-¡Voy yo, voy yo!- exclamo James emocionado arrebatándole el libro de las manos a Severus con brusquedad.
-Potter, comportarte, ya no tienes cinco años- bufo Severus molesto, fulminándole con la mirada.
-Vamos Snape. Ni que fueras su padre- tercio Sirius burlón, viendo al profesor con una ancha sonrisa en el rostro.
-James, Sirius, ¿ese ejemplo le muestran a Harry?, compórtense por favor, que no ven que puede pensar que nunca maduraron- mascullo molesta Lily fulminando a ambos chicos con la mirada.
-Mama, se que nunca maduraron- informo Harry con una sonrisa burlona.
-Imposible, en verdad- negó Lily con abatimiento.
-En ese caso, ¿Ya puedo comenzar?- pidió James con los ojos brillándole de ansiedad.
-Comience señor Potter, por favor- pidió Dumbledore anticipándose a los hechos.
-¡Gracias!- sonrió el chico abriendo el libro por el capitulo dos, se aclaro la garganta y leyó:
El vidrio que se desvaneció
-Harry, no puedo creerlo, ¿el hijo de la prefecta perfecta hizo magia fuera del colegio?- ironizo Sirius viendo a su ahijado con fingida sorpresa.
-No hice magia… bueno si hice… pero no sabia que era magia- se excuso Harry encogiéndose de hombros.
-Haber Harry, ¡Como que hice… pero no hice?, no entiendo- cuestiono James observando a su hijo, era extraño verse a si mismo solo que con otros ojos.
-Potter, es obvio que Potter… bueno… Ha… el joven Potter realizo magia accidental aun sin ser instruido, como de seguro te paso a ti en la infancia, o a Lily… tus… amigos también e incluso a mi me sucedió, es muy común- tercio Severus con elocuencia- pero como tienes el cerebro de un guisante, es mas que obvio que se te allá olvidado- bufo por ultimo en un claro insulto a su archí-enemigo.
-Snape, no tengo el cerebro de un guisante, por si no lo recuerdas, tenia mejores notas que tú- exclamo James con sorna, encarando a Severus con viéndolo directo a los ojos.
-Eso es solo…- iba diciendo Snape, pero fue cortado abruptamente a la mitad de la frase por Harry.
-Ya basta-dijo Harry parándose en medio de los dos hombres- usted dice que mi padre parece un niño de cinco años, pero usted esta igual al contestarle todo lo que le dice, se quejaba de Sirius y usted esta igual- bufo Harry con los brazos a la altura del abdomen molesto.
-Harry tiene razón- concordó Lily con los brazos en jaras- ambos parecen un par de niñitos de cinco años.
-Evans-dijo Sirius viendo a su cuñada con sorna- no compares a mi hermano con ese animal.
-Black- rugió Severus poniéndose de pie e irguiéndose cuan alto era.
-Profesor Snape- exclamo Hermione interfiriendo con un poco de temor- recuerde que ellos tienen solo un año mas que Harry, Ron y yo y dos mas que Ginny, todavía son jóvenes, y no saben lo que dicen- dijo la chica con timidez.
-Eso es cierto, todos sabemos que ellos no eran de los que pensaban las cosas antes de decirlas o hacerlas- se encogió Harry de hombros mientras negaba significativamente.
-De esta no te salvas solo por que tu hijo tenga mas cerebro que tú, es obvio que eso lo saco de Lily- dijo Severus haciendo molestar aun mas a los chicos.
-Snape- gritaron James y Sirius furiosos.
-Ya papa, mejor sigue leyendo- exclamo Harry poniendo una mano en su padrino y en su padre para tranquilizarlos, mientras con la mirada le pedía ayuda a Lily y Remus, ambos reaccionaron y apoyaron al chico, sentando a los dos hombres de nuevo en sus lugares.
-James, cariño, por favor continua- pidió Lily dándole un tierno beso en los labio a su novio.
-Este se relajo de inmediato, los besos de Lily eran una anestesia para ese chico.
-Pelirroja, ya lo amansaste- rio Sirius por lo bajo.
-Canuto- dijo James divertido- sigo siendo el mismo, es solo que ella sabe como controlarme.
-Es la única- informo Remus articulando solo con los labios a Harry y compañía, provocando las risas de los cuatro chicos.
-¿Que es lo gracioso?- pregunto Sirius observando a los cuatro chicos reír.
-Nada- negó Ginny ahogando una risita.
-Claro y yo soy Merlín- se mofo Sirius de los chicos.
-Lo que tu digas- negó Ron con una sonrisa en el rostro divertido.
James suspiro un par de veces, a fin de tranquilizarse un poco; Severus veía raro la risa tonta de Harry y compañía, creía que ellos creían héroes a los cuatro revoltosos de su época, pero tal vez se equivoco, una cosa era que Harry los extrañara, pero hasta que él mismo se burlara de lo idiota que era su padre, no se lo esperaba, era prácticamente imposible y mas por que él era idéntico al idiota de Potter, eso él, Severus, lo tenia muy claro y no se cansaba ni se cansara de recordárselo a Dumbledore, aunque el diga que tiene mas parecido con su madre, Severus sabia que no era cierto, pero tal vez… no, eso no era posible.
Habían pasado aproximadamente diez años desde el día en que los Dursley se despertaron y encontraron a su sobrino en la puerta de entrada, pero Privet Drive no había cambiado en absoluto. El sol se elevaba en los mismos jardincitos, iluminaba el número 4 de latón sobre la puerta de los Dursley y avanzaba en su salón, que era casi exactamente el mismo que aquél donde el señor Dursley había oído las ominosas noticias sobre las lechuzas, una noche de hacía diez años. Sólo las fotos de la repisa de la chimenea eran testimonio del tiempo que había pasado. Diez años antes, había una gran cantidad de retratos de lo que parecía una gran pelota rosada con gorros de diferentes colores,
-Harry ¿por que le tomaban fotos a una pelota rosada y le ponían gorros de colores?- pregunto un sorprendido y confuso Sirius cortando a su amigo a media frase.
-No era una pelota rosada Sirius, era Dudley, solo que parecía una pelota rozada cuando era bebe- explico Harry viendo divertido a su padrino y a su padre por la comparación.
-Mi sobrino es una pelota- se mofo Lily del "pobre niño".
-No era una pelota, solo parecía… ahora parece un ballenato bebe- tercio Harry con una sonrisa picara y traviesa.
-¿Cómo puede parecer una ballena bebe?- inquirió Remus confundido.
-Pues es mas ancho que alto, y mi tía ni cuenta se daba, hasta que… no… ni esa vez- negó el chico retractándose de sus palabras con una sonrisa traviesa.
-Explícate- exigió James volteando el rostro para ver la cara de su hijo.
James bufo molesto y continuo leyendo, al fin y al cabo, como bien dijo Harry ya se enteraría.
pero Dudley Dursley ya no era un niño pequeño, y en aquel momento las fotos mostraban a un chico grande y rubio montando su primera bicicleta, en un tiovivo en la feria, jugando con su padre en el ordenador, besado y abrazado por su madre... La habitación no ofrecía señales de que allí viviera otro niño.
-¿Cómo es posible eso? Ahí también vive mi hijo- bufo James molesto aferrando el libro con sus manos como si tratara de ahorcarlo.
-Tranqui, aun falta lo peor- dijo Harry divertido al ver la reacción de su padre.
-¿Falta aun mas?- inquirió Lily tratando de controlar su enojo.
-Si- exclamo Harry con una seca cabezada- creo que no debí haber dicho eso- negó el chico abatido.
-Canuto- llamo James a su amigo- ve anotando todas y cada una de las veces que… ellos- bufo- le hagan algo malo a Harry, tenemos cuentas que arreglar cuando regresemos- termino con un seco asentimiento.
-Lo que tú digas cornamenta- rio Sirius con malicia.
Sin embargo, Harry Potter estaba todavía allí, durmiendo en aquel momento, aunque no por mucho tiempo. Su tía Petunia se había despertado y su voz chillona era el primer ruido del día.
—¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora!
-Esa no es forma de levantar a mi niño- bufo molesta Lily.
Sirius escribía como loco, pensando y maquinando seriamente como nunca en su vida, McGonagall lo veía detenidamente
-Black, ¿Por qué nunca puso esa atención en mis clases?- inquirió molesta la profesora.
-Por que ya me sabía todo lo que decía- tercio el chico sin despegar la vista del pergamino.
La profesora se sorprendió por esa revelación, no esperaba semejante respuesta.
Harry se despertó con un sobresalto. Su tía llamó otra vez a la puerta.
—¡Arriba! —chilló de nuevo. Harry oyó sus pasos en dirección a la cocina, y después el roce de la sartén contra el fogón. El niño se dio la vuelta y trató de recordar el sueño que había tenido. Había sido bonito. Había una moto que volaba.
-¿Moto que volaba?- se sorprendió Sirius apartando la vista del pergamino abruptamente.
Harry sonrió por el comentario, recordaba ese sueño aun.
Tenía la curiosa sensación de que había soñado lo mismo anteriormente. Su tía volvió a la puerta.
—¿Ya estás levantado? —quiso saber.
—Casi —respondió Harry
—Bueno, date prisa, quiero que vigiles el beicon. Y no te atrevas a dejar que se queme.
-Harry ¿tu cocinas?- se extraño Hermione viendo a su amigo de gafas y ojos verdes.
-Si, desde pequeño- repuso el chico con timidez.
-No lo puedo creer- rio Ron divertido- Harry ¿Por qué no nos lo habías dicho?- se burlo su amigo.
-No lo se- se encogió de hombros Harry.
-No es relevante Ron- dijo Ginny fulminando con la mirada a su hermano.
-Claro que si, piensa en las veces que podrías haber probado las delicias que cocinaba Harry y solo para ti- la pico Ron divertido.
-No es gracioso, Harry no es ningún sirviente- bufo Ginny poniéndose de pie enfrente de su hermano y fulminándolo con una mirada idéntica a la de su madre.
-Eso mini pelirroja- aprobó Sirius divertido por la reacción del pelirrojo.
-Gracias Sirius- sonrió Ginny al chico.
-No me ayudes- dijo molesto Ron.
-Con las pelirrojas es peligroso darles la contraria, tu padre y James lo saben muy bien y por ende todas las personas que formamos parte de su familia- explico Sirius divertido.
Ron se quedo pensando, era cierto que su madre era peligrosa cuando se enojaba y Ginny no se diga, al parecer Sirius tenía razón, era mejor no llevarles la contraria
James rio por el comentario de su amigo mientras Lily y Ginny lo fulminaban con la mirada, así que mejor siguió leyendo.
Quiero que todo sea perfecto el día del cumpleaños de Duddy.
Harry gimió.
—¿Qué has dicho? —gritó con ira desde el otro lado de la puerta.
—Nada, nada...
El cumpleaños de Dudley... ¿cómo había podido olvidarlo?
-Cualquiera lo olvidaría- rio Remus por lo bajo, ganándose las miradas sorprendidas de sus amigos y profesores- ¿Qué?, es verdad-
Harry se levantó lentamente y comenzó a buscar sus calcetines. Encontró un par debajo de la cama y, después de sacar una araña de uno,
Ron tuvo un leve escalofrió
se los puso. Harry estaba acostumbrado a las arañas, porque la alacena que había debajo de las escaleras estaba llena de ellas, y allí era donde dormía.
-¿Cómo que duermes en una alacena debajo de la escalera?- gritaron furiosos los merodeadores y Lily.
-Ya no, desde que recibí mi carta, ya verán- explico Harry encogiéndose en su lugar por la furia de los cuatro.
Dumbledore sabia que maltrataban a Harry, pero nunca se imagino que a ese grado.
Snape estaba mas que sorprendido por como dormía el hijo de su amada, no podía ni siquiera pensar que ese niño mimado no lo fuera en su casa, siendo como era en el colegio, no, Potter era igual de presumido que su padre y el pasas lo que pasase en su casa no era culpa suya, aunque… si se enteraban que fue él quien le dio la información a Voldemort sobre la profesa de seguro se irían contra él, hasta el mismo apoyaría a "esos", por culpa suya y solo suya era que había perdido a su amada, no importaba que ya no fuera Lily Evans, pera él siempre seria ella.
Cuando estuvo vestido salió al recibidor y entró en la cocina. La mesa estaba casi cubierta por los regalos de cumpleaños de Dudley. Parecía que éste había conseguido el ordenador nuevo
-Harry ¿que es un ordenador?- pregunto James curioso.
-La verdad, no se como explicártelo Pa, pero… es… como una especie de caja con otra caja pegada donde puedes jugar y hacer muchas cosas, los muggles creen que eso es magia- se encogió Harry de hombros, mientras explicaba.
-Tendré que verlo por mi mismo- sentencio James pensativamente.
que quería, por no mencionar el segundo televisor y la bicicleta de carreras. La razón exacta por la que Dudley podía querer una bicicleta era un misterio para Harry,
-Sigo sin saberlo, pues solo la uso un par de veces y luego la arrumbo- exclamo Harry con un encogimiento de hombros.
ya que Dudley estaba muy gordo y aborrecía el ejercicio, excepto si conllevaba pegar a alguien, por supuesto. El saco de boxeo favorito de Dudley era Harry,
-¿Cómo que tu le sirves de saco de boxeo?- bufo James molesto.
-Nunca lograba alcanzarme, no se por que, pero era muy lento por gordo y yo muy rápido y escurridizo- explico Harry sonriendo a su padre.
James decidió que de momento lo dejaría pasar pero ya tenía planeado una visita a sus cuñados y una buena broma pensada a ese niño.
Sirius escribía raudo y veloz, como si la pluma se deslizara por el pergamino una buena broma para ese niño, se enteraría que con el hijo de su mejor amigo y su ahijado nadie se metía
pero no podía atraparlo muy a menudo. Aunque no lo parecía, Harry era muy rápido.
James sonrio divertido
Tal vez tenía algo que ver con eso de vivir en una oscura alacena, pero Harry había sido siempre flaco y muy bajo para su edad. Además, parecía más pequeño y enjuto de lo que realmente era, porque toda la ropa que llevaba eran prendas viejas de Dudley, y su primo era cuatro veces más grande que él.
-No puedo creer que te den la ropa de segunda mano de ese gordo idiota Harry, siempre creí que te trataban mejor- dijo Ron pensativo una vida mejor, y el que se quejaba por que le daban las cosas de sus hermanos, al menos a el le quedaban
Harry negó viendo a su amigo a la cara- nunca me han tratado bien, y eso lo sabes.
-Si… pero no creí que llegaran a ese grado- exclamo molesto el pelirrojo.
-No es de extrañarse- se encogió de hombros Harry- a la larga te terminas acostumbrando.
-No deberías Harry, tú tienes muchas mas cosas que ellos, dado que estoy seguro que Lily y yo no te dejaremos en la calle- tercio James molesto.
-Y no lo hicieron, es solo que yo no sabia y no quiero que mis tíos se enteren, ellos siempre se quejan de lo caro que es mantenerme- explico Harry divertido.
-Eso es imposible, te creería eso si al menos te trataran bien- bufo Sirius molesto, fulminando al libro con la mirada.
-Pues para que veas, pero ya lo sabrás por ti mismo- exclamo Harry con una seca cabezada.
Severus procesaba todo eso de una forma diferente a los merodeadores y Lily, pues el creí que Harry era un príncipe mimado como había sido James en su casa y ahora se daba cuenta que no, pero eso no quitaba el hecho de que el chico se pavoneaba en la escuela, y a altas horas de la noche, ya quería ver la reacción de Lily cuando se enterara de todo lo que había hecho su amado hijo
Harry tenía un rostro delgado, rodillas huesudas, pelo negro y ojos de color verde brillante.
-Todo un Potter- exclamaron al unisonó Sirius y Remus divertidos.
-Si era de esperarse- dijo James con orgullo.
Harry y sus amigos rieron por lo bajo, ellos ya se imaginaban esa reacción.
Llevaba gafas redondas siempre pegadas con cinta adhesiva, consecuencia de todas las veces que Dudley le había pegado en la nariz.
-¿Cómo que te pegaba?- grito Lily furiosa.
-Solo cuando lograba alcanzarme y eso era por que me agarraba desprevenido, por que si no, no podía- explico el chico encogiéndose de hombros.
-Ese niño me las pagara, mira que meterse contigo Harry- exclamo Ginny hecha la furia, sus ojos azules lanzaban llamaradas de fuego del mismo azul electrizante. Ron y Sirius instintivamente se hicieron ara atrás en sus sillas, mientras Harry y James reían por lo bajo, ambos se habían acostumbrado a las reacciones de sus pelirrojas y ambos sabían lo peligrosas que podían llegar a ser esas mujeres estando molestas, ya que ambos tenían pruebas de su gran poder, pero también sabían lo peligrosas que podían llegar a ser cuando lastimaban a alguien que amaban.
-Ginny, cuenta conmigo, no pienso dejar que el estúpido de mi sobrino le vuelva a poner un dedo a Harry encima en su vida- tercio Lily uniéndose a la mirada severa de la niña, solo que ella lanzaba llamaradas verde.
-En verdad Harry ¿no te asusta?- señalo Ron a su hermana con el pulgar al oído de su amigo.
-En verdad James no te ¿asusta?- señalo Sirius a Lily por encima de su hombro en el oído de su amigo.
-No, la amo- negaron ambos hombres viendo a sus respectivas pelirrojas con idénticos ojos soñadores, generando en sus amigos que rodaran los ojos.
-Que se les va a hacer- exclamaron Ron y Sirius derrotados.
La única cosa que a Harry le gustaba de su apariencia era aquella pequeña cicatriz en la frente, con la forma de un relámpago.
-¿Cómo te puede gustar?- exclamo Hermione furiosa.
-Antes no sabía por que me la había hecho, pero en cuanto lo descubrí lo odie- explico Harry a su amiga con frustración.
La chica le sonrió a su amigo en son de disculpa y este le devolvió la sonrisa
La tenía desde que podía acordarse, y lo primero que recordaba haber preguntado a su tía Petunia era cómo se la había hecho.
—En el accidente de coche donde tus padres murieron —había dicho—. Y no hagas preguntas.
-O no pude haber muerto en un accidente de coche, soy mago y odio los automiviles- bufo James estrujando el libro en sus manos.
-Papa, ellos me mintieron por… como te explico… mejor léelo- dijo Harry recostándose en su silla y dejando las cosas por un lado.
James lo volteo a ver confundido, pero no dijo nada y continuo con la lectura
«No hagas preguntas»: ésa era la primera regla que se debía observar si se quería vivir una vida tranquila con los Dursley.
Tío Vernon entró a la cocina cuando Harry estaba dando la vuelta al tocino.
—¡Péinate! —bramó como saludo matinal.
-Imposible, ese cabello es indomable- rio Sirius divertido al ver el cabello de ambos chicos.
-Lo sabemos canuto gracias- exclamaron ambos a la vez, se voltearon a ver y soltaron una carcajada a la que se les unieron todos los demás.
Una vez por semana, tío Vernon miraba por encima de su periódico y gritaba que Harry necesitaba un corte de pelo. A Harry le habían cortado más veces el pelo que al resto de los niños de su clase todos juntos, pero no servía para nada, pues su pelo seguía creciendo de aquella manera, por todos lados.
-Aunque se lo corten, no cambiara, es como una maldición en esa familia, hasta el tío Charlus lo tiene igual- exclamo Sirius como so fuera lo mas obvio del mundo.
-¿Mi abuelo lo tiene igual?- inquirió Harry sorprendido.
-Claro, es hereditario en tu familia, y creo que de la mía lo sedoso del cabello- exclamo el chico revolviendo su cabello con elegancia.
-Dirás lo arrogante, eso si viene de tu familia canuto- ataco James dándole un zape a su amigo en la cabeza.
-Con delicadeza cornamenta, se despeina y pierde su forma- exclamo con fingida ofensa el chico de ojos grises.
Harry y los demás de la sala rieron por la actitud de los amigos, Remus rodo los ojos, Lily hacia intentos inhumanos por no reírse, Ginny y Hermione reprimían la risa con la mano mientras de sus mejillas salían lagrimas, Ron y Harry se desternillaban de la risa en sus lugares, McGonagall los veía reprobatoriamente, pero disimulaba una sonrisa en la comisura de sus labios. Severus negaba significativamente y veía a Harry sorprendido de que se burlara de su propio padre, Hagrid no sabia si reír o no, no quería ofender a los chicos, pero seguían siendo tan graciosos como antes. Y Dumbledore, Dumbledore era un caso perdido, el reía con nostalgia, pues es sus ojos se notaba que extrañaba a esos dos mas de lo que el mismo deseaba.
Cuando las risas cesaron, James prosiguió con la lectura un tanto ofendido
Harry estaba friendo los huevos cuando Dudley llegó a la cocina con su madre. Dudley se parecía mucho a tío Vernon. Tenía una cara grande y rosada, poco cuello, ojos pequeños de un tono azul acuoso, y abundante pelo rubio que cubría su cabeza gorda. Tía Petunia decía a menudo que Dudley parecía un angelito. Harry decía a menudo que Dudley parecía un cerdo con peluca.
-Eso es Harry, esa estuvo buena- rio Sirius por el comentario de su ahijado. Harry sonrió divertido, de haberlo sabido le habría contado todo eso a su padrino con anterioridad.
Harry puso sobre la mesa los platos con huevos y beicon, lo que era difícil porque había poco espacio. Entretanto, Dudley contaba sus regalos. Su cara se ensombreció.
—Treinta y seis —dijo, mirando a su madre y a su padre—. Dos menos que el año pasado.
-¿Se queja por eso?- se sorprendió James parando abruptamente la lectura
-Todavía falta- sonrió Harry divertido- continua y veras- repuso Harry al ver la mirada de su padre.
—Querido, no has contado el regalo de tía Marge. Mira, está debajo de este grandede mamá y papá.
—Muy bien, treinta y siete entonces —dijo Dudley, poniéndose rojo.
Harry; que podía ver venir un gran berrinche de Dudley, comenzó a comerse el beicon lo más rápido posible, por si volcaba la mesa. Tía Petunia también sintió el peligro, porque dijo rápidamente:
—Y vamos a comprarte dos regalos más cuando salgamos hoy. ¿Qué te parece, pichoncito? Dos regalos más. ¿Está todo bien?
-¡Pichoncito!- se mofo Sirius- aparte de mimado le ponen apodos ridículos.
-Y mira que comprarle dos regalos mas solo para que no arme el berrinche- rio James uniéndose a su amigo.
Harry pensaba que sus tíos solo hacían eso para que Harry se sintiera todavía mas mal de lo que ya se sentía por como lo trataban, en un principio lo lograron, pero en cuanto entro a su mundo ya no lograban hacerlo sentir mal con sus cosas.
Dudley pensó durante un momento. Parecía un trabajo difícil para él. Por último, dijo lentamente.
—Entonces tendré treinta y.. treinta y..
—Treinta y nueve, dulzura —dijo tía Petunia.
-Ni siquiera sabe contar- mascullo Ron entre risas, mientras Ginny le seguía y Hermione abría los ojos como platos sorprendida, mira que a los onces no saber una simple cuenta como esa.
—Oh —Dudley se dejó caer pesadamente en su silla y cogió el regalo más cercano—. Entonces está bien.
Tío Vernon rió entre dientes.
—El pequeño tunante quiere que le den lo que vale, igual que su padre. ¡Bravo, Dudley! —dijo, y revolvió el pelo de su hijo.
-Si quisiera que le compren regalos en peso nunca acabaríamos- Rio Ron al recordar el aspecto del primo de su amigo y Harry rio por el comentario hecho por el pelirrojo.
En aquel momento sonó el teléfono y tía Petunia fue a cogerlo, mientras Harry y tío Vernon miraban a Dudley, que estaba desembalando la bicicleta de carreras, la filmadora, el avión con control remoto, dieciséis juegos nuevos para el ordenador y un vídeo. Estaba rompiendo el envoltorio de un reloj de oro, cuando tía Petunia volvió, enfadada y preocupada ala vez.
—Malas noticias, Vernon —dijo—. La señora Figg se ha fracturado una pierna. No puede cuidarlo. —Volvió la cabeza en dirección a Harry.
-¿Pensaban dejarlo encargado con alguien mientras ellos salían a divertirse?- bufo McGonagall sobresaltando a todos.
-Harry dime que no es cierto- pidió James viendo a su hijo a los ojos.
-Potter, no lo creo, tu hijo es igual a ti, infracto, desobediente…
-Cállate Snape. Esto no te incumbe- lo corto Sirius fulminándolo con la mirada.
Harry se encogió de hombros e ínsito a su padre a seguir leyendo
La boca de Dudley se abrió con horror, pero el corazón de Harry dio un salto. Cada año, el día del cumpleaños de Dudley, sus padres lo llevaban con un amigo a pasar el día a un parque de atracciones, a comer hamburguesas o al cine. Cada año, Harry se quedaba con la señora Figg, una anciana loca que vivía a dos manzanas.
-¿Cómo es posible que no te llevara?- se paro de un brinco Lily comenzando a caminar por toda la sala- yo nunca me comporte así con Petunia, no puedo creer que ella te trate de esa manera Harry, pero me va a oír cuando regrese, deseara nunca haberte tratado como lo hizo- finalizo arrebatándole el pergamino a Sirius y comenzando a escribir ella rápidamente en el
-Eh… mama… cuando tu regreses ella aun no habrá hecho nada- exclamo Harry encogido en su lugar por la ferocidad que expedía su madre en esos momentos.
-Lo se cariño, pero en caso de que me llegue a pasar algo y tu tengas que quedarte a su cuidado, no querrá hacerlo nunca- exclamo Lily viendo con cariño a su hijo.
Harry no podía soportar ir allí. Toda la casa olía a repollo y la señora Figg le hacía mirar las fotos de todos los gatos que había tenido.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó tía Petunia, mirando con ira a Harry como si él lo hubiera planeado todo. Harry sabía que debería sentir pena por la pierna de la señora Figg, pero no era fácil cuando recordaba que pasaría un año antes de tener que ver otra vez a Tibbles, Snowy, el Señor Paws o Tufty.
-Vez, te lo dije Potter, tu hijo es igual de arrogante que tú- dijo Severus viendo maliciosamente al chico.
-Tu desearías lo mismo si tuvieras que soportar lo que Harry soporto Snape- exclamo con ironía Jame.s
Severus no dijo nada, pues en ese momento Lily lo fulminaba con la mirada por meterse con su hijo y Harry reía por lo bajo al ver intimidado a su profesor por su madre.
—Podemos llamar a Marge —sugirió tío Vernon.
—No seas tonto, Vernon, ella no aguanta al chico.
Los Dursley hablaban a menudo sobre Harry de aquella manera, como si no estuviera allí, o más bien como si pensaran que era tan tonto que no podía entenderlos, algo así como un gusano.
-Vez, hasta tu cuñada…
-Sev, ni se te ocurra insultar a Harry o te la veras conmigo- exclamo Lily amenazándolo con la varita- una cosa es que te halla pasado lo que me dijiste a mi y otra muy distinta que te pase que te metas con mi hijo.
Severus veía asustado la varita que lo apuntaba, mientras se encogía en su lugar
-Uh, Snape… hiciste enojar a Lily, ¿que no sabes acaso que eso no se hace?- inquirió Sirius divertido.
-Cállate Black- saco su coraje Snape fulminando al chico con la mirada.
-No le hables así tampoco al padrino de mi hijo- rugió la chica molesta- el lo esta apoyando y por lo que parece tu no lo has hecho.
-Lily… yo…- iba diciendo Severus cohibido.
-Nada de Lily, Potter para ti, aunque aun no lo sea, pero lo seré- dijo tajante la chica, provocando que a James y Harry les brillaran los ojos con orgullo.
Dumbledore no podía decir nada, el ya sabia que Snape cuidaba al chico, pero juro no decir nada, solo esperaba que Lily y los chicos se arrepintieran de todo lo que le habían dicho y hecho a Severus, confiaba en que todo se supiera de una forma u otra.
Severus volteo a ver al director y este le dio una significativa mirada y este negó, tomando una postura neutra, pidió de la forma mas amable que logro a James continuar
—¿Y qué me dices de... tu amiga... cómo se llama... Yvonne?
—Está de vacaciones en Mallorca —respondió enfadada tía Petunia.
—Podéis dejarme aquí —sugirió esperanzado Harry. Podría ver lo que quisiera en la televisión, para variar, y tal vez incluso hasta jugaría con el ordenador de Dudley Tía Petunia lo miró como si se hubiera tragado un limón.
—¿Y volver y encontrar la casa en ruinas? —rezongó.
—No voy a quemar la casa —dijo Harry, pero no le escucharon.
—Supongo que podemos llevarlo al zoológico —dijo en voz baja tía Petunia—... y dejarlo en el coche...
—El coche es nuevo, no se quedará allí solo...
-Ni que le fuera a hacer algo- exclamo Sirius molesto. Ron y Harry reían pues una vez ambos habían logrado destruir un coche sin necesidad de mover la varita.
Dudley comenzó a llorar a gritos. En realidad no lloraba, hacía años que no lloraba de verdad, pero sabía que, si retorcía la cara y gritaba, su madre le daría cualquier cosa que quisiera.
—Mi pequeñito Dudley no llores, mamá no dejará que él te estropee tu día especial —exclamó, abrazándolo.
—¡Yo... no... quiero... que... él venga! —exclamó Dudley entre fingidos sollozos—. ¡Siempre lo estropea todo! —Le hizo una mueca burlona a Harry, desde los brazos de su madre.
-Maldito mocoso mimado- rugió Lily molesta, sobresaltando a su novio- lo siento cariño- rio cohibida.
-No importa Lil, opino lo mismo- le sonrió su novio tiernamente.
Justo entonces, sonó el timbre de la puerta.
—¡Oh, Dios, ya están aquí! —dijo tía Petunia en tono desesperado y, un momento más tarde, el mejor amigo de Dudley, Piers Polkiss, entró con su madre. Piers era un chico flacucho con cara de rata. Era el que, habitualmente, sujetaba los brazos de los chicos detrás de la espalda mientras Dudley les pegaba.
-Aparte de mimado, cobarde, mira que necesitar ayuda para golpear a los chicos- exclamo Sirius golpeando su rodilla molestó.
James no sabia que decir, mira que su hijo tener que soportar vivir con alguien así, no lo soportaba, tenia que hacer algo para que las cosas cambiara.
Dudley suspendió su fingido llanto de inmediato. Media hora más tarde, Harry, que no podía creer en su suerte, estaba sentado en la parte de atrás del coche de los Dursley, junto con Piers y Dudley, camino del zoológico por primera vez en su vida. A sus tíos no se les había ocurrido una idea mejor, pero antes de salir tío Vernon se llevó aparte a Harry.
—Te lo advierto —dijo, acercando su rostro grande y rojo al de Harry—. Te estoy avisando ahora, chico: cualquier cosa rara, lo que sea, y te quedarás en la alacena hasta la Navidad.
-Con que lo hagas Vernon Dursley y desearas no haber nacido- amenazo James al libro.
-Yo te ayudo cariño- apoyo Lily tomando e brazo de su novio entre sus manos.
—No voy a hacer nada —dijo Harry—. De verdad...
Pero tío Vernon no le creía. Nadie lo hacía. El problema era que, a menudo, ocurrían cosas extrañas cerca de Harry y no conseguía nada con decir a los Dursley que él no las causaba.
En una ocasión, tía Petunia, cansada de que Harry volviera de la peluquería como si no hubiera ido, cogió unas tijeras de la cocina y le cortó el pelo casi al rape, exceptuando el flequillo, que le dejó «para ocultar la horrible cicatriz». Dudley se rió como un tonto, burlándose de Harry, que pasó la noche sin dormir imaginando lo que pasaría en el colegio al día siguiente, donde ya se reían de su ropa holgada y sus gafas remendadas. Sin embargo, a la mañana siguiente, descubrió al levantarse que su pelo estaba exactamente igual que antes de que su tía lo cortara.
-No puedo creerlo, hiciste magia desde pequeño Harry- sonrió James a su hijo- estoy muy orgulloso de ti-
Harry le devolvió la sonrisa con timidez, era la primera vez que su padre le decía eso, tenia que conservarlo en su memoria, en caso de que nada cambiara.
Como castigo, lo encerraronen la alacena durante una semana, aunque intentó decirles que no podía explicar cómole había crecido tan deprisa el pelo.
-Que injusto, no puede controlarlo, nadie puede a esa edad- dijo Remus molesto, viendo el libro como si pudiera hacerle algo a esas personas con solo desearlo.
-No puedo creer que Petunia hiciera eso, ella ya sabia que eso era magia por que a mi me pasaban cosas parecidas- tercio Lily enfadada, fulminado al libro con la mirada.
Otra vez, tía Petunia había tratado de meterlo dentro de un repugnante jersey viejode Dudley (marrón, con manchas anaranjadas). Cuanto más intentaba pasárselo por lacabeza, más pequeña se volvía la prenda, hasta que finalmente le habría sentado comoun guante a una muñeca, pero no a Harry. Tía Petunia creyó que debía de haberseencogido al lavarlo y, para su gran alivio, Harry no fue castigado.
-Menos mal, sino tendría mas cosas por la que arrepentirse esa mujer- tercio James viendo a Sirius divertido- ¿canuto?.
-No te preocupes cornamenta, lo tengo todo y estoy en eso- informo el aludido blandiendo un pergamino para que su amigo viera lo que hacia.
Eso esta bien, pero un hechizo forúnculos no estaría nada mal ¿no crees?- aporto James divertido
Cierto, lo había olvidado- exclamo Sirius tronando los dedos apuntando furtivamente
Como pudiste olvidarlo, si era una de nuestras favoritas- rio Remus viendo la expresión de su amigo canino
Calama, ya esta- los tranquilizo Sirius con un ademan de mano
Harry y sus amigos veían este intercambio divertidos, nunca se hubieran imaginado que uno, el que les pedía prudencia fuera así, dos: el que los había defendido y aconsejado tantas veces fuera tan infantil y tres: que el padre de Harry y que según Sirius y Remus maduro en su séptimo año siguiera comportándose como un niño pequeño, cuando Harry, Ron, Hermione y Ginny nunca tuvieron esas actitudes y ni les pasaron por la cabeza
Ya veo a que se refería- exclamo Harry viendo a Snape divertido- siento no haberle creído antes, pero por otro lado, nunca me hubiera imaginado que ellos fueran así, son divertido, pero para la edad que tienen siguen siendo unos niño, y vea que yo nunca me he comportado así- termino Harry señalando a su padre y amigos sobre su hombro
Si, tú nunca te has comportado como ellos, pero igual te les parece- negó Severus sorprendido por la declaración de su alumno menos preciado
-No tanto como usted cree, y menos de lo que las personas me dicen- indico Harry abatido- es mas, creo que ahora veo que me parezco mas a mi madre que a mi padre
-No o creo señor Potter, tiene la arrogancia de su padre- dijo Snape viendo al chico a los ojos
-Puede ser… pero creo que me parezco mas a ella, yo nunca he hecho las cosas que ellos si- rio Harry de lado, en una mueca
Severus no supo que decir, dado que era verdad lo que el chico decía, pero no lo aceptaría en frente de el, al menos no de momento
-¿Qué fue todo eso Harry? ¿Cómo que tu nunca has hecho lo que nosotros?- inquirió James ofendido
-Pues no… las veces que yo me he metido en problemas junto con mis amigos es por que tenemos que salvar la escuela o algo así, ya veras- se encogió el chico de hombros
-¡Nunca has hecho algo por diversión!- dijo sorprendido Sirius
-No, no me gusta meterme en problemas- explico Harry tomando la mano de su novia
-Eso es imposible, ¿Cómo al hijo de un merodeador no le gusta meterse en problemas?- inquirió James con los ojos como platos
-Quiero una vida tranquila, cosa que no puedo tener, ya lo veras, si estoy involucrado en muchos problemas, pero yo no quisiera, no soy un cerebrito como mi mama o Hermione, pero me gustaría una vida tranquila y solo tener que preocuparme por lo deberes y las clases, cosa que no puedo- explico el chico evitando ver a su padre
-Tendremos que arreglar eso- declaro Sirius sorprendido
Por otra parte, había tenido un problema terrible cuando lo encontraron en el techode la cocina del colegio. El grupo de Dudley lo perseguía como de costumbre cuando,tanto para sorpresa de Harry como de los demás, se encontró sentado en la chimenea.
-¿Cómo llegaste hasta el techo?- pregunto Lily sorprendida, al igual que su novia y su amiga
-Sigo sin saberlo, tal vez me aparecí, pero no lo recuerdo- repuso el chico encogiendo de hombros
-Eso es magia muy avanzada Harry, incluso para alguien de tu edad, y a esa edad no se diga- dijo Dumbledore sorprendido
-Tiene razón profesor, no lo había pensado, el señor Potter tiene mucho poder,, incluso a esa edad, ya veo por que del talento que tenia- dijo McGonagall dedicándole una tierna sonrisa a su alumno, provocando que el chico se encogiera en su lugar
-No era para menos, profesora McGonagall, con lo padres que tiene- tercio Hagrid viendo con orgullo a Harry
-Gracias Hagrid- exclamo Lily en un murmullo
-No hay de que Lily, es la verdad- sonrió el gigante a la mujer
Los Dursley recibieron una carta amenazadora de la directora del colegio, diciéndolesque Harry andaba trepando por los techos del colegio. Pero lo único que trataba de hacer(como le gritó a tío Vernon a través de la puerta cerrada de la alacena) fue saltar losgrandes cubos que estaban detrás de la puerta de la cocina. Harry suponía que el vientolo había levantado en medio de su salto.Pero aquel día nada iba a salir mal. Incluso estaba bien pasar el día con Dudley yPiers si eso significaba no tener que estar en el colegio, en su alacena, o en el salón de la señora Figg, con su olor a repollo. Mientras conducía, tío Vernon se quejaba a tía Petunia. Le gustaba quejarse de muchas cosas. Harry, el ayuntamiento, Harry, el banco y Harry eran algunos de sus temas favoritos.
-Mira que ese imbécil quejarse de mi hijo…- decía James molesto
-Tranquilo cariño, ya nos encargaremos de el una vez que volvamos- lo tranquilizo Lily con un tierno beso que le deposito en lo labios
Aquella mañana les tocó a los motoristas.
—... haciendo ruido como locos esos gamberros —dijo, mientras una moto los adelantaba.
—Tuve un sueño sobre una moto —dijo Harry recordando de pronto—. Estaba volando.
-No debiste decirlo, aunque se trate de mi moto- lo regaño Sirius entre divertido y molesto
-Ahora lo se- repuso Harry divertido- pero ese dia se me olvido por completo
-Sirius, no regañes a mi hijo, solo yo puedo hacerlo- lo riño Lily divertida
-Claro- exclamo el chico retrocediendo en su lugar
-Lily se volteo a ver a Harry y tercio- ¡Harry! ¿Cómo se te pudo olvidar con semejante animal que tienes por tío?- gruño haciendo sobresaltar a Harry
-Lo siento mama, pero es que iba muy feliz rumbo al zoológico- explico el chico encogido en su lugar
-Que no vuelva a pasar, o te ya veras jovencito- le recrimino su madre amenazadoramente
-¿Ahora me comprendes amigo?- inquirió Ron murmurando al oído de Harry. Esto solo asintió todavía encogido en su lugar.
Tío Vernon casi chocó con el coche que iba delante del suyo. Se dio la vuelta en el asiento y gritó a Harry:
—¡LAS MOTOS NO VUELAN!
Su rostro era como una gigantesca remolacha con bigotes.
Dudley y Piers se rieron disimuladamente.
—Ya sé que no lo hacen —dijo Harry—. Fue sólo un sueño.
Pero deseó no haber dicho nada. Si había algo que desagradaba a los Dursley aún más que las preguntas que Harry hacía, era que hablara de cualquier cosa que se comportara de forma indebida, no importa que fuera un sueño o un dibujo animado.
Parecían pensar que podía llegar a tener ideas peligrosas.
Sirius, Remus y James rompieron a reír en sonoras carcajadas ante semejante idea de Vernon Dursley, mira que pensar que Harry podía llegar a tener ideas peligrosas solo por pensar que las motos voladoras existían. Después de que los tres hombres lograron comportarse y serenarse un poco, James continuo con la lectura.
Era un sábado muy soleado y el zoológico estaba repleto de familias. Los Dursley compraron a Dudley y a Piers unos grandes helados de chocolate en la entrada, y luego, como la sonriente señora del puesto preguntó a Harry qué quería antes de que pudieran alejarse, le compraron un polo de limón, que era más barato.
-¿Mas barato?- rugió Lily volviéndose a poner de pie de un salto, mientras a James se le caía el libro por tratar de sujetar a su novia en medio de su coraje- yo siempre le llevaba dulces y chocolates a Tuney cuando volvía a casa del colegio, este año no le llevare nada- declaro la chica dando un golpe al piso con su pie
-Lil, amor, tranquilízate, te prometo, es mas, juro solemnemente que esto no pasara nunca y Harry tendrá una infancia feliz- la tranquilizo James con tierno beso en los labios rojos de la chica, esta suspiro y se sentó al lado de su novio. James tardo un rato en encontrar la pagina y cuando lo hizo continúo con la lectura.
Aquello tampoco estaba mal, pensó Harry, chupándolo mientras observaban a un gorila que se rascaba la cabeza y se parecía notablemente a Dudley, salvo que no era rubio.
-Eso tiene fácil solución- exclamo Sirius anotando algo en su pergamino que ya al parecer media como mínimo treinta centímetros
-Canuto, ni tus redacciones para transformaciones eran tan largas- observo Remus tomando la parte baja del pergamino entre sus manos
-Si lo eran Lunático, pero esto también es importante, una broma esta en camino- informo Sirius con un brillo peculiar en los ojos.
Fue la mejor mañana que Harry había pasado en mucho tiempo. Tuvo cuidado de andar un poco alejado de los Dursley, para que Dudley y Piers, que comenzaban a aburrirse de los animales cuando se acercaba la hora de comer, no empezaran a practicar su deporte favorito, que era pegarle a él. Comieron en el restaurante del zoológico, y cuando Dudley tuvo una rabieta porque su bocadillo no era lo suficientemente grande, tío Vernon le compró otro y Harry tuvo permiso para terminar el primero.
-¿Hasta permiso necesitas para terminar primero?- se enojo James fulminando a Harry con la mirada
Harry se encogió de hombros, no quería hacer enojar mas a sus padres por lo que el había tenido que pasar ya que no los pudo tener a su lado.
Más tarde, Harry pensó que debía haber sabido que aquello era demasiado bueno para durar.
Después de comer fueron a ver los reptiles. Estaba oscuro y hacía frío, y había vidrieras iluminadas a lo largo de las paredes. Detrás de los vidrios, toda clase de serpientes y lagartos se arrastraban y se deslizaban por las piedras y los troncos. Dudley y Piers querían ver las gigantescas cobras venenosas y las gruesas pitones que estrujaban a los hombres. Dudley encontró rápidamente la serpiente más grande. Podía haber envuelto el coche de tío Vernon y haberlo aplastado como si fuera una lata, pero en aquel momento no parecía tener ganas. En realidad, estaba profundamente dormida. Dudley permaneció con la nariz apretada contra el vidrio, contemplando el brillo de su piel.
—Haz que se mueva —le exigió a su padre.
Tío Vernon golpeó el vidrio, pero la serpiente no se movió.
—Hazlo de nuevo —ordenó Dudley.
Tío Vernon golpeó con los nudillos, pero el animal siguió dormitando.
—Esto es aburrido —se quejó Dudley. Se alejó arrastrando los pies.
Harry se movió frente al vidrio y miró intensamente a la serpiente. Si él hubiera estado allí dentro, sin duda se habría muerto de aburrimiento, sin ninguna compañía, salvo la de gente estúpida golpeando el vidrio y molestando todo el día. Era peor que tener por dormitorio una alacena donde la única visitante era tía Petunia, llamando a la puerta para despertarlo: al menos, él podía recorrer el resto de la casa. De pronto, la serpiente abrió sus ojillos, pequeños y brillantes como cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó la cabeza hasta que sus ojos estuvieron al nivel de los de Harry. Guiñó un ojo.
-¿Como es posible?- se sorprendió James- aunque seas mago los animales y menos las serpientes hacen eso, amenos que hables su lengua- tercio volteando a ver al chico
-Creo que no te lo había dicho, papa. Pero hablo parcel, no es algo que me guste, pero me ha sido muy útil, es una de las cosas que me transfirió Voldemort al tratar matarme, lo acabo de descubrir- Harry volteo a ver significativamente al director y este sonrió con nostalgia, sabia que era su culpa por haberle ocultado tantas cosas al chico.
-Eso lo explica un poco, pero quiero una mejor explicación cuando terminemos de leer todo esto- exclamo James señalando los seis libros restantes
Harry la miró fijamente. Luego echó rápidamente un vistazo a su alrededor, para ver si alguien lo observaba. Nadie le prestaba atención. Miró de nuevo a la serpiente y también le guiñó un ojo.
La serpiente torció la cabeza hacia tío Vernon y Dudley, y luego levantó los ojos hacia el techo. Dirigió a Harry una mirada que decía claramente:
—Me pasa esto constantemente.
—Lo sé —murmuró Harry a través del vidrio, aunque no estaba seguro de que la serpiente pudiera oírlo—. Debe de ser realmente molesto.
La serpiente asintió vigorosamente.
—A propósito, ¿de dónde vienes? —preguntó Harry
La serpiente levantó la cola hacia el pequeño cartel que había cerca del vidrio.
Harry miró con curiosidad.
«Boa Constrictor, Brasil.»
—¿Era bonito aquello? La boa constrictor volvió a señalar con la cola y Harry leyó: «Este espécimen fue criado en el zoológico».
—Oh, ya veo. ¿Entonces nunca has estado en Brasil?
Mientras la serpiente negaba con la cabeza, un grito ensordecedor detrás de Harry los hizo saltar.
—¡DUDLEY! ¡SEÑOR DURSLEY! ¡VENGAN A VER A LA SERPIENTE! ¡NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ HACIENDO!
-Mocoso estúpido- bufo Sirius molesto
-Tranquilo Sirius, ya paso- lo tranquilizo Harry un poco
Dudley se acercó contoneándose, lo más rápido que pudo.
—Quita de en medio —dijo, golpeando a Harry en las costillas. Cogido por sorpresa, Harry cayó al suelo de cemento. Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que nadie supo cómo había pasado: Piers y Dudley estaban inclinados cerca del vidrio, y al instante siguiente saltaron hacia atrás aullando de terror. Harry se incorporó y se quedó boquiabierto: el vidrio que cerraba el cubículo de la boa constrictor había desaparecido.
-Esa magia accidental es mas increíble que las cosas bobas que yo hacia en casa- dijo Sirius sorprendido viendo con orgullo al que seria su ahijado
-Si, eso si que es magia- exclamo James con los ojos brillándole con emoción
-Mi hijo es muy poderoso- sonrió Lily abrazando a Harry el cual estaba sorprendido
-¿En verdad es tan increíble?- exclamo Harry sorprendido
-Si Harry, es muy sorprendente que pudieras llegar a hacer esa clase de magia y a esa edad sin entrenamiento, desaparecer cosas no es algo tan sencillo como habrás visto a lo largo de tu educación mágica, mira que la vez pasada te costo hacerlo- exclamo McGonagall sorprendida, ella sabia que el era un alumno brillante, pero nunca imagino que tuviera tanta magia
Harry esta sorprendido, siempre creyó que eso era algo que los niños pequeños podían hacer sin ningún problema.
La descomunal serpiente se había desenrollado rápidamente y en aquel momento se arrastraba por el suelo. Las personas que estaban en la casa de los reptiles gritaban y corrían hacia las salidas. Mientras la serpiente se deslizaba ante él, Harry habría podido jurar que una voz baja y sibilante decía:
—Brasil, allá voy... Gracias, amigo.
El encargado de los reptiles se encontraba totalmente conmocionado.
—Pero... ¿y el vidrio? —repetía—. ¿Adónde ha ido el vidrio?
El director del zoológico en persona preparó una taza de té fuerte y dulce para tía Petunia, mientras se disculpaba una y otra vez. Piers y Dudley no dejaban de quejarse. Por lo que Harry había visto, la serpiente no había hecho más que darles un golpe juguetón en los pies, pero cuando volvieron al asiento trasero del coche de tío Vernon, Dudley les contó que casi lo había mordido en la pierna, mientras Piers juraba que había intentado estrangularlo. Pero lo peor, para Harry al menos, fue cuando Piers se calmó y pudo decir:
—Harry le estaba hablando. ¿Verdad, Harry?
-¿Qué acaso no se puede quedar callado?- bufo Sirius molesto- ese niño ya esta en mi lista, debajo de Vernon Dursley y arriba de Petunia Dursley.
Tío Vernon esperó hasta que Piers se hubo marchado, antes de enfrentarse con Harry. Estaba tan enfadado que casi no podía hablar.
—Ve... alacena... quédate... no hay comida —pudo decir, antes de desplomarse en una silla. Tía Petunia tuvo que servirle una copa de brandy.
-Esta loco, nadie a esa edad puede soportar un día sin comer y menos Harry, que por lo que hemos leído no come muy bien que digamos- exclamo James molesto, se notaba que de no ser por que el libro les diría cosas que iban a pasar rompería el libro, o lo quemaría o lo destrozaría.
Mucho más tarde, Harry estaba acostado en su alacena oscura, deseando tener un reloj. No sabía qué hora era y no podía estar seguro de que los Dursley estuvieran dormidos. Hasta que lo estuvieran, no podía arriesgarse a ir a la cocina a buscar algo de comer.
-Claro que puedes Harry, ese idiota de Dursley no tiene porque intimidarte- dijo Sirius molesto, observando furioso el libro, como si él fuera el causante de las desgracias de su futuro ahijado
Harry sonrió ante el hecho de que Sirius, aun que el no supiera nada de lo que le iba a pasar lo apoyara, era como volver a tener a su padrino de vuelta
Había vivido con los Dursley casi diez años, diez años desgraciados, hasta donde podía acordarse, desde que era un niño pequeño y sus padres habían muerto en un accidente de coche. No podía recordar haber estado en el coche cuando sus padres murieron. Algunas veces, cuando forzaba su memoria durante las largas horas en su alacena, tenía una extraña visión, un relámpago cegador de luz verde y un dolor como el de una quemadura en su frente. Aquello debía de ser el choque, suponía, aunque no podía imaginar de dónde procedía la luz verde. Y no podía recordar nada de sus padres.
-Eso es injusto- mascullo Lily entre sollozos, James le paso un brazos por lo hombros para consolarla, Sirius estaba que no cavia en si del coraje que sentía hacia esas personas desagradables, tenía ganas de hechizarlas, maldecirlas, convertirlas en algún ser repugnante o algo peor y no podía, o al menos de momento, ya verían esas personas, una vez que hubieran terminado con eso, él se encargaría de darles su merecido.
Harry veía con nostalgia a sus padres y mas por el hecho de que el libro tenía razón, esos fueron los peores diez años de su vida, aunque desde que supo que pertenecía a otro mundo su vida había cambiado por completo, y ahora lo más probable era que su vida fuera otra
-¿Qué es lo injusto Lily?- pregunto Severus curioso, no le gustaba ver a su amiga así
-Que Harry no pueda recordarnos, que no sepa nada de nosotros, cuando lo mas probable y es lo más seguro, que nosotros diéramos todo por él- sollozo Lily con fuertes espasmos
-Nunca pensé que te importara tanto, Lily- tercio Severus asombrado
-Claro que me importa, es mi hijo, mi hijo Sev, y se me hace increíble que no sepa nada de nosotros- tercio Lily observando a su amigo con detenimiento- y mas estando tu aquí con él, tú me conoces, tu sabes cómo soy… o mejor dicho, como fui, así que tu le habrás dicho algo ¿o no?- inquirió la chica aferrándose a las palabras de Severus como si un chaleco salvavidas
-No Lily, él nunca me dijo nada de ustedes, o al menos nada amable, solo cosas horribles sobre James… pero de ti nunca me hablo- dijo Harry viendo con detenimiento a su profesor
.Sev… nunca creí que me hubieras odiado tanto, siempre creí que si lo habías dicho realmente sin querer… pero veo que no es cierto, y que realmente me consideras una sangre sucia, y más… porque aun… ambos siendo amigos… lo lógico hubieras sido que le hablaras de mi a mi hijo… o al menos le hubieras hecho saber cómo era, y que lo llegue a querer muchísimo, si realmente me estimaras lo hubieras hecho- tercio Lily con los ojos anegados en lagrimas por la traición de su ex_ amigo
-No sabes cuán difícil fue para mí ocultarle eso al chico- dijo Severus en voz casi inaudible
-Pues no parece- bufo James con sorna
-Tú no sabes cuánto he estimado a Lily… y cuanto me dolió su pérdida… no tienes ni la menor idea de cuánto es lo que he tenido que pagar por culpa de mis errores… tal vez estos libros nos lo digan, pero una cosa es lo que se lee y otra muy distinta lo que se siente- dijo Severus abatido, pero con la vista fija en James
Ante esto, James no supo que decir, y más por el hecho de que siempre creyó que Severus termino odiando a Lily y saber cuánto le había pesado lo dejo razonando… solo un poco
Harry creía, que al igual que a su padre, Snape también odiaba a su madre, pero ahora se daba cuenta que tal vez no y eso le pintaba un nuevo panorama de la situación.
Sus tíos nunca hablaban de ellos y, por supuesto, tenía prohibido hacer preguntas. Tampoco había fotos de ellos en la casa. Cuando era más pequeño, Harry soñaba una y otra vez que algún pariente desconocido iba a buscarlo para llevárselo, pero eso nunca sucedió: los Dursley eran su única familia. Pero a veces pensaba (tal vez era más bien que lo deseaba) que había personas desconocidas que se comportaban como si lo conocieran. Eran desconocidos muy extraños. Un hombrecito con un sombrero violeta lo había saludado, cuando estaba de compras con tía Petunia y Dudley Después de preguntarle con ira si conocía al hombre, tía Petunia se los había llevado de la tienda, sin comprar nada. Una mujer anciana con aspecto estrafalario, toda vestida de verde, también lo había saludado alegremente en un autobús. Un hombre calvo, con un abrigo largo, color púrpura, le había estrechado la mano en la calle y se había alejado sin decir una palabra. Lo más raro de toda aquella gente era la forma en que parecían desaparecer en el momento en que Harry trataba de acercarse.
-Lo más probable es que haya sido algún mago… sino quien- tercio Remus especulativamente
En el colegio, Harry no tenía amigos. Todos sabían que el grupo de Dudley odiaba a aquel extraño Harry Potter, con su ropa vieja y holgada y sus gafas rotas, y a nadie le gustaba estar en contra de la banda de Dudley.
-Aquí termina- informo James cerrando el libro
-Yo sigo- sonrió Sirius arrebatándole el libro a su amigo de las manos
-Bien, pero que todos te entendamos, por favor Sirius- pidió Lily con una tierna sonrisa
-Claro pelirroja, no te preocupes- tercio Sirius con una sonrisa traviesa de lado, se aclaro la garganta y leyó
Las cartas de nadie
-De seguro fueron las que te envié yo, Harry- sonrió Hagrid, desde detrás de su larga barba enmarañada.
La fuga de la boa constrictor le acarreó a Harry el castigo más largo de su vida.
-¿Pero si no fue tu culpa?- bufo furioso Sirius arrojando el libro frente a él
-¡Sirius!- lo riño Lily molesta, atrayendo el libro hacia ella con un floreo de varita
-Lo siento Lily, es solo que eso es una injusticia- mascullo el chico con el puño cerrado
-Lo sé, canuto, pero ya haremos algo- sonrió James anotando algo furtivamente en un pergamino que tenia apoyado en sus piernas
Cuando le dieron permiso para salir de su alacena ya habían comenzado las vacaciones de verano y Dudley había roto su nueva filmadora, conseguido que su avión con control remoto se estrellara y, en la primera salida que hizo con su bicicleta de carreras, había atropellado a la anciana señora Figg cuando cruzaba Privet Drive con sus muletas. Harry se alegraba de que el colegio hubiera terminado, pero no había forma de escapar de la banda de Dudley, que visitaba la casa cada día. Piers, Dennis, Malcolm y Gordon eran todos grandes y estúpidos, pero como Dudley era el más grande y el más estúpido de todos, era el jefe. Los demás se sentían muy felices de practicar el deporte favorito de Dudley: yo no lo sabia profesora a Harry Por esa razón, Harry pasaba tanto tiempo como le resultara posible fuera de la casa, dando vueltas por ahí y pensando en el fin de las vacaciones, cuando podría existir un pequeño rayo de esperanza: en septiembre estudiaría secundaria y,
-Señor Potter, o puedo creer que usted quisiera ir a una escuela muggle cuando su lugar en el colegio esta dado desde casi que nació- mascullo molesta y sorprendida McGonagall
-Profesora, yo no sabia que era mago- repuso Harry con un leve sonrojo
La profesora se sonrojo un poco por su error e inclino la cabeza en son de disculpa
por primera vez en su vida, no iría a la misma clase que su primo. Dudley tenía una plaza en el antiguo colegio de tío Vernon, Smelting. Piers Polkiss también iría allí. Harry en cambio, iría a la escuela secundaria Stonewall, de la zona. Dudley encontraba eso muy divertido.
—Allí, en Stonewall, meten las cabezas de la gente en el inodoro el primer día —dijo a Harry—. ¿Quieres venir arriba y ensayar?
—No, gracias —respondió Harry—. Los pobres inodoros nunca han tenido que soportar nada tan horrible como tu cabeza y pueden marearse. —Luego salió corriendo antes de que Dudley pudiera entender lo que le había dicho.
James, Sirius, Remus, Ron y Ginny estallaron en carcajadas ante la ocurrencia del chico
-Harry- exclamo Sirius entre risas- eres digno hijo de tu padre
-Gracias- sonrió el chico feliz por la reacción de sus amigos
Un día del mes de julio, tía Petunia llevó a Dudley a Londres para comprarle su uniforme de Smelting, dejando a Harry en casa de la señora Figg. Aquello no resultó tan terrible como de costumbre. La señora Figg se había fracturado la pierna al tropezar con un gato y ya no parecía tan encariñada con ellos como antes. Dejó que Harry viera la televisión y le dio un pedazo de pastel de chocolate que, por el sabor, parecía que había estado guardado desde hacía años.
-Y yo que me quejo de la carne en conserva que me mandaba mi madre- tercio Ron con asco
-No tienes ni idea- exclamo Harry recordando el sabor del pastel
Aquella tarde, Dudley desfiló por el salón, ante la familia, con su uniforme nuevo. Los muchachos de Smelting llevaban frac rojo oscuro, pantalones de color naranja y sombrero de paja, rígido y plano. También llevaban bastones con nudos, que utilizaban para pelearse cuando los profesores no los veían. Debían de pensar que aquél era un buen entrenamiento para la vida futura.
-Muggle tenían que ser- susurro Severus por lo bajo, ganándose una sonrisa de los merodeadores que a todos, incluidos ellos sorprendió
Mientras miraba a Dudley con sus nuevos pantalones, tío Vernon dijo con voz ronca que aquél era el momento de mayor orgullo de su vida. Tía Petunia estalló en lágrimas y dijo que no podía creer que aquél fuera su pequeño Dudley, tan apuesto y crecido. Harry no se atrevía a hablar. Creyó que se le iban a romper las costillas del esfuerzo que hacía por no reírse.
-Por suerte para mi si que puedo reírme- exclamo Sirius en medio de una carcajada, seguida de sus dos amigos, junto con Ron, Ginny y Hagrid y para sorpresa de todos Severus
-¿Qué?- se extraño el profesor con una sonrisa- Potter tiene razón, se debía de ver ridículo
Esto logro que todos, incluidos Dumbledore y McGonagall rompieran a reír de nuevo, cuando lograron calmarse, Sirius continúo con la lectura
A la mañana siguiente, cuando Harry fue a tomar el desayuno, un olor horrible inundaba toda la cocina. Parecía proceder de un gran cubo de metal que estaba en el fregadero. Se acercó a mirar. El cubo estaba lleno de lo que parecían trapos sucios flotando en agua gris.
—¿Qué es eso? —preguntó a tía Petunia. La mujer frunció los labios, como hacía siempre que Harry se atrevía a preguntar algo.
-Tunney, me las pagaras- tercio Lily molesta
—Tu nuevo uniforme del colegio —dijo.
Harry volvió a mirar en el recipiente.
—Oh —comentó—. No sabía que tenía que estar mojado.
—No seas estúpido —dijo con ira tía Petunia—. Estoy tiñendo de gris algunas cosas viejas de Dudley. Cuando termine, quedará igual que los de los demás.
-No puedo creer que seas tan tacaña como para no poder comprarle un uniforme decente- bufo Remus saltando de su silla- lo siento Lily- se disculpo hacia su amiga
-No te preocupes Remus, me ganaste la palabra- sonrió Lily con displicencia- pero lo más probable fuera que ya supiera que Harry iba a recibir su carta y lo único que quisiera hacer era tortura mas a mi hijo
Harry volteo a ver a su madre y con una seca cabezada le dio a entender que tenía razón, entonces Lily al ver al chico hacer eso, le arrebato el pergamino a James de las manos y anoto algo con su curva letra. Harry sonrió ante la reacción de su madre, no se imaginaba que fuera así, en verdad, aun sin conocerlo lo quería mucho.
Harry tenía serias dudas de que fuera así, pero pensó que era mejor no discutir. Se sentó a la mesa y trató de no imaginarse el aspecto que tendría en su primer día de la escuela secundaria Stonewall. Seguramente parecería que llevaba puestos pedazos de piel de un elefante viejo. Dudley y tío Vernon entraron, los dos frunciendo la nariz a causa del olor del nuevo uniforme de Harry. Tío Vernon abrió, como siempre, su periódico y Dudley golpeó la mesa con su bastón del colegio, que llevaba a todas partes. Todos oyeron el ruido en el buzón y las cartas que caían sobre el felpudo.
—Trae la correspondencia, Dudley —dijo tío Vernon, detrás de su periódico.
—Que vaya Harry
—Trae las cartas, Harry.
—Que lo haga Dudley.
—Pégale con tu bastón, Dudley.
-Maldito mocoso- rugió Sirius lanzando chispas por su varita, la cual incendio la alfombra roja a sus pies- lo siento- tercio apagando el fuego con un leve floreo- es que su actitud me molesta
-No nomas a ti- exclamo Remus caminando hacia James y tomando el pergamino entre sus manos- es mi turno- afirmo plasmando una broma con su varita
-Ese es mi amigo Lunático- sonrió Sirius dando una puñalada al aire
Harry esquivó el golpe y fue a buscar la correspondencia. Había tres cartas en el felpudo: una postal de Marge, la hermana de tío Vernon, que estaba de vacaciones en la isla de Wight; un sobre color marrón, que parecía una factura, y una carta para Harry. Harry la recogió y la miró fijamente, con el corazón vibrando como una gigantesca banda elástica. Nadie, nunca, en toda su vida, le había escrito a él.
-Como es eso posible, yo debí haberte escrito algo- mascullo Sirius confundido
-No señor Black, Harry esta bajo mucha protección y mientras no supiera nada del mundo mágico el no podía recibir correspondencia de nadie- informo Dumbledore por detrás de sus gafas de media lunas
-Y ¿eso porque?- quiso saber Lily volteando a ver al director
-Para protección del mismo Harry, pues no sabíamos realmente si ya habían dejado de perseguirlo, y más porque no todos los mortifagos habían sido arrestados Lily- explico Dumbledore amablemente
Lily al parecer quedo complacida, dado que sonrió y pidió a Sirius con un asentimiento de cabeza que siguiera leyendo
¿Quién podía ser? No tenía amigos ni otros parientes. Ni siquiera era socio de la biblioteca, así que nunca había recibido notas que le reclamaran la devolución de libros. Sin embargo, allí estaba, una carta dirigida a él de una manera tan clara que no había equivocación posible.
Señor H. Potter
Alacena Debajo de la Escalera
Privet Drive, 4
Little Whinging
Surrey
-Harry, te llego tu carta- sonrió James divertido, con un brillo especial en los ojos
-Si, y sale mi antigua habitación- exclamo el chico con nostalgia
-Eso tiene fácil solución- tercio Sirius cuchicheando algo al oído de su amigo
-Sabes hermano- tercio Ron acercándose a Harry- tu papa y tu padrino me dan un poco de miedo
-A mi también- exclamo Harry articulando con los labios
-Te imaginas lo que nos dirán cuando se enteren de lo que hagamos- exclamo Ron con los ojos como platos
-No quiero ni pensarlo Ron- negó Harry sorprendido- con mi padre no creo que os pase nada malo… pero no puedo decir lo mismo con mama
-Ustedes no tienen nada de qué preocuparse- refuto Hermione preocupada- a mi me dirán cosas horribles
-No Hermione, eres mi mejor amiga, ellos tienen que entenderlo, todos cambiamos a lo largo de los años- exclamo Harry posando una mano en el hombro de su amiga
-Si Hermione, además de ti no se burlaran porque tú nunca le dijiste cosas de las que ahora te arrepientes y mas enfrente de sus padre, a Harry- exclamo Ginny poniéndose roja como su cabello.
Sirius, al percatarse de la reacción de la mini pelirroja exclamo
-Oye mini pelirroja ¿Por qué esa cara tan roja?
-Sí, que nos están ocultando- tercio James viendo detenidamente a los cuatro chicos
-Nada- exclamaron los cuatro a la vez negando con la cabeza
-Claro y yo soy Merlín- se mofo James divertido
-No sabía que éramos descendientes del mago Merlín- mascullo Harry divertido, en todo burlón hacia su padre
-Muy gracioso jovencito- tercio James imitando la voz de su padre cuando lo atrapaba en alguna travesura
-En serio papa, no estamos ocultando nada… o mejor dicho… no creo que pueda ocultarle algo… menos ahora que tienes mi vida en tus manos- tercio Harry risueño, viendo significativamente los seis libros en la mesilla de a un lado
James volteo a ver los libros y sonrió divertido, iba a tomar otro libro pero al ver la cara furiosa de su novia decidió dejarlo donde estaba.
El sobre era grueso y pesado, hecho de pergamino amarillento, y la dirección estaba escrita con tinta verde esmeralda. No tenía sello. Con las manos temblorosas, Harry le dio la vuelta al sobre y vio un sello de lacre púrpura con un escudo de armas: un león, un águila, un tejón y una serpiente, que rodeaban una gran letra H.
—¡Date prisa, chico! —exclamó tío Vernon desde la cocina—. ¿Qué estás haciendo, comprobando si hay cartas-bomba? —Se rió de su propio chiste.
-¿Eso fue un chiste?- se mofo Sirius con los ojos abiertos como platos
-Para el si- dijo Harry encogiéndose de hombros
-Muy mal hecho, eso no fue nada bueno. Tendremos que darle lecciones- afirmo James divertido, escribiendo nuevas cosas en el pergamino
-Pueden ayudar Fred y George- dijo Ginny con una sonrisa traviesa
-¿Quién?- inquirió Sirius confundido
-Los bromistas de la familia- informo Ron encogiéndose de hombros
-Y Margaret, dale al niño de cabello negro el ungüento a mitad de precio, se nota que es un bromista innato- dijo un chico pelirrojo salido de la nada
-¿Quién rayos eres tu?- exclamo un sorprendido Remus
-Mi nombre es Greg Weasley, Remus, ¿no te acuerdas?
-Y yo soy Feorge- exclamo otro chico pelirrojo junto a uno idéntico él- ¿si que te afecto la memoria la ultima luna llena amigo? - sonrió hacia su ex profesor
-Un momento- exclamo George viendo detenidamente a Remus
-No es posible- indico Fred sorprendido
-Hay dos Harry- dijeron ambos a la vez
-No… yo soy Harry- saludo el chico con una mano a los gemelos
-Y ¿él quien es?- pregunto Fred apuntando a James
-Mi nombre es cornamenta- saludo James poniéndose de pie con un brillo especial en los ojos al encontrar un par de bromistas a su altura
-No es posible- dijo George con los ojos como platos
-Increíble- tercio Fred sorprendido
-Eres nuestro mas grande ídolo- dijeron ambos a la vez
-Junto con los grandiosos de Lunático, Colagusano y Canuto- tercio George con los ojos brillosos
-Si, con sus artículos para magos traviesos nos inspiraron para crear nuestra tienda de bromas- casi salta de felicidad Fred, tomando de la mano a James y estrechándola enérgicamente
-Debes presentarnos a Canuto, Lunático y Colagusano-sonrió George alucinado
-Claro que si- acepto James encantado- mira él es Canuto- señalo a Sirius con una mano el cual sonrió- y el es Lunático- apunto a Remus con la cabeza, el cual asintió con una sonrisa
-¿Por qué nunca lo dijeron?- gritaron los dos sentidos
-Porque apenas los conocemos- señalo Remus divertido
-No es verdad, tú fuiste nuestro profesor de Defensa contra las Artes Oscuras en quinto año- informo George sorprendido
-¿Y…yo fui profesor?- se extraño Remus
-El mejor en la historia- exclamo Fred apoyando a su hermano
-Imposible… con mi problema… Dumbledore- volteo a ver al director y este le sonrió
-A él no le importaba… y para ser francos a nosotros tampoco, fuiste el mejor profesor que hayamos tenido- exclamo George con una gran sonrisa
Remus volteo a ver a los otros cuatro muchachos y vio que estos le sonreían en señal de que estaban de acuerdo con sus amigos, entonces se le formo una gran sonrisa en el rostro dado que se sentía orgulloso de que lo apreciaran
-Solo ahí una cosa que no entiendo- exclamo Fred viendo primero a Harry y luego a James- como es que hay dos Harry… bueno Harry y… él- señalo a James
-Bueno… mi nombre es James Potter… y se supone que seré su padre- señalo a Harry con un dedo.
-Pero como tu… que no se supone… cómo es posible- dijo Fred sorprendido
-No puedo creerlo… Harry es el merodeador honorario del que habla la historia-señalo George con los ojos como platos
-¿Qué historia?- exclamo Harry confundido
-El mapa. El mapa lo dice, el merodeador honorario es el hijo de todo merodeador, el que heredara los dones de bromista- explico Fred con orgullo
-Creo que se equivocaron de hijo- tercio Ginny divertida- Harry no busca problemas
-Por lo regular ellos me encuentran a mi- tercio Harry sorprendido
-Además, no se compara en nada con cosas como las que hacían Fred y George… y Hagrid dice que ellos son idénticos a ustedes- informo Ron observando a James divertido
-Explícate… ¿Cómo que el hijo de un merodeador no se mete en problemas?- bufo sorprendido James viendo al director a los ojos
-Porque él es idéntico a su madre en el carácter James- con una sonrisa Dumbledore
-Al menos saco algo bueno de mi- tercio Lily con una ancha sonrisa de orgullo
-A mi no me agrada nada- susurro Sirius al oído de su amigo
-No te preocupes hijo mío, eso tiene fácil solución- exclamo James haciendo aparecer de la nada una libreta negra con letras doradas que decía:El manual del merodeador
-Eh… papa… ya tengo suficiente con lo que me pasa por ser quien soy… en verdad no necesito ayuda- exclamo Harry nervioso, viendo los ojos furiosos de su profesora de transformaciones
-James Potter- bufo furiosa la profesora McGonagall- no te voy a permitir que corrompas la mente del pobre niño
-Pero profesora…- iba diciendo James
-Nada Potter- tercio fulminantemente la profesora- ese niño ya tiene suficiente con lo que le pasa sin la ayuda de tus amiguitos y tuya, quedo claro- termino fulminándolos con la mirada a los cinco bromistas
-Si profesora- dijeron los cinco abatidos
-Si cree que es así de fácil- susurro Sirius al oído de Fred el cual sonrió ampliamente, maquinando algo.
Harry y Ron que conocían a la perfección esa expresión en el rostro de los gemelos sabían que no llevaba a nada bueno.
-Pasando a otro tema, como fue que llegaron aquí- inquirió Severus sorprendido
-Oh, profesor Snape, no me había dado cuenta de que estaba aquí- tercio George con fingida sorpresa
-Señor Weasley, le advierto que no estoy para sus bromitas- tercio molesto Severus, haciendo reír a los merodeadores- y ¿bien?
-La verdad no lo sabemos profesor- negó Fred encogiéndose de hombros- estábamos hablando con una de nuestras empleadas un momento y al otro estábamos aquí
-Como es eso posible- inquirió McGonagall sorprendida
-A lo mejor tiene algo que ver con la carta profesora- sugirió Lily- en ella dice que cuando alguien sea requerido, ese alguien aparecerá aquí
-Puede que tenga razón señorita Evans- observo Dumbledore pensativamente
-Tal vez luego lo averiguaremos- tercio Severus incitando a Sirius a leer- ahora Black, haz algo productivo con tu vida y continúa.
Harry volvió a la cocina, todavía contemplando su carta. Entregó a tío Vernon la postal y la factura, se sentó y lentamente comenzó a abrir el sobre amarillo. Tío Vernon rompió el sobre de la factura, resopló disgustado y echó una mirada a la postal.
—Marge está enferma —informó a tía Petunia—. Al parecer comió algo en mal estado.
—¡Papá! —dijo de pronto Dudley—. ¡Papá, Harry ha recibido algo!
Harry estaba a punto de desdoblar su carta, que estaba escrita en el mismo pergamino que el sobre, cuando tío Vernon se la arrancó de la mano.
-¿Por qué le quito su carta?- grito Sirius molesto
-Sirius, sigue leyendo- pidió Harry divertido
-Pero es que…- iba diciendo James uniéndose a la protesta de su amigo
-Black, ¿lees o quieres que lea yo?- exclamo Lily furiosa
-No, ya continuo- dijo Sirius reanudando la lectura
—¡Es mía! —dijo Harry; tratando de recuperarla.
—¿Quién te va a escribir a ti? —dijo con tono despectivo tío Vernon, abriendo la carta con una mano y echándole una mirada. Su rostro pasó del rojo al verde con la misma velocidad que las luces del semáforo. Y no se detuvo ahí. En segundos adquirió el blanco grisáceo de un plato de avena cocida reseca.
—¡Pe... Pe... Petunia! —bufó.
Dudley trató de coger la carta para leerla, pero tío Vernon la mantenía muy alta, fuera de su alcance. Tía Petunia la cogió con curiosidad y leyó la primera línea. Durante un momento pareció que iba a desmayarse. Se apretó la garganta y dejó escapar un gemido.
Sirius estallo en carcajadas ante la reacción de Petunia, James se estaba revolcando en el suelo a los pies de su novia, los gemelos veían divertidos la escena, mientras que Harry, Ron, Hermione, Ginny y Remus veían la escena más que sorprendido, menos Remus, pues ya estaba acostumbrado a las reacciones de sus amigos. Lily por otro lado, reía de lado, al ver a su novio divertirse por la reacción de su hermana
—¡Vernon! ¡Oh, Dios mío... Vernon!
Se miraron como si hubieran olvidado que Harry y Dudley todavía estaban allí. Dudley no estaba acostumbrado a que no le hicieran caso. Golpeó a su padre en la cabeza con el bastón de Smelting.
—Quiero leer esa carta —dijo a gritos.
—Yo soy quien quiere leerla —dijo Harry con rabia—. Es mía.
—Fuera de aquí, los dos —graznó tío Vernon, metiendo la carta en el sobre.
Harry no se movió.
—¡QUIERO MI CARTA! —gritó.
-Ese es el carácter de un merodeador- señalo James divertido
—¡Déjame verla! —exigió Dudley
—¡FUERA! —gritó tío Vernon y, cogiendo a Harry y a Dudley por el cogote, los arrojó al recibidor y cerró la puerta de la cocina. Harry y Dudley iniciaron una lucha, furiosa pero callada, para ver quién espiaba por el ojo de la cerradura. Ganó Dudley, así que Harry, con las gafas colgando de una oreja, se tiró al suelo para escuchar por la rendija que había entre la puerta y el suelo.
—Vernon —decía tía Petunia, con voz temblorosa—, mira el sobre. ¿Cómo es posible que sepan dónde duerme él? No estarán vigilando la casa, ¿verdad?
—Vigilando, espiando... Hasta pueden estar siguiéndonos —murmuró tío Vernon, agitado.
—Pero ¿qué podemos hacer, Vernon? ¿Les contestamos? Les decimos que no queremos... Harry pudo ver los zapatos negros brillantes de tío Vernon yendo y viniendo por la cocina.
—No —dijo finalmente—. No, no les haremos caso. Si no reciben una respuesta... Sí, eso es lo mejor... No haremos nada...
—Pero...
—¡No pienso tener a uno de ellos en la casa, Petunia! ¿No lo juramos cuando recibimos y destruimos aquella peligrosa tontería?
-¡Tontería! ¿Tontería?- bufo James molesto
-En esta única ocasión concuerdo contigo Potter- mascullo Severus viendo con los ojos encendidos el libro
Aquella noche, cuando regresó del trabajo, tío Vernon hizo algo que no había hecho nunca: visitó a Harry en su alacena.
—¿Dónde está mi carta? —dijo Harry, en el momento en que tío Vernon pasaba con dificultad por la puerta—. ¿Quién me escribió?
—Nadie. Estaba dirigida a ti por error —dijo tío Vernon con tono cortante—. La quemé.
-¿Qué?- gritaron Sirius, James, Lily y Remus a la vez
-¿Cómo que la quemo?- bufo furioso James
-No puede dejar a Harry sin su carta- tercio Remus echando humos por las orejas
-Tranquilo, si me entere de lo que decía- tercio Harry divertido
-Como- inquirió Sirius molesto
-Ya veras, te alegrara saber que alguien ya les dio su lección- sonrió el chico hacia Hagrid.
—No era un error —dijo Harry enfadado—. Estaba mi alacena en el sobre.
—¡SILENCIO! —gritó el tío Vernon, y unas arañas cayeron del techo. Respiró profundamente y luego sonrió, esforzándose tanto por hacerlo que parecía sentir dolor.
—Ah, sí, Harry, en lo que se refiere a la alacena... Tu tía y yo estuvimos pensando... Realmente ya eres muy mayor para esto... Pensamos que estaría bien que te mudes al segundo dormitorio de Dudley
-¿Hay otra habitación y te dejaban dormir debajo de una horrible escalera como un sirviente?- grito rojo de coraje James, el corazón a punto de salirse de su pecho y con la respiración acelerada por culpa del coraje
-No puedo creer que mi hermana sea tan inhumana, me las va a pagar una por una- exclamo Lily apuntando al pergamino con su varita murmurando palabras inaudibles pero que a leguas se notaban que eran de furia
-No saben con quién se metieron- tercio Sirius echando fuego por los ojos grises de lleno de coraje
-Esto no se quedara así- determino Remus uniéndose a sus amigos en la venganza contra la familia política de James
—¿Por qué? —dijo Harry
—¡No hagas preguntas! —exclamó—. Lleva tus cosas arriba ahora mismo.
La casa de los Dursley tenía cuatro dormitorios: uno para tío Vernon y tía Petunia, otro para las visitas (habitualmente Marge, la hermana de Vernon), en el tercero dormía Dudley y en el último guardaba todos los juguetes y cosas que no cabían en aquél.
-¡y ve para que lo usan!- tercio Sirius bufando como un toro enojado
En un solo viaje Harry trasladó todo lo que le pertenecía, desde la alacena a su nuevo dormitorio. Se sentó en la cama y miró alrededor. Allí casi todo estaba roto. La filmadora estaba sobre un carro de combate que una vez Dudley hizo andar sobre el perro del vecino, y en un rincón estaba el primer televisor de Dudley, al que dio una patada cuando dejaron de emitir su programa favorito. También había una gran jaula que alguna vez tuvo dentro un loro, pero Dudley lo cambió en el colegio por un rifle de aire comprimido, que en aquel momento estaba en un estante con la punta torcida, porque Dudley se había sentado encima. El resto de las estanterías estaban llenas de libros. Era lo único que parecía que nunca había sido tocado. Desde abajo llegaba el sonido de los gritos de Dudley a su madre.
—No quiero que esté allí... Necesito esa habitación... Échalo...
Harry suspiró y se estiró en la cama. El día anterior habría dado cualquier cosa por estar en aquella habitación. Pero en aquel momento prefería volver a su alacena con la carta a estar allí sin ella. A la mañana siguiente, durante el desayuno, todos estaban muy callados. Dudley se hallaba en estado de conmoción. Había gritado, había pegado a su padre con el bastón de Smelting, se había puesto malo a propósito, le había dado una patada a su madre, arrojado la tortuga por el techo del invernadero, y seguía sin conseguir que le devolvieran su habitación.
-Que niño tan maleducado- exclamo sorprendida McGonagall por la actitud del primo de Harry
Harry estaba pensando en el día anterior, y con amargura pensó que ojalá hubiera abierto la carta en el vestíbulo. Tío Vernon y tía Petunia se miraban misteriosamente. Cuando llegó el correo, tío Vernon, que parecía hacer esfuerzos por ser amable con Harry, hizo que fuera Dudley. Lo oyeron golpear cosas con su bastón en su camino hasta la puerta. Entonces gritó.
—¡Hay otra más! Señor H. Potter, El Dormitorio Más Pequeño, Privet Drive, 4...
-Esta si que la tienes que recibir- tercio James molesto
-No todavía- informo Harry divertido por la reacción de sus amigos
Con un grito ahogado, tío Vernon se levantó de su asiente y corrió hacia el vestíbulo, con Harry siguiéndolo. Allí tuvo que forcejear con su hijo para quitarle la carta, lo que le resultaba difícil porque Harry le tiraba del cuello. Después de un minuto de confusa lucha, en la que todos recibieron golpes del bastón, tío Vernon se enderezó con la carta de Harry arrugada en su mano, jadeando para recuperar la respiración.
—Vete a tu alacena, quiero decir a tu dormitorio —dijo a Harry sin dejar de jadear—. Y Dudley.. Vete... Vete de aquí.
Harry paseó en círculos por su nueva habitación. Alguien sabía que se había ido de su alacena y también parecía saber que no había recibido su primera carta. ¿Eso significaría que lo intentarían de nuevo? Pues la próxima vez se aseguraría de que no fallaran. Tenía un plan.
-Tus planes nunca funcionan amigo- sonrió Ron divertido
-No me lo tienes que recordar, que todo lo que planeamos nos termina saliendo mal- exclamo Harry con una sonrisa torcida
El reloj despertador arreglado sonó a las seis de la mañana siguiente. Harry lo apagó rápidamente y se vistió en silencio: no debía despertar a los Dursley. Se deslizó por la escalera sin encender ninguna luz. Esperaría al cartero en la esquina de Privet Drive y recogería las cartas para el número 4 antes de que su tío pudiera encontrarlas. El corazón le latía aceleradamente mientras atravesaba el recibidor oscuro hacia la puerta.
—¡AAAUUUGGG!
-¡Uhh! Lo golpeaste Harry, y en la cara- se burlo James con sorna
-No fue intencional- exclamo Harry encogiéndose de hombros
-Pues deberías de haberlo hecho intencionalmente Harry- sonrio Sirius divertido.
Lily volteo a verlos negando con la cabeza mientras Remus y Severus rodaban los ojos, a la vez que los cuatro amigos sonreían disimuladamente y Dumbledore, McGonagall y Hagrid sonreían satisfechos por recuperar a sus pupilos
Harry saltó en el aire. Había tropezado con algo grande y fofo que estaba en el felpudo... ¡Algo vivo!
-¡Oh que horror!- mascullo Sirius divertido
Los otros onces soltaron una carcajada por la expresión de Sirius y este después se unió a estas, mientras Severus no sabia si reír o no, no podía bajar la guardia frente a ellos.
Las luces se encendieron y, horrorizado, Harry se dio cuenta de que aquella cosa fofa y grande era la cara de su tío. Tío Vernon estaba acostado en la puerta, en un saco de dormir, evidentemente para asegurarse de que Harry no hiciera exactamente lo que intentaba hacer. Gritó a Harry durante media hora y luego le dijo que preparara una taza de té. Harry se marchó arrastrando los pies y, cuando regresó de la cocina, el correo había llegado directamente al regazo de tío Vernon. Harry pudo ver tres cartas escritas en tinta verde.
—Quiero... —comenzó, pero tío Vernon estaba rompiendo las cartas en pedacitos ante sus ojos.
-¡Estúpido muggle!- bufo James por lo bajo, ganándose un beso de su novia
Aquel día, tío Vernon no fue a trabajar. Se quedó en casa y tapió el buzón.
—¿Te das cuenta? —explicó a tía Petunia, con la boca llena de clavos—. Si no pueden entregarlas, tendrán que dejar de hacerlo.
-¡No funcionara!- tronaron los gemelos Weasley en una excelente imitación de Hermione cuando los reprendió de tomarse una poción envejecedora para burlar el hechizo de Dumbledore
—No estoy segura de que esto resulte, Vernon.
—Oh, la mente de esa gente funciona de manera extraña, Petunia, ellos no son como tú y yo —dijo tío Vernon, tratando de dar golpes a un clavo con el pedazo de pastel de fruta que tía Petunia le acababa de llevar.
-Si, no somos como tu, nosotros si sabemos distinguir entre un martillo y un pastel de frutas- tercio Lily divertida ante la mirada asombrada de su novio y amigos
El viernes, no menos de doce cartas llegaron para Harry. Como no las podían echar en el buzón, las habían pasado por debajo de la puerta, por entre las rendijas, y unas pocas por la ventanita del cuarto de baño de abajo. Tío Vernon se quedó en casa otra vez. Después de quemar todas las cartas, salió con el martillo y los clavos para asegurar la puerta de atrás y la de delante, para que nadie pudiera salir. Mientras trabajaba, tarareaba De puntillas entre los tulipanes y se sobresaltaba con cualquier ruido.
El sábado, las cosas comenzaron a descontrolarse. Veinticuatro cartas para Harry entraron en la casa, escondidas entre dos docenas de huevos, que un muy desconcertado lechero entregó a tía Petunia, a través de la ventana del salón. Mientras tío Vernon llamaba a la oficina de correos y a la lechería, tratando de encontrar a alguien para quejarse, tía Petunia trituraba las cartas en la picadora.
—¿Se puede saber quién tiene tanto interés en comunicarse contigo? —preguntaba Dudley a Harry, con asombro.
-Muchas mas personas que a ti, eso es seguro zoquete- tercio Sirius entre dientes
La mañana del domingo, tío Vernon estaba sentado ante la mesa del desayuno, con aspecto de cansado y casi enfermo, pero feliz.
—No hay correo los domingos —les recordó alegremente, mientras ponía mermelada en su periódico—. Hoy no llegarán las malditas cartas...
Algo llegó zumbando por la chimenea de la cocina mientras él hablaba y le golpeó con fuerza en la nuca. Al momento siguiente, treinta o cuarenta cartas cayeron de la chimenea como balas. Los Dursley se agacharon, pero Harry saltó en el aire, tratando de atrapar una.
-¡Wow!, increíble, cartas voladoras exprés- exclamaron los gemelos al unisonó arrancado carcajadas de casi todos los presentes, obvio, menos de los profesores.
—¡Fuera! ¡FUERA!
Tío Vernon cogió a Harry por la cintura y lo arrojó al recibidor. Cuando tía Petunia y Dudley salieron corriendo, cubriéndose la cara con las manos, tío Vernon cerró la puerta con fuerza. Podían oír el ruido de las cartas, que seguían cayendo en la habitación, golpeando contra las paredes y el suelo.
—Ya está —dijo tío Vernon, tratando de hablar con calma, pero arrancándose, al mismo tiempo, parte del bigote—. Quiero que estéis aquí dentro de cinco minutos, listos para irnos. Nos vamos. Coged alguna ropa. ¡Sin discutir!
Parecía tan peligroso, con la mitad de su bigote arrancado, que nadie se atrevió a contradecirlo.
-Deberían de meterlo a uno de esos hospitales muggles donde meten a la gente que a perdido la cabeza- tercio James divertido, en complicidad con Sirius y Remus
-Manicomio- respondió Lily con una sonrisa divertida
-Como se llame- contesto Sirius restándole importancia con un ademan de mano
Diez minutos después se habían abierto camino a través de las puertas tapiadas y estaban en el coche, avanzando velozmente hacia la autopista. Dudley lloriqueaba en el asiento trasero, pues su padre le había pegado en la cabeza cuando lo pilló tratando de guardar el televisor, el vídeo y el ordenador en la bolsa.
Condujeron. Y siguieron avanzando. Ni siquiera tía Petunia se atrevía a preguntarle adónde iban. De vez en cuando, tío Vernon daba la vuelta y conducía un rato en sentido contrario.
—Quitárnoslos de encima... perderlos de vista... —murmuraba cada vez que lo hacía.
-Imposible- terciaron los cuatro bromistas a la vez
-Es imposible perder el rastro de un menor de edad y más si hace magia sin proponérselo- informo Remus con solemnidad
Lily sonrió a su amigo y a su hijo divertida, mientras Sirius y James observaban a su amigo levantándole el cabello y tocándole la frente con fingidos arranques de mano como si se hubieran quemado al contacto con su amigo
-Dejen de hacer eso- se molesto Remus apartando las manos de sus amigos de un manotazo
-Tu frente arde amigo- se mofo James soplando a sus dedos- de seguro se te sobrecalentó el cerebro
Los gemelos, Harry, Ron, Ginny y Sirius rieron a mandíbula abierta por el comentario hecho por James, Lily y McGonagall rodaban los ojos, Dumbledore negaba con la cabeza, Severus veía sorprendido el comportamiento de sus alumnos, y Hagrid, bueno, Hagrid es Hagrid así que elogiaba a James con una sonrisa tierna a través de sus ojos negros como la noche
No se detuvieron en todo el día para comer o beber. Al llegar la noche Dudley aullaba. Nunca había pasado un día tan malo en su vida. Tenía hambre, se había perdido cinco programas de televisión que quería ver y nunca había pasado tanto tiempo sin hacer estallar un monstruo en su juego de ordenador.
Tío Vernon se detuvo finalmente ante un hotel de aspecto lúgubre, en las afueras de una gran ciudad. Dudley y Harry compartieron una habitación con camas gemelas y sábanas húmedas y gastadas. Dudley roncaba, pero Harry permaneció despierto, sentado en el borde de la ventana, contemplando las luces de los coches que pasaban y deseando saber...
Al día siguiente, comieron para el desayuno copos de trigo, tostadas y tomates de lata. Estaban a punto de terminar, cuando la dueña del hotel se acercó a la mesa.
—Perdonen, ¿alguno de ustedes es el señor H. Potter? Tengo como cien de éstas en el mostrador de entrada.
Extendió una carta para que pudieran leer la dirección en tinta verde:
Señor H. Potter
Habitación 17
Hotel Railview
Cokeworth
Harry fue a coger la carta, pero tío Vernon le pegó en la mano. La mujer los miró asombrada.
—Yo las recogeré —dijo tío Vernon, poniéndose de pie rápidamente y siguiéndola.
-¡Estúpido muggle!- dijo, para sorpresa de todos y mas de James y Harry, Severus Snape
-Compañero, creo que estamos corrompiendo la… "inocente mente" de nuestro buen Quejicus- mascullo Sirius en medio de una sonrisa traviesa
-Si, no somos una buena influencia- negó James "abatido" viendo divertido al profesor de pociones
Los gemelos quedaron sorprendidos por la sincronía de los dos merodeadores
-Yo creo que mas bien deberíamos alejarnos de el, no valla a ser que un pelo grasiento termine uniéndose al grupo- rio Remus en un susurro a sus amigos
-¡Y nosotros que creíamos que eras el serio!- exclamaron los gemelos al unisonó asombrados
-¿Él?- se extrañaron Sirius y James- no se que les enseñan hoy en día en la escuela chicos, pero ningún merodeador es serio… ni… centrado- tercio James palmeando el hombro de Fred
-Bueno Cornamenta, hermano, nuestra querida pelirroja te ha domado, y eso es muy peligroso para nuestra reputación- exclamo Sirius con fingido escalofrió
-Bueno, pero Lily es Lily- tercio James abrazando a su novia con ternura
-Si Sirius, ella es la única que ha podido calmar a Cornamenta, ni siquiera usted profesora- indico Remus viendo a McGonagall con la cabeza gacha
Ella soltó un suspiro y con un ademan de mano pidió a James seguir leyendo
—¿No sería mejor volver a casa, querido? —sugirió tía Petunia tímidamente, unas horas más tarde, pero tío Vernon no pareció oírla. Qué era lo que buscaba exactamente, nadie lo sabía. Los llevó al centro del bosque, salió, miró alrededor, negó con la cabeza, volvió al coche y otra vez lo puso en marcha. Lo mismo sucedió en medio de un campo arado, en mitad de un puente colgante y en la parte más alta de un aparcamiento de coches.
—Papá se ha vuelto loco, ¿verdad? —preguntó Dudley a tía Petunia aquella tarde.
-¿Apenas lo notas zoquete?- exclamo Sirius con sorna, ganándose la aprobación de Ginny, la cual sonrió
Tío Vernon había aparcado en la costa, los había encerrado y había desaparecido. Comenzó a llover. Gruesas gotas golpeaban el techo del coche. Dudley gimoteaba.
—Es lunes —dijo a su madre—. Mi programa favorito es esta noche. Quiero ir a algún lugar donde haya un televisor.
Lunes. Eso hizo que Harry se acordara de algo. Si era lunes (y habitualmente se podía confiar en que Dudley supiera el día de la semana, por los programas de la televisión),
-Solo para eso tiene cerebro- se burlo Hermione, para sorpresa de Ron, Harry y Ginny, esta ultima sonrió a su amiga.
entonces, al día siguiente, martes, era el cumpleaños número once de Harry.
Claro que sus cumpleaños nunca habían sido exactamente divertidos: el año anterior, por ejemplo, los Dursley le regalaron una percha y un par de calcetines viejos de tío Vernon. Sin embargo, no se cumplían once años todos los días.
-¡Maldito sinvergüenza!- bufo Remus apretando los puños
Tío Vernon regresó sonriente. Llevaba un paquete largo y delgado y no contestó a tía Petunia cuando le preguntó qué había comprado.
—¡He encontrado el lugar perfecto! —dijo—. ¡Vamos! ¡Todos fuera!
Hacia mucho frío cuando bajaron del coche. Tío Vernon señalaba lo que parecía una gran roca en el mar. Y, encima de ella, se veía la más miserable choza que uno se pudiera imaginar. Una cosa era segura, allí no había televisión.
—¡Han anunciado tormenta para esta noche! —anunció alegremente tío Vernon, aplaudiendo—. ¡Y este caballero aceptó gentilmente alquilarnos su bote!
-¡Payaso!- murmuro Ron con las orejas encendidas de coraje
Un viejo desdentado se acercó a ellos, señalando un viejo bote que se balanceaba en el agua grisácea.
—Ya he conseguido algo de comida —dijo tío Vernon—. ¡Así que todos a bordo!
En el bote hacía un frío terrible. El mar congelado los salpicaba, la lluvia les golpeaba la cabeza y un viento gélido les azotaba el rostro. Después de lo que pareció una eternidad, llegaron al peñasco, donde tío Vernon los condujo hasta la desvencijada casa.
El interior era horrible: había un fuerte olor a algas, el viento se colaba por las rendijas de las paredes de madera y la chimenea estaba vacía y húmeda. Sólo había dos habitaciones.
La comida de tío Vernon resultó ser cuatro plátanos y un paquete de patatas fritas para cada uno. Trató de encender el fuego con las bolsas vacías, pero sólo salió humo.
—Ahora podríamos utilizar una de esas cartas, ¿no? —dijo alegremente.
Estaba de muy buen humor. Era evidente que creía que nadie se iba a atrever a buscarlos allí, con una tormenta a punto de estallar. En privado, Harry estaba de acuerdo, aunque el pensamiento no lo alegraba.
Al caer la noche, la tormenta prometida estalló sobre ellos. La espuma de las altas olas chocaba contra las paredes de la cabaña y el feroz viento golpeaba contra los vidrios de las ventanas. Tía Petunia encontró unas pocas mantas en la otra habitación y preparó una cama para Dudley en el sofá. Ella y tío Vernon se acostaron en una cama cerca de la puerta, y Harry tuvo que contentarse con un trozo de suelo y taparse con la manta más delgada.
-¡Ahora si lo mato!- exclamo Lily poniéndose de pie y enarbolando su varita con furia
-Tranquila mama, ya veras que todo saldrá bien- sonrió Harry divertido, sonriendo a Lily.
Lily se tranquilizo solo un poco, se sentó y tomando la mano de su novio se dispuso a seguir escuchando.
La tormenta aumentó su ferocidad durante la noche. Harry no podía dormir. Se estremecía y daba vueltas, tratando de ponerse cómodo, con el estómago rugiendo de hambre. Los ronquidos de Dudley quedaron amortiguados por los truenos que estallaron cerca de la medianoche. El reloj luminoso de Dudley, colgando de su gorda muñeca, informó a Harry de que tendría once años en diez minutos. Esperaba acostado a que llegara la hora de su cumpleaños, pensando si los Dursley se acordarían y preguntándose dónde estaría en aquel momento el escritor de cartas.
Cinco minutos. Harry oyó algo que crujía afuera. Esperó que no fuera a caerse el techo, aunque tal vez hiciera más calor si eso ocurría. Cuatro minutos. Tal vez la casa de Privet Drive estaría tan lleno de cartas, cuando regresaran, que podría robar una.
Tres minutos para la hora. ¿Por qué el mar chocaría con tanta fuerza contra las rocas? Y (faltaban dos minutos) ¿qué era aquel ruido tan raro? ¿Las rocas se estaban desplomando en el mar?
Un minuto y tendría once años. Treinta segundos... veinte... diez... nueve... tal vez despertara a Dudley, sólo para molestarlo... tres... dos... uno...
-Tienes que hacerlo Harry- exclamaron los cinco bromistas con sonrisas idénticas
BUM.
Toda la cabaña se estremeció y Harry se enderezó, mirando fijamente a la puerta.
Alguien estaba fuera, llamando.
-¿Que, eso es todo?- se sorprendió James al darse cuenta que es el final del capitulo
-¿No hay mas?- inquirió Sirius arrebatándole el libro a su amigo.
-De seguro el otro capitulo, pero es mejor que comamos algo y descansemos un poco chicos, fue un viaje algo raro y necesitamos descansar, ya fue mucho por ahora- exclamo Lily poniéndose de pie y estirando los brazos sobre su cabeza.
-Tienes razón pelirroja, pero ¿como comeremos?- inquirió Sirius escéptico.
En ese momento un elfo domestico, Sally, apareció de la nada con una bandeja llena de comida y jugo de calabaza, que Sirius, Remus, Ron y James tomaron ansiosos, mientras los demás reacomodaban las sillas para acomodarse mejor en la sala.
Ron y Sirius se relamían los bigotes a la vez que exclamaban: Ba te-a am-re, provocando que Lily y Hermione negaran asqueadas con la cabeza y Ginny se encogiera de hombros haciendo una mueca extraña. Harry reía disimuladamente y Severus veía desaprobatoriamente el comportamiento de Sirius y Ron.
Después de comer aparecieron unas hamacas donde los chicos se acostaron a dormir, lo que fue una suerte por que Ginny, Lily y Hermione se estaban cayendo de sueño en los hombros de Harry, James y Ron.
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