Harry latino

jueves, 13 de diciembre de 2012

sentimientos encontrados 2


A través de la trampilla


Eso no me gusta nada- dijo Lily recordando que tendrían que verse con el perro de tres cabezas

Tranquila Lily, no creo que les pase nada- la tranquilizo Arthur continuando con la lectura

En años venideros, Harry nunca pudo recordar cómo se las había arreglado para hacer sus exámenes, cuando una parte de él esperaba que Voldemort entrara por la puerta en cual­quier momento.

Yo siempre me pregunte lo mismo- declaro James volteando a ver a sus amigos- como le hacíamos para pasar los exámenes y aun así meternos en problemas a diario

Y ha hablado el bien portado de James- se mofo Sirius con ironía en la voz- desde que estas con Lily Prongs ya eres el mismo de antes, ¡te hemos perdido, viejo amigo!- lloro Sirius en el hombro de Remus con fuertes convulsiones que bien sabia James era solo un juego

Sin embargo, los días pasaban y no había dudas de que Fluffy seguía bien y con vida, detrás de la puer­ta cerrada.
Hacía mucho calor, en especial en el aula grande donde se examinaban por escrito. Les habían entregado plumas nuevas, especiales, que habían sido hechizadas con un encantamiento antitrampa.

Por que no confían en nosotros- exclamo Sirius dolido volteando a ver a su profesora de transformaciones

Sr Black, bien sabe el por que- dijo McGonagall con el seño fruncido

¿Por que Sirius?- quiso saber Harry volteando a ver a su padrino, pero fue Remus quien contesto con una ancha sonrisa

Se impuso en nuestro año, a partir de que James y Sirius en tercero trataron de hacer trama en un examen de transformaciones, no por que no supieran, sino por que se aburrieron a mitad del examen y decidieron contestarlo juntos

No puedo creer que por su culpa ahora yo tenga que pagar las consecuencias- exclamo Harry fulminando tanto a su padre como a su padrino con sus ojos verdes encendidos, sacando a relucir el carácter heredado por su madre

Lo siento Harry- exclamaron ambos hombres con un encogimiento de hombros

Lily, Hermione, Molly y Ginny reían por la actitud de los hombres, mientras Ron y Harry estaban que echaban humo por las orejas

También tenían exámenes prácticos. El profesor Flitwick los llamó uno a uno al aula, para ver si podían hacer que una piña bailara claqué encima del escritorio. La profesora McGonagall los observó mientras convertían un ratón en una caja de rapé. Ganaban puntos las cajas más bonitas, pero los perdían si tenían bigotes. Snape los puso nerviosos a todos, respirando sobre sus nucas mientras trataban de re­cordar cómo hacer una poción para olvidar.

Snape te pasaste, los pones nervioso y todavía les pones a hacer una poción para olvidar, eso si que es increíble- exclamo sarcásticamente Sirius, ganándose un zape por parte de Lily

Harry lo hizo todo lo mejor que pudo, tratando de hacer caso omiso de las punzadas que sentía en la frente, un dolor que le molestaba desde la noche que había estado en el bosque. Neville pensaba que Harry era un caso grave de ner­viosismo, porque no podía dormir por las noches. Pero la verdad era que Harry se despertaba por culpa de su vieja pe­sadilla, que se había vuelto peor, porque la figura encapucha­da aparecía chorreando sangre.

No me gusta que sueñes eso- declaro Ginny al oído de Harry

Ni a mi tampoco, pero es algo que no puedo controlar- exclamo Harry abrazando a su novia sobre su pecho

Tal vez porque ellos no habían visto lo que Harry vio en el bosque, o porque no tenían cicatrices ardientes en la fren­te, Ron y Hermione no parecían tan preocupados por la Piedra como Harry. La idea de Voldemort los atemorizaba, des­de luego, pero no los visitaba en sueños y estaban tan ocupados repasando que no les quedaba tiempo para inquie­tarse por lo que Snape o algún otro estuvieran tramando.
El último examen era Historia de la Magia. Una hora respondiendo preguntas sobre viejos magos chiflados que habían inventado calderos que revolvían su contenido, y estarían libres, libres durante toda una maravillosa semana, hasta que recibieran los resultados de los exámenes. Cuando el fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plu­mas y enrollaran sus pergaminos, Harry no pudo dejar de alegrarse con el resto.
—Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé —dijo Hermione, cuando se reunieron con los demás en el parque soleado—. No necesitaba haber estudiado el Código de Con­ducta de los Hombres Lobo de 1637 o el levantamiento de Elfrico el Vehemente.

Ves Remus, Hermione es tu reencarnación y no puedes negarlo- rio Sirius maliciosamente

Y Ron la tuya- contraataco Remus dejando a Sirius momentáneamente mudo

A Hermione siempre le gustaba volver a repetir los exá­menes, pero Ron dijo que iba a ponerse malo, así que se fue­ron hacia el lago y se dejaron caer bajo un árbol. Los gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los tentáculos de un calamar gigante que tomaba el sol en la orilla.
—Basta de repasos —suspiró aliviado Ron, estirándose en la hierba—. Puedes alegrarte un poco, Harry, aún falta una semana para que sepamos lo mal que nos fue, no hace falta preocuparse ahora.
Harry se frotaba la frente.
—¡Me gustaría saber qué significa esto! —estalló enfa­dado—. Mi cicatriz sigue doliéndome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto tiempo seguido como ahora.
—Ve a ver a la señora Pomfrey —sugirió Hermione.
—No estoy enfermo —dijo Harry—. Creo que es un avi­so... significa que se acerca el peligro...
Ron no podía agitarse, hacía demasiado calor.
—Harry, relájate, Hermione tiene razón, la Piedra está segura mientras Dumbledore esté aquí. De todos modos, nunca hemos tenido pruebas de que Snape encontrara la for­ma de burlar a Fluffy. Casi le arrancó la pierna una vez, no va a intentarlo de nuevo. Y Neville jugará al quidditch en el equipo de Inglaterra antes de que Hagrid traicione a Dum­bledore.

Sigo sin verlo jugar en el equipo- susurro Harry a Ron por lo bajo

No recordaba haber dicho eso- repuso Ron con un encogimiento de hombros

Harry, tu no tienes por que hablar, por que en ese caso debes doce piedras filosofales y no se cuantas Nimbus por andar sacando erróneas conclusiones- rio Hermione bajito haciendo sonrojar tanto a Ron como a Harry y reír a Ginny, la cual ya sabia como se las gastaba su novio y amigos contra el profesor de pociones y casi siempre se equivocaban

Harry asintió, pero no pudo evitar la furtiva sensación de que se había olvidado de hacer algo, algo importante. Cuando trató de explicarlo, Hermione dijo:
—Eso son los exámenes. Yo me desperté anoche y estuve a punto de mirar mis apuntes de Transformación, cuando me acordé de que ya habíamos hecho ese examen.

Remus- dijo Sirius divertido

Lily- sonrio James besando a su novia en los labios

Pero Harry estaba seguro de que aquella sensación in­quietante nada tenía que ver con los exámenes. Vio una lechu­za que volaba hacia el colegio, por el brillante cielo azul, con una nota en el pico. Hagrid era el único que le había enviado cartas. Hagrid nunca traicionaría a Dumbledore. Hagrid nun­ca le diría a nadie cómo pasar ante Fluffy... nunca... Pero...
Harry, súbitamente, se puso de pie de un salto.

No me gusta cuando haces eso- exclamo Ron molesto recordando las veces que Harry los había asustado con sus ocurrencias

—¿Adónde vas? —preguntó Ron con aire soñoliento.
—Acabo de pensar en algo —dijo Harry. Se había puesto pálido—. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora.
—¿Por qué? —suspiró Hermione, levantándose.
—¿No os parece un poco raro —dijo Harry, subiendo por la colina cubierta de hierba— que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón, y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo? ¿Cuánta gen­te anda por ahí con huevos de dragón, que están prohibidos por las leyes de los magos? Qué suerte tuvo al encontrar a Hagrid, ¿verdad? ¿Por qué no se me ocurrió antes?

También lo pase por alto- dijo Lily en un susurro volteando a ver a James el cual la atrajo mas hacia si

Tranquila, no creo que pase nada- trato de tranquilizarla James, pero él no estaba tan seguro de eso

—¿En qué estás pensando? —preguntó Ron, pero Harry echó a correr por los terrenos que iban hacia el bosque, sin contestarle.
Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran recipiente.
—Hola —dijo sonriente—. ¿Habéis terminado los exá­menes? ¿Tenéis tiempo para beber algo?
—Sí, por favor —dijo Ron, pero Harry lo interrumpió.
—No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntar­te algo ¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas?
—No lo sé —dijo Hagrid sin darle importancia—. No se quitó la capa.
Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y levantó las cejas.
—No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dra­gones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la ca­pucha.

Es muy normal en ese bar- dijo Hermione sorprendiendo a los merodeadores, los Weasley, McGonagall, Snape y Lily

¿Cuándo fuiste a ese bar?- inquirió James volviendo el rostro a Hermione la cual le sostuvo la mirada

Ya se enterara sr Potter- dijo por toda respuesta Hermione con una sonrisa coqueta y alzando el hombro derecho

Harry se dejó caer cerca del recipiente de los guisantes.
—¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts?
—Puede ser —dijo Hagrid, con rostro ceñudo, tratando de recordar—. Sí... Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí... Me preguntó de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón... y luego... no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas. Déjame ver... ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería... pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado... Así que le dije que, después de Fluffy, un dragón era algo fácil.
—¿Y él... pareció interesado en Fluffy? —preguntó Harry, tratando de conservar la calma.
—Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabe­zas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando música se dormía en seguida...

Hagrid, ¿Cómo pudiste decirle eso?- se escandalizaron Molly y Lily aferrándose a los brazos de sus parejas

De pronto Hagrid pareció horrorizado.
—¡No debí decir eso! —estalló—. ¡Olvidad que lo dije! Eh... ¿adónde vais?

No te escucharan- dijo en una tonadita cantada Sirius con una sonrisa de suficiencia

Harry, Ron y Hermione no se hablaron hasta llegar al vestíbulo de entrada, que parecía frío y sombrío, después de haber estado en el parque.
—Tenemos que ir a ver a Dumbledore —dijo Harry—. Hagrid le dijo al desconocido cómo pasar ante Fluffy, y sólo podía ser Snape o Voldemort, debajo de la capa... No fue difícil, después de emborrachar a Hagrid. Sólo espero que Dum­bledore nos crea. Firenze nos respaldará, si Bane no lo detie­ne. ¿Dónde está el despacho de Dumbledore?

Harry, querido Harry, no hubieras preguntado, hemos estado como mil veces en ese despacho- exclamo Fred con una sonrisa cómplice a su hermano, el cual asintió con energía

Y eso nunca conllevaba nada bueno- los reprendió Molly volteando a  ver a sus hijos como con fuego en los ojos

Miraron alrededor, como si esperaran que alguna señal se lo indicara. Nunca les habían dicho dónde vivía Dumble­dore, ni conocían a nadie a quien hubieran enviado a verlo.
—Tendremos que... —empezó a decir Harry pero súbita­mente una voz cruzó el vestíbulo.
—¿Qué estáis haciendo los tres aquí dentro?
Era la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros.
—Queremos ver al profesor Dumbledore —dijo Hermio­ne con valentía, según les pareció a Ron y Harry.
—¿Ver al profesor Dumbledore? —repitió la profesora, como si pensara que era algo inverosímil—. ¿Por qué?
Harry tragó: «¿Y ahora qué?».

Igual a tu padre- exaspero Lily negando divertida

—Es algo secreto —dijo, pero de inmediato deseó no ha­berlo hecho, porque la profesora McGonagall se enfadó.

Si, tienes razón, no debiste decirlo- dijo Sirius con una mirada ausente pero divertida
—El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos —dijo con frialdad—. Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para Londres de inmediato.

De seguro es una trampa- dijo Remus volteando a ver a los chicos esperando una respuesta, pero ellos no soltaron prenda

—¿Se fue? —preguntó Harry con aire desesperado—. ¿Ahora?
—El profesor Dumbledore es un gran mago, Potter, y tie­ne muchos compromisos...
—Pero esto es importante.
—¿Algo que tú tienes que decir es más importante que el ministro de Magia, Potter?

La verdad es que si profesora- afirmo Sirius con seriedad, la verdad es que aunque no lo dijera que no le gustaba el rumbo que estaba levando el capitulo, no quería ver al hijo de su mejor amigo metido en problemas

—Mire —dijo Harry dejando de lado toda precaución—, profesora, se trata de la Piedra Filosofal...
Fue evidente que la profesora McGonagall no esperaba aquello. Los libros que llevaba se deslizaron al suelo y no se molestó en recogerlos.

Valla Minerva, esto es nuevo, un trió de alumnos sorprendiéndola- sonrio Dumbledore a través de sus gafas

No seria la única vez Albus- señala Minerva con una gran sonrisa

—¿Cómo es que sabes...? —farfulló.
—Profesora, creo... sé... que Sna... que alguien va a tra­tar de robar la Piedra. Tengo que hablar con el profesor Dum­bledore.
La profesora lo miró entre impresionada y suspicaz.
—El profesor Dumbledore regresará mañana —dijo fi­nalmente—. No sé cómo habéis descubierto lo de la Piedra, pero quedaos tranquilos. Nadie puede robarla, está demasia­do bien protegida.

No si Voldemort va tras ella- dijo James abrazando a Lily contra su pecho para tranquilizarla un poco

—Pero profesora...
—Harry sé de lo que estoy hablando —dijo en tono cor­tante. Se inclinó y recogió sus libros—. Os sugiero que sal­gáis y disfrutéis del sol.
Pero no lo hicieron.

Es obvio- sonrio Ginny al oído de Harry

—Será esta noche —dijo Harry una vez que se asegura­ron de que la profesora McGonagall no podía oírlos—. Snape pasará por la trampilla esta noche. Ya ha descubierto todo lo que necesitaba saber y ahora ha conseguido quitar de en me­dio a Dumbledore. Él envió esa nota, seguro que el ministro de Magia tendrá una verdadera sorpresa cuando aparezca Dumbledore.
—Pero ¿qué podemos...?
Hermione tosió. Harry y Ron se volvieron.
Snape estaba allí.
—Buenas tardes —dijo amablemente. Lo miraron sin decir nada.
—No deberíais estar dentro en un día así —dijo con una rara sonrisa torcida.
—Nosotros... —comenzó Harry, sin idea de lo que diría.
—Debéis ser más cuidadosos —dijo Snape—. Si os ven andando por aquí, pueden pensar que vais a hacer alguna cosa mala. Y Gryffindor no puede perder más puntos, ¿no es cierto?

Eso te gustaría ¿verdad?- exclamo James apuntando a Snape con un dedo índice- yo estoy con Sirius, pienso que tú vas tras la piedra

Eso quiere decir que al final del libro tendrá seis galeones- sonrio Lily satisfecha- ¿alguien mas se une a la masacre?

Yo no- declaro Remus volteando a ver a sus amigos los cuales lo veían con avidez

¿Por qué?- se extraño James volteando a ver a su amigo dolido

Yo estoy con Lily- declaro el licántropo encogiéndose de hombros

Entonces ¿estas contra nosotros?- tercio Sirius ofreciéndole su mano extendida

Claro, pero como dice Lily, no quiero quitarles su dinero tan fácilmente- sonrio el licántropo estrechando la mano de Sirius con énfasis

Tres galeones recuerda, y no puedes pedir prestado- sentencio James estrechando la mano de su amigo

Lo mismo digo James- sonrio Remus con un ademan de cabeza en señal de decisión

Harry se ruborizó. Se dieron media vuelta para irse, pero Snape los llamó.
—Ten cuidado, Potter, otra noche de vagabundeos y yo personalmente me encargaré de que te expulsen. Que pases un buen día.

Te encanta el sarcasmo, ¿verdad Snape?- rio con malicia James fulminando con la mirada a su némesis

Se alejó en dirección a la sala de profesores.
Una vez fuera, en la escalera de piedra, Harry se volvió hacia sus amigos.
—Bueno, esto es lo que tenemos que hacer —susurró con prisa—. Uno de nosotros tiene que vigilar a Snape, esperar fuera de la sala de profesores y seguirlo si sale. Hermione, mejor que eso lo hagas tú.
—¿Por qué yo?
—Es obvio —intervino Ron—. Puedes fingir que estás esperando al profesor Flitwick, ya sabes cómo —la imitó con voz aguda—: «Oh, profesor Flitwick, estoy tan preocupada, creo que tengo mal la pregunta catorce b...».

Ronald Weasley- bufo molesta la señora Weasley, mientras detrás de ella los gemelos se mofaban de su hermana y este no podía hacer otra cosa que fulminarlos con la mirada mientras decía un leve, los siento Hermione a través de los dientes apretados

—Oh, cállate —dijo Hermione, pero estuvo de acuerdo en ir a vigilar a Snape.
—Y nosotros iremos a vigilar el pasillo del tercer piso —dijo Harry a Ron—. Vamos.
Pero aquella parte del plan no funcionó. Tan pronto como llegaron a la puerta que separaba a Fluffy del resto del colegio, la profesora McGonagall apareció otra vez, salvo que ya había perdido la paciencia.
—Supongo que creeréis que sois los mejores para vencer todos los encantamientos —dijo con rabia—. ¡Ya son suficien­tes tonterías! Si me entero de que habéis vuelto por aquí, os quitaré otros cincuenta puntos para Gryffindor. ¡Sí, Weasley, de mi propia casa!

Profesora, no sea tan dura con ellos- dijo Sirius un tanto dolido por la actitud de su profesora favorita

Oh Black, ellos se lo buscaron, yo no sabia lo que estaba por pasar- declaro McGonagall con una sonrisa oculta en sus labios, como extrañaba a esos tres

Harry y Ron regresaron a la sala común. Justo cuando Harry acababa de decir: «Al menos Hermione está detrás de Snape», el retrato de la Dama Gorda se abrió y apareció la muchacha.
—¡Lo siento, Harry! —se quejó—. Snape apareció y me preguntó qué estaba haciendo, así que le dije que esperaba al profesor Flitwick. Snape fue a buscarlo, yo tuve que irme y no sé adónde habrá ido Snape.
—Bueno, no queda otro remedio, ¿verdad?

No pensaras hacer lo que estoy pensando que quieres hacer ¿verdad?- inquirió Lily encarando a su hijo fulminándolo con la mirada

So-so-solo po-po-ponte a pe-pe-pensar q-q-que ya pa-pa-paso y es-es-estoy bi-bi-bien—dijo Harry  encogido en su lugar ante la mirada furiosa que le lanzaba su madre

JOVENCITO, UNA VEZ QUE SALGAMOS DE AQUÍ DESEHARAS NUNCA HABERTE METIDO EN SEMEJANTES PROBLES, ¿ME ESCUCHASTE?- grito Lily fuera de si, no le gustaba que él que seria su hijo se metiera en tanto problemas

S-s-si mama- dijo Harry hundiéndose todavía mas en su lugar de ser posible- ahora te comprendo cuando tu madre se enoja—dijo Harry por lo bajo a Ron para que este nomas lo escuchara y este asintió en complicidad

Los otros dos lo miraron asombrados. Estaba pálido y los ojos le brillaban.
—Iré esta noche y trataré de llegar antes y conseguir la Piedra.

HARRY JAMES POTTER- grito Lily furiosa poniéndose delante de su hijo- COMO SE TE OCURRE METERTE EN SEMEJANTE APRIETO

Es que tenia que…

NO ME VENGAS CON QUE ES QUE TENIA QUE SALVAR LA PIEDRA DEL INUTIL DE QUIRRELL, HAY MEJORES PERSONAS CUALIFICADAS EN EL COLEGIO PARA LLEVAR A CABO ESA EMPRESA, TU Y TUS AMIGOS SOLO TIENE ONCE AÑOS, COMO SE LES PUDO OCURRIR, SI, POR QUE YA SE QUE TUS AMIGOS NO TE DEJARIAN SOLO EN ALGO ASÍ, ¿CREES QUE NO ME TOPE CON LAS MISMA COSAS CUANDO TU PADRE Y YO IBASMOS AL COLEGIO? OPERO A NO, SIEMPRE TIENES QUE METERTE EN PROBLEMAS- volteo a ver a James y este tragando audiblemente espero la reprimenda de su esposa—Y TU JAMES CHARLUS POTTER, ESTO ES TU CULPA, TU Y TUS MALDITOS GENES, NO PODIAS DEJARLOS FUERA CUANDO HICIMOS A HARRY, PERO NO, TENIA QUE SACAR DE TI LO TEMERARIO Y TONTO SINO NO IBAS A ESTAR TRANQUILO Y TU BLACK, ESTOY SEGURA QUE ALGO TIENES QUE VER EN LA FORMACION DE ESTE NIÑO Y SU MANERA DE SER, ESTO NO SE QUEDA ASÍ, UNA VEZ QUE VOLVAMOS Y CAMBIEMOS TODO ESTO, ME ASEGURARE DE QUE LOS TRES MADUREN, QUE DIGO LOS TRES, LOS CUATRO Y ESTOY SEGURA QUE MOLLY ME APOLLARA Y YA SERAN SIETE A LOS QUE TENDREMOS QUE CORREGIR-termino Lily asustando también a Hermione, Ron, Sirius y Remus, pues estaban seguros que a ellos se referían

Por favor Arthur, ¿podrías continuar?- pidió Molly con los dientes apretados a su marido, el cual comenzó a leer apresuradamente

Lo que me pregunto es como tu madre se sabe todo tu nombre- inquirió por lo bajo Ron a Harry sin que Lily los escuchara y este se encogió de hombros

Es el don de una madre- dijo Ginny como respuesta al escuchar el intercambio de los chicos

Pues asusta- dijo Harry volteando a ver con miedo a su madre recostada en el pecho de James

—¡Estás loco! —dijo Ron.
—¡No puedes! —dijo Hermione—. ¿Después de todo lo que han dicho Snape y McGonagall? ¡Te van a expulsar!
—¿Y qué? —gritó Harry—. ¿No comprendéis? ¡Si Snape consigue la Piedra, es la vuelta de Voldemort! ¿No habéis oído cómo eran las cosas cuando él trataba de apoderarse de todo? ¡Ya no habrá ningún colegio para que nos expulsen! ¡Lo destruirá o lo convertirá en un colegio para las Artes Oscu­ras! ¿No os dais cuenta de que perder puntos ya no impor­ta? ¿Creéis que él dejará que vosotros y vuestras familias estéis tranquilos, si Gryffindor gana la copa de la casa? Si me atrapan antes de que consiga la Piedra, bueno, tendré que volver con los Dursley y esperar a que Voldemort me encuentre allí. Será sólo morir un poquito más tarde de lo que debería haber muerto, porque nunca me pasaré al lado tene­broso. Voy a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digáis me detendrá. Voldemort mató a mis padres, ¿lo re­cordáis?

Lily volteo a verlo seriamente pero no dijo nada, era valiente lo que hacia su hijo, pero también muy tonto y podría salir lastimado y eso no le gustaba nada

Los miró con furia.
—Tienes razón, Harry —dijo Hermione, casi sin voz.
—Voy a llevar la capa invisible —dijo Harry—. Es una suerte haberla recuperado.
—Pero ¿nos cubrirá a los tres? —preguntó Ron.
—¿A... nosotros tres?
—Oh, vamos, ¿no pensarás que te vamos a dejar ir solo?

Ves, se los dije- señalo Lily a los dos amigos de Harry que se encogieron n su sitio- no soy tonta y se que son lo suficientemente amigos como para abandonarlo en algo así

—Por supuesto que no —dijo Hermione con voz enérgi­ca—. ¿Cómo crees que vas a conseguir la Piedra sin nosotros? Será mejor que vaya a buscar en mis libros, tiene que haber algo que nos sirva...
—Pero si nos atrapan, también os expulsarán a vosotros.
—No, si yo puedo evitarlo —dijo Hermione con severi­dad—. Flitwick me dijo en secreto que en su examen tengo ciento doce sobre cien. No me van a expulsar después de eso.

Wow, te gano pelirroja y en tu mejor materia- exclamo sorprendido Sirius volteando a ver con asombro a Hermione la cual sonrio satisfecha

Tras la cena, los tres se sentaron en la sala común, lejos de todos. Nadie los molestó: después de todo, ninguno de los de Gryffindor hablaba con Harry, pero ésa fue la primera no­che que no le importó. Hermione revisaba sus apuntes, con­fiando en encontrar algunos de los encantamientos que deberían conjurar. Harry y Ron no hablaban mucho. Ambos pensaban en lo que harían.
Poco a poco, la sala se fue vaciando y todos se fueron a acostar.
—Será mejor que vayas a buscar la capa —murmuró Ron, mientras Lee Jordan finalmente se iba, bostezando y desperezándose. Harry corrió por las escaleras hasta su dor­mitorio oscuro. Sacó la capa y entonces su mirada se fijó en la flauta que Hagrid le había regalado para Navidad. La guardó para utilizarla con Fluffy: no tenía muchas ganas de cantar...
Regresó a la sala común.
—Es mejor que nos pongamos la capa aquí y nos asegu­remos de que nos cubra a los tres... si Filch descubre a uno de nuestros pies andando solo por ahí...
—¿Qué vais a hacer? —dijo una voz desde un rincón. Ne­ville apareció detrás de un sillón, aferrado al sapo Trevor, que parecía haber intentado otro viaje a la libertad.

Oh no, ya los descubrieron- exclamo James pasando furtivamente su mano arriba y abajo sobre el brazo de Lily la cual ya comenzaba a preocuparse

—Nada, Neville, nada —dijo Harry, escondiendo la capa detrás de la espalda.
Neville observó sus caras de culpabilidad.
—Vais a salir de nuevo —dijo.
—No, no, no —aseguró Hermione—. No, no haremos nada. ¿Por qué no te vas a la cama, Neville?
Harry miró al reloj de pie que había al lado de la puer­ta. No podían perder más tiempo, Snape ya debía de estar haciendo dormir a Fluffy.

Opino como tu hijo- dijo James todavía con la vista clavada en Snape

Perderás tres galeones por mi culpa, haber si no me regañas- pensó Harry furtivamente esperando la que se le venia en cima

—No podéis iros —insistió Neville—. Os volverán a atra­par. Gryffindor tendrá más problemas.
—Tú no lo entiendes —dijo Harry—. Esto es importante.
Pero era evidente que Neville haría algo desesperado.
—No dejaré que lo hagáis —dijo, corriendo a ponerse fren­te al agujero del retrato—. ¡Voy... voy a pelear con vosotros!

Un digno Gryffindor- apunto Dumbledore con una gran sonrisa

—¡Neville! —estalló Ron—. ¡Apártate de ese agujero y no seas idiota!
—¡No me llames idiota! —dijo Neville—. ¡No me parece bien que sigáis faltando a las reglas! ¡Y tú fuiste el que me dijo que hiciera frente a la gente!
—Sí, pero no a nosotros —dijo irritado Ron—. Neville, no sabes lo que estás haciendo.
Dio un paso hacia Neville y el chico dejó caer al sapo Tre­vor, que desapareció de la vista.
—¡Ven entonces, intenta pegarme! —dijo Neville, levan­tando los puños—. ¡Estoy listo!

¡Oh vamos, hagan algo! No se pueden quedar así mas tiempo- Sirius cada vez estaba más ansioso por saber como iban a salir de esa los chicos

Harry se volvió hacia Hermione.
—Haz algo —dijo desesperado. Hermione dio un paso adelante.
—Neville —dijo—, de verdad, siento mucho, mucho, esto.
Levantó la varita.
¡Petrificus totalus! —gritó, señalando a Neville.
Los brazos de Neville se pegaron a su cuerpo. Sus pier­nas se juntaron. Todo el cuerpo se le puso rígido, se balanceó y luego cayó bocabajo, rígido como un tronco.

Pobre chico- se lamento Remus volteando a ver a Hermione la cual agacho la mirada

Hermione corrió a darle la vuelta. Neville tenía la man­díbula rígida y no podía hablar. Sólo sus ojos se movían, mi­rándolos horrorizado.
—¿Qué le has hecho? —susurró Harry.
—Es la Inmovilización Total —dijo Hermione angustia­da—. Oh, Neville, lo siento tanto...
—Lo comprenderás después, Neville —dijo Ron, mien­tras se alejaban para cubrirse con la capa invisible.
Pero dejar a Neville inmóvil en el suelo no parecía un buen augurio. En aquel estado de nervios, cada sombra de una estatua les parecía que era Filch, y cada silbido lejano del viento les parecía Peeves que los perseguía.

Lily, no nomas saco cosas de mi, lo paranoico viene de ti- observo James dándole un beso en la coronilla a Lily

No nomas yo James, Sirius y Remus dicen que tu ere igual- informo Lily sonriendo a los amigos de su novio

Gracias chicos- exclamo James entre dientes

De nada- sonrieron ambos a su amigo

Al pie de la primera escalera, divisaron a la Señora Norris.
—Oh, vamos a darle una patada, sólo una vez —murmu­ró Ron en el oído de Harry, que negó con la cabeza. Mientras pasaban con cuidado al lado de la gata, ésta volvió la cabeza con sus ojos como linternas, pero no los vio.

Bien hecho, podrían descubrirlos- alabó Remus con las miradas clavadas de reprobación de sus amigos

No se encontraron con nadie más, hasta que llegaron a la escalera que iba al tercer piso. Peeves estaba flotando a mitad de camino, aflojando la alfombra para que la gente tropezara.
—¿Quién anda por ahí? —dijo súbitamente, mientras subían hacia él. Entornó sus malignos ojos negros—. Sé que estáis aquí, aunque no pueda veros. ¿Aparecidos, fantasmas o estudiantillos detestables?
Se elevó en el aire y flotó, mirándolos de soslayo.
—Llamaré a Filch, debo hacerlo, si algo anda por ahí y es invisible.
Harry tuvo súbitamente una idea.
—Peeves —dijo en un ronco susurró—, el Barón Sangui­nario tiene sus propias razones para ser invisible.
Peeves casi se cayó del aire de la impresión. Se sostuvo a tiempo y quedó a unos centímetros de la escalera.
—Lo siento mucho, sanguinaria señoría —dijo en tono meloso—. Fue por mi culpa, ha sido una equivocación... no lo vi... por supuesto que no, usted es invisible, perdone al viejo Peeves por su broma, señor.
—Tengo asuntos aquí, Peeves —gruñó Harry—. Mantente lejos de este lugar esta noche.
—Lo haré, señoría, desde luego que lo haré —dijo Peeves, elevándose otra vez en el aire—. Espero que los asuntos del señor barón salgan a pedir de boca, yo no lo molestaré.

Eso es increíble- estallaron los gemelos con los ojos como platos a los tres amigos

Como nunca se nos ocurro Prongs- exclamo asombrado Sirius volteando a ver al que seria su ahijado

No lo se, pero estos tres creo que nos dejaran muy atrás mi querido Padfoot- negó James con asombro en la voz, era claro que nunca se les había ocurrido eso para deshacerse de Peeves

Y desapareció.
—¡Genial, Harry! —susurró Ron.
Unos pocos segundos más tarde estaban allí, en el pasi­llo del tercer piso. La puerta ya estaba entreabierta.
—Bueno, ya lo veis —dijo Harry con calma—. Snape ya ha pasado ante Fluffy.
Ver la puerta abierta les hizo tomar plena conciencia de aquello a lo que tenían que enfrentarse. Por debajo de la capa, Harry se volvió hacia los otros dos.
—Si queréis regresar, no os lo reprocharé —dijo—. Po­déis llevaros la capa, no la voy a necesitar.

Hay Harry, sigues sin entender, son tus amigos, no te abandonaran- dijo Lily con un deje de miedo, no le gustaba nada que tres niños de primero fueran tras la piedra ellos solos y con un maniaco abajo esperándolos

—No seas estúpido —dijo Ron.
—Vamos contigo —dijo Hermione.
Harry empujó la puerta.
Cuando la puerta crujió, oyeron unos gruñidos. Los tres hocicos del perro olfateaban en dirección a ellos, aunque no podía verlos.
—¿Qué tiene en los pies? —susurró Hermione.
—Parece un arpa —dijo Ron—. Snape debe de haberla dejado ahí.
—Debe despertarse en el momento en que se deja de to­car —dijo Harry—. Bueno, empecemos...
Se llevó a los labios la flauta de Hagrid y sopló. No era exactamente una melodía, pero desde la primera nota los ojos de la bestia comenzaron a cerrarse. Harry casi ni respiraba. Poco a poco, los gruñidos se fueron apagando, se ba­lanceó, cayó de rodillas y luego se derrumbó en el suelo, profundamente dormido.

Me alegra saber que has usado mi regalo Harry- sonrio Hagrid contento al chico que asintió

—Sigue tocando —advirtió Ron a Harry, mientras salía de la capa y se arrastraba hasta la trampilla. Podía sentir la respiración caliente y olorosa del perro, mientras se aproxi­maba a las gigantescas cabezas.
—Creo que podemos abrir la trampilla —dijo Ron, es­piando por encima del lomo del perro—. ¿Quieres ir delante, Hermione?
—¡No, no quiero!

Que amable- exclamo con sarcasmo Sirius

Yo siempre- le regreso la moneda Ron, haciéndole recordar al chico de ojos grises las veces que el había dicho esa misma frase

—Muy bien. —Ron apretó los dientes y anduvo con cui­dado sobre las patas del perro. Se inclinó y tiró de la argolla de la trampilla, que se levantó y abrió.
—¿Qué puedes ver? —preguntó Hermione con ansiedad.
—Nada... sólo oscuridad... no hay forma de bajar, hay que dejarse caer.
Harry, que seguía tocando la flauta, hizo un gesto para llamar la atención de Ron y se señaló a sí mismo.
—¿Quieres ir primero? ¿Estás seguro? —dijo Ron—. No sé cómo es de profundo ese lugar. Dale la flauta a Hermione, para que pueda seguir haciéndolo dormir.
Harry le entregó la flauta y, en esos segundos de silencio, el perro gruñó y se estiró, pero en cuanto Hermione comenzó a tocar volvió a su sueño profundo.
Harry se acercó y miró hacia abajo. No se veía el fondo.
Se descolgó por la abertura y quedó suspendido de los dedos. Miró a Ron y dijo:
—Si algo me sucede, no sigáis. Id directamente a la lechucería y enviad a Hedwig a Dumbledore. ¿De acuerdo?

Y ¿no se les ocurrió hacer eso antes de ir tras el ustedes solo?- dijo Molly obviamente asustada a los tres chicos frente a ella

La verdad… no- exclamaron los tres a la vez después de intercambiar una rápida mirada

Pues no seria la primera ves que se les olvida que hacer en caso de emergencia- exclamo McGonagall provocando en Ron y Harry un leve retortijón de tripas

—De acuerdo —respondió Ron.
—Nos veremos en un minuto, espero...
Y Harry se dejó caer. Frío, aire húmedo mientras caía, caía, caía y..
¡PAF! Aterrizó en algo mullido, con un ruido suave y ex­traño. Se incorporó y miró alrededor, con ojos desacostum­brados a la penumbra. Parecía que estaba sentado sobre una especie de planta.

No me gusta como suena- negó Lily desde el pecho de su novio

No creo que este ahí por simple decoración- observo Remus preocupado

—¡Todo bien! —gritó al cuadradito de luz del tamaño de un sello, que era la abertura de la trampilla—. ¡Fue un ate­rrizaje suave, puedes saltar!
Ron lo siguió de inmediato. Aterrizó al lado de Harry
—¿Qué es esta cosa? —fueron sus primeras palabras.
—No sé, alguna clase de planta. Supongo que está aquí para detener la caída. ¡Vamos, Hermione!
La música lejana se detuvo. Se oyó un fuerte ladrido, pero Hermione ya había saltado. Cayó al otro lado de Harry.
—Debemos de estar a kilómetros debajo del colegio —dijo la niña.
—Me alegro de que esta planta esté aquí —dijo Ron.
—¿Te alegras? —gritó Hermione—. ¡Miraos!
Hermione saltó y chocó contra una pared húmeda. Tuvo que luchar porque, en el momento en que cayó, la planta co­menzó a extenderse como una serpiente para sujetarle los to­billos. Harry y Ron, mientras tanto, ya tenían las piernas totalmente cubiertas, sin que se hubieran dado cuenta.
Hermione pudo liberarse antes de que la planta la atra­para. En aquel momento miraba horrorizada, mientras los chicos luchaban para quitarse la planta de encima, pero mien­tras más luchaban, la planta los envolvía con más rapidez.
—¡Dejad de moveros! —ordenó Hermione—. Sé lo que es esto. ¡Es Lazo del Diablo!

¡Hay no!-dijo Remus con las manos cubriéndole la boca- ya sabia yo que esa planta no era solo decoración

—Oh, me alegro mucho de saber cómo se llama, es de gran ayuda —gruñó Ron, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello.
—¡Calla, estoy tratando de recordar cómo matarla! —dijo Hermione.
—¡Bueno, date prisa, no puedo respirar! —jadeó Harry, mientras la planta le oprimía el pecho.

¡Harry!- exclamo Lily asustada por la suerte de su futuro hijo

—Lazo del Diablo, Lazo del Diablo... ¿Qué dijo el profe­sor Sprout?... Le gusta la oscuridad y la humedad...
—¡Entonces enciende un fuego! —dijo Harry.
—Sí... por supuesto... ¡pero no tengo madera! —gimió Hermione, retorciéndose las manos.
—¿TE HAS VUELTO LOCA? —preguntó Ron—. ¿ERES UNA BRUJA O NO?

Hermione, creo que no funcionas bajo presión- dijo Sirius volteando a ver a la castaña sorprendido

Y tú no te quedas atrás Padfoot- exclamo James con sorna a su mejor amigo

Gracias amigo- mascullo este entre dientes

Ne nada amigo- sonrio James con malicia, ya se había cobrado con uno

—¡Oh, de acuerdo! —dijo Hermione. Agitó su varita, murmuró algo y envió a la planta unas llamas azules como las que había utilizado con Snape. En segundos, los dos mu­chachos sintieron que se aflojaban las ligaduras, mientras la planta se retiraba a causa de la luz y el calor. Retorciéndo­se y alejándose, se desprendió de sus cuerpos y pudieron moverse.
—Me alegro de que hayas aprendido bien Herbología, Hermione —dijo Harry, mientras se acercaba a la pared, se­cándose el sudor de la cara.
—Sí —dijo Ron—, y yo me alegro de que Harry no pierda la cabeza en las crisis. Porque eso de «no tengo madera»... francamente...

Ron estaba asustada por que MIS AMIGOS se estaban muriendo asfixiados- tercio Hermione molesta viendo a Ron

Lo siento Hermione- dijo el chico con la mirada gacha

—Por aquí —dijo Harry, señalando un pasadizo de pie­dra que era el único camino.
Lo único que podían oír, además de sus pasos, era el go­teo del agua en las paredes. El pasadizo bajaba oblicuamente y Harry se acordó de Gringotts. Con un desagradable sobresalto, recordó a los dragones que decían que custodiaban las cámaras, en el banco de los magos. Si encontraban un dra­gón, un dragón más grande... Con Norberto ya habían tenido suficiente...
—¿Oyes algo? —susurró Ron.
Harry escuchó. Un leve tintineo y un crujido, que parecían proceder de delante.
—¿Crees que será un fantasma?
—No lo sé... a mí me parecen alas.

¿Qué hacen alas ahí abajo?- inquirió James curioso

No lo se amigo- exclamo Remus esperando descubrir lo que pasaba

Llegaron hasta el final del pasillo y vieron ante ellos una habitación brillantemente iluminada, con el techo curvándo­se sobre ellos. Estaba llena de pajaritos brillantes que vola­ban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una pe­sada puerta de madera.
—¿Crees que nos atacarán si cruzamos la habitación? —preguntó Ron.
—Es probable —contestó Harry—. No parecen muy ma­los, pero supongo que si se tiran todos juntos... Bueno, no hay nada que hacer... voy a correr.

Harry, no lo hagas- dijo Lily nerviosa, con la cara hundida en el pecho de James

Ron, Hermione, tengan cuidado- tercio Molly también en los brazos de su esposo, aunque le dificultaba un poco la lectura a su esposo

Respiró profundamente, se cubrió la cara con los brazos y cruzó corriendo la habitación. Esperaba sentir picos agu­dos y garras desgarrando su cuerpo, pero no sucedió nada. Alcanzó la puerta sin que lo tocaran. Movió la manija, pero estaba cerrada con llave.
Los otros dos lo imitaron. Tiraron y empujaron, pero la puerta no se movía, ni siquiera cuando Hermione probó con su hechizo de Alohomora.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron.
—Esos pájaros... no pueden estar sólo por decoración —dijo Hermione.
Observaron los pájaros, que volaban sobre sus cabezas, brillando... ¿Brillando?

No creo que los pájaros brillen- observo Sirius volteando a ver a los chicos los cuales sonreían con la vista perdida, tal ves recordando lo que vivieron

—¡No son pájaros! —dijo de pronto Harry—. ¡Son llaves! Llaves aladas, mirad bien. Entonces eso debe significar... —Miró alrededor de la habitación, mientras los otros obser­vaban la bandada de llaves—. Sí... mirad ahí. ¡Escobas! ¡Te­nemos que conseguir la llave de la puerta!
—¡Pero hay cientos de llaves!
Ron examinó la cerradura de la puerta.
—Tenemos que buscar una llave grande, antigua, de pla­ta, probablemente, como la manija.

Tienes razón, bien observado Ron- lo felicito su padre con una sonrisa

Cada uno cogió una escoba y de una patada estuvieron en el aire, remontándose entre la nube de llaves. Trataban de atraparlas, pero las llaves hechizadas se movían tan rápida­mente que era casi imposible sujetarlas.
Pero no por nada Harry era el más joven buscador del siglo. Tenía un don especial para detectar cosas que la otra gente no veía. Después de unos minutos moviéndose entre el remolino de plumas de todos los colores, detectó una gran llave de plata, con un ala torcida, como si ya la hubieran atrapado y la hubieran introducido con brusquedad en la ce­rradura.
—¡Es ésa! —gritó a los otros—. Esa grande... allí... no, ahí... Con alas azul brillante... las plumas están aplastadas por un lado.
Ron se lanzó a toda velocidad en aquella dirección, chocó contra el techo y casi se cae de la escoba.

¡Cuidado!- chillo Molly con los ojos cerrados fuertemente

—¡Tenemos que encerrarla! —gritó Harry, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada—. Ron, ven desde arri­ba, Hermione, quédate abajo y no la dejes descender. Yo tra­taré de atraparla. Bien: ¡AHORA!

Y aparece el don de capitán de Prongs que heredo a su hijo- se mofo Sirius divertido, viendo la cara contrariada de su amigo- es mas que obvio que encarnaste en él amigo

Cállate canuto o quieres que te recuerde las sesiones de entrenamiento- bufo James con un brillo macabro en los ojos que dirigió a su mejor amigo

No, gracias Prongs- exclamo Sirius con un leve escalofrió recorriendo su cuerpecito 

Ron se lanzó en picado, Hermione subió en vertical, la llave los esquivó a ambos, y Harry se lanzó tras ella. Iban a toda velocidad hacia la pared, Harry se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano. Las vivas de Ron y Hermione retumbaron por la habitación.
Aterrizaron rápidamente y Harry corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano. La metió en la cerradura y le dio la vuelta... Funcionaba. En el momento en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspec­to de derrotada, pues ya la habían atrapado dos veces.
—¿Listos? —preguntó Harry a los otros dos, con la mano en la manija de la puerta. Asintieron. Abrió la puerta.
La habitación siguiente estaba tan oscura que no pu­dieron ver nada. Pero cuando estuvieron dentro la luz súbi­tamente inundó el lugar, para revelar un espectáculo asombroso.
Estaban en el borde de un enorme tablero de ajedrez, detrás de las piezas negras, que eran todas tan altas como ellos y construidas en lo que parecía piedra. Frente a ellos, al otro lado de la habitación, estaban las piezas blancas. Harry, Ron y Hermione se estremecieron: las piezas blancas no te­nían rostros.

McGonagall- exclamo James con los ojos brillosos

Y el pasado era Flitwick- observo Lily volteando a ver a Harry el cual asintió

—¿Ahora qué hacemos? —susurró Harry
—Está claro, ¿no? —dijo Ron—. Tenemos que jugar para cruzar la habitación.
Detrás de las piezas blancas pudieron ver otra puerta.
—¿Cómo? —dijo Hermione con nerviosismo.
—Creo —contestó Ron— que vamos a tener que ser piezas.
Se acercó a un caballero negro y levantó la mano para to­car el caballo. De inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el caballero se levantó la visera del casco, para mirar a Ron.
—¿Tenemos que... unirnos a ustedes para poder cruzar?
El caballero negro asintió con la cabeza. Ron se volvió a los otros dos.

No me gusta como suena- dijo Molly volteando a ver a sus tres chico, Ron, Harry y Hermione con preocupación

—Esto hay que pensarlo... —dijo—. Supongo que tene­mos que ocupar el lugar de tres piezas negras.
Harry y Hermione esperaron en silencio, mientras Ron pensaba. Por fin dijo:
—Bueno, no os ofendáis, pero ninguno de vosotros es muy bueno en ajedrez...
—No nos ofendemos —dijo rápidamente Harry—. Sim­plemente dinos qué tenemos que hacer.
—Bueno, Harry, tú ocupa el lugar de ese alfil y tú, Her­mione, ponte en lugar de esa torre, al lado de Harry.
—¿Y qué pasa contigo?
—Yo seré un caballo.
Las piezas parecieron haber escuchado porque, ante esas palabras, un caballo, un alfil y una torre dieron la espal­da a las piezas blancas y salieron del tablero, dejando libres tres cuadrados que Harry, Ron y Hermione ocuparon.
—Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez —dijo Ron, mirando al otro lado del tablero—. Sí... mirad.
Un peón blanco se movió hacia delante.
Ron comenzó a dirigir a las piezas negras. Se movían si­lenciosamente cuando los mandaba. A Harry le temblaban las rodillas. ¿Y si perdían?
—Harry... muévete en diagonal, cuatro casillas a la de­recha.
La primera verdadera impresión llegó cuando el otro ca­ballo fue capturado. La reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo.

Esto es escalofriante- dijeron Lily y Molly aferrándose a los torsos de sus parejas para darse apoyo, ambos, Arthur se las ingenio un poco, trataban de calmar a sus parejas con frenético movimiento de manos en los brazos de las mujeres

—Tuve que dejar que sucediera —dijo Ron, conmovido—. Te deja libre para coger ese alfil. Vamos, Hermione.
Cada vez que uno de sus hombres perdía, las piezas blancas no mostraban compasión. Muy pronto, hubo un gru­po de piezas negras desplomadas a lo largo de la pared. Dos veces, Ron se dio cuenta justo a tiempo para salvar a Harry y Hermione del peligro. Él mismo jugó por todo el tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que habían perdido.
—Ya casi estamos —murmuró de pronto—. Dejadme pensar... dejadme pensar.
La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia Ron.
—Sí... —murmuró Ron—. Es la única forma... tengo que dejar que me cojan.
—¡NO! —gritaron Harry y Hermione.

¡NO!- gritaron Molly y Lily a la vez asustada

Era la única forma- informo Ron tratando de dirigirles una mirada tranquilizadora a ambas mujeres

—¡Esto es ajedrez! —dijo enfadado Ron—. ¡Hay que ha­cer algunos sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me coge­rá... Eso te dejará libre para hacer jaque mate al rey, Harry.
—Pero...
—¿Quieres detener a Snape o no?
—Ron...
—¡Si no os dais prisa va a conseguir la Piedra!
No había nada que hacer.
—¿Listo? —preguntó Ron, con el rostro pálido pero deci­dido—. Allá voy, y no os quedéis una vez que hayáis ganado.

Ron- susurro Molly con la voz rota y lagrimas recorriéndole las mejillas

Se movió hacia delante y la reina blanca saltó. Golpeó a Ron con fuerza en la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumbó en el suelo. Hermione gritó, pero se quedó en su casillero. La reina blanca arrastró a Ron a un lado. Parecía desmayado.
Muy conmovido, Harry se movió tres casilleros a la iz­quierda. El rey blanco se quitó la corona y la arrojó a los pies de Harry. Habían ganado. Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una última mirada de desespe­ración hacia Ron, Harry y Hermione corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo.
—¿Y si él está...?
—Él estará bien —dijo Harry, tratando de convencerse a sí mismo—. ¿Qué crees que nos queda?
—Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber hechizado las llaves, y McGonagall transformó a las piezas de ajedrez. Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...
Habían llegado a otra puerta.
—¿Todo bien? —susurró Harry.
—Adelante.

Espero que Ron este bien- exclamo Fred volteando a ver a su gemelo, si se preocupaban por el pequeño, pero nunca lo demostraban, o casi nunca

Si Fred, yo también espero que este bien- asintió George volteando a ver a Fred con preocupación

Harry empujó y abrió.
Un tufo desagradable los invadió, haciendo que se tapa­ran la nariz con la túnica. Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, aplastado en el suelo frente a ellos, un trol más grande que el que habían derribado, inconsciente y con un bulto sangrante en la cabeza.
—Me alegro de que no tengamos que pelear con éste —su­surró Harry, mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes piernas—. Vamos, no puedo respirar.

Eso quiere decir que fue Quirrell- exclamo Remus sonriendo a Lily que asintió con los ojos bañados en lagrimas

Abrió la próxima puerta, los dos casi sin atreverse a ver lo que seguía... Pero no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.
—Snape —dijo Harry—. ¿Qué tenemos que hacer?
Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos. No era un fuego común, era púrpura. Al mis­mo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados.
—¡Mira! —Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Harry miró por encima de su hombro para leerlo:

El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás,
dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres,
una entre nosotras siete te dejará adelantarte,
otra llevará al que lo beba para atrás,
dos contienen sólo vino de ortiga,
tres son mortales, esperando escondidos en la fila.
Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,
para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:
Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre encontrarás alguno al lado iz­quierdo del vino de ortiga;
Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte hacia delante, ninguna es tu amiga;
Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior;
Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.

Un acertijo, algo que la mayoría de los magos no sabes descifrar- exclamo Lily tratando de encontrar la respuesta a este

Hermione dejó escapar un gran suspiro y Harry, sor­prendido, vio que sonreía, lo último que había esperado que hiciera.
—Muy bueno —dijo Hermione—. Esto no es magia... es lógica... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre.
—Pero nosotros también, ¿no?
—Por supuesto que no —dijo Hermione—. Lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas: tres con vene­no, dos con vino, una nos llevará a salvo a través del fuego ne­gro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.
—Pero ¿cómo sabremos cuál beber?
—Dame un minuto.
Hermione leyó el papel varias veces. Luego paseó de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y señalándo­las. Al fin, se golpeó las manos.

Ya se cuales son- exclamo Lily volteando a ver a Hermione- son las mas pequeñas ¿verdad?

Hermione sonrio y se recargo en el antebrazo de Ron y este la abrazo

—Lo tengo —dijo—. La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.

Lo sabia- exclamo Lily cerrando el puño y una sonrisa triunfante besando a James en los labios

Harry miró a la diminuta botella.
—Aquí hay sólo para uno de nosotros —dijo—. No hay más que un trago.
Se miraron.
—¿Cuál nos hará volver por entre las llamas púrpura?
Hermione señaló una botella redonda del extremo dere­cho de la fila.
—Tú bebe de ésa —dijo Harry—. No: vuelve, busca a Ron y coge las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podréis salir por la trampilla sin que os vea Fluffy. Id di­rectamente a la lechucería y enviad a Hedwig a Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que yo detenga un poco a Snape, pero la verdad es que no puedo igualarlo.

Que es lo que debieron de hace en un principio- sentencio McGonagall con el seño fruncido

—Pero Harry... ¿y si Quien-tú-sabes está con él?
—Bueno, ya tuve suerte una vez, ¿no? —dijo Harry, se­ñalando su cicatriz—. Puede ser que la tenga de nuevo.
Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre Harry y lo abrazó.
—¡Hermione!
—Harry… Eres un gran mago, ya lo sabes.
—No soy tan bueno como tú —contestó muy incómodo, mientras ella lo soltaba.
—¡Yo! —exclamó Hermione—. ¡Libros! ¡Inteligencia! Hay cosas mucho más importantes, amistad y valentía y... ¡Oh, Harry, ten cuidado!

Creo que te quiere mucho Harry- dijo Lily sonriendo a su hijo

Y yo a ella- Harry tomo la mano de la chica y sonrio- es como una hermana para mi

Y tu igual Harry- respondió Hermione con una sonrisa

—Bebe primero —dijo Harry—. Estás segura de cuál es cuál, ¿no?
—Totalmente —dijo Hermione. Se tomó de un trago el contenido de la botellita redondeada y se estremeció.
—No es veneno, ¿verdad? —dijo Harry con voz anhe­lante.
—No... pero parece hielo.
—Rápido, vete, antes de que se termine el efecto.
—Buena suerte... ten cuidado...
—¡VETE!
Hermione giró en redondo y pasó directamente a través del fuego púrpura.
Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas. Se enfrentó a las llamas negras.
—Allá voy —dijo, y se bebió el contenido de un trago.
Era realmente como si tragara hielo. Dejó la botella y fue hacia delante. Se dio ánimo al ver que las llamas negras la­mían su cuerpo pero no lo quemaban. Durante un momento no pudo ver más que fuego oscuro. Luego se encontró al otro lado, en la última habitación.
Ya había alguien allí. Pero no era Snape. Y tampoco era Voldemort.

Te lo dije- dijo Lily riéndose de la cara de Sirius de consternación

Yo leer el siguiente- exclamo molesto Sirius tomando el libro de las manos de Arthur

 

El hombre con dos caras



Era Quirrell.

Paguen- cantaron Lily y Remus, la primera a Sirius y el segundo a James con gran regocijo

Ya que- bufaron los dos molesto sacando las monedas de su bolsa

Harry, ¿me prestas un galeón?- pidió Sirius volteando a ver a Harry
No Sirius, no pidas prestado, tu y James dijeron que sin pedir prestado así que… paga- exclamo Remus extendiéndole la mano con la palma abierta hacia el chico

Sirius saco todas las monedas que traía consigo, entregándole hasta el último Knuts al chico de ojos avellanas que esperaba su paga con la sonrisa radiante

Gracias- se mofo Remus con una enorme sonrisa

Sirius bufo molesto y continúo con la lectura

—¡Usted! —exclamó Harry.
Quirrell sonrió. Su rostro no tenía ni sombra del tic.
—Yo —dijo con calma— me preguntaba si me iba a en­contrar contigo aquí, Potter.
—Pero yo pensé... Snape...

Igual yo- bufo Sirius fulminando a Harry con la mirada, pero no solo él, también James lo hacia

Ya, no me miren así- tercio Harry volteando a ver a los dos hombres- yo no tengo la culpa de que me hicieran caso, yo no les dije "es Snape, es él, hagan una apuesta con mi madre y Remus"- exclamo el chico con sorna

Ambos chicos exhalaron molestos

—¿Severus? —Quirrell rió, y no fue con su habitual so­nido tembloroso y entrecortado, sino con una risa fría y agu­da—. Sí, Severus parecía ser el indicado, ¿no? Fue muy útil tenerlo dando vueltas como un murciélago enorme. Al lado de él ¿quién iba a sospechar del po-pobre tar-tamudo p-profe­sor Quirrell?

Nosotros- señalo Remus a Lily y el mismo, ambos con idénticas sonrisa de orgullo

Harry no podía aceptarlo. Aquello no podía ser verdad, no podía ser.

Dímelo a mi- se lamento Sirius visiblemente dolido

—¡Pero Snape trató de matarme!

Exacto, explique eso- salto James observando  Snape con avidez

—No, no, no. Yo traté de matarte. Tu amiga, la señorita Granger, accidentalmente me atropelló cuando corría a pren­derle fuego a Snape, en ese partido de quidditch. Y rompió el contacto visual que yo tenía contigo. Unos segundos más y te habría hecho caer de esa escoba. Y ya lo habría conseguido, si Snape no hubiera estado murmurando un contramaleficio, tratando de salvarte.
—¿Snape trataba de salvarme a mí?

¿Tú tratabas de salvarlo?- se sorprendió Sirius volteando a ver a James, el cual estaba mudo de la impresión

Claro, no iba a permitir que lo lastimaran, solo yo…- Snape dejo la frase a medias para darle una interrogativa en que pensar a ambos chicos

—Por supuesto —dijo fríamente Quirrell—. ¿Por qué crees que quiso ser árbitro en el siguiente partido? Estaba tratando de asegurarse de que yo no pudiera hacerlo otra vez. Gracioso, en realidad... no necesitaba molestarse. No podía hacer nada con Dumbledore mirando. Todos los otros profesores creyeron que Snape trataba de impedir que Gryffindor ganase, se ha hecho muy impopular... Y qué pér­dida de tiempo cuando, después de todo eso, voy a matarte esta noche.

Atrévete- rugieron Sirius y James con los ojos como fuego

Quirrell chasqueó los dedos. Unas sogas cayeron del aire y se enroscaron en el cuerpo de Harry, sujetándolo con fuerza.
—Eres demasiado molesto para vivir, Potter. Deslizándote por el colegio, como en Halloween, porque me descubris­te cuando iba a ver qué era lo que vigilaba la Piedra.
—¿Usted fue el que dejó entrar al trol?

Ya decía yo que fue él- exclamo Lily sonriendo satisfecha

Y ¿por que no Snape?- inquirió James volteando a ver a Lily la cual estaba viendo a su viejo amigo

Por que a Snape nunca le gustaron los Trols- exclamo Lily ganándose un asentimiento de su viejo amigo

—Claro. Yo tengo un don especial con esos monstruos. ¿No viste lo que le hice al que estaba en la otra habitación? Desgraciadamente, cuando todos andaban corriendo por ahí para buscarte, Snape, que ya sospechaba de mí, fue directa­mente al tercer piso para ganarme de mano, y no sólo hizo que mi monstruo no pudiera matarte, sino que ese perro de tres cabezas no mordió la pierna de Snape de la manera en que debería haberlo hecho...

Maldito infeliz- bufo molesto Sirius con las manos temblándole dl coraje

Sirius tranquilízate, no se te entiende nada- dijo Lily una vez que Sirius leyó como tres líneas y no se le entendía nada de lo que decía por el coraje

Hizo una pausa:
—Ahora, espera tranquilo, Potter. Necesito examinar este interesante espejo.
De pronto, Harry vio lo que estaba detrás de Quirrell. Era el espejo de Oesed.

¿Que hace ahí?- inquirió James sorprendido de donde estaba el espejo

No lo se- dijo Remus igual de sorprendido

Yo creo que tengo una ida- dijo Lily volteando a ver al director

¿Cuál Lily?- preguntó Sirius con avidez

¿Quieres apostar?- sonrio Lily a Sirius con malicia

Ya no traigo dinero conmigo- negó Sirius abatido por una oportunidad perdida

Nadie dijo nada acerca de dinero- respondió Lily descruzando sus piernas y recargándose en ellas con las manos
¿Qué quieres apostar pelirroja?- inquirió Sirius con avidez brillando en sus ojos grises

Si yo acierto, tu dejas de hablar por una hora- encaro Lily a Sirius con las cejas alzadas y sonrisa decidida

Y su yo acierto tu no me dirás nada por una hora- tercio Sirius ladeando la cabeza y alzando la ceja izquierda- diga lo que diga- finalizo con malicia en la voz

Hecho- exclamo Lily estrechando la mano de Sirius con fuerza

¿Y que es lo que apostaron?- exclamo James confundido de ver el trato ya hecho y no el por que de este

Yo digo que él espejo esta en la piedra- exclamo Lily con una sonrisa triunfal

Yo digo que no esta ahí, sino en otro lado, debajo de el o algo así- dijo Sirius con un encogimiento de hombros, no creía que Lily estuviera en lo cierto esta vez, una mirada a Harry y… pero este estaba con el rostro inescrutable

Cuando aprenderás-suspiro Harry mentalmente sin hacer movimiento alguno

—Este espejo es la llave para poder encontrar la Piedra —murmuró Quirrell, dando golpecitos alrededor del mar­co—. Era de esperar que Dumbledore hiciera algo así... pero él está en Londres... Cuando pueda volver, yo ya estaré muy lejos.

Creo que perdí- exclamo abatido Sirius- pero… tal vez solo de la clave para llegar a ella… si eso es- este se palmeo las manos entre si y siguió leyendo

Lo único que se le ocurrió a Harry fue tratar de que Quirrell siguiera hablando y dejara de concentrarse en el espejo.
—Lo vi a usted y a Snape en el bosque... —dijo de golpe.
—Sí —dijo Quirrell, sin darle importancia, paseando alrededor del espejo para ver la parte posterior—. Me esta­ba siguiendo, tratando de averiguar hasta dónde había llegado. Siempre había sospechado de mí. Trató de asustar­me... Como si pudiera, cuando yo tengo a lord Voldemort de mi lado...

Eso que quiere decir- exclamo Lily con renovado temor aferrándose a James todavía mas

Quirrell salió de detrás del espejo y se miró en él con enfado.
—Veo la Piedra... se la presento a mi maestro... pero ¿dónde está?
Harry luchó con las sogas qué lo ataban, pero no se aflo­jaron. Tenía que evitar que Quirrell centrara toda su aten­ción en el espejo.
—Pero Snape siempre pareció odiarme mucho.
—Oh, sí—dijo Quirrell, con aire casual— claro que sí. Estaba en Hogwarts con tu padre, ¿no lo sabías? Se de­testaban. Pero nunca quiso que estuvieras muerto.

Imposible- murmuro James por lo bajo a sus amigos

—Pero hace unos días yo lo oí a usted, llorando... Pensé que Snape lo estaba amenazando...
Por primera vez, un espasmo de miedo cruzó el rostro de Quirrell.
—Algunas veces —dijo— me resulta difícil seguir las instrucciones de mi maestro... Él es un gran mago y yo soy débil...
—¿Quiere decir que él estaba en el aula con usted? —pre­guntó Harry
—Él está conmigo dondequiera que vaya —dijo con cal­ma Quirrell—. Lo conocí cuando viajaba por el mundo. Yo era un joven tonto, lleno de ridículas ideas sobre el mal y el bien. Lord Voldemort me demostró lo equivocado que estaba. No hay ni mal ni bien, sólo hay poder y personas demasiado dé­biles para buscarlo... Desde entonces le he servido fielmente, aunque muchas veces le he fallado. Tuvo que ser muy severo conmigo. —Quirrell se estremeció súbitamente—. No perdo­na fácilmente los errores. Cuando fracasé en robar esa Pie­dra de Gringotts, se disgustó mucho. Me castigó... decidió que tenía que vigilarme muy de cerca...

No puedo creerlo, siempre estuvo en el colegio- exclamo Lily alarmada

Tan cerca de los niños y ellos ni en cuenta- susurro Molly desde los brazos Arthur, el cual estaba que echaba chispas de coraje

La voz de Quirrell se apagó. Harry recordó su viaje al ca­llejón Diagon... ¿Cómo había podido ser tan estúpido? Había visto a Quirrell aquel mismo día y se habían estrechado las manos en el Caldero Chorreante.
Quirrell maldijo entre dientes.
—No comprendo... ¿La Piedra está dentro del espejo? ¿Tengo que romperlo?
La mente de Harry funcionaba a toda máquina.
«Lo que más deseo en el mundo en este momento —pen­só— es encontrar la Piedra antes de que lo haga Quirrell. Entonces, si miro en el espejo, podría verme encontrándola... ¡Lo que quiere decir que veré dónde está escondida! Pero ¿cómo puedo mirar sin que Quirrell se dé cuenta de lo que quiero hacer?
Trató de torcerse hacia la izquierda, para ponerse frente al espejo sin que Quirrell lo notara, pero las sogas que tenía alrededor de los tobillos estaban tan tensas que lo hicieron caer. Quirrell no le prestó atención. Seguía hablando para sí mismo.
—¿Qué hace este espejo? ¿Cómo funciona? ¡Ayúdame, Maestro!
Y para el horror de Harry, una voz le respondió, una voz que parecía salir del mismo Quirrell.
—Utiliza al muchacho... Utiliza al muchacho...

¡No!, Harry- chillaron asustadas Molly y Lily a la vez, escondiéndose en el torso de su marido y novio

Quirrell se volvió hacia Harry.
—Sí... Potter... ven aquí.
Hizo sonar las manos una vez y las sogas cayeron. Harry se puso lentamente de pie.
—Ven aquí —repitió Quirrell—. Mira en el espejo y dime lo que ves.
Harry se aproximó.
«Tengo que mentir —pensó, desesperado—, tengo que mirar y mentir sobre lo que veo, eso es todo.»
Quirrell se le acercó por detrás. Harry respiró el extraño olor que parecía salir del turbante de Quirrell. Cerró los ojos, se detuvo frente al espejo y los volvió a abrir.
Se vio reflejado, muy pálido y con cara de asustado. Pero un momento más tarde, su reflejo le sonrió. Puso la mano en el bolsillo y sacó una piedra de color sangre. Le guiñó un ojo y volvió a guardar la Piedra en el bolsillo y, cuando lo hacía, Harry sintió que algo pesado caía en su bolsillo real. De alguna manera (era algo increíble) había conseguido la Piedra.
—¿Bien? —dijo Quirrell con impaciencia—. ¿Qué es lo que ves?
Harry, haciendo de tripas corazón, contestó:
—Me veo con Dumbledore, estrechándonos las manos —inventó—. Yo... he ganado la copa de la casa para Gryffindor. Quirrell maldijo otra vez.
—Quítate de ahí —dijo. Cuando Harry se hizo a un lado, sintió la Piedra Filosofal contra su pierna. ¿Se atrevería a es­capar?

¿Como la consiguió?- exclamo Sirius sorprendido de la facilidad con que la obtuvo

Te dije que estaba dentro del espejo ¿verdad Harry?- dijo Lily volteando a ver a su hijo

Si, estaba dentro de él y este me la proporciono- sonrio el chico a su madre- Sirius, cuando aprenderás que a mi madre no le vas a ganar

Ya me tocara una y entonces…

Mejor lee antes de que te haga callar de nuevo, es la apuesta- sonrio Lily con malicia desde los brazos de su novio

Rayos- bufo Sirius retomando la lectura

Pero no había dado cinco pasos cuando una voz aguda habló, aunque Quirrell no movía los labios.
—Él miente... él miente...
—¡Potter, vuelve aquí! —gritó Quirrell—. ¡Dime la ver­dad! ¿Qué es lo que has visto?
La voz aguda se oyó otra vez.
—Déjame hablar con él... cara a cara...
—¡Maestro, no está lo bastante fuerte todavía!
—Tengo fuerza suficiente... para esto.
Harry sintió como si el Lazo del Diablo lo hubiera clava­do en el suelo. No podía mover ni un músculo. Petrificado, ob­servó a Quirrell, que empezaba a desenvolver su turbante. ¿Qué iba a suceder? El turbante cayó. La cabeza de Quirrell parecía extrañamente pequeña sin él. Entonces, Quirrell se dio la vuelta lentamente.
Harry hubiera querido gritar, pero no podía dejar salir ningún sonido. Donde tendría que haber estado la nuca de Quirrell, había un rostro, la cara más terrible que Harry hubiera visto en su vida. Era de color blanco tiza, con brillan­tes ojos rojos y ranuras en vez de fosas nasales, como las ser­pientes.

Oh por Merlín, que horrible- susurro Lily serrando los ojos con fuerza apoyada en el pecho de James y este la cubrió con sus manos

—Harry Potter... —susurró.
Harry trató de retroceder, pero sus piernas no le res­pondían.
—¿Ves en lo que me he convertido? —dijo la cara—. No más que en sombra y quimera... Tengo forma sólo cuando puedo compartir el cuerpo de otro... Pero siempre ha habi­do seres deseosos de dejarme entrar en sus corazones y en sus mentes... La sangre de unicornio me ha dado fuerza en es­tas semanas pasadas... tú viste al leal Quirrell bebiéndo­la para mí en el bosque... y una vez que tenga el Elixir de la Vida seré capaz de crear un cuerpo para mí... Ahora... ¿por qué no me entregas la Piedra que tienes en el bolsillo?

Era él- mascullo en un murmullo de miedo Hermione, ya lo sabia, pero imaginárselo era completamente diferente

Entonces él lo sabía. La idea hizo que de pronto las pier­nas de Harry se tambalearan.
—No seas tonto —se burló el rostro—. Mejor que salves tu propia vida y te unas a mí... o tendrás el mismo final que tus padres... Murieron pidiéndome misericordia...
—¡MENTIRA! —gritó de pronto Harry.
Quirrell andaba hacia atrás, para que Voldemort pudie­ra mirarlo. La cara maligna sonreía.
—Qué conmovedor —dijo—. Siempre consideré la valen­tía... Sí, muchacho, tus padres eran valientes... Maté prime­ro a tu padre y luchó con valor... Pero tu madre no tenía que morir... ella trataba de protegerte... Ahora, dame esa Piedra, a menos que quieras que tu madre haya muerto en vano.

Las mujeres lloraban en silencio abrazadas por los chicos, McGonagall estaba consternada y se limpiaba las lagrimas con un pañuelo con puntilla, Hagrid se sonaba con su mantel de lunares y Albus tenia la vista nublada por las lagrimas, Sirius y Remus habían corrido junto a Lily y James para darles apoyo, mientras Harry que veía casi a diario esa imagen en su cabeza contenía las lagrimas haciéndose el fuerte consolando a Ginny

Déjalo salir- dijo Ginny volteando a ver a su novio

Aun no Ginny, esto es solo el principio, aun falta mucho por recorrer- susurro Harry besando la coronilla de su novia con ternura

—¡NUNCA!
Harry se movió hacia la puerta en llamas, pero Volde­mort gritó: ¡ATRÁPALO! y, al momento siguiente, Harry sin­tió la mano de Quirrell sujetando su muñeca. De inmediato, un dolor agudo atravesó su cicatriz y sintió como si la cabeza fuera a partírsele en dos. Gritó, luchando con todas sus fuer­zas y, para su sorpresa, Quirrell lo soltó. El dolor en la cabeza amainó...

¿Cómo?- exclamo asombrado Sirius abrazando los hombros de Lily por la espalda

Miró alrededor para ver dónde estaba Quirrell y lo vio doblado de dolor, mirándose los dedos, que se ampollaban ante sus ojos.
—¡ATRÁPALO! ¡Atrápalo! —rugía otra vez Voldemort, y Quirrell arremetió contra Harry, haciéndolo caer al suelo y apretándole el cuello con las dos manos... La cicatriz de Harry casi lo enceguecía de dolor y, sin embargo, pudo ver a Quirrell chillando desesperado.
—Maestro, no puedo sujetarlo... ¡Mis manos... mis manos! Y Quirrell, aunque mantenía sujeto a Harry aplastán­dolo con las rodillas, le soltó el cuello y contempló, aterroriza­do, sus manos. Harry vio que estaban quemadas, en carne viva, con ampollas rojas y brillantes.
—¡Entonces mátalo, idiota, y termina de una vez! —ex­clamó Voldemort.

No te atrevas a tocarlo- rugió James con furia en la voz y la mirada, el cuerpo se le tenso cubriendo a Lily protectoramente entre sus brazos

Quirrell levantó la mano para lanzar un maleficio mor­tal, pero Harry, instintivamente, se incorporó y se aferró a la cara de Quirrell.
—¡AAAAAAH!
Quirrell se apartó, con el rostro también quemado, y en­tonces Harry se dio cuenta: Quirrell no podía tocar su piel sin sufrir un dolor terrible. Su única oportunidad era sujetar a Quirrell, que sintiera tanto dolor como para impedir que hi­ciera el maleficio...
Harry se puso de pie de un salto, cogió a Quirrell de un brazo y lo apretó con fuerza. Quirrell gritó y trató de empu­jar a Harry. El dolor de cabeza de éste aumentaba y el muchacho no podía ver, solamente podía oír los terribles ge­midos de Quirrell y los aullidos de Voldemort: ¡MÁTALO! ¡MÁ­TALO!, y otras voces, tal vez sólo en su cabeza, gritando: «¡Harry! ¡Harry!».
Sintió que el brazo de Quirrell se iba soltando, supo que estaba perdido, sintió que todo se oscurecía y que caía... caía... caía...

Que diantres fue eso- se extraño Ron volteando a ver a su amigo, el cual sonrio divertido


Algo dorado brillaba justo encima de él. ¡La snitch! Trató de atraparla, pero sus brazos eran muy pesados.
Pestañeé. No era la snitch. Eran un par de gafas. Qué raro.
Pestañeó otra vez. El rostro sonriente de Albus Dumble­dore se agitaba ante él.
—Buenas tardes, Harry —dijo Dumbledore.

Estas bien- suspiro Lily aliviada desde los brazos de James

Harry lo miró asombrado. Entonces recordó.
—¡Señor! ¡La Piedra! ¡Era Quirrell! ¡Él tiene la Piedra! Señor, rápido...
—Cálmate, qúerido muchacho, estás un poco atrasado —dijo Dumbledore—. Quirrell no tiene la Piedra.
—¿Entonces quién la tiene? Señor, yo...
—Harry, por favor, cálmate, o la señora Pomfrey me echará de aquí.

Ni usted estaba fuera de su furia cuando se enojaba- sonrio James tratando de mejorar el ambiente y lo logro, por que la mayoría sonrio un poco aliviados

Harry tragó y miró alrededor. Se dio cuenta de que debía de estar en la enfermería. Estaba acostado en una cama, con sábanas blancas de hilo, y cerca había una mesa, con una enorme cantidad de paquetes, que parecían la mitad de la tienda de golosinas
—Regalos de tus amigos y admiradores —dijo Dumble­dore, radiante—. Lo que sucedió en las mazmorras entre tú y el profesor Quirrell es completamente secreto, así que, na­turalmente, todo el colegio lo sabe. Creo que tus amigos, los señores Fred y George Weasley, son responsables de tratar de enviarte un inodoro. No dudo que pensaron que eso te di­vertiría. Sin embargo, la señora Pomfrey consideró que no era muy higiénico y lo confiscó.

Lo hicieron- exclamo James volteando a ver a los chicos con los ojos brillantes. Estos hicieron una leve inclinación quitándose un sombrero imaginario

—¿Cuánto tiempo hace que estoy aquí?
—Tres días. El señor Ronald Weasley y la señorita Gran­ger estarán muy aliviados al saber que has recuperado el co­nocimiento. Han estado sumamente preocupados.

Ellos también están bien- señalo aliviada Molly sentadosé recargada en el brazo de su esposo

—Pero señor, la Piedra...
—Veo que no quieres que te distraiga. Muy bien, la Pie­dra. El profesor Quirrell no te la pudo quitar. Yo llegué a tiem­po para evitarlo, aunque debo decir que lo estabas haciendo muy bien.
—¿Usted llegó? ¿Recibió la lechuza que envió Hermione?
—Nos debimos cruzar en el aire. En cuanto llegué a Lon­dres, me di cuenta de que el lugar en donde debía estar era el que había dejado. Llegué justo a tiempo para quitarte a Qui­rrell de encima...
—Fue usted.
—Tuve miedo de haber llegado demasiado tarde.
—Casi fue así, no habría podido aguantar mucho más sin que me quitara la Piedra...
—No por la Piedra, muchacho, por ti... El esfuerzo casi te mata. Durante un terrible momento tuve miedo de que fuera así. En lo que se refiere a la Piedra, fue destruida.

¿Por qué?-inquirió James asombrado

Un objeto así de peligroso y poderoso atraería muchos problemas- declaro Dumbledore todavía con los ojos opacos por las lagrimas

—¿Destruida? —dijo Harry sin entender—. Pero su ami­go... Nicolás Flamel...
—¡Oh, sabes lo de Nicolás! —dijo contento Dumbledo­re—. Hiciste bien los deberes, ¿no es cierto? Bien, Nicolás y yo tuvimos una pequeña charla y estuvimos de acuerdo en que era lo mejor.
—Pero eso significa que él y su mujer van a morir, ¿no?
—Tienen suficiente Elixir guardado para poner sus asuntos en orden y luego, sí, van a morir.
Dumbledore sonrió ante la expresión de desconcierto que se veía en el rostro de Harry.
—Para alguien tan joven como tú, estoy seguro de que parecerá increíble, pero para Nicolás y Perenela será real­mente como irse a la cama, después de un día muy, muy largo. Después de todo, para una mente bien organizada, la muer­te no es más que la siguiente gran aventura. Sabes, la Piedra no era realmente algo tan maravilloso. ¡Todo el dinero y la vida que uno pueda desear! Las dos cosas que la mayor parte de los seres humanos elegirían... El problema es que los hu­manos tienen el don de elegir precisamente las cosas que son peores para ellos.
Harry yacía allí, sin saber qué decir. Dumbledore cantu­rreó durante un minuto y después sonrió hacia el techo.
—¿Señor? —dijo Harry—. Estuve pensando... Señor, aunque la Piedra ya no esté, Vol... quiero decir Quién-us­ted-sabe...
—Llámalo Voldemort, Harry. Utiliza siempre el nombre correcto de las cosas. El miedo a un nombre aumenta el mie­do a la cosa que se nombra.
—Sí, señor. Bien, Voldemort intentará volver de nuevo, ¿no? Quiero decir... No se ha ido, ¿verdad?
—No, Harry, no se ha ido. Está por ahí, en algún lugar, tal vez buscando otro cuerpo para compartir... Como no está realmente vivo, no se le puede matar. Él dejó morir a Qui­rrell, muestra tan poca misericordia con sus seguidores como con sus enemigos. De todos modos, Harry, tú tal vez has re­trasado su regreso al poder. La próxima vez hará falta algún otro preparado para luchar y, si lo detienen otra vez y otra vez, bueno, puede ser que nunca vuelva al poder.

Eso quiere decir que Hagrid tiene razón y no esta muerto, solo esta lo suficientemente débil como para lanzarse otra vez al poder- exclamo James volteando a ver a Dumbledore

Pero… no ha regresado aun ¿verdad?- inquirió Remus volteando a ver a los chicos

Ya verán conforme avance la historia- respondió Harry estrechando a Ginny entre sus brazos

Por como la proteges… yo creo que si… ya volvió- dijo James abrazando nuevamente a Lily entre sus brazos

Harry no dijo nada, solo comprobaba que sus cualidades para saber ciertas cosas las había sacado de sus padres, ellos deducían las cosas con la misma rapidez que Harry

Harry asintió, pero se detuvo rápidamente, porque eso hacía que le doliera más la cabeza. Luego dijo:
—Señor, hay algunas cosas más que me gustaría saber, si me las puede decir... cosas sobre las que quiero saber la verdad...
—La verdad —Dumbledore suspiró—. Es una cosa terri­ble y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuida­do. Sin embargo, contestaré tus preguntas a menos que ten­ga una muy buena razón para no hacerlo. Y en ese caso te pido que me perdones. Por supuesto, no voy a mentirte.
—Bien... Voldemort dijo que sólo mató a mi madre por­que ella trató de evitar que me matara. Pero ¿por qué iba a querer matarme a mí en primer lugar?

Eso mismo me pregunto yo- exclamo Lily volteando a ver a Harry, pero este solo le sostuvo la mirada, mas no dijo nada

Aquella vez, Dumbledore suspiró profundamente.
—Vaya, la primera cosa que me preguntas y no puedo contestarte. No hoy. No ahora. Lo sabrás, un día... Quítatelo de la cabeza por ahora, Harry. Cuando seas mayor... ya sé que eso es odioso... bueno, cuando estés listo, lo sabrás.
Y Harry supo que no sería bueno discutir.
—¿Y por qué Quirrell no podía tocarme?
—Tu madre murió para salvarte. Si hay algo que Volde­mort no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan poderoso como el de tu madre hacia ti deja mar­cas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible... Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos deja para siempre una protección. Eso está en tu piel. Quirrell, lleno de odio, codicia y ambición, compartiendo su alma con Voldemort, no podía tocarte por esa ra­zón. Era una agonía el tocar a una persona marcada por algo tan bueno.

Vez, al dar tu la vida por mi, me diste una protección tan potente que él no puede tocarme- sonrio Harry a su madre, dejando a un lado que dicha protección se había debilitado un poco al regreso de Voldemort

Lily asintió y trato de quitarse las lagrimas con el dorso de la mano con frenesí

Entonces Dumbledore se mostró muy interesado en un pájaro que estaba cerca de la cortina, lo que le dio tiempo a Harry para secarse los ojos con la sábana. Cuando pudo ha­blar de nuevo, Harry dijo:
—¿Y la capa invisible... sabe quién me la mandó?
—Ah... Resulta que tu padre me la había dejado y pensé que te gustaría tenerla.    —Los ojos de Dumbledore brilla­ron—. Cosas útiles... Tu padre la utilizaba sobre todo para robar comida en la cocina, cuando estaba aquí.

Creí que no lo sabia- exclamo James asombrado

Tu me lo dijiste cuando me la prestaste un par de años después de que salieras de la escuela- explico Dumbledore con una sonrisa que no llego a sus ojos azules

—Y hay algo más...
—Dispara.
—Quirrell dijo que Snape...
—El profesor Snape, Harry
—Sí, él... Quirrell dijo que me odia, porque odiaba a mi padre. ¿Es verdad?
—Bueno, ellos se detestaban uno al otro. Como tú y el se­ñor Malfoy. Y entonces, tu padre hizo algo que Snape nunca pudo perdonarle.
—¿Qué?
—Le salvó la vida.
—¿Qué?

Eso, es algo de lo que aun me debes una explicación Sirius- reclamo Remus volteando a ver al chico el cual no dijo nada

—Sí... —dijo Dumbledore, con aire soñador—. Es curio­sa la forma en que funciona la mente de la gente, ¿no es cier­to? El profesor Snape no podía soportar estar en deuda con tu padre... Creo que se esforzó tanto para protegerte este año porque sentía que así estaría en paz con él. Así podría seguir odiando la memoria de tu padre, en paz...

James estallo en carcajadas y entre ellas logro articular: no puedo creerlo, no debiste, aunque creo que mas bien lo hiciste por Lily

Harry trató de entenderlo, pero le hacía doler la cabeza, así que lo dejó.
Y señor, hay una cosa más...
—¿Sólo una?
—¿Cómo pude hacer que la Piedra saliera del espejo?
—Ah, bueno, me alegro de que me preguntes eso. Fue una de mis más brillantes ideas y, entre tú y yo, eso es decir mucho. Sabes, sólo alguien que quisiera encontrar la Piedra, encontrarla, pero no utilizarla, sería capaz de conseguirla. De otra forma, se verían haciendo oro o bebiendo el Elixir de la Vida. Mi mente me sorprende hasta a mí mismo... Bueno, suficientes preguntas. Te sugiero que comiences a comer esas golosinas. Ah, las grageas de todos los sabores. En mi ju­ventud tuve la mala suerte de encontrar una con gusto a vó­mito y, desde entonces, me temo que dejaron de gustarme. Pero creo que no tendré problema con esta bonita gragea, ¿no te parece?
Sonrió y se metió en la boca una gragea de color dorado. Luego se atragantó y dijo:
—¡Ay de mí! ¡Cera del oído!

Solo a usted le pasan esas cosas- exclamo James divertido, a él casi siempre le tocaban las de verduras y Remus las de dulce… pero Sirius… a él le tocaban las peores


La señora Pomfrey era una mujer buena, pero muy estricta.
—Sólo cinco minutos —suplicó Harry
—Ni hablar.
—Usted dejó entrar al profesor Dumbledore...
—Bueno, por supuesto, es el director, es muy diferente. Necesitas descansar.
—Estoy descansando, mire, acostado y todo lo demás. Oh, vamos, señora Pomfrey…
—Oh, está bien —dijo—. Pero sólo cinco minutos.
Y dejó entrar a Ron y Hermione.
—¡Harry!
Hermione parecía lista para lanzarse en sus brazos, pero Harry se alegró de que se contuviera, porque le dolía la cabeza.
—Oh, Harry; estábamos seguros de que te... Dumbledore estaba tan preocupado...
—Todo el colegio habla de ello —dijo Ron—. ¿Qué es lo que realmente pasó?
Fue una de esas raras ocasiones en que la verdadera his­toria era aún más extraña y apasionante que los más extraños rumores. Harry les contó todo: Quirrell, el espejo, la Pie­dra y Voldemort. Ron y Hermione eran muy buen público, jadeaban en los momentos apropiados y, cuando Harry les dijolo que había debajo del turbante de Quirrell, Hermione gritó muy fuerte.
—¿Entonces la Piedra no existe? —dijo por ultimo Ron—. ¿Flamel morirá?
—Eso es lo que yo dije, pero Dumbledore piensa que... ¿cómo era? Ah, sí: «Para las mentes bien organizadas, la muerte es la siguiente gran aventura».

Típico de él- sonrio Ron provocando que Hermione lo besara en la mejilla con rapidez, este, un tanto sorprendido, se toco la mejilla donde recibió el beso con los ojos como platos

—Siempre dije que era un chiflado —dijo Ron, muy im­presionado por lo loco que estaba su héroe.
—¿Y qué os pasó a vosotros dos? —preguntó Harry.
—Bueno, yo volví —dijo Hermione—, desperté a Ron (tardé un rato largo) y, cuando íbamos a la lechucería para comunicarnos con Dumbledore, lo encontramos en el vestí­bulo de entrada, y él ya lo sabía, porque nos dijo: «Harry se fue a buscarlo, ¿no?», y subió al tercer piso.

Siempre lo supo- se quejo McGonagall volteando a ver a Albus reprobatoriamente

Ya entenderás por que Minerva- respondió Dumbledore enigmáticamente

—¿Crees que él quería que lo hicieras? —dijo Ron—. ¿Enviándote la capa de tu padre y todo eso?
—Bueno —estalló Hermione—. Si lo hizo... eso es terri­ble... te podían haber matado.
—No, no fue así —dijo Harry con aire pensativo—. Dum­bledore es un hombre muy especial. Yo creo que quería dar­me una oportunidad. Creo que él sabe, más o menos, todo lo que sucede aquí. Acepto que debía de saber lo que íbamos a intentar y, en lugar de detenernos, nos enseñó lo suficiente para ayudarnos. No creo que fuera por accidente que me dejó encontrar el espejo y ver cómo funcionaba. Es casi como si él pensara que yo tenía derecho a enfrentarme a Voldemort, si podía...

Eso es horrible- exclamo Lily con las manos cubriéndole la boca por la sorpresa

—Bueno, sí, está bien —dijo Ron—. Escucha, debes es­tar levantado para mañana, es la fiesta de fin de curso. Ya están todos los puntos y Slytherin ganó, por supuesto. Te per­diste el último partido de quidditch. Sin ti, nos ganó Raven­claw, pero la comida será buena.

No, Slytherin gano- bufo James decaído, recargándose en su lugar con los ojos cerrados- y además perdimos la copa de quidditch- exclamo con voz de ultratumba

James, pero piensa que los chicos están sanos y salvos- trato de animarlo Lily, pero no lo logro

No Lily, no sabes lo que significa eso- dijo James decaído

En aquel momento, entró la señora Pomfrey
—Ya habéis estado quince minutos, ahora FUERA—dijo con severidad.


Después de una buena noche de sueño, Harry se sintió casi bien.
—Quiero ir a la fiesta —dijo a la señora Pomfrey, mien­tras ella le ordenaba todas las cajas de golosinas—. Podré ir, ¿verdad?
—El profesor Dumbledore dice que tienes permiso para ir —dijo con desdén, como si considerara que el profesor Dumbledore no se daba cuenta de lo peligrosas que eran las fiestas—. Y tienes otra visita.
—Oh, bien —dijo Harry—. ¿Quién es?
Mientras hablaba, entró Hagrid. Como siempre que es­taba dentro de un lugar, Hagrid parecía demasiado grande. Se sentó cerca de Harry, lo miró y se puso a llorar.
—¡Todo... fue... por mi maldita culpa! —gimió, con la cara entre las manos—. Yo le dije al malvado cómo pasar ante Fluffy. ¡Se lo dije! ¡Podías haber muerto! ¡Todo por un huevo de dragón! ¡Nunca volveré a beber! ¡Deberían echarme y obligarme a vivir como un muggle!

De todos modos lo hubiera sabidos Hagrid- dijo James volteando a ver a Hagrid con una sonrisa de lado

Si Hagrid, se trata de Voldemort, él hubiera encontrado la manera de pasar sobre él- señalo Remus palmeando el hombro del hombretón

Gracias chicos- sonrio Hagrid a través de su maraña de pelos

—¡Hagrid! —dijo Harry, impresionado al ver la pena y el remordimiento de Hagrid, y las lágrimas que mojaban su barba—. Hagrid, lo habría descubierto igual, estamos ha­blando de Voldemort, lo habría sabido igual aunque no le di­jeras nada.
—¡Podrías haber muerto! —sollozó Hagrid—. ¡Y no di­gas ese nombre!
—¡VOLDEMORT! —gritó Harry, y Hagrid se impresionó tanto que dejó de llorar—. Me encontré con él y lo llamo por su nombre. Por favor, alégrate, Hagrid, salvamos la Piedra, ya no está, no la podrá usar. Toma una rana de chocolate, tengo muchísimas...
Hagrid se secó la nariz con el dorso de la mano y dijo:
—Eso me hace recordar... Te he traído un regalo.
—No será un bocadillo de comadreja, ¿verdad? —dijo preocupado Harry, y finalmente Hagrid se rió.
—No. Dumbledore me dio libre el día de ayer para hacer­lo. Por supuesto tendría que haberme echado... Bueno, aquí tienes...
Parecía un libro con una hermosa cubierta de cuero. Harry lo abrió con curiosidad... Estaba lleno de fotos mági­cas. Sonriéndole y saludándolo desde cada página, estaban su madre y su padre...

¡oh Hagrid, gracias!- exclamo Lily con renovadas lagrimas de agradecimiento

No tienes nada que agradecer Lily- exclamo el hombretón con un ademan de mano que casi tira a Sirius de su lugar- lo siento Sirius- se disculpo el hombre

Descuida grandulón- sonrio Sirius regresando a su lugar

—Envié lechuzas a todos los compañeros de colegio de tus padres, pidiéndoles fotos... Sabía que tú no tenías... ¿Te gusta?
Harry no podía hablar, pero Hagrid entendió.

·   ·   ·

Harry bajó solo a la fiesta de fin de curso de aquella noche. Lo había ayudado a levantarse la señora Pomfrey, insistiendo en examinarlo una vez más, así que, cuando llegó, el Gran Comedor ya estaba lleno. Estaba decorado con los colores de Slytherin, verde y plata, para celebrar el triunfo de aquella casa al ganar la copa durante siete años seguidos. Un gran estandarte, que cubría la pared detrás de la Mesa Alta, mos­traba la serpiente de Slytherin.
Cuando Harry entró se produjo un súbito murmullo y to­dos comenzaron a hablar al mismo tiempo. Se deslizó en una silla, entre Ron y Hermione, en la mesa de Gryffindor, y trató de hacer caso omiso del hecho de que todos se ponían de pie para mirarlo.
Por suerte, Dumbledore llegó unos momentos después. Las conversaciones cesaron.
—¡Otro año se va! —dijo alegremente Dumbledore—. Y voy a fastidiaros con la charla de un viejo, antes de que po­dáis empezar con los deliciosos manjares. ¡Qué año hemos te­nido! Esperamos que vuestras cabezas estén un poquito más llenas que cuando llegasteis... Ahora tenéis todo el verano para dejarlas bonitas y vacías antes de que comience el pró­ximo año... Bien, tengo entendido que hay que entregar la copa de la casa y los puntos ganados son: en cuarto lu­gar, Gryffindor, con trescientos doce puntos; en tercer lugar, Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos; Ravenclaw tiene cuatrocientos veintiséis, y Slytherin, cuatrocientos setenta y dos.

En últimos, esto es humillante- exclamo James con las manos cubriéndole el rostro

Una tormenta de vivas y aplausos estalló en la mesa de Slytherin. Harry pudo ver a Draco Malfoy golpeando la mesa con su copa. Era una visión repugnante.
—Sí, sí, bien hecho, Slytherin —dijo Dumbledore—. Sin embargo, los acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta.
Todos se quedaron inmóviles. Las sonrisas de los Slythe­rin se apagaron un poco.
—Así que —dijo Dumbledore— tengo algunos puntos de última hora para agregar. Dejadme ver. Sí... Primero, para el señor Ronald Weasley...
Ron se puso tan colorado que parecía un rábano con inso­lación.
—... por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en muchos años, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

Bien hecho Ron- exclamaron casi brincando de gusto James y Remus, Sirius no podía decir nada, para su mala suerte

Las hurras de Gryffindor llegaron hasta el techo encan­tado, y las estrellas parecieron estremecerse. Se oyó que Percy le decía a los otros prefectos: «Es mi hermano, ¿sabéis? ¡Mi hermano menor! ¡Consiguió pasar en el juego de ajedrez gigante de McGonagall!».
Por fin se hizo el silencio otra vez.
—Segundo... a la señorita Hermione Granger... por el uso de la fría lógica al enfrentarse con el fuego, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

Bravo Hermione- sonrio Lily abrazando a la chica, y Molly se le unió

Hermione enterró la cara entre los brazos. Harry tuvo la casi seguridad de que estaba llorando. Los cambios en la ta­bla de puntuaciones pasaban ante ellos: Gryffindor estaba cien puntos más arriba.
—Tercero... al señor Harry Potter... —continuó Dumble­dore. La sala estaba mortalmente silenciosa—... por todo su temple y sobresaliente valor, premio a la casa Gryffindor con sesenta puntos.

Ese es mi hijo- grito emocionado James con lagrimas de felicidad en sus ojos

Si solo te hubiera dado un punto mas- dijo Lily volteando a ver a su hijo

¿Que quieres decir Lily?- inquirió Remus sorprendido

Están igual a Slytherin- respondió la chica feliz

Rayos, están empatados- se lamento James dejándose  caer en su lugar con cara de fastidio

El estrépito fue total. Los que pudieron sumar, además de gritar y aplaudir, se dieron cuenta de que Gryffindor tenía los mismos puntos que Slytherin, cuatrocientos setenta y dos. Si Dumbledore le hubiera dado un punto más a Harry... Pero así no llegaban a ganar.
Dumbledore levantó el brazo. La sala fue recuperando la calma.
—Hay muchos tipos de valentía —dijo sonriendo Dum­bledore—. Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos. Por lo tanto, premio con diez puntos al señor Neville Longbottom.

Si, Gryffindor gano- estallaron en brincos James, Remus y para fastidio de Lily y Molly, Arthur y Sirius uniéndose a la celebración de los amigos

Fueron varios minutos los que tardaron en regresar a la normalidad y continuar con la lectura

Alguien que hubiera estado en la puerta del Gran Come­dor habría creído que se había producido una explosión, tan fuertes eran los gritos que salieron de la mesa de Gryffindor. Harry, Ron y Hermione se pusieron de pie y vitorearon a Ne­ville, que, blanco de la impresión, desapareció bajo la gente que lo abrazaba. Nunca había ganado más de un punto para Gryffindor. Harry, sin dejar de vitorear, dio un codazo a Ron y señaló a Malfoy, que no podía haber estado más atónito y ho­rrorizado si le hubieran echado el maleficio de la Inmovili­dad Total.
—Lo que significa —gritó Dumbledore sobre la salva de aplausos, porque Ravenclaw y Hufflepuff estaban celebran­do la derrota de Slytherin—, que hay que hacer un cambio en la decoración.
Dio una palmada. En un instante, los adornos verdes se volvieron escarlata; los de plata, dorados, y la gran serpiente se desvaneció para dar paso al león de Gryffindor. Snape es­trechaba la mano de la profesora McGonagall, con una horri­ble sonrisa forzada en su cara.

Ja, ganamos Snape- exclamo James burlándose del pocionista al cual solo rodo los ojos

Captó la mirada de Harry y el muchacho supo de inmediato que los sentimientos de Snape hacia él no habían cambiado en absoluto. Aquello no lo preocupaba. Parecía que la vida iba a volver a la normalidad en el año próximo, o a la normalidad típica de Hogwarts.
Aquélla fue la mejor noche de la vida de Harry, mejor que ganar un partido de quidditch, o que la Navidad, o que hacer que se desmayara el monstruo gigante... Nunca, jamás, olvi­daría aquella noche.

No exageres- se quejo James- no hay nada mejor que el quidditch-volteo a ver a su hijo ofendido


Harry casi no recordaba ya que tenían que recibir los resul­tados de los exámenes, pero éstos llegaron. Para su gran sor­presa, tanto él como Ron pasaron con buenas notas. Hermio­ne, por supuesto, fue la mejor del año. Hasta Neville pasó a duras penas, pues sus buenas notas en Herbología compen­saron los desastres en Pociones. Ellos confiaban en que sus­pendieran a Goyle, que era casi tan estúpido como malo, pero él también aprobó. Era una lástima, pero como dijo Ron, no se puede tener todo en la vida.
Y de pronto, sus armarios se vaciaron, sus equipajes es­tuvieron listos, el sapo de Neville apareció en un rincón del cuarto de baño... Todos los alumnos recibieron notas en las que los prevenían para que no utilizaran la magia durante las vacaciones («Siempre espero que se olviden de darnos esas notas», dijo con tristeza Fred Weasley).

Digo lo mismo- tercio James volteando a ver al director con suplica

Yo no hice esa regla señor Potter- respondió Dumbledore con una sonrisa de lado

 Hagrid estaba allí para llevarlos en los botes que cruzaban el lago. Subieron al expreso de Hogwarts, charlando y riendo, mientras el pai­saje campestre se volvía más verde y menos agreste. Comie­ron las grageas de todos los sabores, pasaron a toda veloci­dad por las ciudades de losmuggles, se quitaron la ropa de magos y se pusieron camisas y abrigos... Y bajaron en el an­dén nueve y tres cuartos de la estación King Cross.
Tardaron un poco en salir del andén. UUn viejo y enjuto guarda estaba al otro lado de la taquilla, dejándolos pasar de dos en dos o de tres en tres, para que no llamaran la atención saliendo de golpe de una pared sólida, pues alarmarían a los muggles.
—Tenéis que venir y pasar el verano conmigo —dijo Ron—, los dos. Os enviaré una lechuza.
—Gracias —dijo Harry—. Voy a necesitar alguna pers­pectiva agradable.
La gente los empujaba mientras se movían hacia la esta­ción, volviendo al mundo muggle. Algunos le decían.
—¡Adiós, Harry!
—¡Nos vemos, Potter!
—Sigues siendo famoso —dijo Ron, con sonrisa burlona.

Eso cada año amigo- exclamo Harry negando divertido

Cada año eres mas- exclamo Ginny besándolo en los labios con ternuras

Váyanse a otro lado a hacer sus cochinadas- exclamo Sirius volteando a ver a los chicos con sorna

Cállate- exclamaron ambos sonrojados

—No allí adonde voy, eso te lo aseguro —respondió Harry.
Él, Ron y Hermione pasaron juntos a la estación.
—¡Allí está él, mamá, allí está, míralo!
Era Ginny Weasley, la hermanita de Ron, pero no seña­laba a su hermano.
—¡Harry Potter! —chilló—. ¡Mira, mamá! Puedo ver...

Y mira, te has convertido en la persona mas importante para mi- susurro Harry a Ginny en la oreja haciéndola estremecer

Y tu para mi- sonrio ella besándolo nuevamente para consternación de Sirius

—Tranquila, Ginny. Es de mala educación señalar con el dedo.
La señora Weasley les sonrió.
—¿Un año movido? —les preguntó.
—Mucho —dijo Harry—. Muchas gracias por el jersey y el pastel, señora Weasley
—Oh, no fue nada.

Valla eufemismo Harry- se burlo Sirius ganándose un zape por parte de Lily

—¿Ya estás listo?
Era tío Vernon, todavía con el rostro púrpura, todavía con bigotes y todavía con aire furioso ante la audacia de Harry, llevando una lechuza en una jaula, en una estación llena de gente común. Detrás, estaban tía Petunia y Dudley, con aire aterrorizado ante la sola presencia de Harry
—¡Usted debe de ser de la familia de Harry! —dijo la se­ñora Weasley
—Por decirlo así —dijo tío Vernon—. Date prisa, mucha­cho, no tenemos todo el día. —Dio la vuelta para ir hacia la puerta.
Harry esperó para despedirse de Ron y Hermione.
—Nos veremos durante el verano, entonces.
—Espero que... que tengas unas buenas vacaciones —dijo Hermione, mirando insegura a tío Vernon, impresionada de que alguien pudiera ser tan desagradable.
—Oh, lo serán —dijo Harry, y sus amigos vieron, con sor­presa, la sonrisa burlona que se extendía por su cara—. Ellos no saben que no nos permiten utilizar magia en casa. Voy a di­vertirme mucho este verano con Dudley…

Se termino- exclamo Sirius aventando el libro a la mesa y haciendo caer los demás al piso

Sirius, eres un animal- se quejo Lily recogiendo los libros del suelo con ímpetu- y se supone que no puede hablar SILENSIUS-apunto al chico y este en el acto se quedo mudo

Este le lanzo una mirada de reproche pero no hizo nada, solo le volteo la mirada molesto

Creo que mejor vamos a cenar y mañana comenzamos el siguiente- pidió Molly escuchando los estómagos de sus hijos, pues a Harry ya lo consideraba un hijo mas

Excelente- exclamo Ron corriendo junto a su madre

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