Harry latino

jueves, 13 de diciembre de 2012

Los Lombotton, El sombrero Seleccionador


Ya puedo comenzar- exclamo Lily sentada desde su puf color rojo con la vista fija en la mesa donde todavía estaban sentados tres glotones


No pelirroja, ¿Qué no ves que aun seguimos comiendo?- tercio Sirius llevándose un tenedor con Beicon a la boca

¿Es que nunca terminaran de comer?- inquirió Ginny sentada a un lado de harry, el cual reía por la actitud de los tres varones

Ya ni harry come tanto- ironizo Hermione sentada al otro lado del susodicho

Hermione, no como tanto por no estoy acostumbrado a comer como un cerdo- se mofo harry al ver a su pelirrojo amigo llevarse una buena rasión de puré de patatas a la boca a rebozar

O no sy cdro- intento decir Ron con la boca llena

Ronald, no se habla con la boca llena- lo reprendió su madre desde su sillón en frente de Lily

Lo seno am- contesto el chico aun con la boca llena

Qu asqueroso- dijo Hermione con un leve escalofrió

Bueno, como sea, yo comenzare- informo Lily abriendo el libro por la pagina 54, aclarándose la garganta se dispuso a leer

Pelirroja, no puedes comenzar a leer sin el padrino estrella de esta historia, ¿que tal que aparezco y yo sin estar presente?- inquirió el chico limpiando su cuchara del betún de chocolate del pastel de chocolate que se estaba comiendo (coincidencia, no lo creo, eso es lo que hago)

Sirius, no flotas un par de centímetros sobre el suelo nomas por que los pies te pesan mucho- se mofo Lily entre molesta y divertida

¿Me estas diciendo patón?- inquirió Sirius molesto

No… para nada- repuso Lily con sarcasmo

Mas te vale pelirroja- exclamo el chico sentándose en su puf a dos del de ella

Amigo, creo que si te dijo patón- le informo James sentándose en su lugar

Ya lo sabia- mascullo el chico entre dientes fulminando a la pelirroja con la mirada la cual le enviaba su sonrisa mas traviesa por debajo del brazo estirado de su novio

Mama, mejor comienza a leer antes de que Sirius se porte mas infantil de lo que ya lo hace- pidió harry con un asentimiento de cabeza divertido

¿Podría volverse todavía más infantil?- exclamo Hermione horrorizada

Créeme, creo que aun no hemos visto nada- se mofo Harry con un ademan de mano y negando significativamente con los ojos entornados

En eso esta en lo cierto, joven Potter- aprobó Severus en su cabeza, pero sin decir nada, ya eran muchas las coincidencias que había entre ellos dos

Bueno, creo que mejor comienzo- dijo Lily al ver que ya todos, incluido Remus, el cual se acababa de sentar al lado de James prestaba atención

 

El sombrero seleccionador


Al fin sabré en que casa estas- exclamo inquieto James en su lugar con ligeros saltitos

No es obvio- susurro por lo bajo Harry a Ron al cual rio con disimulo al ver que traían las capas del colegio uno con la insignia de prefecto y otro con la de capitán de Quidditch

La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un ros­tro muy severo, y el primer pensamiento de Harry fue que se trataba de alguien con quien era mejor no tener problemas.
—Los de primer año, profesora McGonagall —dijo Hagrid.

En eso tienes razón- dijeron James, George, Sirius y Fred a la vez

Pero nunca se ha molestado tanto con nosotros- informo James con una ademan de mano como de duda

Solo uno que otro castigo, nada grave- concordó Sirius sonriendo picaronamente a su profesora

Un par de puntos menos…- se les unió Remus con una sonrisa cómplice a James

Pero por lo demás…- sonrio James con orgullo en sus ojos cafés

Nada grave- sonrieron los tres divertidos, esperando la reacción de la profesora McGonagall, la cual los fulmino con la mirada, pensando que tal vez debió ponerles castigos más duros a esos tres

Si… opinamos lo mismo- tercio George apuntándose a él y a su hermano

Ni siquiera nos hizo nada cuando…

Fred cállate o te meterás en problemas con mama- lo cayo Ginny abruptamente salvando a su hermano de una metedura de pata

¿De que hablas Ginevra?- inquirió Molly viendo a su hija entre molesta y curiosa

De cosas que ya te enteraras mama- sonrio Ginny abrazada a su novio el cual sonrio encogiéndose de hombros a la que seria su suegra con timidez- todo a su tiempo, no te adelantes ¿si?- pidió la pequeña de las pelirrojas con timidez

Muy bien, pero con que sea algo realmente malo o que tenga que ver con su tienda, ya verán como les va- lo amenazo la Sra. Weasley con su dedo índice a ambos chicos

Creo, mi querido hermano, que es mejor ir haciendo nuestro epitafio- susurro Fred a George el cual asintió con una mirada de horror

Si, lo mas probable es que no salgamos de aquí con vida- susurro su gemelo viendo a su madre la cual perecía hechas fuego por las orejas

O nuestras nalgas no volverán a ser las mismas- sonrio Fred recordando la vez en que su padre lo había regaño y él juro que su nalga no había vuelto a ser la misma

Ni que lo digas hermano, ni que lo digas- negó George recordando esa memorable fecha

—Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.
Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la casa de los Durs­ley en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con res­plandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.

Desde el primer día que vi el castillo me enamore de él, es que es hermoso, sus dormitorios, sus aulas, su biblioteca, los jardines, todo, incluso el bosque prohibido me gusta- exclamo Lily interrumpiendo la lectura con un suspiro audible para cualquiera

Y cuando lo dejas es aun más difícil oír hablar de él, por que extrañas el estar ahí- exclamo el Sr Weasley con un suspiro de añoranza

Siguieron a la profesora McGonagall a través de un ca­mino señalado en el suelo de piedra. Harry podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la dere­cha (el resto del colegio debía de estar allí), pero la profesora McGonagall llevó a los de primer año a una pequeña habita­ción vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.

Ese lugar asusta un poco cuando llegas por primera vez y te encuentras con los fantasmas- exclamo Sirius aferrando el brazo de la pelirroja, esta volteo a verlo y negó divertida

—Bienvenidos a Hogwarts —dijo la profesora McGona­gall—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestro lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mien­tras estéis aquí, vuestras casas serán como vuestra familia en Hogwarts. Tendréis clases con el resto de la casa que os to­que, dormiréis en los dormitorios de vuestras casas y pasa­réis el tiempo libre en la sala común de la casa.
»Las cuatro casas se llaman

Gryffindor- sonrio James divertido

Hufflepuff- exclamo Remus con solemnidad

Ravenclaw- repuso Sirius con una sonrisa ancha en el rosto

Y Slytherin- bufaron los tres con asco en la voz

No es tan mala esa casa- murmuro Snape por lo bajo

Claro que no Snape… solo ha dado a los peores magos de la historia- se burlo Sirius con una sonrisa despectiva

No vuelvas a decir eso- lo amenazo Snape con la varita apuntando al pecho

Si te molesta es por que es verdad- rio James bajando la varita de Snape con un ademan de mano- ahora baja eso antes de que se lo encajes a alguien en el ojo

Solo que sea a ti- repuso Snape con frialdad

Severus recuerda la carta- exclamo Dumbledore interponiéndose entre los dos

Severus se dejo caer en su lugar, no sabia como se había puesto de pie, pero realmente estaba molesto y Draco no se quedaba atrás, pero viendo las cosas como estaban no le convenía hablar, pues estaba en territorio enemigo, rodeado de leones

Gryffindor, Hufflepuff, Ra­venclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble histo­ria y cada una ha producido notables brujas y magos. Mien­tras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor.
Copa que hemos conseguido por cinco años seguidos- exclamaron Harry y Ron con orgullo mirando a Draco con sorna

Este los fulmino con la mirada, se volvió hacia Lily y no dijo nada. Harry y Ron reían por lo bajo, disfrutando el momento

Espero que todos vosotros seréis un orgullo para la casa que os toque.
»La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de po­cos minutos, frente al resto del colegio. Os sugiero que, mien­tras esperáis, os arregléis lo mejor posible.
Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Neville, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y en la nariz manchada de Ron. Con nerviosismo, Harry tra­tó de aplastar su cabello.
—Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremo­nia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperad tranquilos.
Salió de la habitación. Harry tragó con dificultad.
—¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos? —preguntó a Ron.
—Creo que es una especie de prueba. Fred dice que due­le mucho, pero creo que era una broma.

Aun me pregunto como es que te creías todo- inquirió Fred divertido

Fred- lo riño la señora Weasley con mirada fulminante

Mama, no es nada malo, solo una pequeña broma a nuestro hermano menor- se encogió de hombros George en son de disculpa

El corazón de Harry dio un terrible salto. ¿Una prueba? ¿Delante de todo el colegio? Pero él no sabía nada de magia todavía... ¿Qué haría? No esperaba algo así, justo en el momen­to en que acababan de llegar. Miró temblando a su alrededor y vio que los demás también parecían aterrorizados. Na­die hablaba mucho, salvo Hermione Granger, que susurraba muy deprisa todos los hechizos que había aprendido y se preguntaba cuál necesitaría.

Lily, cariño, tu hacías exactamente lo mismo ¿recuerdas?- inquirió James pícaro viendo a su novia con ojos de bobo

Si, pero era joven y no sabia lo que me esperaba- repuso Lily con una sonrisa traviesa

Al menos sentía lo mismo que yo- dijo Harry por lo bajo a Ginny la cual rio divertida

Harry intentó no escucharla. Nun­ca había estado tan nervioso, nunca, ni siquiera cuando tuvo que llevar a los Dursley un informe del colegio que decía que él, de alguna manera, había vuelto azul la peluca de su maes­tro. Mantuvo los ojos fijos en la puerta. En cualquier momento, la profesora McGonagall regresaría y lo llevaría a su juicio final.

¡Que dramático!- se mofo Sirius viendo a su futuro ahijado con burla

Harry le mostro la lengua molesto

Entonces sucedió algo que le hizo dar un salto en el aire... Muchos de los que estaban atrás gritaron.
—¿Qué es...?
Resopló. Lo mismo hicieron los que estaban alrededor. Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pa­red de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transpa­rentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo. El que parecía un monje gordo y pequeño, decía:
—Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad...
—Mi querido Fraile, ¿no le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece?

¿Sigue en la escuela?- inquirieron James y Sirius con esperanza

Si, sigue en la escuela y es un revoltoso- exclamo Harry recordando todas las que le había jugado el poltergueit

Nos ha dado mala fama a to­dos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad... ¿Y qué estáis haciendo todos vosotros aquí?
El fantasma, con gorguera y medias, se había dado cuen­ta de pronto de la presencia de los de primer año.
Nadie respondió.
—¡Alumnos nuevos! —dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos—. Estáis esperando la selección, ¿no?
Algunos asintieron.
—¡Espero veros en Hufflepuff—continuó el Fraile—. Mi antigua casa, ya sabéis.
—En marcha —dijo una voz aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.
La profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.
—Ahora formad una hilera —dijo la profesora a los de primer año— y seguidme.

Profesora, esa actitud asusta un poco ¿sabe?- exclamo James volteando a ver a McGonagall intimidado

El asunto, Sr Potter, es que los alumnos tienen que saber respetar las normas, aunque algunos…- volteo a ver al trió dorado- se las pasan como agua

James volteo a ver a los tres chicos los cuales reían disimuladamente

Con la extraña sensación de que sus piernas eran de plo­mo, Harry se puso detrás de un chico de pelo claro, con Ron tras él. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestí­bulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.
Harry nunca habría imaginado un lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabece­ra del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores.
Me encanta ese lugar- tercio Remus con tono soñador recordando su primer día ahí
La profesora McGonagall condujo allí a los alum­nos de primer año y los hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los estudian­tes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Para evitar todas las miradas, Harry levantó la vista y vio un te­cho de terciopelo negro, salpicado de estrellas. Oyó susurrar a Hermione: «Es un hechizo para que parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts».
Sigo pensando que eres la única que lo ha leído Hermione- exclamo Ron sorprendido

No Ron, no es la única, yo también lo he leído- respondió Lily con una sonrisa de complicidad a Hermione, la cual se la correspondió

Ron volteo a ver a una y a otra y encogiéndose de hombros para restarle importancia fijo su vista en el libro amarrillo que tenia Lily en las manos
Era difícil creer que allí hubiera techo y que el Gran Co­medor no se abriera directamente a los cielos.
Harry bajó la vista rápidamente, mientras la profesora McGonagall ponía en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso un som­brero puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy sucio. Tía Petunia no lo habría admitido en su casa.
Si… tienes razón, Petunia no lo habría aceptado en casa- exclamo Lily sonriendo a Harry con ternura
Tal vez tenían que intentar sacar un conejo del sombre­ro, pensó Harry algo irreflexiblemente, eso era lo típico de... Al darse cuenta de que todos los del comedor contemplaban el sombrero, Harry también lo hizo. Durante unos pocos se­gundos, se hizo un silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:

Oh, podrás pensar que no soy bonito,
pero no juzgues por lo que ves.
Me comeré a mí mismo si puedes encontrar
un sombrero más inteligente que yo.
Puedes tener bombines negros,
sombreros altos y elegantes.
Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts
y puedo superar a todos.
No hay nada escondido en tu cabeza
que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.
Así que pruébame y te diré
dónde debes estar.
Puedes pertenecer a Gryffindor,
donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y caballerosidad
ponen aparte a los de Gryffindor.
Puedes pertenecer a Hufflepuff
donde son justos y leales.
Esos perseverantes Hufflepuff
de verdad no temen el trabajo pesado.
O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,
Si tienes una mente dispuesta,
porque los de inteligencia y erudición
siempre encontrarán allí a sus semejantes.
O tal vez en Slytherin
harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
para lograr sus fines.
¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!
¡Y no recibirás una bofetada!
Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).
Porque soy el Sombrero Pensante.
Que gran canción- sentencio Lily releyendo mentalmente la canción del primer año de su hijo y atesorándola en su corazón

Harry al verla, pensó en lo que diría su madre al enterarse que no volvió a escuchar al sombrero hasta su cuarto año, ya sea por una u otra cosa
Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.
—¡Entonces sólo hay que probarse el sombrero! —susu­rró Ron a Harry—. Voy a matar a Fred.
Nunca lo hiciste hermanito- rio Fred divertido

Aun no me he planteado bien como hacerlo- tercio Ron sonriendo a uno de los gemelos

No se les ocurra pelearse- tercio Molly viendo a sus hijo con astucia

No mama- exclamaron los dos retrocediendo en su lugar, provocando en los tres merodeadores risas al por mayor
Harry sonrió débilmente. Sí, probarse el sombrero era mucho mejor que tener que hacer un encantamiento, pero habría deseado no tener que hacerlo en presencia de todos. El sombrero parecía exigir mucho, y Harry no se sentía valien­te ni ingenioso ni nada de eso, por el momento. Si el sombrero hubiera mencionado una casa para la gente que se sentía un poco indispuesta, ésa habría sido la suya.
La profesora McGonagall se adelantaba con un gran ro­llo de pergamino.
—Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sen­taros en el taburete para que os seleccionen —dijo—. ¡Ab­bott, Hannah!
Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.
—¡HUFFLEPUFF!—gritó el sombrero.
La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de Hufflepuff. Harry vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.
—¡Bones, Susan!
—¡HUFFLEPUFF! —gritó otra vez el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.
—¡Boot, Terry!
—¡RAVENCLAW!
La segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez. Varios Ravenclaws se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos.
Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw, pero Brown, Lavender resultó la primera nueva Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Harry pudo ver a los hermanos gemelos de Ron, silbando.
Eso es inevitable- sonrieron los gemelos haciendo una gran reverencia

Esos son nuestros sucesores- exclamaron orgullosos los merodeadores
Bulstrode, Millicent fue a Slytherin. Tal vez era la ima­ginación de Harry; después de todo lo que había oído sobre Slytherin, pero le pareció que era un grupo desagradable.
No nomas tu lo piensas- sentencio Sirius volteando a ver a James con complicidad, el cual sonrio alzando las cejas
Comenzaba a sentirse decididamente mal. Recordó lo que pasaba en las clases de gimnasia de su antiguo colegio, cuando se escogían a los jugadores para los equipos. Siem­pre había sido el último en ser elegido, no porque fuera malo, sino porque nadie deseaba que Dudley pensara que lo querían.
—¡Finch-Fletchley, Justin!
—¡HUFFLEPUFF!
Harry notó que, algunas veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba un poco en decidirse.
—Finnigan, Seamus. —El muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado de Harry en la fila, estuvo sentado un mi­nuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.
—Granger, Hermione.
Hermione casi corrió hasta el taburete y se puso el som­brero, muy nerviosa.
—¡GRYFFINDOR! —gritó el sombrero. Ron gruñó.
Ron- gruño la señora Weasley viendo molesta a su hijo menor

Mama, no nos llevábamos bien en ese tiempo- le recordó su hijo rodando los ojos

Lo siento hijo- exclamo el Sr Weasley abrazando a su esposa para clamarla
Un horrible pensamiento atacó a Harry, uno de aquellos horribles pensamientos que aparecen cuando uno está muy intranquilo. ¿Y si a él no lo elegían para ninguna casa? ¿Y si se quedaba sentado con el sombrero sobre los ojos, durante horas, hasta que la profesora McGonagall se lo quitara de la cabeza para decirle que era evidente que se habían equivoca­do y que era mejor que volviera en el tren?
Harry eso es…

Ya lo se papa, es solo que no lo se… me sentía extraño, no puedes saber como me sentía en ese momento- exclamo Harry comenzando a perder la calma, Ginny le puso la mano sobre la suya y la apretó con ternura, Harry volteo a ver a Ginny y sonrio un poco tranquilo
Cuando Neville Longbottom, el chico que perdía su sapo, fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó: ¡GRYFFIN­DOR!, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos, a MacDougal, Morag.
Malfoy se adelantó al oír su nombre y de inmediato obtu­vo su deseo: el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN!
Como era de esperarse- sentencio el chico de cabello rubio platinado

Los merodeadores y los chicos del presente fulminaron al rubio con la mirada el cual retrocedió intimidado
Malfoy fue a reunirse con sus amigos Crabbe y Goyle, con aire de satisfacción.
Ya no quedaba mucha gente.
Moon... Nott... Parkinson... Después unas gemelas, Patil y Patil... Más tarde Perks, Sally-Anne... y, finalmente:
—¡Potter; Harry!
¡Si, tu turno!- exclamaron James y Sirius alzando los puños en señal de triunfo

No, mi turno- mascullo Harry por lo bajo

Harry ¿Qué ocurre?- inquirió Lily viendo a su hijo confundida

Lee y lo sabrás- exclamo Harry volteando a ver a su padre y padrino
Mientras Harry se adelantaba, los murmullos se exten­dieron súbitamente como fuegos artificiales.
—¿Ha dicho Potter?
—¿Ese Harry Potter?
Lo último que Harry vio, antes de que el sombrero le ta­para los ojos, fue el comedor lleno de gente que trataba de verlo bien. Al momento siguiente, miraba el oscuro interior del sombrero. Esperó.
—Mm —dijo una vocecita en su oreja—. Difícil. Muy difícil. Lleno de valor, lo veo. Tampoco la mente es mala. Hay ta­lento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pondré?
Harry se aferró a los bordes del taburete y pensó: «En Slytherin no, en Slytherin no».
—En Slytherin no, ¿eh? —dijo la vocecita—. ¿Estás se­guro? Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu ca­beza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza.
¿Qué?- gritaron Fred, George, los merodeadores, Ron, Ginny y Hermione.

Creo que no se los dije ¿verdad?- exclamo Harry encogido en su asiento

Creo que olvidaste mencionar eso- exclamo Ginny viendo a su novio a los ojos

Si sigues leyendo no me enojo- exclamo Harry viendo a su madre con suplica
Lily volteo a ver a Harry y este asintió con ansias, se aclaro la garganta la chica y continúo
No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás seguro, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!
Harry se dejo resbalar en su lugar con alivio al ver la cara de felicidad de su padre, padrino y "Tío". Luego volteo a ver a los Weasley y Hermione los cuales se encogieron en señal de disculpa. Snape y Draco veían al chico confundido, él pudo haber sido uno de ellos, pero al parecer había tenido lo que Snape no, valor para elegir la casa a la que quería ir.
Harry oyó al sombrero gritar la última palabra a todo el comedor. Se quitó el sombrero y anduvo, algo mareado, hacia la mesa de Gryffindor. Estaba tan aliviado de que lo hubiera elegido y no lo hubiera puesto en Slytherin, que casi no se dio cuenta de que recibía los saludos más calurosos hasta el mo­mento. Percy el prefecto se puso de pie y le estrechó la mano vigorosamente, mientras los gemelos Weasley gritaban: «¡Tenemos a Potter! ¡Tenemos a Potter!».
Tenemos a Potter, Tenemos a Potter- cantaron los merodeadores y los gemelos divertidos
Harry se sentó en el lado opuesto al fantasma que había visto antes. Éste le dio una palmada en el brazo, dándole la horrible sensación de haberlo metido en un cubo de agua helada.
Podía ver bien la Mesa Alta. En la punta, cerca de él, es­taba Hagrid, que lo miró y levantó los pulgares. Harry le sonrió. Y allí, en el centro de la Mesa Alta, en una gran silla de oro, estaba sentado Albus Dumbledore. Harry lo reconoció de inmediato, por el cromo de las ranas de chocolate. El cabello plateado de Dumbledore era lo único que brillaba tanto como los fantasmas. Harry también vio al profesor Quirrell, el nervioso joven del Caldero Chorreante. Estaba muy extra­vagante, con un gran turbante púrpura.
Y ya quedaban solamente tres alumnos para seleccio­nar. A Turpin, Lisa le tocó Ravenclaw, y después le llegó el turno a Ron. Tenía una palidez verdosa y Harry cruzó los de­dos debajo de la mesa. Un segundo más tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR!
Eso pequeño Ronie- gritaron los gemelos orgullosos

Ya basta- grito Ron poniéndose colorado

Los merodeadores rieron por lo bajo divertidos por la actitud de sus sucesores
Harry aplaudió con fuerza, junto con los demás, mien­tras que Ron se desplomaba en la silla más próxima.
—Bien hecho, Ron, excelente —dijo pomposamente Percy Weasley, por encima de Harry, mientras que Zabini, Blaise era seleccionado para Slytherin. La profesora McGonagall enrolló el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.
Harry miró su plato de oro vacío. Acababa de darse cuen­ta de lo hambriento que estaba. Los pasteles le parecían algo del pasado.
Harry, eso es digno de un Potter- exclamo James contento.
Harry sonrio de lado a su padre y Lily siguió leyendo
Albus Dumbledore se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy abier­tos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.
—¡Bienvenidos! —dijo—. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llo­rones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!
Se volvió a sentar. Todos aplaudieron y vitorearon. Harry no sabía si reír o no.
—Está... un poquito loco, ¿no? —preguntó con aire inse­guro a Percy.
Lo siento señor- se disculpo Harry volteando a ver al director con una disculpa en el rostro

Descuida Harry, no me molesta- contesto el director con una sonrisa a través de sus gafas de media luna
—¿Loco? —dijo Percy con frivolidad—. ¡Es un genio! ¡El mejor mago del mundo! Pero está un poco loco, sí. ¿Patatas, Harry?
Harry se quedó con la boca abierta. Los platos que ha­bía frente a él de pronto estuvieron llenos de comida. Nun­ca había visto tantas cosas que le gustara comer sobre una mesa: carne asada, pollo asado, chuletas de cerdo y de terne­ra, salchichas, tocino y filetes, patatas cocidas, asadas y fri­tas, pudín, guisantes, zanahorias, salsa de carne, salsa de to­mate y, por alguna extraña razón, bombones de menta.
Los Dursley nunca habían matado de hambre a Harry, pero tampoco le habían permitido comer todo lo que quería. Dudley siempre se servía lo que Harry deseaba, aunque no le gustara. Harry llenó su plato con un poco de todo, salvo los bombones de menta, y comenzó a comer. Todo estaba delicioso.
—Eso tiene muy buen aspecto dijo con tristeza el fan­tasma de la gola, observando a Harry mientras éste cortaba su filete.
—¿No puede...?
—No he comido desde hace unos cuatrocientos años —dijo el fantasma—. No lo necesito, por supuesto, pero uno lo echa de menos. Creo que no me he presentado, ¿verdad? Sir Nicholas de Mimsy-Porpington a su servicio. Fantasma Residente de la Torre de Gryffindor.
—¡Yo sé quién es usted! —dijo súbitamente Ron—. Mi hermano me lo contó. ¡Usted es Nick Casi Decapitado!
El viejo Nick- sonrio Sirius con nostalgia- un gran hombre

Querrás decir fantasma- exclamo Ron haciendo gala de su gran tacto

Eso, como sea- exclamo Sirius restándole importancia con un ademan de mano
—Yo preferiría que me llamaran Sir Nicholas de Mimsy... —comenzó a decir el fantasma con severidad, pero lo inte­rrumpió Seamus Finnigan, el del pelo color arena.
—¿Casi Decapitado? ¿Cómo se puede estar casi decapi­tado?
Sir Nicholas pareció muy molesto, como si su conversa­ción no resultara como la había planeado.
—Así —dijo enfadado. Se agarró la oreja izquierda y tiró. Toda su cabeza se separó de su cuello y cayó sobre su hombro, como si tuviera una bisagra. Era evidente que alguien había tratado de decapitarlo, pero que no lo había hecho bien. Pare­ció complacido ante las caras de asombro y volvió a ponerse la cabeza en su sitio, tosió y dijo: ¡Así que nuevos Gryffin­dors! Espero que este año nos ayudéis a ganar el campeo­nato para la casa. Gryffindor nunca ha estado tanto tiempo sin ganar. ¡Slytherin ha ganado la copa seis veces segui­das! El Barón Sanguinario se ha vuelto insoportable... Él es el fantasma de Slytherin.
Harry miró hacia la mesa de Slytherin y vio un fantasma horrible sentado allí, con ojos fijos y sin expresión, un rostro demacrado y las ropas manchadas de sangre plateada. Esta­ba justo al lado de Malfoy que, como Harry vio con mucho gusto, no parecía muy contento con su presencia.
—¿Cómo es que está todo lleno de sangre? —preguntó Seamus con gran interés.
—Nunca se lo he preguntado —dijo con delicadeza Nick Casi Decapitado.
Yo tampoco lo se- exclamo James con un dedo en la barbilla de forma pensativa- usted lo sabe señor- inquirió el chico volteando a ver al director

En si nadie lo sabe, joven Potter- contesto el director con una sonrisa

Tampoco tu Snape- quiso saber Remus volteando a ver a su compañero

No, nadie se ha atrevido a preguntárselo- contesto el profesor volteando a otro lado menos a ver al lobo
Cuando hubieron comido todo lo que quisieron, los res­tos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos tan limpios como antes. Un momento más tarde aparecieron los postres. Trozos de helados de todos los gustos que uno se pu­diera imaginar; pasteles de manzana, tartas de melaza, re­lámpagos de chocolate, rosquillas de mermelada, bizcochos borrachos, fresas, jalea, arroz con leche...
Mientras Harry se servía una tarta, la conversación se centró en las familias.
—Yo soy mitad y mitad —dijo Seamus—. Mi padre es muggle. Mamá no le dijo que era una bruja hasta que se casa­ron. Fue una sorpresa algo desagradable para él.
Los demás rieron.
—¿Y tú, Neville? —dijo Ron.
—Bueno, mi abuela me crió y ella es una bruja —dijo Ne­ville, pero la familia creyó que yo era todo un muggle, du­rante años. Mi tío abuelo Algie trataba de sorprenderme des­cuidado y forzarme a que saliera algo de magia de mí. Una vez casi me ahoga, cuando quiso tirarme al agua en el puerto de Blackpool, pero no pasó nada hasta que cumplí ocho años. El tío abuelo Algie había ido a tomar el té y me tenía cogido de los tobillos y colgando de una ventana del piso de arriba, cuando mi tía abuela Enid le ofreció un merengue y él, acci­dentalmente, me soltó. Pero yo reboté, todo el camino, en el jardín y la calle. Todos se pusieron muy contentos. Mi abuela estaba tan feliz que lloraba. Y tendríais que haber visto sus caras cuando vine aquí. Creían que no sería tan mágico como para venir. El tío abuelo Algie estaba tan contento que me compró mi sapo.
Harry, ¿su papa es Frank Lombotton?- inquirió Lily viendo confundida a su hijo

Aja- contesto Harry con la vista gacha

Y su mama- quiso saber James viendo a Harry inclinándose sobre Lily

Alice Lombotton- respondió Ron decaído

Bueno… era sabido por todo el colegio que ese par terminaría juntos- sonrio Sirius divertido, tramando algo en su alocada cabeza

Harry ¿Por qué vive Neville con su abuela?- cuestiono Lily pensando lo peor
Ya sabia yo que tu eras muy perspectiva, Remus y Sirius me dijeron que tu eras muy lista, si, Neville vive con su abuela, por que sus padres están en San Mungo por culpa de Bellatrix Lestrange, los torturo hasta la demencia y ellos no se acuerdan de su hijo- respondió Harry con tristeza, fulminando a Draco con la mirada esperando que este se burlara, pero al ver la cara que todos los presentes le dirigían, prefirió guardarse sus comentarios, pero ahora sabia por que Neville había reaccionado así el año pasado cuando él hiso referencia a las personas internadas en San Mungo

Pero… por que- exclamo horrorizado James- ¿Cómo es que ellos?

Bellatrix creía que ellos tenían información sobre el paradero de Voldemort después de que lo derrote y los torturaron junto con su esposo, cuñado y Barty Crouch Jr. hasta la locura- explico Harry con asco

Y eso ¿Cuándo fue?- quiso saber Remus tomando nota

No lo se exactamente, solo se que no paso mucho tiempo- exclamo Harry con un encogimiento de hombros

James, Remus y Sirius se voltearon a ver entre ellos, con la mirada ya sabían que planear, la forma de salvar a sus amigos. Lily, con un nudo en la garganta continúo con la lectura

Al otro lado de Harry, Percy Weasley y Hermione esta­ban hablando de las clases. («Espero que empiecen en se­guida, hay mucho que aprender; yo estoy particularmente interesada en Transformaciones, ya sabes, convertir algo en otra cosa, por supuesto parece ser que es muy difícil. Hay que empezar con cosas pequeñas, como cerillas en y todo eso...»)
Harry, que comenzaba a sentirse reconfortado y somnoliento, miró otra vez hacia la Mesa Alta. Hagrid bebía copio­samente de su copa. La profesora McGonagall hablaba con el profesor Dumbledore. El profesor Quirrell, con su absurdo turbante, conversaba con un profesor de grasiento pelo ne­gro, nariz ganchuda y piel cetrina.
Todo sucedió muy rápidamente. El profesor de nariz ganchuda miró por encima del turbante de Quirrell, directa­mente a los ojos de Harry... y un dolor agudo golpeó a Harry en la cicatriz de la frente.
— ¡Ay! —Harry se llevó una mano a la cabeza.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Percy
—N-nada.
¿Qué fue eso?- dijeron James y Sirius a la vez viendo a Harry

Solo ten en cuenta una cosa papa, no todo es lo que parece- tercio Harry volteando a ver a su profesor de pociones el cual soltó un bufido que no paso desapercibido por nadie
El dolor desapareció tan súbitamente como había apare­cido. Era difícil olvidar la sensación que tuvo Harry cuando el profesor lo miró, una sensación que no le gustó en absoluto.
— ¿Quién es el que está hablando con el profesor Qui­rrell? —preguntó a Percy.
—Oh, ¿ya conocías a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan nervioso, ése es el profesor Snape. Su materia es Pociones, pero no le gusta... Todo el mundo sabe que quiere el puesto de Quirrell. Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras.
Eso era de esperarse- tercio Sirius con desdén

Bueno, es un buen profesor- exclamo Hermione con un encogimiento de hombro

Ron y Harry la voltearon a ver confundido

¿Qué?... saben que es verdad- tercio la chica viendo a sus amigos con una sonrisa
Harry vigiló a Snape durante un rato, pero el profesor no volvió a mirarlo.
Por último, también desaparecieron los postres, y el pro­fesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.
—Ejem... sólo unas pocas palabras más, ahora que to­dos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que haceros para el comienzo del año.
»Los de primer año debéis tener en cuenta que los bos­ques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos tam­bién deberán recordarlo.
Año tras año espero que se le olvide- exclamo Fred con negatividad

Igual yo hermano, igual yo- apoyo su hermano con pesades
Los ojos relucientes de Dumbledore apuntaron en direc­ción a los gemelos Weasley.
—El señor Filch, el celador, me ha pedido que os recuer­de que no debéis hacer magia en los recreos ni en los pasillos.
Nunca pudo atraparnos- sonrieron los gemelos divertidos
»Las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la se­ñora Hooch.
»Y por último, quiero deciros que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permi­tidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.
Harry rió, pero fue uno de los pocos que lo hizo.
—¿Lo decía en serio? —murmuró a Percy.
—Eso creo —dijo Percy, mirando ceñudo a Dumbledo­re—. Es raro, porque habitualmente nos dice el motivo por el que no podemos ir a algún lugar. Por ejemplo, el bosque está lleno de animales peligrosos, todos lo saben. Creo que, al me­nos, debió avisarnos a nosotros, los prefectos.
Si será tonto, ni siquiera los prefectos lo podían saber todo- sentencio Remus con diplomacia
    ¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cante­mos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore. Harry notó que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo forzadas.
Dumbledore agitó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.
    ¡Que cada uno elija su melodía favorita! —dijo Dum­bledor. ¡Y allá vamos!
Y todo el colegio vociferó:

Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts,
 enséñanos algo, por favor.
Aun que seamos viejos y calvos
o jóvenes con rodillas sucias,
nuestras mentes pueden ser llenadas
con algunas materias interesantes.
Porque ahora están vacías y llenas de aire,
pulgas muertas y un poco de pelusa.
Así que enséñanos cosas que valga la pena saber,
haz que recordemos lo que olvidamos,
hazlo lo mejor que puedas, nosotros haremos el resto,
y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman.
Me gusta esa canción- sonrieron Hermione, Molly y Lily a la vez

A mi no, señalaron todos los chicos restantes, incluida Ginny
Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Al fi­nal, sólo los gemelos Weasley seguían cantando, con la melo­día de una lenta marcha fúnebre. Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando termina­ron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo.
—¡Ah, la música! —dijo, enjugándose los ojos—. ¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a la cama. ¡Salid al trote!
Eso es verdad, la música es una magia mas que incomprendida y muy poderosa- sonrio Dumbledore nostalgico
Los de primer año de Gryffindor siguieron a Percy a tra­vés de grupos bulliciosos, salieron del Gran Comedor y subie­ron por la escalera de mármol. Las piernas de Harry otra vez parecían de plomo, pero sólo por el exceso de cansancio y co­mida. Estaba tan dormido que ni se sorprendió al ver que la gente de los retratos, a lo largo de los pasillos, susurraba y los señalaba al pasar; o cuando Percy en dos oportunidades los hizo pasar por puertas ocultas detrás de paneles corredi­zos y tapices que colgaban de las paredes. Subieron más es­caleras, bostezando y arrastrando los pies y, cuando Harry comenzaba a preguntarse cuánto tiempo más deberían se­guir, se detuvieron súbitamente.
Unos bastones flotaban en el aire, por encima de ellos, y cuando Percy se acercó comenzaron a caer contra él.
—Peeves —susurró Percy a los de primer año—. Es un duende, lo que en las películas llaman poltergeist. —Levantó la voz—: Peeves, aparece.
La respuesta fue un ruido fuerte y grosero, como si se de­sinflara un globo.
Ese Peeves, nunca cambiara- exclamo Sirius fingiendo limpiarse una lagrima rebelde
—¿Quieres que vaya a buscar al Barón Sanguinario?
Se produjo un chasquido y un hombrecito, con ojos oscu­ros y perversos y una boca ancha, apareció, flotando en el aire con las piernas cruzadas y empuñando los bastones.
—¡Oooooh! —dijo, con un maligno cacareo—. ¡Los horri­bles novatos! ¡Qué divertido!
De pronto se abalanzó sobre ellos. Todos se agacharon.
—Vete, Peeves, o el Barón se enterará de esto. ¡Lo digo en serio! —gritó enfadado Percy
Peeves hizo sonar su lengua y desapareció, dejando caer los bastones sobre la cabeza de Neville. Lo oyeron alejarse con un zumbido, haciendo resonar las armaduras al pasar.
—Tenéis que tener cuidado con Peeves —dijo Percy, mientras seguían avanzando—. El Barón Sanguinario es el único que puede controlarlo, ni siquiera nos escucha a los prefectos. Ya llegamos.
A nosotros si- corearon los bromistas, se voltearon a ver y comenzaron a reír sonoramente
Al final del pasillo colgaba un retrato de una mujer muy gorda, con un vestido de seda rosa.
—¿Santo y seña? —preguntó.
—Caput draconis —dijo Percy, y el retrato se balanceó hacia delante y dejó ver un agujero redondo en la pared. Todos se amontonaron para pasar (Neville necesitó ayuda) y se encontraron en la sala común de Gryffindor; una habitación redonda y acogedora, llena de cómodos sillones.
Percy condujo a las niñas a través de una puerta, hacia sus dormitorios, y a los niños por otra puerta. Al final de una escalera de caracol (era evidente que estaban en una de las torres) encontraron, por fin, sus camas, cinco camas con cua­tro postes cada una y cortinas de terciopelo rojo oscuro. Sus baúles ya estaban allí. Demasiado cansados para conversar, se pusieron sus pijamas y se metieron en la cama.
—Una comida increíble, ¿no? —murmuró Ron a Harry, a través de las cortinas—. ¡Fuera, Scabbers! Te estás comiendo mis sábanas.
Harry estaba a punto de preguntar a Ron si le quedaba alguna tarta de melaza,
Eso hijo, la comida ante todo-sonrio radiante James a su hijo
pero se quedó dormido de inmediato.
Tal vez Harry había comido demasiado, porque tuvo un sueño muy extraño. Tenía puesto el turbante del profesor Quirrell, que le hablaba y le decía que debía pasarse a Slytherin de inmediato, porque ése era su destino. Harry contestó al turbante que no quería estar en Slytherin y el turbante se volvi6 cada vez más pesado. Harry intentó quitárselo, pero le apretaba dolorosamente, y entonces apareció Malfoy, que se burló de él mientras luchaba para quitarse el turbante. Luego Malfoy se convirtió en el profesor de nariz ganchuda, Snape, cuya risa se volvía cada vez más fuerte y fría... Se produjo un estallido de luz verde y Harry se desper­tó, temblando y empapado en sudor.
Se dio la vuelta y se volvió a dormir. Al día siguiente, cuando se despertó, no recordaba nada de aquel sueño.

Bueno, aquí termina, quien será el siguiente- inquirió Lily sonriendo a los demás

Hermione- dijeron a la vez Harry y Ron

Bueno, pero solo si prometen no interrumpirme demasiado- contesto la chica con una sonrisa

No prometemos nada- contestaron los merodeadores  con una sonrisa traviesa

Bien, comencemos- pidió McGonagall pasándole el libro a la castaña

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