dicho… los ocho, si cuentas a Neville, Luna, los gemelos, Ginny, Hermione, tú y yo- conto Harry volteando a ver a su novia, su hermana y los gemelos, los cuales tragaron con dificultad
-¿Vamos cavando nuestras tumbas?- ironizo Ron viendo a Harry con los ojos como platos
-Espera, cada año será peor, nos esperamos a quinto, ¿te parece?- sonrio Harry divertido
-Si, creo que es lo mejor- acepto Ron sabiendo que ese año si se pasaron un poquito de la raya
—Exacto —corroboró con crueldad tío Vernon—. Yo los haré pasar al salón, te los presentaré, Petunia, y les serviré algo de beber. A las ocho quince...
—Anunciaré que está lista la cena —dijo tía Petunia—. Y tú, Dudley, dirás...
—¿Me permite acompañarla al comedor, señora Mason? —dijo Dudley, ofreciendo su grueso brazo a una mujer invisible.
—¡Mi caballerito ideal! —suspiró tía Petunia.
—¿Y tú? —preguntó tío Vernon a Harry con brutalidad.
—Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estoy —recitó Harry.
Los merodeadores, Lily, McGonagall y para sorpresa de todos Snape apretaban los dientes con furia
—Exacto. Bien, tendríamos que tener preparados algunos cumplidos para la cena. Petunia, ¿sugieres alguno?
—Vernon me ha asegurado que es usted un jugador de golf excelente, señor Mason... Dígame dónde ha comprado ese vestido, señora Mason...
—Perfecto... ¿Dudley?
—¿Qué tal: «En el colegio nos han mandado escribir una redacción sobre nuestro héroe preferido, señor Mason, y yo la he hecho sobre usted»?
-Que patético- bufo Sirius haciendo arcadas con claras intenciones de devolver el estomago
Esto fue más de lo que tía Petunia y Harry podían soportar. Tía Petunia rompió a llorar de la emoción y abrazó a su hijo, mientras Harry escondía la cabeza debajo de la mesa para que no lo vieran reírse.
-Si suena gracioso, pero pensando en lo que te hacían no me hace nada de gracia- exclamo James volteando a ver a Harry y los demás chicos que se desternillaban de la risa, incluso Draco reía con disimulo
—¿Y tú, niño?
Al enderezarse, Harry hizo un esfuerzo por mantener serio el semblante.
—Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que estoy —repitió.
-¿Cómo lo lograste?- cuestiono Ron a Harry con curiosidad
-No tengo ni idea- repuso Harry entre risas contenidas
—Eso espero —dijo el tío duramente—. Los Mason no saben nada de tu existencia y seguirán sin saber nada.
-Malditos- rugieron Snape y los merodeadores volteándose a ver con asombro entre ellos
-Solo lo digo por que es verdad…- susurro Snape para si mismo, no pensaba que se lo pasara tan mal en casa de sus tíos ese niño
Al terminar la cena, tú, Petunia, volverás al salón con la señora Mason para tomar el café y yo abordaré el tema de los taladros. Con un poco de suerte, cerraremos el trato, y el contrato estará firmado antes del telediario de las diez. Y mañana mismo nos iremos a comprar un apartamento en Mallorca.
A Harry aquello no le emocionaba mucho. No creía que los Dursley fueran a quererlo más en Mallorca que en Privet Drive.
-De hecho dudo mucho que te lleven hijo- dijo Lily negando enojada, tanto era su coraje que parecía que lanzaba llamaradas verdes por sus ojos esmeraldas
—Bien..., voy a ir a la ciudad a recoger los esmóquines para Dudley y para mí. Y tú —gruñó a Harry—, mantente fuera de la vista de tu tía mientras limpia.
Harry salió por la puerta de atrás. Era un día radiante, soleado. Cruzó el césped, se dejó caer en el banco del jardín y canturreó entre dientes: «Cumpleaños feliz..., cumpleaños feliz..., me deseo yo mismo...»
-Fel…
-No… falta mucho para mi cumpleaños- rio Harry abrazado a Ginny la cual negó divertida
No había recibido postales ni regalos, y tendría que pasarse la noche fingiendo que no existía. Abatido, fijó la vista en el seto. Nunca se había sentido tan solo. Antes que ninguna otra cosa de Hogwarts, antes incluso que jugar al quidditch, lo que de verdad echaba de menos era a sus mejores amigos, Ron Weasley y Hermione Granger. Pero ellos no parecían acordarse de él. Ninguno de los dos le había escrito en todo el verano, a pesar de que Ron le había dicho que lo invitaría a pasar unos días en su casa.
-¿Cómo PUDIERON OLVIDARSE DE SU AMIGO?- grito furioso Sirius pensando que él sentía lo mismo cuando tenia que regresar a casa de sus padres cada verano y lo único que le hacia ilusión eran las cartas de sus amigos
-Tranquilo, espera y veras- explico Harry sonriendo a sus amigos y ellos agacharon la mirada, pero el negó haciéndoles saber que ellos no tuvieron la culpa
Un montón de veces había estado a punto de emplear la magia para abrir la jaula de Hedwig y enviarla a Ron y a Hermione con una carta, pero no valía la pena correr el riesgo. A los magos menores de edad no les estaba permitido emplear la magia fuera del colegio. Harry no se lo había dicho a los Dursley; sabía que la única razón por la que no lo encerraban en la alacena debajo de la escalera junto con su varita mágica y su escoba voladora era porque temían que él pudiera convertirlos en escarabajos.
-Hubiera sido buena idea… pero no creo que funcione así- rio Remus divertido, casi nunca lo habían visto así, pero les agradaba ese Remus, al serio que conocieron en su tercer año
Durante las dos primeras semanas, Harry se había divertido murmurando entre dientes palabras sin sentido y viendo cómo Dudley escapaba de la habitación todo lo deprisa que le permitían sus gordas piernas. Pero el prolongado silencio de Ron y Hermione le había hecho sentirse tan apartado del mundo mágico, que incluso el burlarse de Dudley había perdido la gracia..., y ahora Ron y Hermione se habían olvidado de su cumpleaños.
-Eso no…
-Lo se, no se preocupen- los corto Harry con una sonrisa aferrando a Ginny entre sus brazos
¡Lo que habría dado en aquel momento por recibir un mensaje de Hogwarts, de un mago o una bruja! Casi le habría alegrado ver a su mortal enemigo, Draco Malfoy, para convencerse de que aquello no había sido solamente un sueño...
-Harry como…
-Aguanta tu solo un día entero a los Dursley haber si no piensas lo mismo- lo corto Harry por lo sano con una sonrisa de lado, Ron negó con apremio, no quería pasar por eso
Aunque no todo el curso en Hogwarts resultó divertido. Al final del último trimestre, Harry se había enfrentado cara a cara nada menos que con el mismísimo lord Voldemort. Aun cuando no fuera más que una sombra de lo que había sido en otro tiempo, Voldemort seguía resultando terrorífico, era astuto y estaba decidido a recuperar el poder perdido. Por segunda vez, Harry había logrado escapar de las garras de Voldemort, pero por los pelos, y aún ahora, semanas más tarde, continuaba despertándose en mitad de la noche, empapado en un sudor frío, preguntándose dónde estaría Voldemort, recordando su rostro lívido, sus ojos muy abiertos, furiosos...
-No me gusta para nada que sueñes con él- dijo Lily preocupada
-A mi tampoco- respondió Harry con un leve escalofrió
De pronto, Harry se irguió en el banco del jardín. Se había quedado ensimismado mirando el seto... y el seto le devolvía la mirada. Entre las hojas habían aparecido dos grandes ojos verdes.
Una voz burlona resonó detrás de él en el jardín y Harry se puso de pie de un salto.
—Sé qué día es hoy —canturreó Dudley, acercándosele con andares de pato.
Los ojos grandes se cerraron y desaparecieron.
—¿Qué? —preguntó Harry, sin apartar la vista del lugar por donde habían desaparecido.
—Sé qué día es hoy —repitió Dudley a su lado.
—Enhorabuena —respondió Harry—. ¡Por fin has aprendido los días de la semana!
-Eso seria increíble- rio Sirius burlonamente
—Hoy es tu cumpleaños —dijo con sorna—. ¿Cómo es que no has recibido postales de felicitación? ¿Ni siquiera en aquel monstruoso lugar has hecho amigos?
-Si los tengo, solo que esa vez algo raro ocurrió- exclamo Harry sonriendo a sus amigos
—Procura que tu mamá no te oiga hablar sobre mi colegio —contestó Harry con frialdad.
Dudley se subió los pantalones, que no se le sostenían en la ancha cintura.
—¿Por qué miras el seto? —preguntó con recelo.
—Estoy pensando cuál sería el mejor conjuro para prenderle fuego —dijo Harry.
Al oírlo, Dudley trastabilló hacia atrás y el pánico se reflejó en su cara gordita.
—No..., no puedes... Papá dijo que no harías ma-magia... Ha dicho que te echará de casa..., y no tienes otro sitio donde ir..., no tienes amigos con los que quedarte...
—¡Abracadabra! —dijo Harry con voz enérgica—. ¡Pata de cabra! ¡Patatum, patatam!
Los merodeadores estallaron en carcajadas y pasaron varios minutos hasta que lograron calmarlos, Harry y sus amigos no rieron, pues ya sabían que había pasado después de eso y no era gracioso
—¡Mamaaaaaaá! —vociferó Dudley, dando traspiés al salir a toda pastilla hacia la casa—, ¡mamaaaaaaá! ¡Harry está haciendo lo que tú sabes!
Harry pagó caro aquel instante de diversión. Como Dudley y el seto estaban intactos, tía Petunia sabía que Harry no había hecho magia en realidad, pero aun así intentó pegarle en la cabeza con la sartén que tenía a medio enjabonar y Harry tuvo que esquivar el golpe. Luego le dio tareas que hacer, asegurándole que no comería hasta que hubiera acabado.
-PETUNIA- rugió Lily lanzando un rayo al fondo de la sala para sacar un poco de la frustración que tenia prendiendo fuego en un estante lleno de libros
Mientras Dudley no hacia otra cosa que mirarlo y comer helados, Harry limpió las ventanas, lavó el coche, cortó el césped, recortó los arriates, podó y regó los rosales y dio una capa de pintura al banco del jardín. El sol ardiente le abrasaba la nuca. Harry sabía que no tenía que haber picado el anzuelo de Dudley, pero éste le había dicho exactamente lo mismo que él estaba pensando..., que quizá tampoco en Hogwarts tuviera amigos.
«Tendrían que ver ahora al famoso Harry Potter», pensaba sin compasión, echando abono a los arriates, con la espalda dolorida y el sudor goteándole por la cara.
-Nunca me ha gustado como te tratan tus tíos Harry cariño- sonrio Molly con dulzura
-Lo se señora Weasley, pero usted compensaba eso todo los veranos que pase en su casa- respondió Harry devolviéndole la sonrisa- gracias por abrirme las puertas de su casa
-No es nada Harry cielo- dijo la señora Weasley abrazando a Harry con ternura
Eran las siete de la tarde cuando finalmente, exhausto, oyó que lo llamaba tía Petunia.
—¡Entra! ¡Y pisa sobre los periódicos!
Fue un alivio para Harry entrar en la sombra de la reluciente cocina. Encima del frigorífico estaba el pudín de la cena: un montículo de nata montada con violetas de azúcar. Una pieza de cerdo asado chisporroteaba en el horno.
—¡Come deprisa! ¡Los Mason no tardarán! —le dijo con brusquedad tía Petunia, señalando dos rebanadas de pan y un pedazo de queso que había en la mesa.
-QUE LE PASA, ESA NO ES COMIDA PARA UN NIÑO END ESARROLLO- rugió Lily fuera de si, no soportaba como su hermana trataba a su hijo, pero ya vería una vez que regresara a su tiempo.
Ella ya llevaba puesto el vestido de noche de color salmón.
Harry se lavó las manos y engulló su miserable cena. No bien hubo terminado, tía Petunia le quitó el plato.
—¡Arriba! ¡Deprisa!
-Petunia- bufaba Lily cada dos por tres, parecía que echaba humo por las orejas por el coraje
Al cruzar la puerta de la sala de estar, Harry vio a su tío Vernon y a Dudley con esmoquin y pajarita. Acababa de llegar al rellano superior cuando sonó el timbre de la puerta y al pie de la escalera apareció la cara furiosa de tío Vernon.
—Recuerda, muchacho: un solo ruido y...
-No lo amenaces ballena con patas- espeto Sirius con los ojos encendidos
Harry entró de puntillas en su dormitorio, cerró la puerta y se echó en la cama.
El problema era que ya había alguien sentado en ella.
¿Quién esta ahí?- inquirió Sirius saltando en su lugar
-No lo se, aquí termina el capitulo- contesto Hermione pasándole el libro a Ron
-Vamos Billy, comienza- urgió Sirius golpeando sus piernas con los puños cerrados
-¿Billy?- pregunto curioso Ron viendo a Sirius confundido
-Si, de seguro tu papa te puso de nombre Billius como al tío Billius, el primo de mi papa- contesto Sirius restándole importancia
-Yo… esto…- volteo a ver a su padre el cual sonrio complacido- bueno- se encogió de hombros y comenzó a leer
La advertencia de Dobby
-Así que así fue- exclamo Ron sonriendo a Harry
-Si, así fue, ya veras- rio Harry recordando el peor castigo de su vida
Harry no gritó, pero estuvo a punto. La pequeña criatura que yacía en la cama tenía unas grandes orejas, parecidas a las de un murciélago, y unos ojos verdes y saltones del tamaño de pelotas de tenis. En aquel mismo instante, Harry tuvo la certeza de que aquella cosa era lo que le había estado vigilando por la mañana desde el seto del jardín.
-Un elfo, no hay mas opción- observo Sirius con los puños firmemente cerrados
La criatura y él se quedaron mirando uno al otro, y Harry oyó la voz de Dudley proveniente del recibidor.
—¿Me permiten sus abrigos, señor y señora Mason?
Aquel pequeño ser se levantó de la cama e hizo una reverencia tan profunda que tocó la alfombra con la punta de su larga y afilada nariz. Harry se dio cuenta de que iba vestido con lo que parecía un almohadón viejo con agujeros para sacar los brazos y las piernas.
-Si, un elfo- dijo James asintiendo en dirección a su amigo
—Esto..., hola —saludó Harry, azorado.
—Harry Potter —dijo la criatura con una voz tan aguda que Harry estaba seguro de que se había oído en el piso de abaje—, hace mucho tiempo que Dobby quería conocerle, señor... Es un gran honor...
—Gra-gracias —respondió Harry, que avanzando pegado a la pared alcanzó la silla del escritorio y se sentó. A su lado estaba Hedwig, dormida en su gran jaula. Quiso preguntarle «¿Qué es usted?», pero pensó que sonaría demasiado grosero, así que dijo:
—¿Quién es usted?
-Bueno, al menos eres mas educado que tu padre- ironizo Remus con una sonrisa de lado
-Yo soy educado Monny- se defendió James con los brazos cruzados sobre el pecho
-Si, claro, tú si hubieras dicho que es usted en ves de quien es usted- rio Sirius divertido alborotándole el pelo a su amigo
—Dobby, señor. Dobby a secas. Dobby, el elfo doméstico —contestó la criatura.
—¿De verdad? —dijo Harry—. Bueno, no quisiera ser descortés, pero no me conviene precisamente ahora recibir en mi dormitorio a un elfo doméstico.
-Si, Harry es más educado que tú- afirmo Sirius con una sonrisa traviesa
-Mira Padfoot, tú estas igual, Kreacher… te suena- mascullo James con el ceño fruncido
-Pero el es malo con todo el sentido de la palabra- razono Sirius tratando de salirse por la tangente
-Ya como digas- hizo un ademan de manos restándole importancia
De la sala de estar llegaban las risitas falsas de tía Petunia. El elfo bajó la cabeza.
—Estoy encantado de conocerlo —se apresuró a añadir Harry—. Pero, en fin, ¿ha venido por algún motivo en especial?
—Sí, señor —contestó Dobby con franqueza—. Dobby ha venido a decirle, señor..., no es fácil, señor... Dobby se pregunta por dónde empezar...
—Siéntese —dijo Harry educadamente, señalando la cama.
Para consternación suya, el elfo rompió a llorar, y además, ruidosamente.
-No debiste decir eso Harry, se va a subir por las paredes al pensar que lo tratas como un igual y te meterás en problemas- dijo Sirius tapándose los ojos con las manos y negando abatido
-Si me lo hubiera dicho hace cuatro años me hubiera sido de utilidad- susurro Harry al oído de Ginny y esta sonrio divertida por lo irónico de la situación
—¡Sen-sentarme! —gimió—. Nunca, nunca en mi vida...
A Harry le pareció oír que en el piso de abajo hablaban entrecortadamente.
—Lo siento —murmuró—, no quise ofenderle.
—¡Ofender a Dobby! —repuso el elfo con voz disgustada—. A Dobby ningún mago le había pedido nunca que se sentara..., como si fuera un igual.
-Te lo dije- sonrio Sirius descubriendo sus ojos
Harry negó rodando los ojos y soltando un suspiro resignado
Harry, procurando hacer «¡chss!» sin dejar de parecer hospitalario, indicó a Dobby un lugar en la cama, y el elfo se sentó hipando. Parecía un muñeco grande y muy feo. Por fin consiguió reprimirse y se quedó con los ojos fijos en Harry, mirándole con devoción.
—Se ve que no ha conocido a muchos magos educados —dijo Harry, intentando animarle.
-No debiste decir eso- exclamo Sirius viendo como si fuera un objeto raro y extraño a Harry
-Sirius- grito Harry amenazando al chico con su varita- hace cuatro años hubiera sido de utilidad, pero no ahora- mascullo con exasperación
Dobby negó con la cabeza. A continuación, sin previo aviso, se levantó y se puso a darse golpes con la cabeza contra la ventana, gritando: «¡Dobby malo! ¡Dobby malo!»
Sirius iba a decir te lo dije, pero al ver la mirada de advertencia de ciertas pelirrojas decidió no decir nada
—No..., ¿qué está haciendo? —Harry dio un bufido, se acercó al elfo de un salto y tiró de él hasta devolverlo a la cama. Hedwig se acababa de despertar dando un fortísimo chillido y se puso a batir las alas furiosamente contra las barras de la jaula.
—Dobby tenía que castigarse, señor —explicó el elfo, que se había quedado un poco bizco—. Dobby ha estado a punto de hablar mal de su familia, señor.
-Por eso es que…
-Sirius- rugió Lily dándole un manotazo en la cabeza al chico de ojos grises
-Por que me pegas pelirroja- exclamo Sirius sobándose la nuca
-Yo ya aprendí que Harry ya sabe las cosas que se supone que nosotros debimos enseñarles y me pregunto donde rayos estas tú como para que no le muestres todo esto, al menos creo que podrías sacar a tu ahijado un par de días en el verano y pasarlo juntos y hablarle de nosotros, así que por favor, si no sales, no hables, que ya me estas comenzando a hartar.
-De acuerdo, pero no te sulfures pelirroja, te vas a avejentar muy pronto- asintió Sirius con tono burlesco, ganándose esta vez un chorro de agua por parte de Harry- todos contra mi, nomas por que soy demasiado apuesto, vamos, todos tírenle a Padfoot, si le das en la nariz ganar cincuenta puntos- ironizo el chico con la mirada ofendida
Harry y Ron estallaron en carcajadas recordando a cierto fantasma igual de melodramático y a cierto pelirrojo que dijo exactamente lo mismo en segundo año refiriendo a la misma fantasma. Tardaron cerca de diez minutos en tranquilizarse y cuando lo consiguieron, entre risas, Ron continuo con la lectura
—¿Su familia?
—La familia de magos a la que sirve Dobby, señor. Dobby es un elfo doméstico, destinado a servir en una casa y a una familia para siempre.
—¿Y saben que está aquí? —preguntó Harry con curiosidad.
-Nunca se te va a quitar ¿verdad?- susurro Ginny al oído de Harry
-Creo que no- respondió el chico con un encogimiento de hombros y una mueca un tanto extraña
-No importa, por eso te quiero, por eso y mil y un cosas mas- rio Ginny besando a Harry con ternura
Dobby se estremeció.
—No, no, señor, no... Dobby tendría que castigarse muy severamente por haber venido a verle, señor. Tendría que machucarse las orejas en la puerta del horno, si llegaran a enterarse.
—Pero ¿no advertirán que se ha machucado las orejas en la puerta del horno?
—Dobby lo duda, señor. Dobby siempre se está castigando por algún motivo, señor. Lo dejan de mi cuenta, señor. A veces me recuerdan que tengo que someterme a algún castigo adicional.
-Por eso mismo tenemos que seguir trabajando en la P.E.D.D.O, para evitar que magos como esos traten como alimañas a las criaturas mágicas que no pueden defenderse libremente- exclamo Hermione fulminando a Draco con la mirada, este le sostuvo la mirada lo mas que pudo, pero al final la desvió, nadie podía ganarle en terquedad a Hermione
-¿Peddo?- preguntaron James y Sirius divertidos
-No peddo, la P.E.D.D.O- exclamo Hermione con el ceño fruncido- el la Plataforma…
-Hermione, espera a que lleguemos a eso, por favor- pido Ron con voz suplicante
-Bien, pero solo por que esto es más importante- acepto Hermione cruzándose de brazos y recargándose en su lugar con el ceño fruncido
-¿Qué es la peddo?- susurro James a Harry con cuidado de que Hermione no lo viera
-Dos libros y lo sabrás- respondió Harry divertido
-Ya que- suspiro James con un encogimiento de hombros y prestando atención a Ron el cual comenzó a leer
—Pero ¿por qué no los abandona? ¿Por qué no huye?
—Un elfo doméstico sólo puede ser libertado por su familia, señor. Y la familia nunca pondrá en libertad a Dobby... Dobby servirá a la familia hasta el día que muera, señor.
Y tu liberaste al mío Potter- pensó Draco con odio, fulminando a su némesis con la mirada, este ni se inmuto.
Harry lo miró fijamente.
—Y yo que me consideraba desgraciado por tener que pasar otras cuatro semanas aquí —dijo—. Lo que me cuenta hace que los Dursley parezcan incluso humanos. ¿Y nadie puede ayudarle? ¿Puedo hacer algo?
No nos compares con tu familia Potter- pensó con amargura Draco, no lo podía exclamar en voz alta o el mismo se echaría la soga al cuello, y Harry y Ron disfrutaban esto con malvado placer y Hermione y Ginny no se quedaban atrás
Casi al instante, Harry deseó no haber dicho nada. Dobby se deshizo de nuevo en gemidos de gratitud.
—Por favor —susurró Harry desesperado—, por favor, no haga ruido. Si los Dursley le oyen, si se enteran de que está usted aquí...
—Harry Potter pregunta si puede ayudar a Dobby... Dobby estaba al tanto de su grandeza, señor, pero no conocía su bondad...
-Bondad, nobleza, valores morales, valentía…
-Ronald cállate, ya se por donde vas y no tienes que recordármelo cada cinco minutos- bufo Harry molesto fulminando a su amigo con la mirada
-Ya, esta bien, solo decía- se defendió Ron alzando el libro ante su cara con ambas manos
Harry, consciente de que se estaba ruborizando, dijo:
—Sea lo que fuere lo que ha oído sobre mi grandeza, no son más que mentiras. Ni siquiera soy el primero de la clase en Hogwarts, es Hermione, ella...
Pero se detuvo enseguida, porque le dolía pensar en Hermione.
-Perdona- dijo Hermione con la cara sonrosada
-No es tu culpa- dijo Harry palmeando el hombro de la chica
—Harry Potter es humilde y modesto —dijo Dobby, respetuoso. Le resplandecían los ojos grandes y redondos—. Harry Potter no habla de su triunfo sobre El-que-no-debe-ser-nombrado.
—¿Voldemort? —preguntó Harry.
Dobby se tapó los oídos con las manos y gimió:
—¡Señor, no pronuncie ese nombre! ¡No pronuncie ese nombre!
—¡Perdón! —se apresuró a decir—. Sé de muchísima gente a la que no le gusta que se diga..., mi amigo Ron...
Se detuvo. También era doloroso pensar en Ron.
-Yo…
-Ya basta los dos, los tres sabemos que paso, así que ya basta de eso, ¿quieren?- pidió Harry harto de tantas disculpas que para él eran inútiles y mas por algo de lo que sus amigos no habían tenido la culpa
Dobby se inclinó hacia Harry, con los ojos tan abiertos como faros.
—Dobby ha oído —dijo con voz quebrada— que Harry Potter tuvo un segundo encuentro con el Señor Tenebroso, hace sólo unas semanas..., y que Harry Potter escapó nuevamente.
Harry asintió con la cabeza, y a Dobby se le llenaron los ojos de lágrimas.
—¡Ay, señor! —exclamó, frotándose la cara con una punta del sucio almohadón que llevaba puesto—. ¡Harry Potter es valiente y arrojado! ¡Ha afrontado ya muchos peligros! Pero Dobby ha venido a proteger a Harry Potter, a advertirle, aunque más tarde tenga que pillarse las orejas en la puerta del horno, de que Harry Potter no debe regresar a Hogwarts.
-¿De que esta hablando?- inquirió James al borde de su puf
- No es obvio, el libro se llama la cámara secreta, algo tiene que ver con ella- observo Remus volteando a ver a los cuatro amigos, pero ellos no dijeron nada
Hubo un silencio, sólo roto por el tintineo de tenedores y cuchillos que venía del piso inferior, y el distante rumor de la voz de tío Vernon.
—¿Qué-qué? —tartamudeó Harry—. Pero si tengo que regresar; el curso empieza el 1 de septiembre. Eso es lo único que me ilusiona. Usted no sabe lo que es vivir aquí. Yo no pertenezco a esta casa, pertenezco al mundo de Hogwarts.
—No, no, no —chilló Dobby, sacudiendo la cabeza con tanta fuerza que se daba golpes con las orejas—. Harry Potter debe estar donde no peligre su seguridad. Es demasiado importante, demasiado bueno, para que lo perdamos. Si Harry Potter vuelve a Hogwarts, estará en peligro mortal.
-¿De que rayos esta hablando?- exclamo Sirius sorprendido- la cámara secreta es obra de Slytherin, todo el mundo lo sabe, un Gryffindor no tiene nada que ver con eso y además Harry es sangre mestiza, a él no tiene por que afectarle
-Si, si atacan a Hermione- dijo Remus volteando a ver a la chica castaña sentada en medio de Harry y Ron
Ron paso su brazo sobre los hombros de Hermione y esta se acurruco en ellos, Harry abrazo con fuerza a Ginny y el resto de los Weasley se tensaron un poco recordando lo que perdían por poco ese año. Ron, con un nudo en la garganta continuo con la lectura
—¿Por qué? —preguntó Harry sorprendido.
—Hay una conspiración, Harry Potter. Una conspiración para hacer que este año sucedan las cosas más terribles en el Colegio Hogwarts de Magia —susurró Dobby, sintiendo un temblor repentino por todo el cuerpo—. Hace meses que Dobby lo sabe, señor. Harry Potter no debe exponerse al peligro: ¡es demasiado importante, señor!
—¿Qué cosas terribles? —preguntó inmediatamente Harry—. ¿Quién las está tramando?
Dobby hizo un extraño ruido ahogado y acto seguido se empezó a golpear la cabeza furiosamente contra la pared.
-No puede decirte- Sirius hizo un ademan molesto con la mano, como le enfadaba esa actitud de los elfos
—¡Está bien! —gritó Harry, sujetando al elfo del brazo para detenerlo—. No puede decirlo, lo comprendo. Pero ¿por qué ha venido usted a avisarme? —Un pensamiento repentino y desagradable lo sacudió—. ¡Un momento! Esto no tiene nada que ver con Vol..., perdón, con Quien-usted-sabe, ¿verdad? Basta con que asiente o niegue con la cabeza —añadió apresuradamente, porque Dobby ya se disponía a golpearse de nuevo contra la pared.
Dobby movió lentamente la cabeza de lado a lado.
—No, no se trata de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado, señor.
Pero Dobby tenía los ojos muy abiertos y parecía que trataba de darle una pista.
¿Qué tratara de estar diciendo?- pendo Lily comenzando a hacer anotaciones mentales para comenzar a armar un rompecabezas, tomo un pergamino que apareció frente a ella, en la mesilla de centro y comenzó a escribir con apremio
-¿Qué haces Lily?- pregunto James acercando a su novia para ver que hacia
-Anotando lo que creo importante, quiero saber de que se trata y no esperarme hasta el final- explico Lily dejando el pergamino sobre sus piernas una vez terminado de escribir
-Bien pensado- alabo James abrazando a Lily con ternura- cuenta conmigo
Lily asintió y beso a James ante la mirada furiosa de Snape
Harry, sin embargo, estaba completamente desorientado.
—Él no tiene hermanos, ¿verdad?
Dobby negó con la cabeza, con los ojos más abiertos que nunca.
-Lily volvió a escribir, esto se le hacia extraño, muy extraño
—Bueno, siendo así, no puedo imaginar quién más podría provocar que en Hogwarts sucedieran cosas terribles —dijo Harry—. Quiero decir que, además, allí está Dumbledore. ¿Sabe usted quién es Dumbledore?
Dobby hizo una inclinación con la cabeza.
—Albus Dumbledore es el mejor director que ha tenido Hogwarts. Dobby lo sabe, señor. Dobby ha oído que los poderes de Dumbledore rivalizan con los de Aquel-que-no-debe-ser-nombrado. Pero, señor —la voz de Dobby se transformó en un apresurado susurro—, hay poderes que Dumbledore no..., poderes que ningún mago honesto...
Y antes de que Harry pudiera detenerlo, Dobby saltó de la cama, cogió la lámpara de la mesa de Harry y empezó a golpearse con ella en la cabeza lanzando unos alaridos que destrozaban los tímpanos.
James tomo el pergamino e hizo una anotación, Lily la leyó y asintió satisfecha
En el piso inferior se hizo un silencio repentino. Dos segundos después, Harry, con el corazón palpitándole frenéticamente, oyó que tío Vernon se acercaba, explicando en voz alta:
—¡Dudley debe de haberse dejado otra vez el televisor encendido, el muy travieso!
—¡Rápido! ¡En el ropero! —dijo Harry, empujando a Dobby, cerrando la puerta y echándose en la cama en el preciso instante en que giraba el pomo de la puerta.
—¿Qué demonios estás haciendo? —preguntó tío Vernon rechinando los dientes, su cara espantosamente cerca de la de Harry—. Acabas de arruinar el final de mi chiste sobre el jugador japonés de golf... ¡Un ruido más, y desearás no haber nacido, mocoso!
-Eso va en el otro- exclamo James tomando el pergamino en el que Sirius estaba escribiendo
-Prongs, yo lo estaba utilizando- renegó Sirius cruzándose de brazos y haciendo un puchero
-Yo termino, no te preocupes, siempre hacemos eso- rio James pasándole el pergamino a Remus el cual leyó y anoto unas cosas después de tachar otras
-¿Esto es siempre?- preguntaron Harry y Ron sorprendidos
-Si, así hacemos nuestros planes- dijo James con orgullo y los otros dos asintieron en acuerdo
Tío Vernon salió de la habitación pisando fuerte con sus pies planos.
Harry, temblando, abrió la puerta del armario y dejó salir a Dobby.
—¿Se da cuenta de lo que es vivir aquí? —le dijo—. ¿Ve por qué debo volver a Hogwarts? Es el único lugar donde tengo..., bueno, donde creo que tengo amigos.
—¿Amigos que ni siquiera escriben a Harry Potter? —preguntó maliciosamente.
-Él tomo tus cartas- exclamo ofendido Sirius volteando a ver a Harry el cual solo asintió- siento lo que dije- volteo a ver a Ron y Hermione
-No importa, ya paso- respondió Hermione y al ver la cara de Harry de sorpresa dijo- ya vi, ya entendí, ¿contento?
-Mejor- repuso Harry sonriendo divertido
—Supongo que habrán estado... ¡Un momento! —dijo Harry, frunciendo el entrecejo—. ¿Cómo sabe usted que mis amigos no me han escrito?
Dobby cambió los pies de posición.
—Harry Potter no debe enfadarse con Dobby. Dobby pensó que era lo mejor...
—¿Ha interceptado usted mis cartas?
-Y sale el coraje Evans a flote- festejo Sirius ganándose un manotazo en la nuca por parte de Lily y un morete de cerbatana por parte de Harry
-Oye ¿Qué es eso?- señalo Sirius a la cerbatana de Harry sorprendido
-Solo pedí algo para golpearte a distancia y esto apareció, creo que se llama cerbatana- dijo Harry observando el tubito alargado donde le ponía las pequeñas esferitas que lanzaba a Sirius y le pegaban en la cara o donde le apuntara
-Oye, eso duele- dijo Sirius sobando el brazo donde le había dado una esferita color bronce
-No es un cariñito- respondió Harry divertido
-Yo quiero una- mascullo Sirius molesto esperando que apareciera para contraatacar al chico
-No se puede, pedí que solo yo pudiera pedirlas- respondió Harry orgulloso de si mismo
-Pídeme una- exigió Sirius con actitud retadora
-No- dijo Harry retadoramente
-Si- ataco Sirius mirando al chico directo a los ojos, como se parecía al Sirius adulto en esa pose, Harry respiro profundo y dijo
-No
-Si
-No
-Si
-Si
-No- dijo Sirius haciendo reír a Harry y compañía
-Amigo, ya te afectaron- exclamo Ron entre carcajadas
-Solo un poco- respondió Harry sujetándose el estomago, de tanto reír le dolía
-Prongs, dile a tu hijo que…
-No, te gano por la buena y ya sabes la regla-dijo James conteniendo la risa
-Ya que- se resigno Sirius haciendo pucheros como niño derrotado- pero esto no se queda así, ya pensare algo con lo que vengarme
-Estoy temblando- se burlo Harry divertido
Sirius bufo molesto y volteo el rostro para no ver el que seria su ahijado
—Dobby las tiene aquí, señor —dijo el elfo, y escapando ágilmente del alcance de Harry, extrajo un grueso fajo de sobres del almohadón que llevaba puesto. Harry pudo distinguir la esmerada caligrafía de Hermione, los irregulares trazos de Ron, y hasta un garabato que parecía salido de la mano de Hagrid, el guardabosque de Hogwarts.
Dobby, inquieto, miró a Harry y parpadeó.
—Harry Potter no debe enfadarse... Dobby pensaba... que si Harry Potter creía que sus amigos lo habían olvidado... Harry Potter no querría volver al colegio, señor.
Harry no escuchaba. Se abalanzó sobre las cartas, pero Dobby lo esquivó.
-Maldito elfo- exclamo James furioso, volteo a ver a Sirius y al ver que este seguía enfurruñado rio por lo bajo para que su amigo no se diera cuenta
—Harry Potter las tendrá, señor, si le da a Dobby su palabra de que no volverá a Hogwarts. ¡Señor, es un riesgo que no debe afrontar! ¡Dígame que no irá, señor!
—¡Iré! —dijo Harry enojado—. ¡Déme las cartas de mis amigos!
—Entonces, Harry Potter no le deja a Dobby otra opción —dijo apenado el elfo.
Antes de que Harry pudiera hacer algún movimiento, Dobby se había lanzado como una flecha hacia la puerta del dormitorio, la había abierto y había bajado las escaleras corriendo.
-Que piensa hacer ese elfo del demonio- murmuro James rezando para que nada malo pasara
Con la boca seca y el corazón en un puño, Harry salió detrás de él, intentando no hacer ruido. Saltó los últimos seis escalones, cayó como un gato sobre la alfombra del recibidor y buscó a Dobby. Del comedor venía la voz de tío Vernon que decía:
—... señor Mason, cuéntele a Petunia aquella divertida anécdota de los fontaneros americanos, se muere de ganas de oírla...
-Maldita ballena con patas- mascullo Sirius entre dientes pero evitando voltear a ver a los chicos
Harry volteo a ver a su padre y al ver que este reía también comenzó a reír por la actitud tan infantil de su padrino. Severus no lo podía creer, ese niño Potter era igual a su padre o siempre lo había creído y ahora… no, no podía permitirse esos pensamientos absurdos
Harry cruzó el vestíbulo, y al llegar a la cocina, sintió que se le venía el mundo encima.
El pudín magistral de tía Petunia, el montículo de nata y violetas de azúcar, flotaba cerca del techo. Dobby estaba en cuclillas sobre el armario que había en un rincón.
-No- chillo James sabiendo lo que se venia
Harry estallo en carcajadas seguido de Ron y las chicas y el resto de la sala vio raro su comportamiento mas no dijo nada
—No —rogó Harry con voz ronca—. Se lo ruego..., me matarán...
James y los demás al darse cuenta de esto también comenzaron a reír a mandíbula abierta, los únicos que conservaban la postura eran los dos Slytherin y con muchísimo esfuerzo McGonagall, aunque una comisura de su boca se tensaba un poco
—Harry Potter debe prometer que no irá al colegio.
—Dobby..., por favor...
—Dígalo, señor...
—¡No puedo!
—Entonces Dobby tendrá que hacerlo, señor, por el bien de Harry Potter.
El pudín cayó al suelo con un estrépito capaz de provocar un infarto. El plato se hizo añicos y la nata salpicó ventanas y paredes. Dando un chasquido como el de un látigo, Dobby desapareció.
Del comedor llegaron unos alaridos y tío Vernon entró de sopetón en la cocina y halló a Harry paralizado por el susto y cubierto de la cabeza a los pies con los restos del pudín de tía Petunia.
Al principio le pareció que tío Vernon aún podría disimular el desastre («nuestro sobrino, ya ven..., está muy mal..., se altera al ver a desconocidos, así que lo tenemos en el piso de arriba...»). Llevó a los impresionados Mason de nuevo al comedor, prometió a Harry que, en cuanto se fueran, lo desollaría vivo, y le puso una fregona en las manos.
-Padfoot agárrame que ahora si lo mato- dijo James poniéndose de pie y caminado hacia la puerta, enseguida sus dos amigos corrieron a sujetarlo para que no hiciera algo estúpido y le pusieron el pergamino entre sus manos en cuanto lograron calmarlo y sentarlo en su lugar
-Escribe cuanto quieras, el límite es el cielo- sonrio Sirius malévolamente en complicidad con sus dos amigos
-Ya sabes, todos juntos- agrego Remus con una sonrisa nada propia de él, era un tanto aterradora
Tía Petunia sacó helado del congelador y Harry, todavía temblando, se puso a fregar la cocina.
Tío Vernon podría haberlo solucionado de esta manera, si no hubiera sido por la lechuza.
-Amonestación por magia que él no hizo, eso es mas que injusto, con esto solo lograran que lo castiguen mas todavía- bufo James anotando otra bromas y esperando a que apareciera el nombre de su victima para anotarlo
En el preciso instante en que tía Petunia estaba ofreciendo a sus invitados unos bombones de menta, una lechuza penetró por la ventana del comedor, dejó caer una carta sobre la cabeza de la señora Mason y volvió a salir. La señora Mason gritó como una histérica y huyó de la casa exclamando algo sobre los locos. El señor Mason se quedó sólo lo suficiente para explicarles a los Dursley que su mujer tenía pánico a los pájaros de cualquier tipo y tamaño, y para preguntarles si aquélla era su forma de gastar bromas.
Harry estaba en la cocina, agarrado a la fregona para no caerse, cuando tío Vernon avanzó hacia él con un destello demoníaco en sus ojos diminutos.
—¡Léela! —dijo hecho una furia y blandiendo la carta que había dejado la lechuza—. ¡Vamos, léela!
Harry la cogió. No se trataba de ninguna felicitación por su cumpleaños.
-Era de esperarse- bufo Sirius cuchicheándole a James en el oído algo sobre furúnculos morados con una sonrisa macabra en el rostro de los tres chicos
Estimado Señor Potter:
Hemos recibido la información de que un hechizo levitatorio ha sido usado en su lugar de residencia esta misma noche a las nueve y doce minutos.
Como usted sabe, a los magos menores de edad no se les permite realizar conjuros fuera del recinto escolar y reincidir en el uso de la magia podría acarearle la expulsión del colegio (Decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad, 1875, artículo tercero).
Asimismo le recordamos que se considera falta grave realizar cualquier actividad mágica que entrañe un riesgo de ser advertida por miembros de la comunidad no mágica o muggles (Sección decimotercera de la Confederación Internacional del Estatuto del Secreto de los Brujos).
¡Que disfrute de unas buenas vacaciones!
Afectuosamente,
Mafalda Hopkirk
Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia
Ministerio de Magia
-Mafalda, no sabes en el lio en el que te has metido, mi querida amiga- dijo Remus frotándose las manos con parsimonia y placer
-¿La conocen?- inquirió Harry sorprendido
-Si, compañera prefecta de Lily y mía, solo que es de Ravenclaw- explico Remus volteando a ver al chico el cual estaba sorprendido
-¿De casualidad conocen a una tal Dolores Umbrige?- sonrio Ginny uniéndose a James y compañía en su venganza
-Si pequeña furia roja- dijo Sirius volteando a ver a la chica sorprendido- iba un año arriba de nosotros en el colegio, solo que en Slytherin- explico el chico sin despegarle la vista
-Tenia que ser- sonrio Ginny complacida viendo lo que estaban escribiendo
-¿Por que la pregunta? Pequeña furia- volteo a verla James con ojos escrutadores
-Solo les dará mucha tela de donde cortar, mas que el profesor Snape, yo diría que le vallan reservando un pergamino a ella sola- dijo Ginny regresando junto a Harry el cual sonrio complacido
-No te adelantes- susurró Harry al oído de su novia en cuanto llego
-Solo un poco de ayuda no les hará daño, además no dije el por que- sonrio Ginny picaronamente besando a su novio con mas pasión de la debida frente a sus padres
Molly y Lily carraspearon con sonoridad haciendo separase a los chicos un tanto sonrojados
-Lo siento- dijeron ambos cohibidos en su lugar
Molly y Lily sonrieron la una a la otra, esa unión les gustaba y mucho
Harry levantó la vista de la carta y tragó saliva.
—No nos habías dicho que no se te permitía hacer magia fuera del colegio —dijo tío Vernon, con una chispa de rabia en los ojos—. Olvidaste mencionarlo... Un grave descuido, me atrevería a decir...
-No fue descuido, fue por seguridad personal- dijo Harry alzando el dedo y haciendo reír a sus amigos en complicidad con el chico de ojos verdes y cicatriz en forma de rayo, salvador del mundo mágico
Se echaba por momentos encima de Harry como un gran buldog, enseñando los dientes.
—Bueno, muchacho, ¿sabes qué te digo? Te voy a encerrar... Nunca regresarás a ese colegio... Nunca... Y si utilizas la magia para escaparte, ¡te expulsarán!
Y, riéndose como un loco, lo arrastró escaleras arriba.
-Es más cabeza hueca de lo que pensaba, esto necesita medidas especiales- exclamo Sirius tomando la batuta a la hora de escribir y comenzó a escribir con una rapidez propia de Hermione a la hora de entregar sus trabajos finales
-Si así es ahorita, espera un par de líneas mas- susurro Harry a Ginny y esta asintió satisfecha, no le gustaba saber que su novio sufría, ya lo sabia, pero no de esa forma, relatado con lujo de detalle
Tío Vernon fue tan duro con Harry como había prometido. A la mañana siguiente, mandó poner una reja en la ventana de su dormitorio e hizo una gatera en la puerta para pasarle tres veces al día una mísera cantidad de comida. Sólo lo dejaban salir por la mañana y por la noche para ir al baño. Aparte de eso, permanecía encerrado en su habitación las veinticuatro horas del día.
-Maldita bestia inhumana- rugió furiosa McGonagall, se volteo a ver a Dumbledore con mirada firme y como si fuera a maldecirlo con la mismísima maldición asesina exclamo- le dije Dumbledore, le advertí, hace quince años que Harry sufriría muchísimo en casa de sus tíos pero no me hizo caso y ahora vea las consecuencias, ese no es el trato que se le da a un niño de doce años
-Estoy de acuerdo director, ya se que Potter no es una blanca palomita, pero no es forma de castigar a alguien, ni en el colegio se hace eso con los infractores- exclamo molesto Snape
-Snape… ¿te estas escuchando, viejo… enemigo?- dijo James mas que sorprendido.
Sirius estaba mudo de la impresión y Remus casi se caía de su puf por lo dicho por el pocionista. Harry y Ron no estaban mejor que los merodeadores, estaba con la boca abierta, Hermione y Ginny no apartaban la mirada del profesor de pociones y los gemelos literalmente si se cayeron de sus respectivos pufs para atrás
-Si me escuche, esa no es forma de tratar a un niño, y menos… no es la forma, simplemente- dijo Severus de forma seria.
Lily lo volteo a ver y sin mas se paro y lo abrazo como hacia años que no lo hacia, Severus, un tanto sorprendido respondió el abrazo, sus facciones se relajaron un poco y sonrio a su vieja amiga con un deje de tristeza
-Ya sabía yo que dentro de ti todavía estaba el chico que fue mi amigo por tantos años y que me contaba cosas increíbles antes de entrar al colegio- sonrio Lily separándose de Snape
-¿Fueron amigos?- susurro Harry a sus amigos los cuales estaban igual de sorprendidos
-Ni idea- contesto Hermione viendo la escena asombrada
-Ron, continua, quieres- pidió Harry con un susurro casi inaudible, no sabia que estaba pasando, le mundo se había vuelto loco o algo peor.
Al cabo de tres días, no había indicios de que los Dursley se hubieran apiadado de él, y Harry no encontraba la manera de escapar de su situación. Pasaba el tiempo tumbado en la cama, viendo ponerse el sol tras la reja de la ventana y preguntándose entristecido qué sería de él.
¿De qué le serviría utilizar sus poderes mágicos para escapar de la habitación, si luego lo expulsaban de Hogwarts por hacerlo? Por otro lado, la vida en Privet Drive nunca había sido tan penosa. Ahora que los Dursley sabían que no se iban a despertar por la mañana convertidos en murciélagos, había perdido su única defensa. Tal vez Dobby lo había salvado de los horribles sucesos que tendrían lugar en Hogwarts, pero tal como estaban las cosas lo mas probable era que muriese de inanición
-Eso no lo permitiremos- dijo Molly sonriendo a Harry el cual asintió estrechando a Ginny entre sus brazos
Se abrió la gatera y apareció la mano de tía Petunia, que introdujo en la habitación un cuenco de sopa de lata. Harry, a quien las tripas le dolían de hambre, saltó de la cama y se abalanzó sobre el cuenco. La sopa estaba completamente fría, pero se bebió la mitad de un trago. Luego se fue hasta la jaula de Hedwig y le puso en el comedero vacío los trozos de verdura embebidos del caldo que quedaban en el fondo del cuenco.
-Petunia, ya me las pagaras cuando regrese a casa este verano- sentencio Lily una vez regresado a su lugar desde los brazos de un James sorprendido y arrebatándole el pergamino a Sirius el cual aun no respondía al impacto de ver a Snape defendiendo al hijo de James
La lechuza erizó las plumas y lo miró con expresión de asco intenso.
—No debes despreciarlo, es todo lo que tenemos —dijo Harry con tristeza.
Volvió a dejar el cuenco vacío en el suelo, junto a la gatera, y se echó otra vez en la cama, casi con más hambre que la que tenía antes de tomarse la sopa.
-Descuida, ya veras como todo sale bien- sonrio Harry a Ginny la cual asintió con un leve escalofrió
Suponiendo que siguiera vivo cuatro semanas más tarde, ¿qué sucedería si no se presentaba en Hogwarts? ¿Enviarían a alguien a averiguar por qué no había vuelto? ¿Podrían conseguir que los Dursley lo dejaran ir?
-Claro que hubiéramos mandado a alguien a buscarte- dijo McGonagall con la voz seria viendo a Harry con una sonrisa oculta en la comisura de sus labios finos
La habitación estaba cada vez más oscura. Exhausto, con las tripas rugiéndole y el cerebro dando vueltas a aquellas preguntas sin respuesta, Harry concilió un sueño agitado.
Soñó que lo exhibían en un zoo, dentro de una jaula con un letrero que decía «Mago menor de edad». Por entre los barrotes, la gente lo miraba con ojos asombrados mientras él yacía, débil y hambriento, sobre un jergón. Entre la multitud veía el rostro de Dobby y le pedía ayuda a voces, pero Dobby se excusaba diciendo: «Harry Potter está seguro en este lugar, señor», y desaparecía. Luego llegaban los Dursley, y Dudley repiqueteaba los barrotes de la jaula, riéndose de él.
-Hijo, tienes una gran imaginación- exclamo James saliendo de su estupor
-La saco de ti Prongs- exclamo Sirius pasando el brazo por los hombros de su amigo y zarandeándolo un poco con una sonrisa traviesa
—¡Para! —dijo Harry, sintiendo el golpeteo en su dolorida cabeza—. Déjame en paz... Basta ya..., estoy intentando dormir...
Abrió los ojos. La luz de la luna brillaba por entre los barrotes de la ventana. Y alguien, con los ojos muy abiertos, lo miraba tras la reja: alguien con la cara llena de pecas, el pelo cobrizo y la nariz larga.
Yo estaba afuera en la ventana.-termino de leer Ron con orgullo, el pecho inflado y los hombros en alto.
-Eso no es para que este orgullo jovencito-exclamo Molly borrando la sonrisa orgullosa de el rostro de Ron
-Pero mama, solo salvábamos a nuestro amigo- exclamo Fred ofendido
-Si mama, se estaba muriendo de hambre- complemento George viendo a su madre con sorpresa
-Y ves, si tenia barrotes en su ventana- reclamo Ron señalando el libro con el dorso de su mano
-Y como les dije ese día, yo podre barrotes en sus respectivas ventanas- dijo Molly con voz seria pero por dentro estaba orgullosa de sus hijos- si ya terminaste, pásale el libro a Harry para que continúe leyendo
-Si mama- dijo Ron pasándole el libro a su amigo, el cual, con cierto recelo pero sin poder contradecir, lo tomo entre sus manos y se dispuso a leer, bueno al menos ese capitulo no era nada malo, se divertiría un poco
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