Harry latino

jueves, 13 de diciembre de 2012

Sangre sucia, la palabra prohibida, Viaje desde el anden nueve y tres cuartos


Ron se aclaro la garganta con parsimonia, volteo a ver a Harry una vez mas, este asintió con una sonrisa para darle ánimo a su amigo, este regreso la vista al libro y comenzó a leer con voz clara

El viaje desde el andén nueve y tres cuartos


Al fin a Hogwarts- gritaron entusiasmados James, Sirius y Remus

Harry sonrio a su novia y amigos divertido, era algo nuevo para él, ver a su padre y amigos felices por lo que él, Harry, hacia.

El último mes de Harry con los Dursley no fue divertido. Es cierto que Dudley le tenía miedo y no se quedaba con él en la misma habitación, y que tía Petunia y tío Vernon no lo ence­rraban en la alacena ni lo obligaban a hacer nada ni le grita­ban.

Hasta que, tarde o temprano tendrían que aprender- tercio Sirius bufando enojado

En realidad, ni siquiera le dirigían la palabra. Mitad aterrorizados, mitad furiosos, se comportaban como si la silla que Harry ocupaba estuviera vacía.

Oye, eso es muy grosero por tu parte Tuney, es mi hijo, tu sobrino, deberías de tratarlo mejor- exclamo Lily molesta, fulminando al libro con la mirada

Mama… eh… creo que eso nunca les ha importado a mis tíos… y a mi tampoco- explico Harry dividido entre el sentimiento de gratitud hacia su madre por lo que decía y el coraje que tenia hacían sus tíos que le hacían la vida imposible

Lily lo volteo a ver confundida, pero como no dijo nada mas prosiguió con la lectura Ron

Aunque aquello significaba una mejora en muchos aspectos, después de un tiempo resultaba un poco deprimente.

Ni que lo digas- tercio Severus por lo bajo y solo Dumbledore lo alcanzo a escuchar y esbozo una leve sonrisa, imperceptible para los demás, al darse cuenta que sus alumnos tenían mas en común de lo que ellos creían

Harry se quedaba en su habitación, con su nueva lechu­za por compañía. Decidió llamarla Hedwig, un nombre que encontró en Una historia de la magia.

Harry… ¿Cómo es que leíste un libro… en especial ese?- exclamo sorprendido James viendo a su hijo con los ojos como platos

Este mundo era nuevo para mi… y los libros son muy interesantes- respondió Harry un poco colorado al ver la reacción tan exagerada de su padre, padrino y… se podría decir tío.

¿Qué?- Exclamaron sorprendidos los bromistas y Snape a la vez, estos voltearon a ver a Snape un tanto alarmados y regresaron la mirada al frente sorprendidos por su sincronía

No tiene nada de extraño- repuso Harry encogiéndose de hombros

No me iras a decir que no sales a merodear por los pasillos a media noche como hacíamos nosotros- inquirió James escéptico

No te preocupes Potter, el es idéntico a ti- exclamo Snape con profundo odio

No lo hago por lo mismo que ustedes- mascullo en un susurro que solo escucharon sus amigos y novia y estos sonrieron a su amigo

Los libros del colegio eran muy interesantes. Por la noche leía en la cama hasta tarde,

Harry ¿Cómo puedes quedarte leyendo hasta tarde los libros de la escuela?- inquirió Sirius mas que asombrado

Como dice el libro, los libros de la escuela son muy interesantes- explico Harry con un ademan de mano en señal de disculpa

Pues a mi me agrada que los leas Harry, eso quiere decir que te va bien en las clases-sonrio Lily con ternura a su hijo

Un poco- sonrio Harry a su madre con un encogimiento de hombros

No… un hijo de James Potter no puede estar leyendo hasta altas horas de la noche libros de la escuela- tercio James poniéndose de pie de un salto

Pero un hijo de Lily Potter si, James y es mas que obvio que esa parte la saco de mi- encaro Lily a su novio con los brazos cruzados- era obvio que no todo lo iba a sacar de ti James, si también es mi hijo, tenia que sacar cualidades mías

¿Pero el leer?- inquirió el chico acercándose a su novia

¿Qué hubieras preferido?- cuestiono Lily fulminando a su novio con la mirada

No se, tu astucia y valentía- tercio James alzando las manos como si fuera obvio

Creo que eso también lo tiene- aporto Ginny con una sonrisa

¿Cómo dices?- cuestiono Sirius volteando a ver a la mini pelirroja

Si, Harry también es astuto y valiente, y si James dice que esas son cualidades de su madre, entonces Harry tiene mas parecido con su madre que su padre, creo que a él solo se parece en lo físico- concluyo Ginny con una sonrisa hacia su novio el cual la beso con ternura

Imposible, eso es prácticamente imposible- exclamo James enterrando las manos en su cabello y tratando de arrancárselo de raíz

Vez, creo que va a sacar mas de mi que de ti- indico Lily dando por terminada la discusión sentándose nuevamente en su sitio y jalando a James para que se volviera a sentar junto a  ella

mientras Hedwig entraba y salía a su antojo por la ventana abierta. Era una suerte que tía Petunia ya no entra­ra en la habitación, porque Hedwig llevaba ratones muertos. Cada noche, antes de dormir, Harry marcaba otro día en la hoja de papel que tenía en la pared, hasta el uno de septiembre.

Bueno, al menos en eso se parece a mi- murmuro James recuperando un poco el brillo en sus ojos

Si… en lo impaciente- sonrio Lily divertida besando a su novio en la mejilla y dejándolo sonrosado ahí donde lo beso

El último día de agosto pensó que era mejor hablar con sus tíos para poder ir a la estación de King Cross, al día si­guiente. Así que bajó al salón, donde estaban viendo la televi­sión. Se aclaró la garganta, para que supieran que estaba allí, y Dudley gritó y salió corriendo.

Niño cobarde- rio sin disimulo George y Fred, provocando que también se rieran los merodeadores

—Hum... ¿Tío Vernon?
Tío Vernon gruñó, para demostrar que lo escuchaba.
—Hum... necesito estar mañana en King Cross para... para ir a Hogwarts.
Tío Vernon gruñó otra vez.
—¿Podría ser que me lleves hasta allí?
Otro gruñido. Harry interpretó que quería decir sí.
—Muchas gracias.
Estaba a punto de volver a subir la escalera, cuando tío Vernon finalmente habló.
—Qué forma curiosa de ir a una escuela de magos, en tren. ¿Las alfombras mágicas estarán todas pinchadas?

Están prohibidas- bufaron Sirius y James al unisonó, esperando ansiosos otra maniobra por parte de Vernon Dursley para agregarla a su lista de pendientes de bromas por hacer

Harry no contestó nada.
—¿Y dónde queda ese colegio, de todos modos?
—No lo sé —dijo Harry; dándose cuenta de eso por pri­mera vez. Sacó del bolsillo el billete que Hagrid le había dado—. Tengo que coger el tren que sale del andén nueve y tres cuartos, a las once de la mañana —leyó.

Nadie lo sabe Harry, no te desanimes- sonrio Remus al chico de cabello azabache y ojos verdes, el cual sonrio al que seria su profesor favorito

Sus tíos lo miraron asombrados.
—¿Andén qué?
—Nueve y tres cuartos.
—No digas estupideces —dijo tío Vernon—. No hay nin­gún andén nueve y tres cuartos.

Claro que si, solo que tu no lo puedes ver por que eres el mas grande muggle que halla existido- rugió James furioso, esos tipos cada vez le caían mas mal

—Eso dice mi billete.
—Equivocados —dijo tío Vernon—. Totalmente locos,
¡Locos!- exclamo Sirius molesto, haciendo que los chicos saltaran en sus lugares por la sorpresa- los locos son ellos, mira que tratar así al hijo de mi mejor amigo y mi nueva hermana

Lily lo volteo a ver conmovida, no sabia que Sirius la consideraba una hermana, para ella, él era lo mismo, un hermano, al igual que Remus y Peter, como había dicho ya, los cuatro venían en un mismo paquete

todos ellos. Ya lo verás. Tú espera. Muy bien, te llevaremos a King Cross. De todos modos, tenemos que ir a Londres ma­ñana. Si no, no me molestaría.
—¿Por qué vais a Londres? —preguntó Harry tratando de mantener el tono amistoso.
—Llevamos a Dudley al hospital —gruñó tío Vernon—. Para que le quiten esa maldita cola antes de que vaya a Smeltings.

Ya s me había olvidado esa cola- rieron los bromistas mientras Sirius anotaba otra cosa en su pergamino y Harry y su madre en sincronía negaban con la cabeza, aspecto que Severus observo un tanto confundido

A la mañana siguiente, Harry se despertó a las cinco, tan emocionado e ilusionado que no pudo volver a dormir.

A todos nos pasa- le sonrio su madre con ternura

Se le­vantó y se puso los tejanos: no quería andar por la estación con su túnica de mago, ya se cambiaría en el tren. Miró otra vez su lista de Hogwarts para estar seguro de que tenía todo lo necesario, se ocupó de meter a Hedwig en su jaula y luego se paseó por la habitación, esperando que los Dursley se le­vantaran. Dos horas más tarde, el pesado baúl de Harry es­taba cargado en el coche de los Dursley y tía Petunia había hecho que Dudley se sentara con Harry, para poder marcharse.

Que niño tan más cobarde- negó Fred rodando los ojos divertido

Si, ni que Harry le fuera a hacer algo- aporto George alzando las cejas de modo escéptico

Tendría que tener miedo de ser Ginny quien viviera con él- sonrio Fred a su pequeña hermana en complicidad

Ya basta- bufo la chica furiosa- o les lanzo un encantamiento

Señorita Weasley- la reprendió McGonagall con mirada severa- ya sabe que no tolero las amenazas en miembros de mi casa

Pero es que se están burlando de mi- se defendió la pelirroja con lacara toda roja de coraje

Señores Weasley, ya no puedo regañarlos, así que por favor, mantengan sus comentarios al mínimo en lo que respecta a su hermana, no quiero accidentes en esta sala- exclamo Minerva volteando a ver a los chico con el rostro severo

Si profesora- exclamaron estos encogiéndose en su lugar

Ron se rio por lo bajo de sus hermanos y estos le lanzaron una mirada envenenada a su hermano menor, así que este, tragando saliva audiblemente siguió con la lectura

Llegaron a King Cross a las diez y media. Tío Vernon cargó el baúl de Harry en un carrito y lo llevó por la estación. Harry pensó que era una rara amabilidad, hasta que tío Vernon se detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.
—Bueno, aquí estás, muchacho. Andén nueve, andén diez... Tú andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no?
Tenía razón, por supuesto. Había un gran número nue­ve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre el otro y, en el medio, nada.
—Que tengas un buen curso —dijo tío Vernon con una sonrisa aún más torva. Se marchó sin decir una palabra más. Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban. Los tres se reían.

Tuney no te explico nada ¿verdad?- inquirió Lily volteando a ver a su hijo con un deje de tristeza, mientras se escuchaba como alguien rasgueaba un pergamino con la pluma de manera rápida

Harry negó con una sonrisa de lado y exclamo

La verdad me alegro que no lo hiciera, o no habría conocido a Ron y a los Weasley ese día- sonrio Harry a Ron y a los gemelos y aferro la mano de Ginny entre las suyas con ternura

Lily se sorprendió de lo que dijo su hijo, hasta Sirius y James, los cuales hasta hace un segundo estaban planeando algo voltearon a ver al chico confundido, este sonrio a su amigo el cual continuo con la lectura

Harry sintió la boca seca. ¿Qué haría? Estaba lla­mando la atención, a causa de Hedwig. Tendría que pregun­tarle a alguien.
Detuvo a un guarda que pasaba, pero no se atrevió a men­cionar el andén nueve y tres cuartos. El guarda nunca había oído hablar de Hogwarts, y cuando Harry no pudo decirle en qué parte del país quedaba, comenzó a molestarse, como si pensara que Harry se hacía el tonto a propósito. Sin saber qué hacer, Harry le preguntó por el tren que salía a las once, pero el guarda le dijo que no había ninguno. Al final, el guarda se alejó, murmurando algo sobre la gente que hacía perder el tiempo.

Harry, los muggles no saben nada de nuestro mundo- explico Remus volteando a ver al chico como lo había hecho hace varias años, cuando le preguntaba como se encontraba después de haber sido atacado por los Dementores

Ahora lo se, poco a poco me he ido adaptando, ya no tengo once años- explico Harry a su padre, padrino, tío (por falta de otro nombre) y madre, la cual al darse cuenta de su error exclamo

Lo siento, pero aun no te conozco del todo, esto es nuevo para mi, como lo ha de ser para ti, ni siquiera he terminado la escuela, pero ahora se que voy a tener un hijo y trato de explicarte las cosas como te las habría explicado de haber estado yo ahí, no puedes culparme por eso, al fin y al cabo las madres siempre serán madres- sonrio Lily a su hijo, revolviéndole el cabello, dejando al chico muy confundido

¿Creí que odiabas cuando mi padre hacia eso?- exclamo Harry un tanto sorprendido por el gesto de su madre

La verdad no, lo encuentro un tanto divertido, y tú tienes el cabello muy ordenado para ser su hijo- exclamo Lily en medio de una sonrisa de complicidad a su novio

Creí que… pensaba que… tu creías que lo hacia por presumir- dijo Harry volteando a ver a su madre evaluativamente

La verdad  es que siempre me gusto que lo hiciera, pero me gustaba molestarlos- sonrio Lily volviendo a desordenar el cabello de su novio

Harry no sabia que pensar, cerrando los ojos movió la cabeza para espantar una idea loca de la cabeza y a base de señas pidió a Ron que siguiera leyendo

Según el gran reloj que había sobre la tabla de hora­rios de llegada, tenía diez minutos para coger el tren a Hogwarts y no tenía idea de qué podía hacer. Estaba en medio de la estación con un baúl que casi no podía transportar, un bol­sillo lleno de monedas de mago y una jaula con una lechuza.
Hagrid debió de olvidar decirle algo que tenía que hacer, como dar un golpe al tercer ladrillo de la izquierda para en­trar en el callejón Diagon. Se preguntó si debería sacar su varita y comenzar a golpear la taquilla, entre los andenes nueve y diez.

No hubiera sido buena idea, te hubieras caído- exclamo Sirius un tanto divertido

En aquel momento, un grupo de gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras.
—... lleno de muggles, por supuesto...
Harry se volvió para verlos. La que hablaba era una mu­jer regordeta, que se dirigía a cuatro muchachos, todos con pelo de llameante color rojo. Cada uno empujaba un baúl, como Harry, y llevaban una lechuza.
Con el corazón palpitante, Harry empujó el carrito de­trás de ellos. Se detuvieron y los imitó, parándose lo bastante cerca para escuchar lo que decían.

Crac, Crac, una nube de polvo envolvió a los que estaban en la sala y entre toses secas James logro decir

¿Quién esta ahí?

Arthur, ya te he dicho que no juegues con tus artefactos muggles en la casa- la voz de Molly Weasley se escuchaba a través de la nube de polvo

Molly, querida, esta vez no he sido yo, lo juro- exclamo Arthur con leves arcadas por el polvo tragado

Arthur, Molly- inquirió McGonagall un tanto sorprendida

¿Minerva?- pregunto Molly abanicando la mano para esparcir el polvo

Ah, son ustedes- sonrio Dumbledore, mientras de la nada aparecían otras dos sillas para los recién llegados

Dumbledore ¿Qué esta pasando?- cuestiono la señora Weasley volteando a ver al director sin fijarse en los demás que estaban en la sala

Creo, si mal no me equivoco, que como serán mencionados en el libro que estamos leyendo, han sido traídos a esta sala mágicamente, por lo tanto, les pido por favor, que antes de que digan algo me escuchen con atención- pidió Dumbledore con una sonrisa a través de sus gafas de media luna y pidiéndoles que se sentaran en la sillas para ellos. Estos lo hicieron y volteando a ver al resto de la sala se dieron cuenta de quienes estaban ahí

A-a-a-Albus e-e-ellos- señalo la señora Weasley a James, Lily y Sirius los cuales le sonrieron con timidez

Ahora lo explico Molly, lo que pasa, es que estos jóvenes- señalo a los tres merodeadores y Lily- tuvieron una pequeña disputa hace muchos años, con lo cual, al lanzarse hechizos, los trajeron a este momento y lugar y con ellos llego una serie de libros que relata la historia de estos tres chicos- señalo a Harry, Ron y Hermione los cuales sonrieron con timidez- nuestra misión es leerlos y una vez que terminemos, decidiremos si podemos cambiar o no las cosas para que ellos estén de nuevo con nosotros- termino Dumbledore con una sonrisa a sus alumnos que tanto extrañaba

Eso es extraño Dumbledore- exclamo el señor Weasley sorprendido

Lo sabemos papa, ¿pero no crees que Harry se merece una oportunidad de vivir con sus padres?-  inquirió Ginny observando a su padre sentada a un lado de Harry con una mano aferrando la suya

Claro que si Ginny, lo que digo que es extraño es verlos a ellos tres… tan jóvenes… con nosotros- sonrio a los viajeros del tiempo con timidez

Para nosotros también fue extraño primo- tercio Sirius sentado a la izquierda de James con una sonrisa que le enmarcaba el rostro y lo hacia verse aun mas apuesto

Sirius- exclamo Molly sorprendida, yendo a abrazar al joven de ojos grises, el cual sorprendido, le regreso el abrazo- te he echado de menos

Y yo a ti Molly- exclamo sorprendido Sirius desde los brazos de su prima

Mama- la llamo Ron con una mano- no digas nada mas- pidió el chico con voz seria

Oh… ya entiendo… tú estas leyendo, Ron cariño, por favor, prosigue- pidió Molly soltando a su primo y regresando a su lugar junto a su esposo

—Y ahora, ¿cuál es el número del andén? —dijo la madre.
—¡Nueve y tres cuartos! —dijo la voz aguda de una niña, también pelirroja, que iba de la mano de la madre—. Mamá, ¿no puedo ir...?
—No tienes edad suficiente, Ginny. Ahora estate quieta. Muy bien, Percy, tú primero.
La señora Weasley inclino la mirada ante la mención de su tercer hijo, Arthur bufo por lo bajo, Fred y George cerraron los puños y Ron y Ginny negaron molestos

El que parecía el mayor de los chicos se dirigió hacia los andenes nueve y diez. Harry observaba, procurando no parpa­dear para no perderse nada. Pero justo cuando el muchacho llegó a la división de los dos andenes, una larga caravana de turistas pasó frente a él y, cuando se alejaron, el muchacho había desaparecido.
—Fred, eres el siguiente —dijo la mujer regordeta.
—No soy Fred, soy George —dijo el muchacho—. ¿De ve­ras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das cuen­ta de que yo soy George?

Eso estuvo genial chicos- los felicito Sirius levantando los pulgares hacia los gemelos

Gracias- sonrieron estos con una leve inclinación

—Lo siento, George, cariño.
—Estaba bromeando, soy Fred —dijo el muchacho, y se alejó.

Impresionante- exclamo James viendo con orgullo a los gemelos- sigo pensando que si hubiera dos como yo

O yo- lo interrumpió Sirius

Las cosas que hubiéramos hecho hermano- término James volteando a ver a Sirius con malicia

Merlín nos libre, gracias a Merlín solo son uno de cada uno- exclamo con una mano en el pecho McGonagall, pensando que si con ese par ya se había llevado una vida a base de darles castigos, con otros dos como ellos hubiera terminado en San Mungo

Debió pasar, porque un segundo más tarde ya no esta­ba. Pero ¿cómo lo había hecho? Su hermano gemelo fue tras él: el tercer hermano iba rápidamente hacia la taquilla (estaba casi allí) y luego, súbitamente, no estaba en ninguna parte.
No había nadie más.
—Discúlpeme —dijo Harry a la mujer regordeta.
—Hola, querido —dijo—. Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo.
Señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una larga nariz.

Harry, ¿en verdad me veía así?- inquirió Ron parando súbitamente la lectura

¿Solo un poco?- insinuó Harry encogiéndose de hombros
Ron negó divertido y siguió con la lectura

—Sí —dijo Harry—. Lo que pasa es que... es que no se cómo...
—¿Como entrar en el andén? —preguntó bondadosa­mente, y Harry asintió con la cabeza.
—No te preocupes —dijo—. Lo único que tienes que ha­cer es andar recto hacia la barrera que está entre los dos an­denes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante. Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.
—Hum... De acuerdo —dijo Harry.

Gracias señora Weasley ese día estaba muy nervioso- rio Harry avergonzado estrechando aun mas la mano de su novia, gesto que no dejo pasar la señora Weasley que sonrio

No hay de que querido- respondió Molly con una bondadosa sonrisa- me alegra ver que tu y Ginny son novios

Ah… esto…pues-decía harry que no sabia donde esconderse

No te preocupes querido, como te digo, me alegra mucho- sonrio la señora Weasley a ambos chicos que se habían puestos rojos

Solo llevamos un par de días mama- informo Ginny recargándose en su novio para darle y darse apoyo

Solo llévenselo con calma por favor, no se vallan a precipitar como Bill y Fleur- pidió la señora Weasley viéndolos detenidamente

Como cree señora Weasley- exclamo Harry tomando en mismo tono que el cabello que Ron

Mini Potter esta avergonzado- canturreo Sirius picando a su ahijado

No te avergüences hijo, el querer a una pelirroja no tiene nada de malo- señalo James besando a su novia en los labios con ternura

Papa- exclamo Harry entre dientes- no me ayudes por favor

Harry volteo a ver a su amigo y este con una sonrisita traviesa siguió leyendo

Empujó su carrito y se dirigió hacia la barrera. Parecía muy sólida.
Comenzó a andar. La gente que andaba a su alrededor iba al andén nueve o al diez. Fue más rápido. Iba a chocar contra la taquilla y tendría problemas. Se inclinó sobre el ca­rrito y comenzó a correr (la barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse (el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí... Cerró los ojos, preparado para el choque...

Que nunca llegara- volvió a canturrear Sirius coreado por los gemelos, los cuales se voltearon a ver y comenzaron a reír

Niños, ya basta- los reprendió la señora Weasley poniéndose de pie delante de los tres- esto es muy importante como para que estén payaseando

Si mama- dijeron los tres con la cabeza gacha

James y Remus rieron por la actitud de su amigo, ni a su madre le hacia caso, pero la señora Weasley…

Pero no llegó. Siguió rodando. Abrió los ojos.
Una locomotora de vapor, de color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía: «Expreso de Hog­warts, 11 h». Harry miró hacia atrás y vio una arcada de hie­rro donde debía estar la taquilla, con las palabras «Andén Nueve y Tres Cuartos».
Lo había logrado.
El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un malhumorado ulular, por en­cima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.
Los primeros vagones ya estaban repletos de estudian­tes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocu­par. Harry empujó su carrito por el andén, buscando un asiento vacío. Pasó al lado de un chico de cara redonda que decía:
—Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.
—Oh, Neville —oyó que suspiraba la anciana.
Un muchacho de pelos tiesos estaba rodeado por un grupo.
—Déjanos mirar, Lee, vamos.
El muchacho levantó la tapa de la caja que llevaba en los brazos, y los que lo rodeaban gritaron cuando del interior sa­lió una larga cola peluda.

Ese chico, ahora comprendo muchas cosas que pasaron en ese curso, señores Weasley- exclamo McGonagall fulminándolos con la mirada, que ocultaba una sonrisa divertida

Lo sentimos profesora- exclamaron los dos con la vista gacha

Pero admita que fue divertido- inquirió Fred con orgullo

No fue nada divertido ver esa bestia en mi despacho una madrugada cuando iba a buscar mi bata escocesa para dormir- informo McGonagall con el seño fruncido

Los chicos comenzaron a reír descaradamente, y para poderlos controlar fueron necesarios un par de amenazas por parte de la señora Weasley y miradas severas de McGonagall, pero aun así, duro varios minutos en que los chicos no se podían contener

Harry se abrió paso hasta que encontró un comparti­miento vacío, cerca del final del tren. Primero puso a Hedwig y luego comenzó a empujar el baúl hacia la puerta del vagón. Trató de subirlo por los escalones, pero sólo lo pudo levantar un poco antes de que se cayera golpeándole un pie.

Uh, debió doler- exclamo Ron con un ademan de mano observando a su amigo

No más que un brazo sin hueso, te lo aseguro- rio Harry  en complicidad con Ron

Molly y Lily vieron este intercambio un tanto preocupadas, que tanto habían echo estos niños. Se preguntaban ambas mujeres con intriga

—¿Quieres que te eche una mano? —Era uno de los ge­melos pelirrojos, a los que había seguido a través de la barre­ra de los andenes.
—Sí, por favor —jadeó Harry.
—¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!
Con la ayuda de los gemelos, el baúl de Harry finalmen­te quedó en un rincón del compartimiento.
—Gracias —dijo Harry, quitándose de los ojos el pelo húmedo.
—¿Qué es eso? —dijo de pronto uno de los gemelos, seña­lando la brillante cicatriz de Harry
—Vaya—dijo el otro gemelo—. ¿Eres tú...?

Es el- dijo George con una sonrisa de suficiencia- eres tú ¿no?- volteo a ver a Harry

¿Quién?- Harry les siguió el juego con una sonrisa

Harry Potter- exclamaron a coros los dos

Oh él- tercio Harry divertido- quiero decir, si soy yo

Los tres estallaron en carcajadas, provocando en todos sorpresa, Harry por lo regular no era así, algo estaba cambiando en él

Ron volteo a ver el libro y leyó para él y luego comprendió por que Harry y sus hermanos se habían reído y se unió a sus risas

Ron, continua quieres- pidió Ginny un tanto confundida

Claro- exclamo el chico tratando de serenarse, Harry y los gemelos seguían riendo entre ellos

—Es él —dijo el primero—. Eres tú, ¿no? —se dirigió a Harry.
—¿Quién? —preguntó Harry.
—Harry Potter —respondieron a coro.
—Oh, él —dijo Harry—. Quiero decir, sí, soy yo.

Ahora que Ron lo había leído, fue el turno de los merodeadores de unirse a las risas de los gemelos y Harry, después se les unió Ginny y Hermione, incluso Hagrid y Arthur estaban riendo de las ocurrencias de esos chicos.

Faltaron cinco minutos de miradas furiosas de McGonagall y Molly para que todos, (y para sorpresa de todos, Draco y Snape reían disimuladamente) para que los chicos se calmaran y se prosiguiera con la lectura

Los dos muchachos lo miraron boquiabiertos y Harry sintió que se ruborizaba. Entonces, para su alivio, una voz llegó a través de la puerta abierta del compartimiento.
—¿Fred? ¿George? ¿Estáis ahí?
—Ya vamos, mamá.
Con una última mirada a Harry, los gemelos saltaron del vagón.
Harry se sentó al lado de la ventanilla. Desde allí, medio oculto, podía observar a la familia de pelirrojos en el andén y oír lo que decían. La madre acababa de sacar un pañuelo.
—Ron, tienes algo en la nariz.

Mama ¿Por qué siempre haces eso?- inquirió el chico ruborizándose un poco

Eso es lo que hacen las mamas Ron, avergonzar a sus hijos en medio del anden y delante de sus amigos- exclamo James volteando a ver al pequeño de los Weasley- o no ¿chicos?- tercio volteando a ver a sus amigos

Tu madre lo hacia todos los años- le reclamaron sus amigos a James con una sonrisa de lado

Lo se- suspiro James con melancolía- pero este año nos impusimos- rio levantando un puño en señal de victoria

Y por eso me reí de ustedes en todo el camino a Hogwarts- informo Lily divertida- debieron dejarla que les limpiara, tenían unas manchas monísimas en la cara los tres

Evans, no es gracioso- la fulmino con la mirada Sirius

La verdad es que si, ustedes ni en cuenta, pero el resto de los alumnos si que nos dimos cuentan que tenían manchas azules, naranjas y violes en toda la cara, que hacían ¿practicar encantamientos de cambio de color?- inquirió la chica divertida

La tarea- rugieron los tres furioso
La chica estallo en carcajadas recordando como se veían, pero se sereno muy rápido al ver la mirada perpleja de su hijo

El menor de los varones trató de esquivarla, pero la ma­dre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de la nariz.
—Mamá, déjame —exclamó apartándose.
—¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita? —dijo uno de los gemelos.
—Cállate —dijo Ron.
—¿Dónde está Percy? —preguntó la madre.
—Ahí viene.
El mayor de los muchachos se acercaba a ellos. Ya se ha­bía puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y Harry notó que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P
—No me puedo quedar mucho, mamá —dijo—. Estoy de­lante, los prefectos tenemos dos compartimientos...
—Oh, ¿tú eres un prefecto, Percy? —dijo uno de los ge­melos, con aire de gran sorpresa—. Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.
—Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo —dijo el otro gemelo—. Una vez...
—O dos...
—Un minuto...
—Todo el verano...

Sigo diciendo que son increíbles chicos- tercio Remus viendo a los gemelos, los cuales estaban anormalmente serios para tratarse de ellos

—Oh, callaos —dijo Percy, el prefecto.
—Y de todos modos, ¿por qué Percy tiene túnica nueva? —dijo uno de los gemelos.
—Porque él es un prefecto—dijo afectuosamente la ma­dre—. Muy bien, cariño, que tengas un buen año. Envíame una lechuza cuando llegues allá.
Besó a Percy en la mejilla y el muchacho se fue. Luego se volvió hacia los gemelos.
—Ahora, vosotros dos... Este año os tenéis que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis he­cho... estallar un inodoro o...

Lo hicieron- inquirieron los tres merodeadores con orgullo

No pudimos, pero si le enviamos uno a Harry cuando estuvo en la enfermería- exclamaron los chicos con idénticas sonrisas

Que nunca recibí- tercio Harry divertido

Pomfree lo confisco, no es nuestra culpa- exclamaron los gemelos al unisonó

Harry rio, recordando como los gemelos habían tratado de hacerle llegar un inodoro cuando el estaba inocente en la enfermería los últimos días de su primer curso

—¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos he­cho nada de eso.
—Pero es una gran idea, mamá. Gracias.
—No tiene gracia. Y cuidad de Ron.
—No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.

Si claro- exclamo Ron con sarcasmo- me cuidaron tanto que nunca me paso nada malo, ni me golpeo una pieza de ajedrez gigante, ni trato de devorarme una araña gigante o morderme un perro idiota o…

Ron cállate- lo reprendieron Hermione, Ginny y Harry poniéndose de pie y tapándole la boca a la vez

Lo siento- dijo Ron a través de las manos de sus amigos

¿Qué es todo eso?- inquirieron Molly y Lily asustadas

Nada mama- contestaron Harry y Ron a la vez, se voltearon a ver, se encogieron de hombros y rieron disimuladamente

—Cállate —dijo otra vez Ron. Era casi tan alto como los gemelos y su nariz todavía estaba rosada, en donde su madre la había frotado.
—Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren?
Harry se agachó rápidamente para que no lo descu­brieran.
—¿Os acordáis de ese muchacho de pelo negro que esta­ba cerca de nosotros, en la estación? ¿Sabéis quién es?
—¿Quién?
—¡Harry Potter!
Harry oyó la voz de la niña.
—Mamá, ¿puedo subir al tren para verlo? ¡Oh, mamá, por favor...!

Lo siento harry- si disculpo Ginny tapándose la cara con las manos

Descuida, ya ni me acordaba- tercio el chico encogiéndose de hombros y sonriendo a su novia

—Ya lo has visto, Ginny y, además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico. ¿Es él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?
—Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Está realmente allí... como iluminada.

La verdad se ve extraña amigo- exclamo Fred sonriendo a Harry con disimulo. Este le correspondió la sonrisa y volteo a ver a Ron

—Pobrecillo... No es raro que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén...

Gracias Molly… por decirle- sonrio Lily tomando a Molly de las manos

No hay de que querida, tu hubieras hecho lo mismo por mis hijos- exclamo Molly dándole leves palmaditas en las manos a Lily

Por supuesto- exclamo esta con agradecimiento

—Eso no importa. ¿Crees que él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?
La madre, súbitamente, se puso muy seria.
—Te prohíbo que le preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.
—Está bien, quédate tranquila.
Se oyó un silbido.
—Daos prisa —dijo la madre, y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los besara y la hermanita menor comenzó a llorar.
—No llores, Ginny, vamos a enviarte muchas lechuzas.
—Y un inodoro de Hogwarts.
—¡George!
—Era una broma, mamá.

Harry, Ron, los merodeadores, Ginny y los gemelos rieron con disimulo por como hacían enfadar ese par tan deprisa a su madre, un nuevo record

El tren comenzó a moverse. Harry vio a la madre de los muchachos agitando la mano y a la hermanita, mitad lloran­do, mitad riendo, corriendo para seguir al tren, hasta que éste comenzó a acelerar y entonces se quedó saludando.
Harry observó a la madre y la hija hasta que desapare­cieron, cuando el tren giró. Las casas pasaban a toda veloci­dad por la ventanilla. Harry sintió una ola de excitación. No sabía lo que iba a pasar... pero sería mejor que lo que dejaba atrás.

Eso es seguro amigo- sonrio Ron en complicidad con Harry

Claro, son tantas cosas que hemos pasado los tres juntos…- exclamo Harry con ojos soñadores

Primero… segundo… tercero… cuarto… quinto y ahora sexto- exclamo Hermione uniéndose a sus amigos

Tantas cosas- dijeron los tres a la vez divertidos

Pero el pasado fue el mejor- exclamaron los cuatro a la vez

Gracias a Fred y George y su magnifica tienda S.W.- exclamo Ginny viendo a sus hermanos gemelos con orgullo

Explíquense- pidieron los merodeadores viendo a los cuatro chicos curiosos

Ya verán- exclamaron los cuatro en complicidad entre ellos

Ron, sigue leyendo- lo apremio James viendo al libro como pidiendo explicaciones

La puerta del compartimiento se abrió y entró el menor de los pelirrojos.
—¿Hay alguien sentado ahí? —preguntó, señalando el asiento opuesto a Harry—. Todos los demás vagones están llenos.
Harry negó con la cabeza y el muchacho se sentó. Lan­zó una mirada a Harry y luego desvió la vista rápidamente hacia la ventanilla, como si no lo hubiera estado observan­do. Harry notó que todavía tenía una mancha negra en la nariz.

Por que no me lo dijiste- exclamo Ron dolido

No creí que te importara- exclamo Harry en un encogimiento de hombros

—Eh, Ron.
Los gemelos habían vuelto.
—Mira, nosotros nos vamos a la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a verla.
—De acuerdo —murmuró Ron.
—Harry —dijo el otro gemelo—, ¿te hemos dicho quiénes somos? Fred y George Weasley. Y él es Ron, nuestro hermano. Nos veremos después, entonces.
—Hasta luego —dijeron Harry y Ron. Los gemelos salie­ron y cerraron la puerta.
—¿Eres realmente Harry Potter? —dejó escapar Ron.
Harry asintió.
—Oh... bien, pensé que podía ser una de las bromas de Fred y George —dijo Ron—. ¿Y realmente te hiciste eso... ya sabes...?
Señaló la frente de Harry.
Harry se levantó el flequillo para enseñarle la luminosa cicatriz. Ron la miró con atención.
—¿Así que eso es lo que Quien-tú-sabes...?
—Sí —dijo Harry—, pero no puedo recordarlo.
—¿Nada? —dijo Ron en tono anhelante.
—Bueno... recuerdo una luz verde muy intensa, pero nada más.
—Vaya —dijo Ron. Contempló a Harry durante unos instantes y luego, como si se diera cuenta de lo que estaba haciendo, con rapidez volvió a mirar por la ventanilla.
—¿Sois una familia de magos? —preguntó Harry, ya que encontraba a Ron tan interesante como Ron lo encontraba a él.

Eso no lo sabia- injurio Ron observando a su amigo sorprendido

La verdad, es que tu familia es fascinante, nunca me había imaginado que conocería gente como tu mama, o tu papa y los estimo demasiado, tus hermanos son muy divertidos y son muy unidos, siempre quise tener una familia así- exclamo Harry sonriendo a su amigo

Yo… no lo sabia- apunto Ron poniéndose colorado, se escondió detrás del libro y decidió seguir leyendo

—Oh, sí, eso creo —respondió Ron—. Me parece que mamá tiene un primo segundo que es contable, pero nunca hablamos de él.
—Entonces ya debes de saber mucho sobre magia.
Era evidente que los Weasley eran una de esas antiguas familias de magos de las que había hablado el pálido mucha­cho del callejón Diagon.
—Oí que te habías ido a vivir con muggles —dijo Ron—. ¿Cómo son?
—Horribles... Bueno, no todos ellos. Mi tía, mi tío y mi primo sí lo son. Me hubiera gustado tener tres hermanos magos.

Los tendrás- sentencio James volteando a ver a su novia la cual sonrio y asintió, harry no sabia que decir, seria increíble que eso pasara

—Cinco —corrigió Ron. Por alguna razón parecía depri­mido—. Soy el sexto en nuestra familia que va a asistir a Hogwarts. Podrías decir que tengo el listón muy alto. Bill y Charlie ya han terminado. Bill era delegado de clase y Charlie era capitán de quidditch. Ahora Percy es prefecto. Fred y George son muy revoltosos, pero a pesar de eso sacan muy buenas notas y todos los consideran muy divertidos. Todos esperan que me vaya tan bien como a los otros, pero si lo hago tampoco será gran cosa, porque ellos ya lo hicieron primero. Además, nunca tienes nada nuevo, con cinco herma­nos. Me dieron la túnica vieja de Bill, la varita vieja de Char­les y la vieja rata de Percy

Ron, nosotros no sabíamos que te sentías tan mal- exclamaron los gemelos sorprendidos

Eso fue solo en primero… y parte de segundo… bueno, conforme pasaron los años y con ayuda de mis amigos, me estoy dando cuenta de cuanto valgo por mi mismo y de las cosas que puedo hacer- exclamo Ron todavía detrás del libro amarillo, escondido de las miradas suspicaces de sus hermanos

Bueno, así esta mejor, nosotros no hubiéramos hecho lo que tu has hecho en compañía de Harry y Hermione, solo tu hubieras podido hacer eso- sonrieron los gemelos orgullosos de su hermano

Ya se que nunca te lo hemos dicho- exclamo Fred con solemnidad
Pero estamos orgullosos de ti hermanito- termino George sonriendo al mas pequeño de los varones Weasley

Gracias chicos- respondió Ron con una mirada escéptica

Ron buscó en su chaqueta y sacó una gorda rata gris, que estaba dormida.
—Se llama Scabbers y no sirve para nada, casi nunca se despierta. A Percy, papá le regaló una lechuza, porque lo hi­cieron prefecto, pero no podían comp... Quiero decir, por eso me dieron a Scabbers.
Las orejas de Ron enrojecieron. Parecía pensar que ha­bía hablado demasiado, porque otra vez miró por la ventanilla.
Harry no creía que hubiera nada malo en no poder com­prar una lechuza. Después de todo, él nunca había tenido dinero en toda su vida, hasta un mes atrás, así que le contó a Ron que había tenido que llevar la ropa vieja de Dudley y que nunca le hacían regalos de cumpleaños. Eso pareció ani­mar a Ron.

La verdad me levantaste mucho el ánimo amigo- sonrio Ron a Harry desde detrás del libro para que solo este lo viera

Para eso son los amigos- tercio harry con una ademan divertido

—... y hasta que Hagrid me lo contó, yo no tenía idea de que era mago, ni sabía nada de mis padres o Voldemort...
Ron bufó.
—¿Qué? —dijo Harry.
—Has pronunciado el nombre de Quien-tú-sabes —dijo Ron, tan conmocionado como impresionado—. Yo creí que tú, entre todas las personas...
—No estoy tratando de hacerme el valiente, ni nada por el estilo, al decir el nombre —dijo Harry—. Es que no sabía que no debía decirlo. ¿Ves lo que te decía? Tengo muchísimas cosas que aprender... Seguro —añadió, diciendo por primera vez en voz alta algo que últimamente lo preocupaba mu­cho—, seguro que seré el peor de la clase.

Nunca lo has sido- lo riño Hermione divertida

Pero admítelo Hermione, tu también estabas asustadas por no saber s encajarías o no- inquirió Harry observando a su amiga detenidamente

Si pero…

Pero nada, ahora vez como me sentía, no éramos tan diferentes después de todos, ambos veníamos de convivir con muggles y no sabíamos nada de magia- explico Harry seriamente, provocando que Hermione se sorprendiera por como Harry había hablado, el nunca había hablado así, él no era así.
—No será así. Hay mucha gente que viene de familias muggles y aprende muy deprisa.
Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Se quedaron mirando un rato, en si­lencio, el paisaje.
A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se aso­mó y les dijo:
—¿Queréis algo del carrito, guapos?
Harry, que no había desayunado, se levantó de un salto, pero las orejas de Ron se pusieron otra vez coloradas y mur­muró que había llevado bocadillos. Harry salió al pasillo.
Cuando vivía con los Dursley nunca había tenido dinero para comprarse golosinas y, puesto que tenía los bolsillos re­pletos de monedas de oro, plata y bronce, estaba listo para comprarse todas las barras de chocolate que pudiera llevar. Pero la mujer no tenía Mars. En cambio, tenía Grageas Ber­tie Bott de Todos los Sabores, chicle, ranas de chocolate, em­panada de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz y otra cantidad de cosas extrañas que Harry no había visto en su vida. Como no deseaba perderse nada, compró un poco de todo y pagó a la mujer once sickles de plata y siete knuts de bronce.

Eso Harry, así se hace cachorro, comparte las golosinas y cómanselas todas antes de que escapen- rio Sirius divertidos

Harry y Ron lo voltearon a ver confundidos, ya sabían que Sirius era algo travieso pero ahora se veía loco por culpa de las golosinas, eso era raro, una cosa era saber que Sirius le encantaban las golosinas, pero saber que se volvía loco por ellas era otra cosa. Sonrieron divertidos entre ellos y Ron siguió con la lectura

Ron lo miraba asombrado, mientras Harry depositaba sus compras sobre un asiento vacío.
—Tenías hambre, ¿verdad?
—Muchísima —dijo Harry, dando un mordisco a una empanada de calabaza.
Ron había sacado un arrugado paquete, con cuatro boca­dillos. Separó uno y dijo:
—Mi madre siempre se olvida de que no me gusta la car­ne en conserva.

Ah Ron, lo siento, creí que te gustaban- exclama Molly preocupada

Descuida mama, con todos nosotros era lógico que te confundieras- sonrio el chico a su madre para darle a entender que todo estaba bien

A mi es al que me gustan mama- sonrio Fred saboreándose los emparedados

A mi me gustan los de mantequilla de maní- informo Ron a su madre con una tierna sonrisa

Lo recordare- tercio esta con una sonrisa

—Te la cambio por uno de éstos —dijo Harry, alcanzándole un pastel—. Sírvete...
—No te va a gustar, está seca —dijo Ron—. Ella no tiene mucho tiempo —añadió rápidamente—... Ya sabes, con noso­tros cinco.
—Vamos, sírvete un pastel —dijo Harry, que nunca ha­bía tenido nada que compartir o, en realidad, nadie con quien compartir nada. Era una agradable sensación, estar sentado allí con Ron, comiendo pasteles y dulces (los bocadillos ha­bían quedado olvidados).

Lo sentimos- exclamaron ambos chicos encogidos de hombros

Descuiden, es comprensible- sonrio la mujer a los chicos con amabilidad

Harry, ¿Cuál es tu comida favorita?- inquirió Lily volteando a ver a su madre

Pastel de Riñón y carne- sonrio el chico saboreándose el platillo

Y el pastel de manzana- rio Ginny recordando lo glotón que era su novio

Cierto y el pastel de manzana.- asintió Harry abrazando a su novia

Lily tomo nota mentalmente, ya sabia que hacer una vez que regresara a casa si e que podía cambiar las cosas

—¿Qué son éstos? —preguntó Harry a Ron, cogiendo un envase de ranas de chocolate—. No son ranas de verdad, ¿no?—Comenzaba a sentir que nada podía sorprenderlo.
—No —dijo Ron—. Pero mira qué cromo tiene. A mí me falta Agripa.
—¿Qué?
—Oh, por supuesto, no debes saber... Las ranas de chocolate llevan cromos, ya sabes, para coleccionar, de brujas y magos famosos. Yo tengo como quinientos, pero no consigo ni a Agripa ni a Ptolomeo.
Harry desenvolvió su rana de chocolate y sacó el cromo. En él estaba impreso el rostro de un hombre. Llevaba gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado suelto, barba y bigotes. Debajo de la foto estaba el nombre:Albus Dumbledore.

Wow, tu primera rana de chocolate y te sale Dumbledore- exclama sorprendido Remus- ese es mi dulce favorito

Lo sabemos Remus- exclaman Sirius y James rodando los ojos

Remus sonrio divertido y con un ademan pidió a Ron que siguiera leyendo

—¡Así que éste es Dumbledore! —dijo Harry.
—¡No me digas que nunca has oído hablar de Dumbledo­re! —dijo Ron—. ¿Puedo servirme una rana? Podría encon­trar a Agripa... Gracias...
Harry dio la vuelta a la tarjeta y leyó:

Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo Como el más grande mago del tiempo presente, Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tene­broso Grindelwald en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Fla­mel. El profesor Dumbledore es aficionado a la músi­ca de cámara y a los bolos.

Harry dio la vuelta otra vez al cromo y vio, para su asom­bro, que el rostro de Dumbledore había desaparecido.
—¡Ya no está!
—Bueno, no iba a estar ahí todo el día —dijo Ron—. Ya volverá. Vaya, me ha salido otra vez Morgana y ya la tengo seis veces repetida... ¿No la quieres? Puedes empezar a colec­cionarlos.
Los ojos de Ron se perdieron en las ranas de chocolate, que esperaban que las desenvolvieran.
—Sírvete —dijo Harry—. Pero oye, en el mundo de los muggles la gente se queda en las fotos.
—¿Eso hacen? Cómo, ¿no se mueven? —Ron estaba ató­nito—. ¡Qué raro!

Te entiendo, yo lo encuentro igual de raro- exclamo James concordando con Ron y Sirius asintió concordando con los chicos

Harry miró asombrado, mientras Dumbledore regre­saba al cromo y le dedicaba una sonrisita. Ron estaba más interesado en comer las ranas de chocolate que en buscar magos y brujas famosos, pero Harry no podía apartar la vista de ellos. Muy pronto tuvo no sólo a Dumbledore y Morgana, sino también a Ramón Llull, al rey Salomón, Circe, Paracel­so y Merlín. Hasta que finalmente apartó la vista de la druida Cliodna, que se rascaba la nariz, para abrir una bolsa de gra­geas de todos los sabores.
—Tienes que tener cuidado con ésas —lo previno Ron—. Cuando dice «todos los sabores», es eso lo que quiere decir. Ya sabes, tienes todos los comunes, como chocolate, menta y na­ranja, pero también puedes encontrar espinacas, hígado y callos. George dice que una vez encontró una con sabor a duende.

No puedo creer que lo creyeras- se asombro George divertido

Pero es verdad, James encontró una vez una con sabor a Troll y nos hizo probarla a todos, sabia horrible, como a calcetines viejos y mohosos- exclamo Remus con una mueca de asco

Que asco- exclamo Lily asqueada, cerrando los ojos evitando pensar en lo dicho por su amigo

A mi me han tocado con sabor a cerilla y alcantarilla- informo Sirius haciendo una mueca recordando sus incursiones con las grajeas

Por suerte las nuestras son mas comunes- le confió Harry a Ron por lo bajo

Si- afirmo este con una mueca de asco pensando en las grajeas que les habían tocado a los chicos

Ron eligió una verde, la observó con cuidado y mordió un pedacito.
—Puaj... ¿Ves? Coles.
Pasaron un buen rato comiendo las grageas de todos los sabores. Harry encontró tostadas, coco, judías cocidas, fresa, curry, hierbas, café, sardinas y fue lo bastante valiente para morder la punta de una gris, que Ron no quiso tocar y resultó ser pimienta.
En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventani­lla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteantes y colinas de color verde oscuro.
Se oyó un golpe en la puerta del compartimiento, y entró el muchacho de cara redonda que Harry había visto al pasar por el andén nueve y tres cuartos. Parecía muy afligido.
—Perdón —dijo—. ¿Por casualidad no habréis visto un sapo?
Cuando los dos negaron con la cabeza, gimió.
—¡La he perdido! ¡Se me escapa todo el tiempo!
—Ya aparecerá —dijo Harry.
—Sí —dijo el muchacho apesadumbrado—. Bueno, si la veis...
Se fue.
—No sé por qué está tan triste —comentó Ron—. Si yo hubiera traído un sapo lo habría perdido lo más rápidamente posible. Aunque en realidad he traído a Scabbers, así que no puedo hablar.
La rata seguía durmiendo en las rodillas de Ron.
—Podría estar muerta y no notarías la diferencia —dijo Ron con disgusto—. Ayer traté de volverla amarilla para ha­cerla más interesante, pero el hechizo no funcionó. Te lo voy a enseñar, mira...
Revolvió en su baúl y sacó una varita muy gastada. En algunas partes estaba astillada y, en la punta, brillaba algo blanco.
—Los pelos de unicornio casi se salen. De todos modos... Acababa de coger la varita cuando la puerta del compar­timiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba a una niña con él. La muchacha ya llevaba la tú­nica de Hogwarts.
—¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno —dijo. Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de delante bastante largos.

Harry…- exclamo Hermione ofendida
Lo siento- se disculpo el chico con un encogimiento de hombros

Bueno… no hay problema- sonrio Hermione a Harry el cual suspiro aliviado

—Ya le hemos dicho que no —dijo Ron, pero la niña no lo escuchaba. Estaba mirando la varita que tenía en la mano.
—Oh, ¿estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo.
Se sentó. Ron pareció desconcertado.
—Eh... de acuerdo. —Se aclaró la garganta—. «Rayo de sol, margaritas, volved amarilla a esta tonta ratita.»

Ron… era una bro…

George, ya lo se, no estoy tonto, eso paso hace cinco años, por favor podrías olvidarlo- pidió el chico molesto

Este se encogió de hombros y negó abatido, Ron siguió leyendo

Agitó la varita, pero no sucedió nada. Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.
—¿Estás seguro de que es el hechizo apropiado? —pre­guntó la niña—. Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Na­die en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando reci­bí mi carta, pero también estaba muy contenta, por supues­to, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo que sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, es­pero que eso sea suficiente... Yo soy Hermione Granger. ¿Y vosotros quiénes sois?
Dijo todo aquello muy rápidamente.
Harry miró a Ron y se calmó al ver en su rostro aturdi­do que él tampoco se había aprendido todos los libros de memoria.

Bueno, al menos no te los aprendiste de memoria- tercio James divertido

Eso solo puede hacerlo Hermione papa- exclamo Harry como si eso fuera lo mas obvio

No… también tu madre y tu tío Remus pueden hacerlo- informo Sirius con una sonrisa de suficiencia

Bueno… solo los prefectos pueden hacerlo- exclamo Harry tratando de encontrar una salida

No es cierto amigo, sabes que soy prefecto y nunca me he aprehendido un libro de memoria- informo Ron en medio de una carcajada

Entonces no se- exclamo harry encogiéndose de hombros, provocando que tanto los merodeadores como los gemelos estallaran en carcajadas

—Yo soy Ron Weasley —murmuró Ron.
—Harry Potter —dijo Harry.
—¿Eres tú realmente? —dijo Hermione—. Lo sé todo so­bre ti, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra para prepararme más y tú figuras en Historia de la magia moder­na, Defensa contra las Artes Oscuras y Grandes eventos má­gicos del siglo xx.
—¿Estoy yo? —dijo Harry, sintiéndose mareado.

Tan altanero como tu padre Potter- tercio Snape en son de burla

Estaba sorprendido SEÑOR- exclamo la ultima palabra con odio

Lo que digas- se mofo Snape con un ademan de mano
 Harry, echando chispas por los ojos, volteo a ver a Ron y este continuo

—Dios mío, no lo sabes. Yo en tu lugar habría buscado todo lo que pudiera —dijo Hermione—. ¿Sabéis a qué casa vais a ir? Estuve preguntando por ahí y espero estar en Gryffindor, parece la mejor de todas. Oí que Dumbledore es­tuvo allí, pero supongo que Ravenclaw no será tan mala... De todos modos, es mejor que sigamos buscando el sapo de Nevi­lle. Y vosotros dos deberíais cambiaros ya, vamos a llegar pronto.
Y se marchó, llevándose al chico sin sapo.
—Cualquiera que sea la casa que me toque, espero que ella no esté —dijo Ron.

Ron- exclamaron al tiempo, Molly, Ginny y Hermione ofendidas

Lo siento, no sabia que nos volveríamos amigos- se excuso el chico escondido detrás del libro

James, Sirius, Remus y los gemelos reían disimuladamente y Harry no sabia si reír o no, era su amigo y todo, pero era muy gracioso la forma en que lo regañaron la señora Weasley y las chicas. Por respeto a su amigo decidió no reír… por el momento

Arrojó su varita al baúl—. Qué hechi­zo más estúpido, me lo dijo George. Seguro que era falso.
—¿En qué casa están tus hermanos? —preguntó Harry
—Gryffindor —dijo Ron. Otra vez parecía deprimido—. Mamá y papá también estuvieron allí. No sé qué van a decir si yo no estoy. No creo que Ravenclaw sea tan mala, pero ima­gina si me ponen en Slytherin.

¿Qué tiene de malo esa casa?- inquirió Draco molesto

Aun lo preguntas Malfoy- exclamo Harry con asco- de ahí salen puros asesinos, lo olvidas- se mofo Harry con malicia- o gente que termina en AZKABAN- resalto la ultima palabras fulminando al chico con la mirada

Potter- bufo Draco molesto

Malfoy- contraataco Harry con seriedad, con cara de burla en su mirada de niño bueno

—¿Esa es la casa en la que Vol... quiero decir Quien-tú-sabes... estaba?
—Ajá —dijo Ron. Se echó hacia atrás en el asiento, con aspecto abrumado.
—¿Sabes? Me parece que las puntas de los bigotes de Scabbers están un poco más claras —dijo Harry, tratando de apartar la mente de Ron del tema de las casas—. Y, a pro­pósito, ¿qué hacen ahora tus hermanos mayores?
Harry se preguntaba qué hacía un mago, una vez que terminaba el colegio.
—Charlie está en Rumania, estudiando dragones, y Bill está en África, ocupándose de asuntos para Gringotts —ex­plicó Ron—. ¿Te enteraste de lo que pasó en Gringotts? Salió en El Profeta, pero no creo que las casas de los muggles lo re­ciban: trataron de robar en una cámara de alta seguridad.
Harry se sorprendió.
—¿De verdad? ¿Y qué les ha sucedido?
—Nada, por eso son noticias tan importantes. No los han atrapado. Mi padre dice que tiene que haber un poderoso mago tenebroso para entrar en Gringotts, pero lo que es raro es que parece que no se llevaron nada. Por supuesto, todos se asustan cuando sucede algo así, ante la posibilidad de que Quien-tú-sabes esté detrás de ello.

Harry, Ron y Hermione se voltearon a ver con complicidad, ahí comenzaba todo

Sirius y James lo vieron sorprendidos, esos tres se traían algo entre manos que ya averiguarían.

Harry repasó las noticias en su cabeza. Había comenza­do a sentir una punzada de miedo cada vez que mencionaban a Quien-tú-sabes. Suponía que aquello era una parte de en­trar en el mundo mágico, pero era mucho más agradable po­der decir «Voldemort» sin preocuparse.
—¿Cuál es tu equipo de quidditch? —preguntó Ron.
—Eh... no conozco ninguno —confesó Harry.

¿Qué?- exclamaron sorprendidos Sirius y James poniéndose de pie de un salto

Chicos, chicos, Harry vive con mi hermana, es lógico que no halla sabido nada de Quidditch así como de magia hasta que entro- argumento Lily tomando desprevenidos a los chicos

Lo siento Harry- exclamaron los dos sorprendidos
No importa, al final Ron lo sabe explicar muy bien- sonrio Harry a su amigo

—¿Cómo? —Ron pareció atónito—. Oh, ya verás, es el mejor juego del mundo... —Y se dedicó a explicarle todo sobre las cuatro pelotas y las posiciones de los siete jugadores, des­cribiendo famosas jugadas que había visto con sus hermanos y la escoba que le gustaría comprar si tuviera el dinero. Le estaba explicando los mejores puntos del juego, cuando otra vez se abrió la puerta del compartimiento, pero esta vez no era Neville, el chico sin sapo, ni Hermione Granger.
Entraron tres muchachos, y Harry reconoció de inme­diato al del medio: era el chico pálido de la tienda de túnicas de Madame Malkin. Miraba a Harry con mucho más interés que el que había demostrado en el callejón Diagon.
—¿Es verdad? —preguntó—. Por todo el tren están di­ciendo que Harry Potter está en este compartimento. Así que eres tú, ¿no?
—Sí —respondió Harry. Observó a los otros muchachos. Ambos eran corpulentos y parecían muy vulgares. Situados a ambos lados del chico pálido, parecían guardaespaldas.

En ese momento, ambos chicos se fulminaban mutuamente con la mirada, por todos era sabido que ese par se odiaban

—Oh, éste es Crabbe y éste Goyle —dijo el muchacho pá­lido con despreocupación, al darse cuenta de que Harry los miraba—. Y mi nombre es Malfoy, Draco Malfoy
Ron dejó escapar una débil tos, que podía estar ocultan­do una risita. Draco (dragón) Malfoy lo miró.
—Te parece que mi nombre es divertido, ¿no? No necesi­to preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos los Weasley son pelirrojos, con pecas y más hijos que los que pue­den mantener.

Malfoy- rugieron los cuatro Weasley hijos, Harry y Hermione a la vez, mientras Sirius y James planeaban una forma de cobrársela a ese chico rubio odioso

Malfoy por su cuenta, al ver la mirada de odio de Ginny y Hermione retrocedió un su silla y casi se cae de espaldas de no ser por que Snape lo sostuvo justo a tiempo

Se volvió hacia Harry.
—Muy pronto descubrirás que algunas familias de ma­gos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso.
Extendió la mano, para estrechar la de Harry; pero Harry no la aceptó.
—Creo que puedo darme cuenta solo de cuáles son los in­debidos, gracias —dijo con frialdad.

Bien dicho hijo, así se trata a los de su calaña- exclamo James con malicia, fulminado al rubio con la mirada, retándolo a decir algo contra él
Calaña- bufo Malfoy fulminando a James con la mirada

Si calaña, pedazo de animal, tu y tu padre son iguales, MORTIFAGOS- rugió James a ultima palabra con asco

Malfoy no dijo nada, solo se limito a fulminar a James con la mirada. Ron siguió leyendo

Draco Malfoy no se ruborizó, pero un tono rosado apare­ció en sus pálidas mejillas.
—Yo tendría cuidado, si fuera tú, Potter —dijo con cal­ma—. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos.

Vez, desde pequeño eres toda una fichita niñito estúpido, no sabes lo que te conviene y tu terminaras igual que tu padre, lamiéndole las botas a un imbécil sin cerebro- exclamo con asco James, viendo al chico con renovado coraje

Imbécil que los mato a ti y a tu esposa, una asquerosa sangre sucia- espeto lanzando la ultima frase como una palabrota viendo a Lily y Hermione con malicia

Atrévete a repetirlo, idiota- lo amenazaron James, Sirius, Remus, Harry, Ron y para sorpresa de todos, Severus con la varita en ristre

Sangre sucia e inmunda- rugió el chico en dirección a las dos chicas sin darse cuenta que lo apuntaban

Malfoy, eres una asquerosa serpiente- le escupió Harry en la cara, a solo un palmo de  él, dándole un revés en el rostro a Malfoy, el cual se destanteo y se tropezó con la silla en la que se sentaba

Nunca vuelvas a decir esa frase, esta prohibida- exclamo destilando hiel Snape observando al chico como nunca antes lo había visto, con asco

Draco volteo a ver a todos los presentes, McGonagall estaba sorprendida por la actitud de Harry y los demás chicos, pero por sobre todas las cosas, sorprendida por la actitud de Severus. Dumbledore ya sabia que Severus reaccionaria así, así que no estaba tan sorprendido, Hagrid  si que se sorprendió, no esperaba eso del profesor de pociones y en cuanto a los demás, todos estaban con las bocas abiertas, Severus nunca se había comportado así con alguien de su casa y menos con Draco

Severus… te… encuentras bien- pregunto Lily observando al que fue su amigo

Odio esa frase, me causa asco y repulsión, es una palabra que no debería de existir- mascullo Severus entre dientes, viendo detenidamente el piso, como si lo encontrara realmente interesante

Harry y Ron no sabían que decir o hacer, voltearon a ver a los merodeadores y ellos estaban igual de sorprendidos, todos sabían que él era un amante de las artes oscuras y repudiar la frase sangre sucia era algo extraño en un mortifago.

Ron, al ver como estaban las cosas, decidió seguir leyendo

Harry y Ron se levantaron al mismo tiempo. El rostro de Ron estaba tan rojo como su pelo.
—Repite eso —dijo.
—Oh, vais a pelear con nosotros, ¿eh? —se burló Malfoy.
—Si no os vais ahora mismo... —dijo Harry, con más va­lor que el que sentía, porque Crabbe y Goyle eran mucho más fuertes que él y Ron.
—Pero nosotros no tenemos ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que llevábamos y vo­sotros parece que todavía tenéis algo.
Goyle se inclinó para coger una rana de chocolate del lado de Ron. El pelirrojo saltó hacia él, pero antes de que pu­diera tocar a Goyle, el muchacho dejó escapar un aullido te­rrible.
Scabbers, la rata, colgaba del dedo de Goyle, con los agu­dos dientes clavados profundamente en sus nudillos. Crabbe y Malfoy retrocedieron mientras Goyle agitaba la mano para desprenderse de la rata, gritando de dolor, hasta que, final­mente,Scabbers salió volando, chocó contra la ventanilla y los tres muchachos desaparecieron. Tal vez pensaron que ha­bía más ratas entre las golosinas, o quizás oyeron los pasos porque, un segundo más tarde, Hermione Granger volvió a entrar.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, mirando las golosinas ti­radas por el suelo y a Ron que cogía a Scabbers por la cola.
—Creo que se ha desmayado —dijo Ron a Harry. Miró más de cerca a la rata—. No, no puedo creerlo, ya se ha vuel­to a dormir.
Y era así.
—¿Conocías ya a Malfoy?
Harry le explicó el encuentro en el callejón Diagon.
—Oí hablar sobre su familia —dijo Ron en tono lúgu­bre—. Son algunos de los primeros que volvieron a nuestro lado después de que Quien-tú-sabes desapareció. Dijeron que los habían hechizado. Mi padre no se lo cree. Dice que el padre de Malfoy no necesita una excusa para pasarse al Lado Oscuro.

Eso es cierto, incluso en el colegio era conocido por juntarse con ellos, les encantaba lanzarle maldiciones a los que se cruzaban por los pasillo- mascullo James abrazando a Lily sobreprotectoramente- si nosotros hechizábamos a las personas, no era nada comparado con lo que hacían ellos, lo de ellos era magia oscura, lo de nosotros solo eran bromas que hacían reír a todos incluso al que le tocaba la broma- sonrio James a su novia la cual sonrio junto con él

Severus no sabia que pensar, era verdad, la forma en que se divertían ellos no era nada comparada con lo que hacia su grupo de amigos, torturar a las personas y humillarlas con cosas que eran importantes para ellas, haciéndolas sentir basuras o algo peor.

—Se volvió hacia Hermione—. ¿Podemos ayu­darte en algo?
—Mejor que os apresuréis y os cambiéis de ropa. Acabo de ir a la locomotora, le pregunté al conductor y me dijo que ya casi estamos llegando. No os estaríais peleando, ¿verdad? ¡Os vals a meter en líos antes de que lleguemos!
Scabbers se estuvo peleando, no nosotros —dijo Ron, mirándola con rostro severo—. ¿Te importaría salir para que nos cambiemos?
—Muy bien... Vine aquí porque fuera están haciendo chi­quilladas y corriendo por los pasillos —dijo Hermione en tono despectivo—. A propósito, ¿te has dado cuenta de que tienes sucia la nariz?
Ron le lanzó una mirada de furia mientras ella salía. Harry miró por la ventanilla. Estaba oscureciendo. Podía ver montañas y bosques, bajo un cielo de un profundo color púr­pura. El tren parecía aminorar la marcha.
Él y Ron se quitaron las camisas y se pusieron las largas túnicas negras. La de Ron era un poco corta para él, y se le podían ver los pantalones de gimnasia.
Una voz retumbó en el tren.
—Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separa­do al colegio.
El estómago de Harry se retorcía de nervios y Ron, podía verlo, estaba pálido debajo de sus pecas. Llenaron sus bolsi­llos con lo que quedaba de las golosinas y se reunieron con el resto del grupo que llenaba los pasillos.
El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se de­tuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y oscuro an­dén. Harry se estremeció bajo el frío aire de la noche. Enton­ces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y Harry oyó una voz conocida:
—¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry?
La gran cara peluda de Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas.
—Venid, seguidme... ¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis. ¡Los de primer año, seguidme!

Es impresionante como llegas a saludar a los alumnos Hagrid, eres único- sonrio James sonriendo a Hagrid con simpatía

Este le regreso la sonrisa y ambos soltaron las carcajadas

Resbalando y a tientas, siguieron a Hagrid por lo que pa­recía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Harry pen­só que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho. Neville, el chico que había perdido su sapo, lloriqueaba de vez en cuando.
—En un segundo, tendréis la primera visión de Hog­warts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.
Se produjo un fuerte ¡ooooooh!
¿Qué hicimos nosotros chicos?- inquirió Sirius volteando a ver a sus amigos

Al subir a las barcas te tumbamos al lago y tus nos jalaste, así que el calamar gigante nos regreso a la barca todos mojados pero riendo como nunca- recordó James limpiándose una lagrima a casusa de la risa

Si, recuerdo que McGonagall nos regaño y tubo que secarnos con su varita antes de que entráramos a la selección- sonrio Remus a su profesora la cual negó con una leve sonrisa

El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.

Aun me sigue impresionando cuando lo veo al llegar- exclamo Lily con tono soñador

—¡No más de cuatro por bote! —gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la ori­lla. Harry y Ron subieron a uno, seguidos por Neville y Her­mione.
—¿Todos habéis subido? —continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE!
Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. To­dos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.
—¡Bajad las cabezas! —exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delante­ra del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía con­ducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.
—¡Eh, tú, el de allí! ¿Es éste tu sapo? —dijo Hagrid, mientras vigilaba los botes y la gente que bajaba de ellos.
¡Trevor! —gritó Neville, muy contento, extendiendo las manos. Luego subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.
Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.
—¿Estáis todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo?
Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.

Al fin, se termino- exclamo Ron cerrando el libro con una sonrisa de alivio y dejándose caer en su banquilla, ya que Sirius había intentado durante las ultimas paginas quitarle el libro de las manos y Ron tenia que leer mientras caminaba
Bueno, creo que es hora de comer un poco y después creo que podría leer Lily, eso si ella quiere- sonrio amablemente Dumbledore a la pelirroja

Encantada profesor- sonrio la chica tomando el libro entre sus manos con ternura

Una mesa espectacular con toda clase de comida, entre las que se encontraba la favorita de Harry y Ron apareció en medio de la sala junto con un elfo domestico Dobby, el cual sonrio a Harry y con una leve reverencia desapareció del lugar

Al ataque- gritaron Ron y Sirius sentándose a la mensa ellos primeros, seguidos de los demás.

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